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sábado, 22 de julio de 2017

El Altar Blanco, uno de esos libros que te hacen soñar





"Cuando un mago vagabundo visitó su pueblo, Hálecs de Roy no se imaginaba que esa misma noche se vería arrastrado a una travesía que lo llevaría hasta Élimbar, la fortaleza que guardaba el mundo de los hombres de las terribles criaturas mágicas, los cárnax, ni que a su llegada se desencadenarían unos sucesos tan extraños como amenazadores. El joven Hálecs se verá, sin pretenderlo, en medio de unos acontecimientos que sacudirán los cimientos más profundos de la Casa de Urci y de la precaria paz que reinaba en toda la región de los Confines...".

Así reza la sinopsis de El Altar Blanco, libro escrito por mi amigo, y colega en estas lides literarias, Luis Ignacio Rodríguez. Se trata del primero de los seis libros que conformarán la saga titulada “Historia de los Confines". Aún a riesgo de que parezcan palabras movidas por el aprecio que tengo a mi buen amigo, creo que puedo decir que El Altar Blanco es uno de los mejores libros de esta temática que he leído en mi vida. Su historia engancha desde el primer momento, cuando el autor narra la vida cotidiana de Hálecs de Roy, un muchacho aparentemente tan normal como cualquiera de su edad y que vive en Carvaria junto a su padre y sus hermanos. Sin embargo, todo cambia, como vemos en el texto con el que he comenzado este artículo, cuando Sargas, un mago vagabundo, visita su pueblo y monta un espectáculo de magia que, aparentemente, hace las delicias de los habitantes de Carvaria.

La aparición de Sargas provocará lo que Joseph Cambell, en su libro El héroe de las mil caras, llama "la llamada de la aventura". Hálecs tiene un incidente con unos jóvenes de Carvaria y, de forma inconsciente, les derrota mediante la magia. En Carvaria los magos no son especialmente queridos, por lo que, debido a este incidente, todos estarán convencidos de que el muchacho es un mago y poco a poco las cosas se irán poniendo complicadas para el joven, por lo que su padre, para protegerle, le pone bajo la protección de Sargas, quien desde entonces se convierte en su mentor.

El Altar Blanco es un libro que engancha desde la primera página, aunque especialmente desde que se producen los mencionados acontecimientos, momento en el que el relato comienza a ganar intensidad manteniéndote en vilo hasta un final que, personalmente, me parece sencillamente épico. Como decía Adolfo, un lector del libro, en la página de Luis Ignacio, el libro no solo se lee rápido sino que, además tiene “algo que te invita a no parar de leer”. Puedo confirmarlo. De hecho, mi amigo es testigo de que le envié algún audio diciendo que sentía la tensión del libro y por momentos me parecía estar en Elimbar, por ejemplo, presenciándolo todo. Incluso en alguna ocasión tuve que levantarme y caminar por la casa para soltar la tensión interna. Creo que eso define a la perfección lo que éste libro transmite al lector.

Pero no solo la historia es adictiva y ágil la lectura, sino que los personajes me parecen muy bien creados y, por momentos, da la sensación de que tienen vida propia y ellos mismos son los creadores de la historia. Supongo que los escritores que lean este artículo comprenderán bien a lo que me refiero. En ocasiones, cuando te encuentras escribiendo un libro, ves como se te presentan los personajes y ellos mismos te dicen, por ejemplo, “soy Maite (uno de los personajes de Crónica de un Cantar Hispano, mi primera novela histórica), amiga de Nicolás y en el libro haré esto, aquello y lo otro”. Mi personaje favorito es, precisamente, su protagonista, Hálecs de Roy, con quien empatizo y llego a sentirme profundamente identificado en muchos momentos. Por cierto, por como le describe Luis Ignacio, casi se podría decir que se ha basado en Jaime, un amigo mío, para construir este personaje.. de no ser porque el autor de El Altar Blanco no sabía de la existencia de Jaime cuando lo escribió (o eso creo).
Además de Hálecs de Roy también me gustan mucho Horologia y Serian, sus dos maestros y sus principales mentores. De hecho, son ellos y no Sargas quienes realizan esa labor del mentor de la que habla Joseph Cambell, ya que enseñarán y entrenarán a Hálecs para que pueda crecer como mago y afronte sin miedo los desafios a los que tendrá que hacer frente.
Pero, además, El Altar Blanco es un libro que me ha gustado especialmente por los guiños que hace a determinados aspectos del Imperio Romano, como por ejemplo el título de uno de los libros que Valvan, uno de los scriptores (profesores) mandará leer a sus alumnos. También me gusta como recrea Luis Ignacio, en la primera parte del libro, la vida cotidiana tanto de Carvaria como de otros pueblos por los que pasarán Hálecs de Roy y Sargas. Por otra parte, Luis Ignacio Rodriguez es de esos escritores que sabe describir los paisajes y a los personajes sin cansar demasiado al lector dejando, además, algunos aspectos a la libre imaginación de éste. Un ejemplo es el de Sargas, que yo me lo imaginé de una determinada forma, como mas mayor y sabio, pero él me dijo “no, en realidad es de esta otra manera”.

Otro aspecto que me gustaría destacar es que, siguiendo la estela de autores como Tolkien, Luis Ignacio sabe plasmar en el libro su fe y principios cristianos de forma sutil y elegante. En muchos momentos de esta obra vemos a Hálecs y a otros personajes actuar conforme a estos valores. Se trata de un libro que, además de entretener, puede ayudar a los lectores a ser un poco mejores. Al menos esa ha sido mi impresión al leerlo cuando me paraba a reflexionar ante frases como “Todo tiene una razón de ser, lo que pasa es que muchas veces no sabemos verla”. En mi caso esta frase resonó con fuerza al recordar mi salida del Seminario, en 2009. Entonces no lograba entender para qué “carajo” había querido ser sacerdote hace unos años si esa no era mi vocación. Durante unos cuantos años no era capaz de comprender la razón de ser ni a esa decisión ni a mi salida de aquel lugar. Pero, a día de hoy, veo claramente la razón de ser de todo ello y comprendo a la perfección tanto mi entrada al Seminario como mi salida de aquel lugar.

En definitiva, El Altar Blanco es un gran libro, muy bien escrito, con una historia apasionante (que continúa con La Ruina del Norte, segundo libro de la saga) y que, estoy seguro, gustará a todo tipo de lectores, incluso a quienes no son especialmente aficionados a la literatura fantástica pues, al fin y al cabo, cada uno de los principales personajes creados por Luis Ignacio Rodriguez encarnan las grandezas y miserias del ser humano: nobleza y bajeza, amistad y aislamiento, valentía y cobardía, fidelidad y traición…

Por ello, ahora que estamos en verano, he querido recomendarte este libro con el que tanto he disfrutado leyéndolo. Puedes adquirirlo en Amazon, tanto en formato papel como en formato electrónico (Kindle): El Altar Blanco


  

miércoles, 5 de octubre de 2016

Crónica de un Cantar Hispano (La Leyenda del Stellarium Chronicorum) ya disponible en papel

Tras un año y tres meses escribiéndolo, y después de unos meses de intenso trabajo de corrección, "Crónica de un Cantar Hispano", mi primera novela histórica, ya es una completa realidad. Quiero antetodo dar las gracias a quienes han colaborado en este libro: gracias desde aquí a Rocío por su espléndida labor de correción, a Ricardo por la calidad de su trabajo de maquetación, y a Iván por las horas trabajadas diseñando diseñando portada, contraportada y canto. Desde hoy está disponible en Amazon tanto en formato papel como en eBook.



Todo comenzó en marzo de 2015 cuando, tras una conversación con mi amigo Iñaki, también escritor (y a quien agradezco enormemente sus grandes consejos) quien me dijo que "era una pena que gustándome escribir, y haciéndolo bien, no me decidiera a escribir un libro". Lo cierto es que eso hizo que me plantease en serio esa idea que, por otra parte, tenía en mente desde que hice el Masteren Historia y Ciencias de la Antigüedad de la UniversidadComplutense de Madrid. Fue entonces cuando me encontré con unos documentos que llamaron poderosamente mi atención: un libro de Fray Gregorio de Argaiz, quien hablaba de Santoyo, mi pueblo, como lugar donde había sido martirizado San Eutiquio en los albores de la cristiandad. Aunque, sin embargo, diez años después fue refutado por Pedro Fernández del Pulgar, canónigo de la catedral de Palencia.

Santoyo. Contraportada del libro

También por aquella época don Raúl Muelas (a quien mando un fuerte abrazo), sacerdote de la Diócesis de Palencia, me animó a escribir sobre mi querida tierra. Sin duda, llamar "la Bella Desconocida" a la catedral de la capital palentina es, en realidad, llamarselo a toda una provincia que no es demasiado conocida para tanta belleza artística como tiene, una tierra cuajada por un rico patrimonio, la región que yo en el libro llamo como "de los vacceos".

Como amigo que soy del Misterio, pienso que detrás de toda leyenda siempre hay una realidad. Por ello, pensando en la historia relatada por Fray Gregorio, decidí comenzar a escribir sobre Julia Alba, una joven cristiana nacida en Roma que vino a Hispania con la misión de enseñar el Evangelio. Pero, tomando la idea del escritor Javier Sierra en su libro "La pirámide inmortal", juego entre dos tiempos que se entrecruzan, pues también narro la historia de Nicolás, un investigador del siglo XX que se encuentra haciendo el Camino de Santiago. Nicolás, que está atravesando una dura depresión, a su llegada a Santoyo se encontrará con la historia de Julia Alba, comenzando entonces una apasionante investigación en compañía de Lara y Emmanuel.

En el libro trato de plasmar la lucha entre el bien y el mal, tanto en la época de Julia Alba como en la de Nicolás. La joven romana, por su parte, se encontrará con la oposición de Bruto y José, dos militares romanos a quienes no les hará ninguna gracia que Julia Alba llegue a sus tierras predicando el Evangelio (¡Encima una mujer! ¿Habrase visto tamaña osadía?, pensará José). Nicolás, por su parte, tendrá en Rafael a su "íntimo enemigo".  Pero "Crónica de un Cantar Hispano" es el primer libro de la saga "La Leyenda del Stellarium Chronicorum", y durante toda la saga planeará, además, la sombra de La Garduña y otras sociedades secretas que intentarán apoderarse del Stellarium Chronicorum, un libro escrito por un clérigo santoyano llamado Andrés Pérez, con el fin de destruirlo.

En definitiva, "Crónica de un Cantar Hispano" es el primer libro de varios que espero escribir dentro de esa saga de "La Leyenda del Stellarium Chronicorum". Pero es también el primer libro que he escrito en mi vida, lo cual reconozco me llena de satisfacción, pues escribir forma parte de mi Misión Personal. Tengo pensado escribir otros libros, tanto de novela como sobre otros temas, por ejemplo la motivación y el crecimiento personal o ensayos sobre diferentes categorías que me interesan. Os animo a que leáis "Crónica de un Cantar Hispano" y espero que os guste y lo difundáis, pues no solo es una novela histórica, sino también un libro que aborda los grandes temas de la vida humana y que, francamente así lo creo, puede hacer mucho bien a quienes lo lean.

viernes, 30 de septiembre de 2016

'Crónica de un cantar hispano', presentada en Madrid




Por Manu Serrano:

Cálida, emotiva y familiar. Así fue la presentación de la novela histórica 'Crónica de un cantar hispano' en Madrid, la tierra natal de su autor, Víctor César Bustillo. Junto a él, intervinieron en el acto su madre, María Victoria Méndez, y el historiador Marco Almansa.

La presentación de 'Crónica de un cantar hispano' tuvo lugar el jueves 14 de julio en la sede del Instituto Vox en Madrid, que, tal como señaló en más de una ocasión el escritor, nada tiene que ver con el partido político del mismo nombre. Aunque programado para las 19:30 horas, el inicio del acto se retrasó unos minutos en previsión de la llegada de todos aquellos que habían confirmado su asistencia. No en vano, fue una presentación entre familiares y amigos sobre todo, que agasajaron con su aprecio a Víctor César Bustillo por su esperada ópera prima. Flanqueando al autor en la mesa estuvieron dos de las personas clave en el nacimiento de la novela: su madre, María Victoria Méndez, y el historiador Marco Almansa.

La abuela de la critatura, es decir, la madre de Víctor César, fue la primera en intervenir. María Victoria Méndez habló con orgullo de su "hijo y colega", a quien le dio la alternativa "en este maravilloso oficio que es el arte de la escritura". Ante los presentes, le recordó que inicia la andadura en una vereda por la que transitaron grandes de la literatura española como Cervantes, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Tirso de Molina, Zorrilla, Pérez Galdós, Juan Valera, Ruiz de Alarcón… Le aconsejó no olvidar que “un texto literario, un libro, es el fruto de una creación continua a través de una infinidad de lecturas distintas”. Sus últimas palabras sirvieron de recuerdo a los familiares del autor que ya no están, como su padre Víctor, su abuelo Gerardo o su tía y madrina Paulita: “Estoy segura de que desde donde se encuentran están apostando por ti, pidiendo que las musas te inspiren argumentos para otros futuros libros”.


La presentación continuó con una interesante aportación de Marco Almansa, que, como experto, explicó el contexto histórico de la época en la arranca la novela, en el año 68 después de Cristo. Se trataba de un momento convulso, pues “Roma se encontraba en la más completa anarquía” tras la muerte de Nerón. Precisamente este célebre emperador había originado “una de las más conocidas e implacables y quizá la más temprana persecución hacia los cristianos-judíos”, un hecho determinante para entender el devenir de los protagonistas de la novela.

Julia Alba y Nicolás “encarnan aspectos reales de la vida cotidiana, como miedos e incertidumbres”, señaló el autor de la novela, Víctor César Bustillo, al inicio de su intervención en referencia a los personajes principales de la misma. Están inspirados, según reconoció, en diferentes allegados. “Ambos salen de su área de confort para cumplir su misión haciendo frente a pruebas”. Estos desafíos de la huida hacia el destino van a mostrar al lector la “lucha entre bien y el mal”, y la “del ser humano contra sus y angustias”. Emerge también “la grandeza del héroe cotidiano que se crece ante la adversidad”. La verdadera libertad se presenta como la fidelidad a unos valores: “amistad y compañerismo, fe y esperanza, integridad y honestidad”.

Con todos estos ingredientes, 'Crónica de un cantar hispano' promete aventuras nada desdeñables de sus personajes en un marco histórico fidedigno, que alimentarán a su vez la curiosidad y la bondad de sus lectores. Ese sabor de boca dejó la presentación del libro a los asistentes. Y esto es solo el aperitivo de una saga, 'La Leyenda del Stellarium Chronicorum', que ha empezado su andadura con fuerza.


Crónica de un Cantar Hispano está disponible en formato eBook en Amazon, donde próximamente estará disponible en libro físico.

jueves, 12 de junio de 2014

Verbena de San Antonio de la Florida. Por Ricardo Sepúlveda

El Baile de San Antonio de la Florida. Francisco de Goya
El Baile de San Antonio de la Florida. Francisco de Goya
Hace tiempo cayó en mis manos uno de esos libros que se encuentran a veces casi escondidos en las estanterías de las grandes librerías. Son libros que, pese a no tener la fama del Quijote, creo que merece la pena leerlos, especialmente si se refieren a la historia de la ciudad donde uno ha nacido y crecido. Este libro, en concreto, se llama  Madrid Viejo: crónicas, avisos, costumbres, leyendas y descripciones de la villa y corte en los siglos pasados". Su autor, Ricardo Sepúlveda, fue un escritor nacido en Zaragoza (1846) cuya obra abarcó teatro, historia, libros de viaje y zarzuela. Aunque estudió Derecho, destacó por su faceta literaria escribiendo obras como : El Museo Universal (1857), El Monasterio de San jerónimo el Real de Madrid: estudio histórico-literario (1888), La Casa de las Siete Chimeneas, entre otros. Además del mencionado libro sobre el Madrid Viejo. Fue miembro de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Destacó, se dice, por su gracejo e ingeniosa chispa que le permitieron describir genialmente las cosas de Madrid. Su "Madrid Viejo" le tengo en una edición de 2008, versión facsímil editada por la Editorial Maxtor (de Valladolid), la cual realiza facsímiles de libros antiguos y "de viejo". Ricardo Sepúlveda falleció en 1909.
Me parecía interesante, ahora que se acercan dos festividades de gran tradición en Madrid, traer a la luz de este candil aquello que Ricardo Sepúlveda cuenta sobre ellas. Me refiero a San Antonio de la Florida, que se celebra mañana 13 de junio (San Antonio de Padua) y al Corpus Christi. Pero en este primer artículo me referiré únicamente a la festividad de San Antonio con la cual el verano "toma posesión oficial de la villa del oso". El autor habla de esta verbena en las páginas 38-41 del citado libro. Allá van estas líneas que nos conectan con la historia de la villa y corte madrileña y sus tradiciones. Lo transcribo tal cual lo plasmó su autor, un poco como homenaje a este cronista de Madrid. Hago algunos comentarios personales anexos.

Dice Sepúlveda que "el verano no toma posesión oficial de la villa del oso, hasta que las espigas de rojo pálido de la verbena de San Antonio maduran sobre sus tallos".  De alguna manera, como vemos, sirve San Antonio como preludio a la temporada de verano, aunque aún estemos en Primavera.
san antonio verbenaEs entonces, relata, "en cuanto los verbenarii de los pueblos circunvecinos se presentan en los mercados de la corte, con cestas de cangrejos y de berros, con requesón de Miraflores y con rábanos, llevando en los cuévanos ramitos de verbena, a semejanza de los antiguos heraldos de armas, que se ceñían con ella la cabeza, cuando iban a anunciar la paz o la guerra; en cuanto el calendario de los santos y los astrónomos señala la entrada triunfal del mes de Junio, el Quasimodo de la ermita de San Antonio de la Florida, que pudo ser de mozo sacristán o monaguillo, limpia apresurado el altar del Santo y riega, con agua lustral de flores de verbena, el suelo y las paredes, dentro y fuera del lugar bendito". Realmente impresiona ver como en el transcurso de unos pocos días la ermita se transforma y engalana para la festividad de su Santo Patrón. De esta manera, explica Sepúlveda, "entiende la purificación del templo el ermitaño solitario, que pasa días y meses oyendo el silbido de las locomotoras del Norte (la actual estación de Príncipe Pío), acuarteladas en las praderas de San Antonio". Sorprende leer esto si lo hacemos con nuestra perspectiva histórica, pero en época de su autor es muy probable que el actual barrio ribereño tuviera una fisonomía muy diferente. Muchas veces he recorrido esa histórica estación de Norte, más de una vez trato de imaginarme aquellas locomotoras antiguas, de vapor y con un traqueteo suave, cruzando esas vías por las cuales ahora transcurren los modernos trenes de Cercanías.  A veces, en el silencio de la noche, aún parece que resuenan los ecos de aquellos pitidos a los que hacía alusión Sepúlveda.

¿Cómo se preparaban para la Santa Misa? nos responde Sepúlveda: "Al mismo tiempo que el ermitaño limpia, el capellán prepara su mejor casulla; pasa revista a las albas y sobrepellices, que planchan y encañonan manos castas: se proporciona, si no los tiene, uno o dos libros misales, con broches plateados y atril de nogal bruñido; mira con éxtasis los frescos de Goya (ya no deben estar muy frescos), que para honor del arte pictórico dejó en el cielo sonriente de la ermita, representando ángeles un poco mundanos, el célebre maestro, y recita con voz monótona un párrafo del sermón-panegírico, que, por periodos, va aprendiendo de memoria para predicarlo a los fieles". Se refiere, claro está, a la ermita de San Antonio que conserva los frescos de don Francisco de Goya. Actualmente funciona cómo museo mientras que la Santa Misa se celebra en la réplica, que se construyó al lado, que suele llenarse durante las Eucaristías dominicales e incluso a diario. De hecho por el día está abierta unas cuantas horas, lo cual permite a los madrileños, especialmente a la gente del barrio o a quien pase por allí, ir a rezar. Por otra parte, la visita a la ermita original merece mucho la pena, es impresionante.

Prosigue Ricardo Sepúlveda dándonos detalles sobre las horas previas a la festividad: había "un palio de tisú bordado en seda con varas de pino doradas; una custodia de plata para el tabernáculo; un incensario de metal blanco ennegrecido por el humo, y una cruz del mismo metal para el centro del retablo, contemplan el lujo de la decoración y ornamentos sagrados, con que el capellán titular de la ermita se dispone a solemnizar, todos los años, el día 13 de Junio, las glorias de la verbena de San Antonio de la Florida. Llegado el momento, la campana de la ermita llama con regocijado volteo a los hijos de Madrid, y les incita impacientemente para que vayan "a coger la verbena", caminito abajo de la carretera de Castilla, y lo que queda de prado junto al venerado templo. Madrid no oye la campana, pero la adivina, y en el acto, todos aquellos que guardan en su pecho la tradición de las verbenas, el aniversario de las romerías y el culto de las corridas de toros, van junto a la puerta de San Vicente e inmediaciones de la estación del Norte, a formar, en filas desiguales, el alegre tumulto, que, entre agualojeros, buñoleros, barquilleros, reposteros, avellaneros, naranjeros y tomadores, pasan la noche bostezando y cantando al son de guitarras, bandurrias y panderetas". En pocas líneas explica, con maestría, cómo se va preparando la celebración religiosa, como de diversos puntos de Madrid (que por entonces tendría en la Castellana, antigua carretera de Castilla, una de sus "fronteras", desde ambos lados del río, madrileños que acudían con entusiasmo a las diversas romerías y verbenas que por entonces se celebraban en Madrid (algunas hoy desaparecidas, como la Verbena de Santiago o la de la Virgen del Puerto). Parece, leyendo estas líneas, como si desde una ventana contemplásemos al capellán preparando la Misa de San Antonio, o a las gentes de aquel Madrid celebrando la verbena. Resulta interesante, a ojos de un historiador, ver el tipo de oficios que había alrededor de una verbena, algunos hoy ya desaparecidos. Aún se ven por Madrid algunos barquilleros, aunque han perdido algo del misterio que tenían cuando jugabas a tratar de conseguir dos barquillos y quizá te quedabas sólo con uno, o con ninguno. Hoy simplemente le dices cuantos barquillos quieres y te los vende.

Azulejo que reproduce la Verbena de San Antonio
Azulejo que reproduce la Verbena de San Antonio
El autor, en sus últimas líneas, se refiere más bien a la verbena en sí que a la celebración religiosa, nos cuenta cómo los madrileños de hace más de 150 años vivían este tipo de festividades: "Ríos de mosto en "sangría.... suelta", con limón y sin limón y con azúcar, pasa constantemente por las fauces sedientas de los devotos, que llegan algunas veces a emborracharse, y como la temperatura es, por lo común, tan sofocante que hace cantar a los grillos en los ribazos, y a las chicharras en los árboles de la Casa de Campo y en la Moncloa, la mayor parte de los verbenistas se quedan paseando o bailando para asistir a la primera misa de San Antonio, o bien, soñolientos y descoyuntados, dejan la tela, entre los horrores de una indigestión de masa frita, a la hora en que el mochuelo da su último gañido y la alondra de los trigos alza el vuelo para saludar al sol naciente". Quizá, querido lector, hayas acudido alguna vez a ver la Zarzuela de San Antonio de la Florida. Si es así, posiblemente leyendo estas líneas te hayan venido a la mente algunos de los momentos de dicha zarzuela. Ricardo Sepúlveda muestra, en pocas líneas, una fotografía de aquellas verbenas de San Antonio celebradas al calor de las noches de junio. En cierto modo, no tan diferente de las actuales, pues los verbenistas siguen acudiendo a tomar un vino con los amigos o a tomar algo de "fritanga" en los diversos puestos callejeros, aunque personalmente quien esto escribe sigue prefiriendo tomar un buen chocolate con churros (aunque sea junio, sí). Actualmente, además, hay algunas atracciones para niños, y no tan niños, además de actuaciones musicales (que supongo antiguamente también habría música, aunque fuera de organillo, dulzaina y chotis).

Concluye Ricardo Sepúlveda diciendo que "En este solemne instante (durante el amanecer) es cuando todos se retiran a dormir la mona a sus respectivos alojamientos, hasta que llega la noche y se repite el jaleo verbenil, con más calor si cabe que en la víspera. El ermitaño ha cuidado, durante las últimas horas de la noche, de renovar las flores, para que el aire que se respire en el Santuario tenga el perfume de la azucena, y mientras llega el capellán y empieza la fiesta, entona sotto voce este dulce cantar de Trueba: "Entre flores y ramas tienes tu ermita, Glorioso San Antonio De la Florida". De alguna forma nos trae varias postales antiguas. Por un lado aquellos que han trasnochado y se retiran a sus hogares, por otra parte el ermitaño cuidando el templo y el capellán preparando la Misa de San Antonio. Con maestría sabe unir los tres escenarios para que el lector pueda hacerse una única imagen y comprenda como se vivían por entonces estas verbenas madrileñas. Posteriormente pasa a describir la verbena de San juan Bautista, en el prado de la Toya, o Atocha.

Me ha parecido traer bajo la luz de este candil las palabras con las que glosa Sepúlveda el Madrid de su tiempo durante la festividad de San Antonio de la Florida, que como ya sabéis se celebra mañana aunque tiene su continuación, durante los días de verbenas, a lo largo de la próxima semana. Creo que además de conocer y celebrar nuestras tradiciones, especialmente las festividades religiosas, es bueno saber como se celebraban en el pasado, ya que nos ayuda a conocer nuestro folclore popular y ver que, en el fondo, no somos tan diferentes de nuestros antepasados. También es curioso, en el Madrid del siglo XXI, ver la actual Cuesta de San Vicente e imaginar a aquellos chulapos y chulapas bajando, unos caminando, otros en mulas y carros. Me gusta sentarme en el actual Madrid Río y pensar en aquel Madrid antiguo, en sus gentes, en las cosas que aquí ocurrieron en el pasado y en las personas que pisaron sus calles (entre ellas, mi Santo Patrón: San Francisco de Asís). En Wikipedia hay un buen artículo con más información sobre la Verbena de San Antonio de la Florida, os animo a leerlo, pues hay algunas tradiciones realmente curiosas, como la de los alfileres arrojados a la pila bautismal simulando las arras matrimoniales y la bendición de los panecillos que después los verbenistas guardan durante el año en la creencia de que, mediante el ahorro, serán bendecidos con bienes materiales. También algunos blogs dan más información sobre esta fiesta, por ejemplo este de Caminando por Madrid. Un blog muy bueno sobre curiosidades e historia de Madrid es Secretos de Madrid

Sin más, concluyo invitándoos a acudir mañana a la Eucaristía (habrá diversas horas de celebración durante la mañana) y a la procesión que tendrán lugar mañana en la ermita de San Antonio de la Florida. Se trata, decía Trueba, de "la primera verbena que Dios envía". Con ella, de alguna forma, el verano anuncia que ya está aquí. Según la web de la ermita y parroquia, Mañana día 13 hay misas+procesión+panecillos+veneración reliquia+ verbena+confesiones de 6:30 a 24:00. Las misas serán a las 7, 8, 9, 10, 11 de la mañana y a las 17, 18, 19, 20, 21 de la tarde. La Misa Mayor y Procesión de San Antonio será a las 12 de la mañana.

Termino recomendándoos que compréis el libro, especialmente si sois madrileños, os gustará. Habla de lugares con historia que hoy nos resulta complicado imaginar como eran antiguamente, por ejemplo la Red de San Luis o la Plaza de Santo Domingo, donde se encontraba el antiguo monasterio de Santo Domingo el Real, donde estuvo enterrado Pedro I de Castilla, llamado El Cruel o podremos conocer el por qué de nombres de calles como La Montera, El Bonetillo y ver lo que ocurrió con la Casa del Duende o en las Gradas de San Felipe (el mentidero mayor de la villa).
Para este artículo se han extraído fragmentos del capítulo "Las Verbenas" de Ricardo Sepúlveda en su obra Madrid Viejo, crónicas, avisos, costumbres, leyendas y descripciones de la villa y corte en los siglos pasados", pp. 38-41. Edición facsímil de 2008 editada por la Editorial Maxtor, de Valladolid.