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martes, 11 de febrero de 2020

El soldado contemporáneo que siguió los pasos de San Francisco de Asís y se convirtió en “El vagabundo de Dios”

Tras la II Guerra Mundial un joven soldado que buscaba su lugar en el mundo lo encontró sirviendo en una leprosería africana

Fuente: Religión en Libertad

 Víctor C. Bustillo

John Bradburne nació en 1921 en Cumbria (Inglaterra). Hijo de un sacerdote anglicano y una mujer originaria de la India, creció en el seno de una noble familia anglicana. Con 18 años decidió unirse al Ejército Colonial Indio, participando en la II Guerra Mundial. Al igual que San Francisco de Asís antes de su conversión, Bradburne soñaba con vencer en una batalla mundana y terminó convirtiéndose en “El vagabundo de Dios”. En 2018 Religión en Libertad se hizo eco de su historia.

Buscando a Dios viajando por el mundo

Durante la II Guerra Mundial el Ejército Colonial indio luchó contra los japoneses. Fueron derrotados en Singapur. Para evitar ser localizado por los enemigos John se vio obligado a refugiarse, durante un par de meses, en plena jungla malaya. Allí conoció a John Dove, futuro sacerdote jesuita, con quien estableció una buena amistad.

Bradburne, tras ser rescatado por un barco de la Marina Real Británica, combatió en Birmania bajo las órdenes del general Orde Wingate. Tras finalizar su servicio militar John Bradburne terminó dándose cuenta de todo lo que había cambiado. Ya no era la misma persona que partió desde Inglaterra rumbo a la guerra. La jungla le marcó de tal manera que, ya en Inglaterra, decidió retirarse del mundo, buscando el silencio y la oración.

Durante algún tiempo vivió en la abadía benedictina de Buckfast (Inglaterra) y, en 1947, se convirtió al catolicismo. Bradburne quería ser monje pero, al ser converso reciente, se lo denegaron. Le explicaron que tan sólo debía esperar dos años. Pero él, que era un joven muy inquieto, sintió la necesidad de viajar. 

John Bradburne, durante 16 años, viajó por varios países europeos y de Oriente Medio. Vivió en diferentes comunidades religiosas, intentando ser monje. Por ejemplo intentó entrar en los cartujos, sin "éxito" de nuevo. También peregrinó a Jerusalén y volvió a Inglaterra. En su país predicó el Evangelio como un juglar de nuestro tiempo. En cierta ocasión, cuidando una casa de campo, estuvo a punto de contraer matrimonio con una mujer. Pero él decía de sí mismo que era “una abeja sin rumbo”.

En realidad Bradburne estaba enamorado del silencio, la naturaleza y la música. Se sintió llamado a una vida completamente diferente a la que él creía. En Italia, rezando a la Virgen María, realizó un voto de celibato. Se unió a la Orden Franciscana Seglar y, ya como franciscano seglar, decidió vivir la pobreza al modo de San Francisco de Asís. Además comenzó a expresar sus “tres deseos” vitales: ayudar a los leprosos, morir mártir y ser enterrado con un hábito franciscano. Terminó consiguiéndolo aunque con mucho esfuerzo.

Entregando la vida al servicio de los más necesitados 

En 1962 preguntó a su amigo John Dove ¿Hay alguna cueva en África donde pueda rezar? El jesuita y exmilitar le invitó a ser misionero, en Zimbabwe. Ya en África, Heather Benoy, amiga de Bradburne, le animó a que fuese a Mutenwa. Se trata de una montaña donde se encuentra un leprosario creado por el gobierno colonial. En cuanto vio el mal estado en el que se encontraban los leprosos residentes en dicho lugar, y las malas condiciones en las que vivían, Bradburne dijo, totalmente en serio, “Me quedo”.  



John terminó convirtiéndose en director del asentamiento y, desde entonces, mejoró notablemente la vida de los leprosos. Los lavaba personalmente, les cortaba las uñas y espantaba a los animales molestos (por ejemplo las ratas). Además dio clases de latín y construyó una pequeña iglesia donde les enseñó a rezar.

Pero Bradburne, al igual que San Francisco de Asís, fue un gran abanderado de los leprosos, defendiendo su derecho a ser tratados como personas. Cuando llegó a Muwemwa, varios miembros de la Asociación de Lepra de Rosedia le dijeron que debía poner números alrededor del cuello de los leprosos para reconocerlos. Él franciscano, negándose con fortaleza, les dijo “no son ganado, son personas”. Intentaron echarle, pero no lo lograron. 

Bradburne vivió como ermitaño en una tienda de campaña en Chigona, cerca del leprosario, rezando y comiendo muy poco, como contó John Moore en The Telegraph. Su vida estuvo basada en la pobreza, obedeciendo la Regla Franciscana. Cada día rezaba Maitines al amanecer, cantaba el oficio diario de Nuestra Señora y concluía la jornada rezando Vísperas y Completas. Por las noches visitaba a los leprosos.

John Bradburne decidió recopilar sentimientos y pensamientos por escrito. Escribió más de 6000 poemas, mostrando la experiencia espiritual vivida desde su infancia. Dedicó también un poema a cada uno de los leprosos, a quienes conocía muy bien. Sus poemas se pueden leer aquí.

Entregó su vida al martirio cuidando a los leprosos

En 1979 la situación en Mozambique cambió radicalmente debido a la Guerra Civil Mozambiqueña. Sus amigos le aconsejaron abandonar el país, pero Bradburne decidió quedarse aunque le costase el martirio que él deseaba. Estaba comprometido con su cuidado a los leprosos y no podía abandonarlos. 

John Bradburne fue acusado de trabajar para la minoría blanca mozambiqueña y fue secuestrado por la guerrilla. Le obligaron a caminar por la carretera sin volverse pero él se arrodilló y comenzó a rezar. Tras ser disparado por un jefe de la guerrilla rebelde de Zimbabue, Bradburne recibió la palma del martirio.  

"El vagabundo de Dios" fue enterrado con un hábito franciscano cerca de Mutemwa. El 10 de septiembre se celebró un funeral en su memorial. Fue en la Catedral Católica de Harare. Cada año acuden allí cientos de peregrinos y se celebra una misa anual en su honor. 

 

El 5 de septiembre de 2019, se inauguró en Mutemwa oficialmente la causa de su beatificación, tras recibir la autorización por parte de la Congregación para la Causa de los Santos, según informó Vida Nueva.  Ese día también se le homenajeó con una Eucaristía en la Catedral de Westminster, donde Bradburne ejerció como sacristán.

La John Bradburne Memorial Society, es una asociación dedicada a la memoria de este ermitaño franciscano, tratando de abrir su proceso de beatificación. En su web cuentan testimonios de curaciones milagrosas atribuidas al soldado que terminó convirtiéndose en un ermitaño franciscano.  

Para este artículo hemos contado con el apoyo de  @Damihibibere, quien, en su cuenta de Twitter, narra historias sobre personajes cristianos dignas de ser conocidas.

lunes, 9 de enero de 2017

Viajes y experiencias: Jaén, tierra de misterios (I): Las Caras de Bélmez

Dicen que el Misterio es el motor de la vida y, personalmente, cada vez estoy más de acuerdo con la verdad de esta afirmación. De hecho, "El Principito" es quien dice aquello de "cuando el Misterio es demasiado impresionante, resulta imposible desobedecer ".

Varias teleplastias de Bélmez. Entre ella "el niño", de la que hablaré.

Puedo dar fe de lo que supone apartarse del Misterio. Yo lo hice, cuando entré al Seminario. Estupidos prejuicios me llevaron a ello. Dejé de escuchar Milenio 3, mi programa favorito y, progresivamente, fui apartándome de algo que había sido el principal motor de mi vida. Cuando dejé de ser seminarista, en marzo de 2009, me desvinculé temporalmente de todo lo relacionado con el Misterio. Tenía la intención de que esa desvinculación fuera definitiva, debido a una mala experiencia que tuve leyendo "Camposanto", la novela escrita por Iker Jiménez. Durante varios días, en plena lectura de ese libro, tuve varias pesadillas que me llevaron a deshacerme de ese y otros libros relacionados con el Misterio. Todo aquello, sin embargo, provocó en mi un fuerte vacío. Fue años después, cuando recuperé  mi pasión por el Misterio, como ya conté en este blog, cuando salí de aquella depresión que me atenazaba interiormente. Fue reencontrándome con aquel niño de 13 años apasionado por el Misterio que buscaba, conectándose a Internet en los ordenadores del colegio, información sobre ovnis, fantasmas y demás, como conseguí reencontrarme conmigo mismo y sanar las heridas provocadas tras mi salida del Seminario.

Desde bien pequeño había sido un apasionado aficionado a todo lo relacionado con el Misterio. Recuerdo muchas conversaciones que tuve con mi padre, especialmente durante nuestros viajes en el mítico Renaul 25 granate (para mí el verdadero Coche Fantástico). Recuerdo escucharle hablar, siendo yo apenas un mocoso de 6-7 años, sobre el impacto que produjo en España el fenómeno de las Caras de Bélmez. Desde entonces éste pasó a ser mi tema favorito dentro del mundo del misterio.

Pero además, varios años antes de entrar al Seminario, había vivido dos experiencias realmente impactantes sobre las cuales apenas he escrito y hablado. La primera sucedió, si mal no recuerdo, en 2005 y en Bélmez de la Moraleda, aquel pequeño pueblo jienense que décadas antes había sido mundialmente famoso por “algo”que allí  sucedió. La segunda vivencia aconteció en 2007, en la catedral de Jaén. 

Aprovechando que acabo de volver de esa pequeña pero bella y agradable ciudad que es Jaén, me gustaría relatar ambas experiencias. Sobretodo porque en la catedral he sentido algo parecido a lo de 2007, una sensación de certeza que estoy convencido de que está ligada a los objetivos que actualmente tengo en mente: lo que llamo mi "Misión Personal": Eso que en el pasado me llevó  al Seminario creyendo tener una vocación sacerdotal que, en realidad, no tenía. Aunque, y con todo el respeto a los sacerdotes lo digo, creo que mi Misión Personal trasciende lo que es un puro sacerdocio ministerial. Al fin y al cabo, los bautizados somos reyes, profetas y sacerdotes. Y no existe una sola "vocación", como muchas veces parece escucharse (la vocación al sacerdocio o a la vida religiosa). Sino que existen muchas vocaciones, siendo la más importante de todas la de la vocación a la vida. Hemos sido creados por Alguien y para algo. Para una misión personal que, si la realizamos, dejará una huella profunda y positiva en los demás. En marzo, antes de los Idus, hablaré sobre todo esto en una ponencia que estoy preparando con mucha ilusión y fuerza.

Bélmez de la Moraleda
Como he dicho antes, mi pasión por el Misterio me viene desde pequeño, pues a mi padre también le apasionaba. Recuerdo, además de las mencionadas conversaciones con mi padre, escuchar siendo un crío programas como Turno de Noche (pues de pequeño tenía insomnio) donde hablaban sobre las caras de Bélmez, los extraterrestres. el triángulo de las Bermudas, los templarios y otras cosas. Mi tema favorito, ya lo he dicho antes, siempre ha sido el de las caras de Bélmez, de hecho hace tiempo escribí un artículo sobre ellas dando mi punto de vista como católico. Recuerdo también algunas conversaciones mantenidas con un profesor del colegio que durante su juventud visitó este pueblo jienense y conoció a Maria Gómez Cámara. Este buen hombre aún se estremece al recordar como aquella mujer, entrañable y con carácter al mismo tiempo, adivinó algunas cosas de mi profesor que era imposible que supiera. Por todo ello siempre quise ir a Bélmez. No pude hacerlo cuando vivía Maria pero su muerte acrecentó mi deseo de conocer aquella casa llena de rostros inquietantes.
Como he dicho antes, fue en 2005 cuando conseguí visitar aquellos rostros del absurdo gracias a una familia amiga, residente en la provincia de Jaén, que me invitó a pasar unos días en su casa. Y, aprovechando su generosidad, fue como conseguir realizar uno de mis mayores sueños, algo por lo que les estoy eternamente agradecido. Aquel sábado de septiembre nos pusimos en camino a la bella y mágica Sierra Mágina. Llegamos a Bélmez sobre las 11:00 de la mañana. Tras preguntar por las caras en una casa, situada a la entrada del pueblo, nos encaminamos a la iglesia. Subimos aquella cuesta y giramos a la derecha. Mi emoción iba en aumento. Recorrimos unos cuantos metros y, por fin, llegamos al ya mítico número 5 de la antigua calle Rodriguez Acosta de Bélmez de la Moraleda, hoy conocida como calle de María Gómez Cámara. Poco a poco iba creciendo dentro de mi la expctación y me llegaron a temblar las piernas, estaba verdaderamente emocionado. Instantes después de llamar al timbre salió Miguel Pereira, uno de los hijos de Maria. En ese instante, un curioso estremecimiento se apoderó de mi. Digo curioso porque en él se entremezclaban la emoción y el sobrecogimiento. Entramos a la casa y mi pulso se aceleró. Entonces me ví embargado por la sana incredulidad. Incredulidad no porque, de pronto, me surgieran dudas sobre la veracidad de las caras. No, todo lo contrario. Sucedió, simplemente, que no me podía creer que realmente yo estaba allí, tan cerca de esas caras sobre las que tanto había leído y con las que tanto había soñado desde pequeño. Me parecía estar viviendo uno de aquellos sueños infantiles. Recuerdo haber soñado en mas de una ocasión con ellas. Pero, en esta ocasión, era real. Yo estaba allí, de verdad, podía verlas con mis propios ojos, me pareció que también ellas me observaban y me animaban a acercarme. Ser consciente de que eso estaba sucediendo realmente me llenó de una inmensa felicidad que aún dibuja una amplia sonrisa en mi rostro al recordarlo.

El epicentro del Misterio más grande de nuestro país

Acababamos de entrar a la casa. Me quedé observando un cartel del SEIP donde se anunciaba que en esos días había algunos investigadores en Bélmez. Pedro Amorós y sus compañeros se encontraban en aquellos momentos investigando en otra casa de la localidad, el lugar donde nació María Gómez Cámara y donde, presuntamente, habían aparecido otras caras en 2004. También estuvimos en esta segunda casa y, francamente, creo que no tiene nada que ver con la original. Si me preguntasen  ¿crees en la veracidad de esos rostros aparecidos en 2004 en otra casa? respondería con un rotundo "NO". Igual que puedo responder con un rotundo "Sí, creo que las caras aparecidas en la casa de Rodriguez Acosta número cinco desde 1971 son reales" en caso de que me preguntasen por ellas.

Mientras observaba aquel cartel del SEIP, Miguel abrió la puerta del lugar que pasó de ser una vieja  cocina a convertirse en el epicentro del Misterio y, por fín, pasamos dentro. Otro escalofrío inundó  todo mi ser al observar, desde el quicio de la puerta, la vieja lumbre con los misteriosos rostros emergidos a su alrededor. Ahí estaban, mirándome fijamente, desafiantes ante cualquier tipo de lógica con la que se intente rebatir su autenticidad. Miré al “pelao”. Miré  a “la pava”. Una extraña sensación me embargó. Era como si aquellas teleplastias (el nombre correcto del fenómeno) llevasen años esperándome. Sentí la emoción a flor de piel y una pequeña y sincera lágrima recorrió mi rostro mientras observaba aquel testimonio del absurdo más grande sucedido en nuestro país (y en la propia historia de la parapsicología). Miguel comenzó a relatarnos la historia de aquellas caras “34 años hace ya que aparecieron…” repetía constantemente mientras entornaba los ojos, quizá emocionándose al recordarlo. Nos hablo del miedo experimentado por su madre al ver la primigenia “pava” (la que posteriormente fue picada…. Y que poco después volvió a emerger). Un miedo que le llevó a la pobre mujer incluso a dormir durante algunos días en la fuente aledaña, pues era incapaz de entrar a la casa. Nos habló también de Germán de Argumosa y Hans Bender, del precinto notarial realizado por el notario de Huelma Antonio Palacios Luque, de las psicofonias (algunas tan tenebrosas y misteriosas como aquella de "matar a él"... ¿A quién quería matar, quien fuera el autor de aquella frase? ¿Quién era "él"? ¿Quizá aquella voz hacía referencia a la persona que ordenó bombardear el Santuario de la Cabeza?). Por cierto, a partir de ahora me referiré a las psicofonías como parafonías, el nombre correcto que se le debe dar a este fenómeno.

Uno de los momentos más impactantes de la mañana fue cuando Miguel nos habló sobre los huesos que aparecieron tras una excavación realizada, por orden del alcalde, Manuel Rodríguez Rivas, en el suelo de la antigua cocina. Al parecer, aquel lugar había sido cementerio varios siglos antes, desde tiempo de los musulmanes. Incluso se sabe de unos extraños hechos acontecidos en el siglo XIX, cuando los entonces moradores de la casa (antepasados de Miguel Pereira por vía paterna) denunciaron extraños ruidos y movimientos de objetos acontecidos allí. También, al parecer, aquel lugar fue en otro tiempo o bien un bar o bien un prostíbulo o allí debieron suceder acontecimientos parecidos a los que se pueden vivir en un lugar así. De hecho, algunas de las parafonías registradas en esa casa decían cosas como "Pobre Quico" o "Quico, borracho". En cualquier caso, se trata de uno de esos lugares donde numerosos misterios parecen reunirse. Es como si todo lo vivido allí desde hace siglos siguiera, de algún modo, latente y, en ocasiones, saliera a relucir.

María Gómez Cámara sentada junto a "la pava"
Salimos de la antigua cocina y Miguel nos enseñó algunos rostros que había en diversas estancias de la casa, especialmente el pasillo. Yo me encontraba muy emocionado y, paradójicamente, sentía paz. Y digo paradójicamente pues la mayoría de las personas que han ido a esa casa dicen haber sentido mal rollo, opresión, pena y otros sentimientos mas o menos desagradables. Pero yo, sin embargo, sentí paz. No me preguntéis por qué, pues ni yo mismo lo sé, ni tampoco lo entiendo, sinceramente. Pues no tiene mucha lógica que en un lugar así, y con tanto sufrimiento rodeando el misterio allí emergido yo sintiera paz. Pero sí, ese fue el sentimiento que tuve. Simplemente, sentí paz. Aunque, no obstante, al observar aquellos rostros si sentía cierta desazón pues su expresión no es, precisamente, la de una sonrisa. No, nada de eso. Se trata de rostros que están sufriendo. Y, desde luego, las parafonias dan muestra de esto mismo. Si esas caras, como (casi todo) parece indicar, representan a alguien que vivió y tuvo relación con Maria Gómez Cámara… desde luego no es extraño que reflejen ese sufrimiento que caracteriza a las teleplastias de Bélmez de la Moraleda. Más abajo cuento lo vivido esa misma tarde en el Santuario de la Virgen de la Cabeza y que me lleva a pensar que esa teoría de que hay relación entre la casa de María (y ella misma) con el Santuario es veraz y lógica. Sobretodo teniendo en cuenta que alguna de las parafonías dice cosas como "Es que yo sigo enterrada".

Hubo un momento, poco antes de que Miguel nos explicase los rostros del pasillo, en el que me quedé totalmente solo en la vieja cocina. Tuve entonces la tentación de hacer una foto (algo que teóricamente Miguel no permite más que a los periodistas cuando éstos se lo piden). Estaba solo... no se iba a enterar, pensé. Por ello metí la mano en el bolsillo para coger el móvil…. Y una sensación  poderosa lo evitó. No sé describirlo con palabras. Solo puedo decir que tuve la sensación de que alguien me decía, quien sabe si la que en otro tiempo fue la dueña de la casa, “es mejor que no lo hagas”. Saqué la mano del bolsillo, sin el móvil. Me quedé observando, en silencio  las caras. De pronto tuve una sensación algo más amable y me incline, casi postré, ante el rostro conocido como “el niño (¿o quizá la niña?). Puse la mano sobre el cemento, toqué aquella cara con respeto, casi con veneración. Cerré los ojos… y entonces sucedió el puro absurdo. Algo que parecía venir de abajo, como una corriente subterránea que emergia, comenzó a sentirse en la palma de mi mano. Además sentí que el suelo se volvía húmedo. Como si alguien hubiera estuviera tirando un cubo lleno de agua allí mismo y en ese momento. O como si la humedad viniera de algún río subterráneo (que, de hecho, se sabe que por debajo de la propia casa pasan varios riachuelos subterráneos). Pero lo que sentí no era nada negativo, al contrario. Es cierto que quizá denotaba cierta tristeza pero, desde luego, aquello no era nada negativo. Las caras de Bélmez, a pesar de lo que dice cierta parafonia ("el infierno comienza aquí"), no tiene nada que ver con lo demoníaco. Quizá si con lo infernal... pero no un infierno según la visión religiosa, sino un infierno más terrenal, provocado por el hombre y su absurda manía de promover guerras entre quienes deberían ser hermanos. Aquella sensación duró unos cuantos segundos. Es probable que incluso uno o dos minutos. El caso es que durante un buen rato tuve la sensación de que el tiempo se había detenido. Era como si se hubiera resquebrajado por completo el espacio-tiempo. La sensación, como digo, no era negativa. Tampoco amable. Sencillamente "era". Y yo sentía que era más poderosa que yo. Aunque aquello no quería hacerme daño. Simplemente me estaba queriendo comunicar algo aunque yo no fuera entonces capaz de comprenderlo. Hoy creo que puedo entender lo que aquello me estaba diciendo: el Misterio es mi Vida y no debo apartarme de él. Debo ser fiel al Misterio, sobretodo a aquel cuyo nombre escribimos con mayúsculas: Dios. Cuando me aparté y alejé del Misterio fue cuando caí en aquella dura depresión. Cuando volví a él es cuando logré recuperarme totalmente de aquello. Creo que con esto no hace falta decir ni añadir mas para hacerlo mas entendible.

Varias de las teleplastias de Bélmez
Estaba yo absorto por aquella sensación emergente cuando escuché mi nombre desde el pasillo. Abrí los ojos y, tras levantarme (mirando fijamente al "niño"), me encaminé, en completo silencio, hacia donde estaban mis amigos con Miguel Pereira. Entonces Miguel, como ya he comentado, siguió explicándonos los rostros del pasillo. Después estuvo contándonos sus vivencias como pastor por las sierras jienenses. Lo cierto es que me pareció un buen tipo. Alguien que no ganaría nada mintiendo. Tengo una brújula interior que me hace ver cuándo el alma de una persona es luminosa y cuándo es oscura. Esto me permite saber si una persona es sincera o mentirosa con solo sentir su presencia (y soy consciente de que algún lector arqueará la ceja con escepticismo. Pero así es). También puedo anticipar si me voy a llevar bien o mal con una persona que acabo de conocer, de hecho suelo acertar casi siempre. Por ello, creo que las caras de Bélmez son un fenómeno auténtico. Al menos, las que aparecieron en la casa de María Gómez Cámara. Pues, como ya sabéis, hay otra casa en Bélmez donde, supuestamente, aparecieron otras teleplastias en 2004. También visité esa casa y puedo afirmar que ni la casa ni las "teleplastias" de 2004 pueden compararse bajo ningún aspecto con las originales. Lo que sentí en la casa de María Gómez Cámara no lo sentí en la de 2004. De hecho, los grandes investigadores del Misterio afirman algo parecido a lo que yo estoy diciendo: que los rostros de la casa original, la situada en la antigua calle Rodríguez Acosta de Bélmez de la Moraleda, hoy conocida como calle de María Gómez Cámara, son aunténticos. Y que los rostros "aparecidos" en 2004 en otra casa del municipio no son auténticos.

Personalmente, creo además en la honestidad de Miguel Pereira. También en la de su madre, cuyas facciones y el timbre de su voz al hablar sobre las caras me inspiran confianza. Creo que fue una mujer sincera, y tengo el convencimiento de que sus hijos también lo son. Además, esa mujer no ganó nada con el misterio acontecido en su cocina. Al contrario. Tuvo que soportar muchas molestias desde entonces. Especialmente durante aquel mes de febrero de 1972, cuando miles de personas entraban a diario en su casa para ver los rostros. Tuvo que soportar, igualmente, aquella deleznable "operación tridente" con la que acallaron el Misterio (Diario Pueblo dijo que se se había acabado el Misterio tras una llamada realizada desde las altas esferas gubernamentales. La explicación que se dio, sales de plata, carece de fundamento, pues jamás se ha hallado tal compuesto en el suelo de la casa de María Gómez quien, desde entonces, tuvo que soportar ser acusada de embustera desde algunos medios de comunicación).  María no ganó nada con todo aquello. Ni siquiera económicamente, pues la casa es bastante humilde y sus hijos no son precisamente multimillonarios. Al contrario. Por ello, pondría la mano en el fuego porque Maria Gómez Cámara y su familia dijeron, y dicen, la verdad. Y estoy totalmente convencido de que el propio gobierno franquista era consciente de su sinceridad. Si María Gómez y su familia hubieran sido unos mentirosos habrían acabado en la cárcel. O incluso muertos. Acusados de falsedad y escándalo público. Franco no era precisamente una hermanita de la caridad. La propia Iglesia también lo sabía. En caso contrario Miguel Peinado, el obispo y pata importante de la operación tridente, hubiera provocado su excomunión. Por otra parte, María Gómez Cámara era muy religiosa. Y tengo entendido que Miguel Pereira también lo es. De hecho, en la antigua cocina, junto a las teleplastias, hay una imagen del Sagrado Corazón de Jesús y otra del Inmaculado Corazón de María.

En 2005, treinta años después de la aparición de "la pava", tanto Franco como Peinado habían muerto. Sin embargo, las caras seguían ahí, desafiando al paso del tiempo. Y hoy siguen ahí, aunque poco a poco parecen estar difuminándose. De hecho, pensaba que "el niño" se había marchado para siempre. Pero en éste vídeo grabado por unos youtubers puede verse que aún continúa sobre el viejo cemento. En cualquier caso, no me resulta extraño que esos rostros se estén marchando, pues la propia Maria intuía que tras su muerte las caras se irían con ella. 

Salimos de la casa compartiendo nuestras impresiones sobre lo vivido durante la hora y media que estuvimos allí. Todos coindiamos en que aquel fenómeno nos parecía totalmente real. Aquello no parecía fraude sino veraz, y estábamos plenamente convencidos de ello. Nos despedimos de Miguel Pereira y, tras dar un paseo por el pueblo, fuimos a comer. Por la tarde, como he dicho anteriormente, pusimos rumbo al Santuario de la Virgen de la Cabeza, situado en Andújar.  Allí sentí que ese lugar está estrechamente ligado a las caras de Bélmez. Yo si me creo la teoría de Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández en su libro "Tumbas sin nombre". Es más, al pasear por allí, observándo las ruinas del santuario bombardeado y las de "la Casa Colomera" me vino una sensación de dolor parecida a la que provoca contemplar la desazón de las famosas teleplastias. Pensé en Paquita Chamorro, una de las sobrinas de María Gómez Cámara que falleció en aquellos bombardeos. Y de pronto, sentí su presencia. Un fuerte escalofrio me invadió y creí poder arrojar luz sobre el misterio de Bélmez de la Moraleda. El Misterio, por lo inabarcable que es para nuestra limitada capacidad de comprensión, puede resultar absurdo. Pero a veces parece como si todas las piezas encajasen: María Gómez Cámara sufrió mucho durante toda su vida por el recuerdo de aquella familia muerta (casi al completo) en el Santuario de la Cabeza. Miguel Chamorro, su cuñado, era guardia civil. Como tantos otros compañeros, se refugió en aquel lugar con su esposa e hijas (Isabel Gómez Cámara, su esposa, y Juana Chamorro, Ana, Carmen, Remedios, Francisca, Amparo e Isabel, las hijas del matrimonio). Perecieron casi todos. Solo sobrevivieron dos de las niñas.
Creo que es perfectamente posible que María Gómez Cámara llevase, durante décadas, un fuerte sufrimiento grabado a fuego en su alma. Y ese sufrimiento, de alguna forma que aún no somos capaces de explicar, salió a relucir mediante la aparición de aquellos rostros que emergieron en el suelo de su vieja cocina (por cierto, otra de las parafonías dice, con voz clara y total franqueza, "emergí". Y otra parafonía dice "¡Isabel!". Se han captado, además, muchas parafonías donde lo que se escucha son llantos de niños y lo que parece una situación bélica y de mucho sufrimiento).

Isabel Chamorro, una de las supervivientes. Y un cuadro de su familia

Por debajo de la casa de la antigua calle Rodriguez Acosta número 5 de Bélmez de la Moraleda pasan varias corrientes subterráneas de agua ¿Quién sabe si mental e inconscientemente María Gómez Cámara provocó que aquellos rostros emergieran? Suena absurdo, lo sé. Pero ya he dicho que cuando toqué "el niño/la niña" sentí que de pronto el suelo se llenaba de humedad. Eso también parecía completamente absurdo. Pero fue real. Y yo me pregunto ¿Será esta teleplastia un reflejo de Paquita Chamorro, sobrina de María? En mi opinión, sí.
Por cierto, y para concluir, decir que en las cercanías del viejo Santuario de la Virgen de la Cabeza hay un cementerio con tumbas sin nombre, fosas comunes donde Paquita Chamorro y su familia fueron enterrados ¿Podría ser que esa familia, y quienes murieron en el Santuario, estén pidiendo ser identificados y enterrados "dignamente"? Quizá no sea ninguna tontería esto. Y, tal vez, se podría hacer algo al respecto.

En el próximo artículo escribiré sobre lo que viví en la catedral de Jaén cuando la visité en 2007, una sensación que volví a tener al visitarla durante estas navidades que acaban de terminar.


lunes, 11 de junio de 2012

Zarautz y Getaria, dos bellos pueblos guipuzcoanos

Retomo mi relato de aquellos dias que pasé en San Sebastián. El tercer dia me desperté a las 9:30. Tras rezar láudes bajamos mi madre y yo a desayunar. Posteriormente cogimos un autobús con rumbo a Getaria.

Este es un pueblo pequeñito, aunque tiene una iglesia bastante grande. Me recordó en ese aspecto a Santoyo pues en mi pueblo ocurre lo mismo. Me impactó porque la calle principal la recorres bajando hacia la iglesia y el efecto me resultó llamativo. Estuvimos recorriendo sus calles y tomando un café junto al mar.

Después fuimos andando, por el paseo marítimo, hasta Zarautz. Ibamos a haber comido en el restaurante de Arguiñano, pero al ser dia festivo estaba lleno así que paramos en el Restaurante La Perla, De primero ensalada de endivias, queso roquefort y nueces, de segundo carrilleras de cerdo.
Zarautz tampoco es un pueblo demasiado grande, o al menos es la impresión que me dio, dimos un paseo pero regresamos bastante pronto a San Sebastián, además al dia siguiente madrugabamos para volver a Madrid, por lo cual no podiamos estar hasta muy tarde despiertos.

Cuando llegamos a Donosti estuvimos en el hotel un rato, yo me fui a internet y luego a recorrer el hotel pues no lo había visto del todo. Estuve también un rato tomando una cerveza sentado en la terraza.

Por la noche dimos un paseo por la playa de La Concha y luego fuimos a cenar de pintxos, pero como no queriamos volver tarde estuvimos en Txoco Pintxo. Le dije al camarero que cuando volviera a San Sebastián le hariamos una visita de nuevo, así que si algún dia vuelvo tendré que cumplir la promesa.

Estuve, una vez me duché, mirando cosas en internet y fuimos a dormir. Al dia siguiente nos levantamos a las 6:30 pues había que estar pronto en la estación. Ese dia desayunamos allí. Durante el viaje fui oyendo música y viendo el paisaje. Siempre me ha llamado la atención la diferencia entre los montes guipuzcoanos y vizcainos con los aledaños a Vitoria, que son mas bien páramos castellanos.

Era dos de mayo, así que cuando llegamos a Madrid yo me fui con unos amigos con los que había quedado por la tarde a disfrutar un poco de las fiestas de la ciudad. Al dia siguiente de vuelta a la universidad. Decir que mi paso por la Complutense en el Máster ha sido raro, porque he tenido casi mas dias de descanso que de clase ya que una semana al mes teniamos libre por cuestiones de logística, luego los puentes y la Semana Santa.

Ahora habrá que preparar los exámenes y entregar los trabajos. Veremos que tal se da. He dejado el TFM para otro año porque quiero prepararlo con calma y bien. En septiembre tengo que entregar además algunas cosas.

viernes, 8 de junio de 2012

Hondarribia, un bello pueblo a orillas del Cántabrico

Prosigo con el relato del viaje que realicé a San Sebastián hace un mes.

Hondarribia, desde la Bahía de Hendaya


El tercer día me levanté a las 9:30, recé Laudes y estuve orando un rato mientras mi madre se despertaba. Desayunamos en la cafetería del hotel y a las 11 de la mañana cogíamos un autobús que iba directo, por la autopista, hasta Hondarribia. Llegamos a una plaza céntrica, cercana a la calle San Pedro.

Nos recibió un conjunto de casas que a mi me dio la sensación de haber recibido influencia tirolesa. De hecho, hace diez años estuve en El Tirol y las casas de Hondarribia por su arquitectura me recordaban a las de aquel lugar austriaco. No son todas las casas iguales ya que hay diferentes formas y tonos, pero todas responden a un mismo modo arquitectónico que se repite a lo largo del pueblo.

Recorrimos la zona antigua, calles estrechas aunque alguna plaza bastante ancha. Vimos las iglesias de La Asunción y de San Francisco de Asís y el Parador. Cerca de este estuvimos tomando un café y luego seguimos recorriendo el pueblo. Salimos fuera de las murallas por una de las puertas. Después nos fuimos al paseo marítimo, donde estuvimos comiendo. Un amigo de allí me había recomendado varios restaurantes, pero ninguno estaba, o eso creo, al lado del mar y mi madre quería comer junto al mar, así que nos metimos en la taberna Kai Zaharra, junto a la bahía de Txingudi. De primero comí risotto, después pato confitado y de postre torrijas. Se puede decir que comí bien, pues mi paladar quedó bastante contento. Tras la comida un chupito, que además ese día me hacía ilusión invitar a mi.

Antes de comer quise haber visto la iglesia de La Marina, pero estaba cerrada. Todos los años en esta iglesia hacen una misa funeral por el niño que comenté en un post anterior, Jokin Ceberio, que era de Hondarribia. Paseando por las calles no podía dejar de imaginar lo que ese chaval tuvo que sufrir allí mismo, pues el acoso escolar que sufrió no ocurrió solo en el instituto sino también en la calle, por ejemplo durante la festividad del Alarde. Hubiera ido al cementerio a orar por él, pero al estar con mi madre pensé que tal vez no fuera conveniente, algún día si Dios quiere volveré solo e iré a orar y a llevar un ramo de flores a su tumba.

Estuvimos paseando por toda la bahía llegando hasta un punto donde se divisa tanto Irún como Hendaya. De haber estado mas días en San Sebastián hubiéramos cogido un barquito que te lleva hasta la ciudad francesa, siempre he tenido curiosidad por esta ciudad.

Casco histórico de Hondarribia


En Hondarribia estuvimos hasta las cinco de la tarde pues queríamos ir al cine. Siempre que voy a una ciudad me gusta ir al cine con la gente de allí, por pura sociología. Eso de decir "mira, estoy en el cine con los donostiarras", por ejemplo. Decía mi sabio padre que no solo se aprende viendo museos y monumentos, sino también compartiendo la vida de las personas de aquellos lugares por los que pasas, sea yendo a ver las tiendas, ir a los bares típicos (no los turísticos, sino donde va la gente de allí), al cine, al fútbol, etc. Si mi amigo hubiera estado me hubiera gustado ir al partido Real Sociedad-Racing de Santander que justo era la tarde que llegué a San Sebastián, pero tal vez otra vez. Aunque, sinceramente, Anoeta no me llama la atención tanto como el viejo Atotxa.
En el cine estuvimos viendo "Los Pelayo", una película donde actúa, entre otros, Lluis Homar. Trata de un señor que tiene el sueño de hacerse rico con los casinos y convence a sus hijos para llevar a cabo una idea que ha tenido, aunque eso le va a llevar a enfrentarse con el dueño de un casino en concreto que le considerará persona non grata.
Por cierto, el autobús que nos trajo de Hondarribia paró al lado del cine, nos lo había dicho el conductor. Está bastante cerquita de la universidad. La última vez que había estado por esa zona fue con mi tía Paulita de camino a Lourdes.

Acabó la pelicula y como ya era la hora de cenar y había hambre nos fuimos de pintxos, a confraternizar con los donostiarras. ¿Cómo estaba la plaza? abarrotá, decía uno, pues los bares estaban abarrotados, era difícil entrar en ellos. Tras mirar en unos cuantos nos decidimos por el bar Platero. Nos pusimos finos pues nos sirvieron pinchos de croquetas, emperador, albóndigas, chile y chistorras regados por una cerveza y, posteriormente, un txacolí. Estaba bastante bueno todo, especialmente el emperador, parecía que lo acaban de pescar pues estaba muy fresco.

De este bar me llamaron la atención algunos detalles en forma de cartéles, os imaginareis cuales, pero bueno creo que lo mejor es rezar por esas personas. Además quienes nos sirvieron, independientemente de su ideología, fueron bastante amables. Recuerdo una vez en la Plaza de la Blanca Paloma, en Vitoria, unos chavales que llevaban estética borroka y, en un restaurante, también nos atendieron bien aunque se dieron cuenta de que no eramos vascos. Yo creo que en general la gente si les tratas con amabilidad son amables. Siempre me han hecho gracia esos que se quejan de que en Barcelona, por ejemplo, les hablan en catalán. Yo nunca he tenido problemas al respecto, si me han hablado en catalán o euskera les he dicho "perdona, no soy de aquí, por ello no entiendo vuestra lengua ¿me podrías hablar en castellano, por favor?" y cambian el registro sin ningún problema. Todo en la vida es tener educación y cortesía.

Salimos del bar, nos fuimos hasta el hotel y yo me quedé un rato conectado a Internet. Después a la habitación, ducha, orar un poquito y a dormir con la radio puesta.

miércoles, 6 de junio de 2012

Un dia en San Sebastián

Estoy repasando los apuntes que tomé cuando hice en mi viaje a San Sebastián, hace un mes. Tengo apuntes de todos los días, así que los plasmaré por aquí.

El domingo 29 de abril desperté en el hotel que lleva el mismo nombre que la ciudad. Lo primero que hice fue rezar laudes, con el monte Igueldo al fondo, y un poquito de oración. Tras lavarme bajé con mi madre a desayunar a la cafetería del hotel. Zumo de naranja, café con leche y tostadas, muy rico pero bastante caro. Mientras desayunaba estuve hojeando el Diario de Guipuzkoa viendo sobre todo las noticias sobre el juego de la pelota y también sobre las traineras, dos deportes que me gustan bastante. Cómo curiosidad decir que o el domingo o el lunes en el periódico venía una noticia sobre que unos traineros de Hondarribia habían ganado la competición.

Salimos a la calle. Era un día bastante soleado y bajamos a la playa de Ondarreta. A nuestra izquierda se divisaba perfectamente la playa de La Concha con el pináculo del Buen Pastor y la escultura del Sagrado Corazón al fondo. Nosotros nos encaminamos al funicular que sube al monte Igueldo. Tanto el edificio como el propio funicular conservan ese sabor a cosas antiguas que a mi tanto me gustan. Precisamente en 2012 es el centenario del funicular. Las cabinas son de madera, pintadas en blanco y desde el funicular se ve toda San Sebastián con una vista preciosa.

Cuando llegamos al Monte Igueldo subimos por unas escaleras y ahí estaba el parque de atracciones, también con un sabor añejo que le hace especial. Uno que ha conocido diferentes lugares de recreación (como el parque de atracciones de Madrid, el de la Warner o Disneylandia en Los Ángeles) piensa que tal vez el mas especial de ellos es el del Igueldo precisamente por su antiguedad. No conozco el del Tibidabo, espero ir algún día a Barcelona y conocerlo.

Desde lo alto del monte se divisa toda San Sebastián y parte de Guipuzkoa. Se ve el Sagrado Corazón con el puerto al lado, según creo la zona mas antigua que se conserva en San Sebastián tras el incendio de 1813. Tengo en mis apuntes que aquel día se dio una curiosa coincidencia pues estaba en el lugar cuya catedral se llama del Buen Pastor en el día de la festividad del Buen Pastor.
Desde el Igueldo se aprecia a la perfección la forma de concha que tiene San Sebastián. Aquel día el Cantábrico estaba en calma, algo raro, había barcos y piraguas surcándolo. En el monte había mucha gente tanto en las atracciones como en las cafeterías. Es curiosa la diversidad de matices que se observan desde el Igueldo, el color escarlata del mar junto con los diversos tonos verdosos de los montes guipuzcoanos. Me recordaba a los Lagos de Plivitce, en Croacia, donde estuve el año pasado.

Estuvimos tomando un café allí disfrutando de las vistas. Después bajamos hasta la ciudad y atravesamos Ondarreta y, posteriormente, La Concha para llegar hasta el casco viejo. Pasamos cerca de la iglesia del Buen Pastor pero como ya era la hora de comer nos fuimos al puerto. Elegimos el Restaurante Sebastián, una parrillada de mero y merluza, con muy buen sabor todo, regados por un Txacolí. Era de buena calidad, aunque la terraza un poco incomoda ya que al estar bajo un soportal practicamente las mesas están pegadas. Aunque la mañana había sido soleada se fue nublando a medida que pasó el día y, mientras comíamos, diluvió. Sin embargo cuando terminamos de comer volvió a salir el sol, algo que nos permitió ir hasta el hotel caminando, de nuevo por la playa.

Había que reposar la comida, por ello gran parte de la tarde la pasamos en el hotel, además el tiempo andaba revuelto pues en ocasiones llovió un poco, aunque la noche fue despejada. Yo me bajé al ordenador público del hotel y estuve hablando con amigos por internet.
Subí a la habitación a buscar a mi madre y salimos con dirección al casco viejo, otra vez caminando. Estuvimos deambulando por aquellas calles, muy bulliciosas. Nos sentamos a cenar en un bar de pintxos en la Plaza de la Constitución y después fuimos al hotel en autobús.

Y así transcurrió un día en San Sebastián. En el hotel me duché y luego estuve en la habitación con el portátil viendo El Rey León. Ese fin de semana CUATRO lo dedicó a poner películas de Disney y por la noche pusieron esa película. Me llevó de nuevo a mi infancia pues aun recuerdo el día que, con doce años, fui a verla al cine con mi hermana. Unos cines que estaban en Aluche y que hoy no existen (hay un supermercado en ellos).

domingo, 29 de abril de 2012

San Sebastian 2012. Prologo

Desde bien pequeño me encanta viajar. Conocer lugares nuevos y sociedades que, quizá, desde la butaca de tu salón no puedes conocer en su totalidad salvo que salgas del salón de casa y de ti mismo. Cuando uno viaja se abre a nuevas realidades buscando los nexos espirituales y humano que te unen a personas de diferente lengua, credo, raza...¿Quizá algun dia descubriremos vida fuera de la tierra? el universo es infinito pero, de momento, centremonos en nuestro planeta hasta que contactemos con Roger (un marciano que sale en la serie American Dad).

A lo largo de mis recién cumplidos treinta años he recorrido Europa, Asia, América y África. Me falta conocer Oceanía. Sin embargo, salvo una vez de chiquitito, no había estado en San Sebastián. Aquella vez fui de paso, yendo a Lourdes, y me alojé en el hotel Londres. No recordaba haber recorrido sus calles o pasear por la playa de la concha, tampoco había ido de pintxos por el casco viejo. Por eso quiero aprovechar para saborear esta ciudad para, posteriormente, plasmar mis impresiones por escrito.
Del Pais Vasco conozco Bilbao y Vitoria. La primera con su Guggenheim, el cual ha contribuido a embellecer esa ciudad antes cubierta por la tez negra procedente de aquel Bilbao industrial desde cuyas montañas no podía divisarse la ciudad. Vitoria, con su Blanca Paloma, su catedral y ese casco viejo de añejo sabor medieval que nos retrotrae a los tiempos en que trovadores y juglares se disputaban la narración de gestas sobre héroes legendarios.
Pero San Sebastián es la joya de la corona. De ella dicen que es la ciudad mas bella de España, acaso rivalizando con Sevilla y, sobre todo, esa Granada cuya pérddida tanto lloró Boabdil. He venido con mi madre aprovechando el Puente de Mayo

Empecé a escribir este artículo en el tren, mi medio de transporte favorito. Es cierto que en avión se tarda muy poco, pero a costa de no poder disfrutar del paisaje. El bus es mas barato pero no se puede pasear por los pasillos ni ir a la cafetería a tomarte un café mientras miras por la ventana. El coche, si se piensa detenidamente, a la larga es mas caro y con ciertas incomodidades (atascos, parar a echar gasolina, parar a comer, aparte que no conduzco ni tampoco tengo especiales ganas. En cuanto al barco ¿Tiene Madrid mar? la respuesta es evidente.
Cuando viajo en tren tengo mis propios rituales. Me gusta llegar con tiempo a la estación, normalmente Chamartín. Compro el periodico y lo leo mientras desayuno. Posteriormente doy un paseo viendo las tiendas de la estación y voy al baño. Me gusta entrar pronto al tren y quedarme sentado pensando mientras espero a que comience a andar.

En San Sebastián nos recibió una tromba de agua que duró toda la jornada. A simple vista puede parecer un fastidio pero, cómo ocurre en Santander, la lluvia no le quita encanto a la ciudad. Dejamos las cosas en el hotel y nos fuimos a comer al bar Pepe, en la playa de Ondarreta. Unos pintxos. Éstuvimos en el hotel descansando un rato y despues nos fuimos al centro de la ciudad. Fuimos a misa a la iglesia de las Reparadoras. Fue una Eucaristía bilingue, el sacerdote hablaba en castellano y las canciones fueron en euskera. Me gustó de forma especial como sonaba el Padre Nuestro en euskera, aunque me llamó la atención que es mas largo que en castellano (desde el desconocimiento de la lengua me da la impresión de que se usan mas palabras en euskera). Vimos la plaza de la Catedral aunque no entramos, la visitaremos hoy con mas detenimiento creo.

Después cenamos en Tierra y Mar, un restaurante que hay en una calle bastante cercana a la Catedral. Al hotel llegamos sobre las 22:30 y estuve un rato conectado a internet antes de irme a dormir. No me acosté demasiado tarde ya que me había levantado a las seis de la mañana para ir al tren, pues salía a las ocho.

La primera impresión de San Sebastián fue la de una ciudad bien cuidada, con aspecto señorial de estilo parisino. En los siguientes dias la patearemos bien, aunque también pensamos visitar algunos pueblos cercanos. La única pega que son pocos dias.