He usado esta provocadora frase de San Pablo con el objetivo de reflexionar sobre un tema que hoy está en boca de todos: el trabajo.
Sé que suena políticamente incorrecto decirlo en un tiempo como este, con tanto paro en nuestro país, pero creo que realmente hay trabajo y se puede trabajar, siempre que se quiera, claro está. La clave está en focalizar nuestra atención, en conocernos a nosotros mismos de cara a ser conscientes de nuestros dones y talentos. Decía el Padre Tomás Morales que "el trabajo es cantera de todos los valores humanos. Les proporciona el material indispensable: reflexión y constancia. Responsabilidad y corazón viven y se desarrollan en el mundo sin fin del trabajo, entendido en su sentido más amplio". El trabajo no sólo dignifica al hombre sino que puede ayudarle en su crecimiento personal, intelectual y espiritual. Para los cristianos, el trabajo es algo que contribuye a la santificación de la persona. Pero siempre que no sea un trabajo mercantilizado. El Papa León XIII en su Rerum Novarum denunciaba "como cosa vergonzosa e inhumana explotar a los hombres como si fuesen mercancía". Continuaba el Padre Morales diciendo que "Trabajo/estudio y persona se identifican. Son ríos que manan del mismo manantial oculto, del yo, del alma que actúa sus potencias. El trabajo del hombre es espiritual (...), no actúa por instintos sino gobernado por una personalidad racional y libre. La suprema recompensa del trabajo no consiste en lo que te permite ganar, sino más bien en lo que te hace llegar a ser". Para este sacerdote, el trabajo encierra tres tesoros: Embellece tu carácter pues te hace reflexionar, ser constante y responsable. El trabajo enriquece al mundo pues puedes contribuir al bien común y, al mismo tiempo, aprovechar los dones y talentos que Dios te ha dado. Cita este clérigo a Pasteur, quién decía "habría cometido un robo si hubiese pasado un día sin trabajar". El tercer tesoro del trabajo, dice el clérigo, es que te hace colaborador de Dios en su obra creadora, redentora y santificadora utilizando los materiales que Dios te ha dado: inteligencia, voluntad y corazón. Cita al Cardenal Villot, Secretario de Estado de Pablo VI, quien dijo "Cada trabajador -jefe de empresa, asalariado, peón o técnico, artesano o comerciante, obrero agrícola o industrial, miembro de profesiones liberales o estudiante- se unifica con la obra creadora del Padre, la obra redentora del Hijo, la obra santificadora del Espíritu y se prepara para la manifestación gloriosa del Señor". El cuarto tesoro, prosigue el padre Tomás Morales, es que "El trabajo profesional te identifica con Cristo pues prolongas sus horas de Nazaret, sus años en la tierra, su silenciosa vida eucarística en trabajo continuo de adoración al Padre, de redención de almas. El trabajo del hombre está en este mundo, pero su fin trasciende la tierra. Cada segundo del trabajo diario se eterniza si lo haces por amor pues, como dice Santa Teresa de Jesús, solo este da valor a todas las cosas". Concluye el sacerdote citando la Didaché, la cual decía que "el que no trabaja es un traficante de la doctrina de Cristo. Se debe trabajar con alegría pues el amor, tal como decía la santa abulense, hace tener por descanso el trabajo".
Quizá lees esto y estás deprimido porque no encuentras trabajo, quizá te sientes infeliz al no verte valorado por tu jefe o tus compañeros de trabajo. Yo te digo: Realmente vales mucho, eres lo más sagrado que hay en este mundo, así que no te infravalores y explota todo el potencial que hay dentro de ti. Tal vez no seas creyente, pero debes saber que, en cualquier caso, eres una criatura de Dios. Él te ha creado y te ama desde la Eternidad, por ello te ha asignado un papel en este gran teatro que es la vida. Todos valemos para algo, todos tenemos dones y talentos que hemos de descubrir para trabajar y poder aportar algo a los demás, ganando con ello en autoestima y en respeto a nuestra propia dignidad personal. Dices "No hay trabajo", yo te pregunto ¿Acaso has buscado bien? Es posible que te decantases por una carrera universitaria que no era lo tuyo, unos estudios que no casaban con tu vocación. Quizá hay cosas en tu vida que debes pulir de cara a encontrar trabajo (aprender idiomas, formarte mejor, ser más positivo). Puede ser que te estés empeñando en ir por un camino que no tiene salida y en tu vida se te hayan presentado otros caminos laborales que, o bien no supiste ver, o bien no te atreviste a tomar. Yo te animaría, amigo lector, a hacer introspección, a conocerte a ti mismo ¿Cómo eras de niño? ¿Qué te gustaba hacer? Quizá te gustaba dibujar o tal vez en algún momento de tu infancia o juventud pensaste en vivir y trabajar con los animales, acaso siendo pastor o ganadero. Hoy en día se comete un grave error que nos está perjudicando mucho sin que seamos conscientes de ello. Tendemos a pensar que el trabajo solo puede ejercerse o bien en la obra (en lo que incluyo carpinteros, fontaneros, etc.), o bien trabajar en una oficina o dentro del mundo hostelero y turístico. Sin embargo, hay tantas posibilidades laborales como personas en el mundo. Como he dicho antes, todos valemos para algo, todos tenemos dones y talentos en nuestro interior que debemos potenciar. No debemos, eso si, sentirnos desdichados si no podemos trabajar en determinadas cosas por carecer de dones para ello. Yo no canto bien, por lo que no valdría para ser tenor, lo cual no quiere decir que no pueda hacer otras cosas. Por ejemplo se me da bien escribir, es algo que me gusta y agrada. Por ello escribo todo lo que puedo. Con mayor o menor entusiasmo, pero escribir me entusiasma.
Por ello, amigo lector, te invito a eliminar de tu vida mensajes tóxicos como "no encuentro trabajo", "la cosa está muy malita", "los empresarios no contratan y encima piden tal y cual"... Yo me atrevo a decirte algo que tal vez no te hayas planteado: No busques trabajo ¡Créalo! Crea tu propio trabajo. Cónocete a tí mismo, tal como decían los griegos, descubre qué dones y talentos permanecen ocultos en ti, desentiérralos y ponte a trabajar con ellos. Diferénciate del resto, no hagas como ellos, no seas masa. Si lo piensas, cuando enviamos el C.V. a una empresa en realidad estamos mendigando un trabajo. Yo creo que tu, querido lector, vales mucho como para ir mendigando por ahí. No te conformes con la mediocridad de quien pasa los lunes al sol esperando que alguien le dé un trabajo. Trabaja en aquello que te gusta, crea tu propio trabajo y deja de depender del resto. Decía San Francisco de Asís que debemos trabajar en
aquello que no dañe la salud de nuestro alma y pueda ser ejecutado
decorosamente Este santo también decía "procuren ejercitarse en obras buenas, porque está escrito: ·haz siempre algo bueno para que el diablo te encuentre ocupado·. Y también: La ociosidad es enemiga del alma". Por tanto, no te complazcas en vivir ociosa y mediocremente mientras esperas que alguien te de un trabajo. Busca una ocupación en tu día a día que te ayude a estar bien psicológicamente y te mantenga ocupado. Como diré más adelante, esto puede incluso ayudarte a encontrar trabajo en el futuro. En su testamento el santo italiano dijo "Los que no saben ninguno (oficio), apréndanlo, no por codicia de recibir la paga del trabajo, sino para dar ejemplo y para desechar la ociosidad". Tampoco seas tan mediocre de echar la culpa a otro porque no tienes trabajo (por ejemplo a los políticos, empresarios...), pues es de espíritus débiles echar la culpa al otro sin ver que tal vez no estamos actuando responsablemente en nuestra vida. No va a venir Rajoy, Amancio Ortega o Barack Obama a tu casa a ofrecerte trabajo. Desengañate. Tienes que ser tu, con tu esfuerzo diario, el que logre avanzar en tu camino laboral. Para un cristiano es importante saber que el trabajo profesional, como decía el Padre Tomás Morales "evita estar ocioso, lo cual es el origen de todos los males pues, como decía B. Franklin el que no hace nada está apunto de hacer el mal". Para el sacerdote "Dios ha puesto el trabajo como centinela de la virtud pues cuando hay trabajo la tentación no acecha. Una vida ociosa, dice, es muerte anticipada" pues te lleva a sentirte vacío y a perder el verdadero sentido de la vida ya que una vida sin un objetivo claro acaba convirtiéndose en un mero transcurrir de días y horas carente de sentido que te lleva a depresiones, a comerte la cabeza con tonterías, a estar de mal humor, etc. Dice el Padre Tomás Morales que "la pereza daña más la salud que el esfuerzo y un cerebro ocioso es el taller del diablo (o de los problemas psicológicos)".
Reconozco que no me gusta nada Apple, de hecho soy anti Apple, pero es justo reconocer la valía de Steve Jobbs. Como sabemos, este hombre supo conocerse a sí mismo, se dio cuenta de sus propios dones y talentos y de cuales eran las necesidades de los demás. Había algo que le entusiasmaba, la tecnología, y se puso a trabajar en ello, aportando lo mejor de sí mismo para hacer más fácil la vida a los demás. A mi no me gustan los productos de esa compañía, pero es cierto que facilitan la vida a personas de mi entorno, lo cual me alegra. Steve Jobbs no pasó los lunes al sol, sino que se esforzó con su trabajo para contribuir a un mundo mejor. Tú también puedes hacerlo, si te lo propones. Pero para ello debes conocerte bien y potenciar tus propias cualidades. Es probable que no te hagas inmensamente rico, como Bill Gates, quizá no logres ser un líder y creador de opinión como es el Papa Francisco o, tal vez, no consigas la fama de Ken Follet o Leonardo di Caprio. Pero, amigo mío, tienes mucho que aportar en este mundo con tu trabajo. Puedes ser escritor, agricultor, carpintero, jardinero, repostero... hay infinidad de oficios. Para cada una de estas labores se requieren determinados talentos. Sí, a lo mejor no se te da bien escribir o serías un mal carpintero. Pero resulta que te gusta mucho la naturaleza y un día descubres que se te da bien la agricultura. Ahí puede estar tu puesto de trabajo. Es cierto que se trata de una labor dura pero a la vez muy satisfactoria para quien disfruta realmente con ella. A veces, cuando camino por Azca me pregunto ¿Cuántos oficinistas amargados con potenciales cualidades agrícolas habrá? Serían más felices trabajando en el campo, aunque ganasen menos dinero. Pues el trabajo dignifica al hombre, pero no se debe trabajar exclusivamente para ganar dinero. Creo que conviene desacralizar al dinero. Trabajar para vivir, no vivir para trabajar.
Hoy en día, gracias a Internet, se abren infinítamente las posibilidades de aprender un oficio, incluso para ejercerlo en cualquier lugar del mundo. Tan sólo tienes que salir de tu área de confort ¿Cuánto tiempo dedicas, en tu día a día, a ver la tele o el Internet más pueril (redes sociales, foros..)? Cada minuto que malgastas con estas cosas es un minuto que pierdes en tu vida, un minuto que jamás podrás recuperar, que ya no podrás invertir para mejorar tu vida. Piénsalo. Quizá lo pasaste muy bien viendo aquella serie, incluso disfrutaste con aquellas discusiones de tal o cual foro de Internet. Pero llega un momento en el que te das cuenta de que ha pasado el tiempo y no has logrado trabajar en lo que de verdad te llena. Incluso es posible que no puedas trabajar porque no sabes idiomas, porque no tienes experiencia y porque no te has preocupado en aprender otros oficios o en reinventarte. Entonces te deprimes, lo pasas mal, sufres... y echas de menos no haberte esforzado cuando pudiste. Lo que no se puede es dejar pasar el tiempo sin hacer algo edificante y productivo. Recuerda que Jesús pasó treinta años en el taller de Nazaret antes de salir a predicar la Buena Nueva por toda Palestina pues "no vino para ser servido, sino para servir (MT 20,28)". Debes tenerlo en cuenta, especialmente si eres cristiano, pues no puede ser más el aprendiz que su maestro.
Pero aún estás a tiempo. Si continúas leyendo esto y no te has ciscado en mí por lo que he dicho, entonces te merecerá la pena continuar leyendo. Permíteme que insista: No busques trabajo, créalo. Analízate, conócete a ti mismo, descubre qué dones y talentos tienes y trabaja con ellos. Dedícate a trabajar en lo que realmente te llena, sin fijarte en el éxito de los demás, sin obsesionarte porque tu cuñado gana más o menos dinero. Debes trabajar con constancia, amor y esfuerzo, atendiendo siempre al momento presente. No pienses en el ayer o el mañana. Piensa en el aquí y ahora, ten una buena actitud y camina por la vida lleno de confianza en ti mismo. Eres lo más sagrado de este mundo, quiérete un poco. Poco a poco, si tienes fe, constancia y perseverancia, lo lograrás. Trabaja en lo que te enriquezca por dentro y te permita vivir. Trabaja para vivir, no vivas para trabajar. Sal de tu área de confort y establece nuevas relaciones personales. Júntate con personas de tu ámbito laboral, o relacionada más o menos con él, pues quizá algún día puedas llegar a trabajar en equipo con esa gente.
Punto fuerte de este artículo: Ten capacidad de reinventarte. Si ves que no logras emprender un camino laboral, si te estancas, si no te sientes motivado reinvéntate. No pasa nada por aprender un oficio distinto con treinta, cuarenta o sesenta años. Conozco una persona que con setenta años comenzó a pintar cuadros y a día de hoy vive su jubilación feliz por las obras pictóricas que va realizando. No las vende sino que las regala a familiares y amigos. Pero podría venderlas y ganar dinero. Se reinventó a sí misma y no vive una vida aburrida y tediosa sino que se siente realizada por su labor pictórica. Tu puedes hacerlo también. Otro punto fuerte de este artículo. Como digo, no debes buscar trabajo sino busca oportunidades de colaborar sinérgicamente con otras personas. Te lo explicaré con un ejemplo:
Eres periodista. Mandas tu C.V. a periódicos, radios, televisiones... sin éxito. En la actualidad, con Linkedin y las redes sociales (que bien utilizadas son una maravilla) tienes la oportunidad de conocer gente de tu ámbito laboral con las que puedes trabajar en equipo. Claro está, no basta con conocer a estas personas sino que debes ponerte a trabajar ya. Pero sigamos con el ejemplo. Eres un periodista al que le gusta el tema de los conflictos bélicos o internacionales. Surge un nuevo conflicto: Ucrania. Si eres listo (y sé que tú, amigo lector, lo eres), harás un seguimiento del conflicto lo más cercano posible: te informarás a través de los medios de comunicación nacionales e internacionales, blogs especializados, seguirás en Twitter a ucranianos y periodistas que estén allí. Entonces crearás un blog y escribirás en él a diario. Si eres espabilado y ofreces calidad (ojo a esto, es importante si quieres diferenciarte de la masa), lograrás crear impacto y tener seguimiento ¿Te suena de algo esta historia? Principia Marsupia comenzó así. Presentó su trabajo hecho a un periódico y, les gustó por su calidad y le contrataron.
La idea, por tanto, es la siguiente: ¿Te gusta algo? Trabaja en ello a diario, ten constancia y esfuérzate por ofrecer calidad. Preséntale tu trabajo a quienes puedan contratarte. Pero no lo hagas como quien pide limosna o mendiga trabajo sino hazlo como alguien que ya está trabajando. Si tienes talento y un trabajo realizado podrás ponerte a disposición de esa empresa para establecer una relación laboral fructífera basada en la colaboración sinérgica. Concluyo, no busques trabajo, créalo, establece relación con personas de tu ámbito laboral que te puedan ayudar y llama a puertas ofreciendo tu colaboración para trabajar allí pudiendo presentar un trabajo y una experiencia previa (aunque no se considere laboral en sentido de cotizar o trabajar con un contrato). No te garantizo el éxito seguro pues depende de tu esfuerzo, constancia, fe y, sobretodo, del amor que pongas en tu trabajo diario.
Ánimo, no busques trabajo....¡Créaloª
Blog de Víctor C. Bustillo,que aborda desde una perspectiva cristiana y humanística reflexiones sobre actualidad, historia, filosofía, religión, deportes y otros temas de interés. Queda expresamente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de este blog sin citar su origen o el permiso expreso y por escrito de Víctor C. Bustillo
viernes, 4 de marzo de 2016
viernes, 22 de enero de 2016
Acoso escolar, una lacra a extirpar de nuestra sociedad
El acoso escolar se ha vuelto a cobrar una nueva víctima en nuestro país. Se llamaba Diego y tenía 11 años, toda una vida por delante. El pasado 14 de octubre decidió saltar por la ventana. Quizá, en su último saltó, pensó en aquellas palabras escritas en su momento por Jokin Ceberio "Libre, oh libre seré, aunque paren mis pies". Diego, antes de saltar, dejó escrita una carta dirigida a sus padres prometiendo que nunca les olvidaría y dándoles por haberle "enseñado a ser buena persona" (su padre) y cuidarle "muchísimo" (su madre). En dicha misiva recordaba también a sus abuelos y a su hermano Lolo. Por último explicaba que había tomado esa decisión porque le aterrorizaba ir al colegio y no encontraba otra forma de no ir allí. "No aguanto ir" escribió al tiempo que pedía a sus padres que no le odiasen por tomar esa drástica decisión.
Todas las historias de terrorismo escolar (verdadero nombre de esta lacra) guardan paralelismos, es cierto. Pero veo una especial similitud entre la historia de Jokin Ceberio y la de Diego:
En primer lugar, un niño que se ve indefenso ante el insistente acoso y derribo al que le someten sus propios compañeros. Estoy muy cansado de leer "eso se ha hecho siempre" o "en todas las clases estaba el típico friki al que todos marginaban". Ambas frases me parecen una completa estupidez, sinceramente. Lo de "se ha hecho siempre" es una falacia sin sentido. También en la Antigua Roma había luchas de gladiadores. Un día se suprimieron ¿Tendría sentido que alguien hubiera defendido su vigencia "porque se ha hecho siempre"? No. Al menos tratándose de personas con dos dedos de frente. En Estados Unidos se discriminó durante siglos a los negros ¿Tendría sentido que se hubiera seguido haciendo "porque se ha hecho siempre"? No. El hecho de que algo se haya hecho siempre no implica que se trate de algo moral. En cuanto a la segunda frase. Aún siendo cierto "que en todas las clases..." (que tampoco estoy seguro de que esto haya ocurrido en todas las clases desde que existen los colegios/institutos) cabría preguntar a quienes defienden ese tópico ¿Te parece normal? Porque a mí, desde luego, no me parece en absoluto normal. Ni como persona, ni como cristiano, me parece normal. Tampoco creo que, moralmente, alguien puedan defenderlo. Todos, como ser humanos que somos, tenemos derecho a ser tratados correctamente por los demás. Podrán cuestionar nuestra fe, nuestra forma de pensar, etc. Pero nadie tiene derecho a insultar, vejar, calumniar, agredir física o verbalmente a nadie. Lleve gafas, tenga granos o sea pelirrojo. Sea cura, judío o ateo. Esté de acuerdo con ideologías de derechas o de izquierdas. Sea del Madrid, del Barça o del Celta de Vigo. Es un ser humano y tiene derecho a ir al colegio, instituto, trabajo, parroquia, universidad o donde le salga de las narices ir sin que nadie agreda su dignidad humana. Por cierto, otro tópico es "los padres son quienes deben enseñar modales, la escuela no está para eso". De acuerdo, pero durante el horario lectivo los profesores son quienes deben velar porque los niños no tengan ningún problema. Es su deber moral y profesional. Tal vez seas profesor de matemáticas y quieras enseñar la raíz cuadrada a tus alumnos. Es tu deber hacerlo. Pero, igualmente, estás moralmente obligado a parar inmediatamente el acoso escolar si se produce en tu clase o colegio-instituto.
En segundo lugar. Vuelve a repetirse, al igual que sucedió en el caso de Jokin Ceberio, y en otros tantos casos, el hecho de que tanto el propio colegio como los profesores hacen mutis por el foro e intentan evadir su responsabilidad. Al parecer la policía y Cristina Cifuentes, presidenta de la Comunidad de Madrid cerraron en su momento el caso. Posiblemente esto se debió a la negativa por parte del profesorado y la dirección del centro a la hora de colaborar. Al parecer no se trata del único caso de terrorismo escolar sucedido en ese centro educativo. En 2010 ya una niña del mismo colegio intentó suicidarse ante el acoso al que la sometían sus compañeros. De hecho en los últimos años ha habido varias denuncias de alumnos de ese mismo centro educativo. Junto con Diego, además, hubo varias personas de su entorno a quienes los matones infantiles sometieron a vejamientos y prácticas terroristas. Por eso, que no me vengan con excusas desde ese centro educativo con que "no detectaron nada". Cuando son tantos casos en un mismo colegio (y a determinada edad, ojo con este detalle) algo está pasando y nadie quiere verlo ni hacer nada por impedirlo. ¿Por qué digo que me recuerda el caso de Diego al de Jokin Ceberio? Precisamente porque también en el instituto donde estudiaba este niño hubo algún caso anterior y posterior. Nadie hizo nada para evitarlo. Aunque, para más inri, en el caso de Jokin tres de sus acosadores eran hijos de profesores del centro. Pero ese instituto, al igual que el colegio de Diego, negaron que se hubiera producido acoso escolar. De hecho, parece ser que el director del colegio madrileño ha tenido la poca vergüenza de negar que sucediera. Vuelvo a insistir, son varios casos. Algo está pasando. Tengan la decencia de actuar. Y si no lo hacen, al menos cierren el chiringuito. No sigan permitiendo que haya más niños dañados allí. Pero además, el colegio lo llevan sacerdotes. Me disculparán la incorrección política pero en este caso los responsables del colegio pecan doblemente. Cometen pecado por mentir y cometen pecado por no haber socorrido a ese niño como debían haber hecho. Por cierto, volviendo al tema Jokin, se dio el caso de que padres de los acosadores le acusaron de haber provocado problemas en la cuadrilla. Ocurrió que pillaron a Jokin y sus acosadores fumando porros en un campamento de verano. El monitor, como era su obligación, envió cartas a los colegios. Todos, menos Jokin, las interceptaron. La acusación de los padres de sus agresores vino precisamente por esto, por no inteceptar la carta. Los padres de Jokin se enteraron y, en consecuencia, todos los demás.
En tercer lugar. Cabe citar a Arturo Pérez Reverte. Hace tres años se suicidó en Asturias una niña a la que vejaban e insultaban "porque era bizca". Se llamaba Carla. El escritor escribió el año pasado un artículo titulado "esas jóvenes hijas de puta". Si, utilizó unas palabras duras y fuertes para el titular. Palabras agrias como las que yo estoy utilizando para escribir este artículo. Decía Pérez Reverte frases como "Pero hagan el favor. Vuelvan ustedes atrás y piensen. Imaginen. Una chiquilla de catorce años, antipática para algunas compañeras, a la que insultaban a diario utilizando su estrabismo -«Carla, topacio, un ojo para acá y otro para el espacio»-, a la que alguna vez obligaron a refugiarse en los baños para escapar de agresiones, a la que llamaban bollera, a la que amenazaban con esa falta de piedad que ciertos hijos e hijas de la grandísima puta, a la espera de madurar en esplendorosos adultos, desarrollan ya desde bien jovencitos." Algo similar pasó con Jokin Ceberio. Una series de hijos de puta, parafraseando al escritor, se dedicaban a hostigar día sí día también a un pobre chaval cuyo único "delito" fue hacerse sus necesidades encima por no poder entrar al cuarto de baño. Durante un año estuvieron acosando, día sí, día también, a Jokin Ceberio recordándole su "cagada" celebrando, incluso, el aniversario lanzando rollos de papel higiénico en la clase. Como diría Pérez Reverte, y perdónenme la crudeza, hay que ser hijo de puta. Además, no se conformaron con eso, sino que incluso le agredieron en las fiestas del Alarde de Hondarribia y amenazaron de muerte a una niña que danzó en honor de Jokin (me refiero al Aurresku, la niña lo bailó durante el funeral del niño). En el caso de Diego "se metían con él otros niños y siempre estaba triste (...) Otra niña relata como ella era muy amiga de Diego y un tercer compañero. Los tres sufrían la persecución de un grupo de tres niños y niñas, dos de los cuales estaban protegidos porque uno era el hijo de un profesor y otro de un catequista. A Diego le llamaban “empollón de mierda, maricón, soso”, según la niña.". Como bien dice Arturo Pérez Reverte (con quien no siempre estoy de acuerdo, pero en este caso si) hace falta ser muy hijo de puta para insultar constantemente a una niña por ser bizca, hay que ser un canalla para agredir física y verbalmente a un niño porque un día tuvo la mala suerte de hacérselo encima. Hay que ser un terrorista, en definitiva, para insultar, hostigar y agredir a un niño. Por cierto, al igual que en el caso de Jokin, uno de los agresores era hijo de un profesor y otro de ellos hijo de un catequista. Quizá este es el verdadero motivo, al igual que sucedió con el Instituto de Jokin, por el que el colegio se abstuvo de defender al niño. Además, por desgracia, parece que a los colegios les resulta más rentable que el niño se cambie de centro educativo. Parece que expulsar a los agresores no les resulta rentable a los muy sinvergüenzas. Diego, Jokin y Carla, al igual que otras víctimas del terrorismo escolar, eran niños que tenían toda una vida por delante. Niños que tendrían que haber pensado en jugar, salir con los amigos, o en ligar... a su edad debían haber pensado en cualquier cosa menos en quitarse la vida por culpa de una panda de terroristas que aprovechaban la impunidad de la que gozaban para hostigarlos. Jokin, Diego y Carla no querían ir al colegio. Tenían autentico miedo a encontrarse de nuevo con los terroristas. He leído algún comentario desafortunado en el que ponían en duda la historia de Diego porque "cómo es posible que los padres no lo supieran". Pues por la misma razón por la que una mujer agredida por su marido no se atreve a denunciar: miedo, vergüenza o, simplemente, no querer ser un "chivato". Cuando le preguntaron a Jokin que por qué no dijo nada preguntó ¿Qué queréis, que me maten a hostias? Tenía tan sólo catorce años y hablaba con crudeza. Era incapaz de comprender lo que le estaba sucediendo a él, que hasta apenas un año antes había sido un chico sociable, con muchos amigos. Diego y Carla, igualmente, no querían ir al colegio, estaban aterrorizados ¿Hay derecho a esto? No, creo definitivamente que el terrorismo escolar es un tumor a extirpar.
Entre los jóvenes en edad escolar de nuestro país hay un 81% que está muy preocupado por el terrorismo escolar. Creo sinceramente que se trata de un problema que debemos erradicar entre todos. No hay excusas para no hacerlo. En primer lugar, todo comienza en casa. Los padres deberían educar a sus hijos en el respeto a los demás, en el "trata al otro como te gustaría ser tratado". Por desgracia vivimos en una sociedad carente de valores. Los niños son como esponjas. absorben todo lo que se les enseña, tanto lo bueno como lo malo. Si los niños, que suelen tener a los padres como modelo, ven que estos se comportan con agresividad, ellos imitarán su ejemplo. En segundo lugar considero que se deberían reducir los horarios laborales con el fin de que los padres pudieran pasar más horas con sus hijos. Hoy en día muchos niños se crían prácticamente solos, teniendo en la televisión a su única "maestra" pues los padres están trabajando. Así es imposible que puedan recibir una buena educación. Máxime cuando la televisión no enseña, precisamente, buenos valores. Pero, como he dicho antes, también los profesores son responsables de que los niños reciban la formación académica en el clima de respeto y concordia al que tienen derecho. Hoy se habla mucho de derechos, pues seamos consecuentes y defendamos los derechos del niño a ser educado en libertad, en un clima de paz y donde no sufra ningún tipo de agresión física o verbal. Hay en algunos centros escolares proyectos de tutoría entre iguales. Creo que se deberían aplicar en todos los centros educativos. Al mismo tiempo, creo también que los profesores deberían estar alerta ante los casos de terrorismo escolar y cortarlos de raíz. Igualmente exhorto a todos los directores de centros educativos a expulsar a esos elementos terroristas que crean terror y pánico en las aulas. Puede ser menos rentable perder a tres o cinco alumnos agresores que perder a una víctima de terrorismo escolar que se cambia de colegio-instituto. Pero creánme. Aunque ganen más dinero manteniendo en sus aulas a los terroristas, su conciencia no les dejará tranquila si el niño se suicida porque no han hecho nada por impedirlo.
Pero creo que no sólo los padres y profesores son responsables de lo que está sucediendo con el terrorismo escolar. También los medios de comunicación y los políticos son responsables de ello. La agresividad que ambos colectivos emplean, especialmente a la hora de debatir, la ven los niños cuando, por ejemplo, están cenando y sus padres tienen la televisión puesta. Vuelvo a insistir, los críos absorben como esponjas lo malo. Si ven por la televisión que alguien carga insistentemente contra otra persona porque "no es de los suyos" (y me da igual ideologías, rivalidad futbolística o diferencias de cualquier otro tipo) ¿Cómo no van a seguir ese ejemplo los niños? Además, los medios de comunicación deberían revisar los antivalores que venden. Hace poco me encontraba comiendo con mi familia. Había varios niños. La televisión estaba encendida pero sin sonido. Estaba puesto CUATRO. No sé que programa era, pero salía una serie de jóvenes y pensé "no son personas reales". Chicas maquilladísimas y con pechos de silicona. Chicos maquilladísimos y con músculos prefabricados (ciclos sanos, como se dice en el argot culturista, es decir personas que no tenían nada natural y, seguramente, adolecieran de interés cultural). Esto lo ven los niños y asumen que es lo normal. Aunque esas personas no existan. Aunque sea un modelo de falsa belleza que nos quieren imponer. Pero los niños captan el mensaje "si no eres guapo, si no estás fuerte eres un marginado, si te gusta estudiar, eres un friki..." y acosan al que es diferente porque lleva gafas, porque tiene granos, porque es bizco, porque un día no pudo frenar la diarrea, porque es un empollón... porque... siempre tienen un por qué.
En cualquier caso,señores, también los terroristas escolares son, en cierto modo, víctimas. Lo son porque siendo pequeños les han "educastrado". Nadie nace siendo malo realmente. Cuando somos niños de pocos meses, o años, nos hacemos amigos de los demás, sean como sean. El problema viene con lo que han llamado "poda sináptica", también llamada "educastración". Es entonces cuando los niños asimilan que el que estudia mucho es un friki empollón, que el que tiene gafas es un cuatro ojos, que el sordo es el cabrón del sordo o la bizca un monstruo al que insultar. Los niños no nacen siendo malos. Somos los adultos quienes les hacemos ser malos con nuestro mal ejemplo. Cuando no les llevamos por la buena senda les estamos educastrando. Por eso, seas quien seas el que esto lee, te conmino a ser buen ejemplo para los niños que tengas alrededor. Por eso, hombre adulto, te escribo desde el niño de trece años que fui y, en cierto modo sigo siendo, para decirte "¡Ay de aquellos que escandalicen a uno de estos mis pequeñuelos, más les valdría no haber nacido". Si, más les valdría no haber nacido. Todo aquel que escandalice a un niño y le lleve a la perdición, a convertirse en un terrorista escolar, merece ser atado a una piedra de molino y arrojado al mar. Pueden sonar duras estas palabras, pero las dijo hace dos mil años Jesús de Nazaret y siguen gozando de vigencia.
Quiero terminar con un apunte, posiblemente el que más me duele de lo ocurrido con Diego. Todo sucedió en un colegio católico. Como católico me produce vergüenza, lástima, asco, y rabia que esto suceda en un colegio de inspiración cristiana. Lo peor es que no se trata de la primera vez que sucede. Recuerdo una anécdota. Alguien que conozco, muy católico, llevaba a su hijo a un colegio de los Legionarios de Cristo (hoy precintado por la policía, por cierto, aunque por otro asunto). El muchacho sufría acoso escolar. El padre intentó que los curas hicieran algo por impedirlo. Pero no hicieron nada (quizá estaban demasiado ocupados tratando de robar feligreses a la parroquia, aunque este es otro tema). Total que al final el hombre, cansado, cambió al niño de colegio. Todavía tuvieron los que mandaban en aquel colegio la poca vergüenza de echarle en cara que cambiase al niño de colegio. En definitiva, tuvieron un comportamiento lamentable. Como digo, me produce mucho asco que una persona que se dice seguidora de Jesús de Nazaret permita que haya acoso escolar en su colegio. Sinceramente, merecen ser atados a una rueda de molino y echados al mar. Ellos y cualquier profesor-director de colegio-instituto que tolere y oculte el terrorismo escolar. No lo digo yo, lo dice Jesús de Nazaret.
Jokin Ceberio, Carla, Diego... descansad en paz. Que los Misioneros de Barbastro (que también sufrieron acoso y derribo, siendo finalmente, asesinados) os acojan y os acompañen al encuentro con Dios Padre Misericordioso. Ahora brilláis en lo alto del Cielo como estrellas que deben alumbrar el cielo nocturno para dar esperanza a todos los niños que están pasando por lo que vosotros padecisteis. Que vuestra muerte no sea en balde. Que todos los que cometen o toleran el terrorismo escolar paguen por lo que hacen. Porque, os lo aseguro pequeños, todo aquel que escandalice a un niño y no se arrepienta será arrojado al fuego eterno. No lo digo yo, lo dijo Jesús de Nazaret. Aunque cielo y tierra pasen, sus palabras no pasarán y se cumplirán. Reconozco que son palabras muy duras estas últimas, las escribo con lágrimas en los ojos pues yo mismo sufrí acoso escolar durante bastantes años y sé lo que es eso.
¡BASTA YA DE TERRORISMO ESCOLAR!
lunes, 14 de diciembre de 2015
Mártires de Barbastro, dieron su sangre perdonando a sus verdugos, amando a Cristo Rey
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| Mural conmemorativo Mártires de Barbastro |
Desde tiempos inmemoriales, quién sabe si desde el Neólitico, la historia de la humanidad se ha visto zarandeada por una lucha, casi eterna, entre el Bien y el Mal. Durante todo el siglo XX la humanidad asistió horrorizada a las diferentes formas de mal que se hicieron presentes en prácticamente todo el globo terráqueo. Fue como si de pronto el ser humano hubiera enloquecido dejándose arrastrar por una espiral de violencia que le empujó a lo más bajo y vil de nuestra condición humana con la fuerza de un torbellino. España no permanecio ajena a esa locura que llevó al ser humano a cometer las mayores atrocidades. La Guerra Civil española fue el mejor ejemplo de esa locura colectiva que invadió nuestro país hasta hacerle enloquecer. Pero en la Guerra Civil hubo pequeñas historias, podriamos llamarlas grandes epopeyas donde se aprecian valores como el amor, el compañerismo e, incluso, la lucha heroica. Son historias que, pese a lo crudo de los acontecimientos, nos ayudan a reconciliarnos con el ser humano. Hoy quiero escribir sobre una de esas historias que realmente me emocionan y llenan el alma con un sentimiento sublime que soy incapaz de describir: la de los cincuenta y un Misioneros Claretianos que fueron martirizados en Barbastro durante el verano de 1936. Murieron, en palabas de san Juan Pablo II "por ser discípulos de Cristo, por no querer renegar de su fe y de sus votos religiosos". Eran muy jóvenes, ninguno superaba los veinticinco años de edad.
Testigos de la fe y del Evangelio,
Mártires de Barbastro,
gloria de la Congregación y de la Iglesia,
anuncio del Señor resucitado,
profetas del amor y la esperanza,
Mártires Claretianos.
Cantando a Cristo Rey ganáis la altura,
nostalgia nos dejáis en vuestro vuelo.
María es vuestra Madre y vuestra reina;
su limpio Corazón es vuestro cielo.
Himno del Oficio de lecturas.
Día 13 de agosto.
Mártires de Barbastro,
gloria de la Congregación y de la Iglesia,
anuncio del Señor resucitado,
profetas del amor y la esperanza,
Mártires Claretianos.
Cantando a Cristo Rey ganáis la altura,
nostalgia nos dejáis en vuestro vuelo.
María es vuestra Madre y vuestra reina;
su limpio Corazón es vuestro cielo.
Himno del Oficio de lecturas.
Día 13 de agosto.
Antecedentes
La España de los años 30 era una sociedad convulsa. Durante la República Española fueron constantes las algaradas y disputas entre falangistas, anarquistas, marxistas y otros grupos. Fue también una época donde el anticlericalismo creció a niveles hasta entonces nunca vistos en nuestro país. Ardieron iglesias, fueron asesinados sacerdotes, religiosos y obispos. También laicos. Desde tiempo atrás había un odio latente en la sociedad contra la Iglesia. Ese odio creció lenta, pero constantemente durante la República española hasta que terminó estallando en 1936. Uno de los puntos calientes durante la primavera de ese año debió ser, sin duda, el ilerdense pueblo de Cervera, en cuyo Seminario Claretiano estudiaban treinta Misioneros. Los sacerdotes encargados de su formación sacerdotal consideraron que Barbastro era un lugar más seguro para ellos. Por este motivo, viendo el clima prebelico que se estaba viviendo y el odio creciente hacia la Iglesia, decidieron los Superiores trasladarse al Seminario situado en la capital del Somontano, donde se encontraba el resto de Misioneros.
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| Comunidad de Cervera (Lérida). Muchos de ellos fueron mártires en Barbastro |
Cómo historiador me pregunto ¿Qué hubiera ocurrido si Franco y sus tropas no se hubieran alzado aquel 18 de julio? Quizá el martirio hubiera sucedido de igual modo o, quizá no. Pero no me gusta hacer historia ficción. Lo que si es cierto es que el coronel Villalba, quien estaba al frente de los militares acuartelados en Barbastro, había prometido a los Superiores claretianos que velaría por la seguridad de los Misioneros. Con lo que nadie contaba, sin embargo, era con que la mayor parte de los militares se pusieran de lado de los anarquistas. Posiblemente fue una de las causas del giro dramático que tomaron los acontecimientos.
Según el sacerdote y escritor Gabriel Campo Villegas, el anarquismo tenía mucha fuerza en Barbastro. De hecho, cuenta "constituían la potencia más agresiva y exasperada de la izquierda, la más revolucionaria". Estos hombres, liderados en un principio por Eugenio Sopena (quién terminó yéndose de Barbastro para luchar en el frente), se hicieron fuertes llegando a tomar el control del Municipio. Quizá con ayuda de la masonería, algo probable y lógico. Comenzó a correr por el pueblo el bulo de que los Misioneros tenían armas escondidas en el Seminario y de que estaban realizando prácticas militares. Lo cierto es que algunos de ellos se encontraban realizando la instrucción militar, obligatoria en aquella época. Tras el levantamiento de los nacionales, el anarquismo se hizo más presente en toda la capital del Somontano. El 19 de julio fueron asaltadas varias armerías de Barbastro y Sopena y sus hombres requisaron todas las armas. Reseña Campo Villegas que por toda la ciudad se escuchaba la consigna "al cura, el primero" pues durante años se había sembrado un odio mortal hacia todo lo que representaba la Iglesia y la religión cristiana.
Amaneció el 20 de julio envuelto en un mal presagio. Dos milicianos irrumpieron en la iglesia, durante la celebración eucarística, con una consigna en la boca: "De parte del comité revolucionario, cierren las puertas de la iglesia". El resto del día transcurrió en aparente normalidad. Los Misioneros lo pasaron rezando en Comunidad. Hasta las cinco de la tarde, hora taurina. Hora que parecía presagiada en el poema de Federico García Lorca:
Comenzaron los sones de bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Parecen palabras premonitorias estas, escritas poco tiempo antes por el poeta granadino que, por cierto, parece ser que murió rezando el penitencial "Señor Mío Jesucristo...". Aunque esa es otra historia. A las cinco de la tarde la "campana de arsénico" del Seminario de los Misioneros Claretianos sonó energicamente. Fue el hermano Francisco Castán Messeguer quien, al abrir la puerta, se encontró con dos escopeteros que llamaban fuertemente. Este Francisco era hermano de Fernando Castán, mártir en el "Mas Claret". Felipe de Jesús Munárriz, padre Superior de los Misioneros, bajó al escuchar tanto los golpes de la puerta como los gritos prorrumpidos por los milicianos. Volvió a sonar la campana, a toque de obediencia, y, relata el Padre Gabriel Campo Villegas, "En pocos segundos, la escalera se pobló de sotanas y de rostros jóvenes que atravesaban las filas de los escopeteros". Los Misioneros se agruparon en el patio, cara a la pared. Todos salvo dos que se encontraban enfermos y fueron trasladados al hospital. Otros dos Misioneros, aunque también fueron apresados, salvaron sus vidas, pues eran argentinos, algo de lo que informaron a los anarquistas enseguida. Se trata de Pablo Hall y Atilio Parussini, por cuyo testimonio conocemos todo lo que en aquellos días aconteció. Los anarquistas registraron el edificio en busca de armas, sin encontrar nada más que una escopeta... de madera, con la cual realizaban la instrucción militar los Misioneros obligados a ella. Se llevaron presos tanto a los formadores del Seminario como a los jóvenes seminaristas. Cuentan las crónicas que durante todo el trayecto que recorrieron hasta el salón de los Escolapios se vivió una mezcla de emociones en la calle. Muchos eran los que insultaban y amenazaban a los Misioneros, que caminaban pacíficamente, sin un mal gesto, sin una mala palabra, con la mirada serena y fija en el suelo. Pero también fueron bastantes quienes se compadecieron de aquellos jóvenes. Según testimonios recogidos por el Padre Villegas, algunos rezaban "por los misioneretes" y se pudo ver en algunos balcones y ventanas a personas llorando al ver "como les conducían de aquella manera".
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| Imágenes de los Mártires de Barbastro. Monumento en lugar fusilamientos |
El cautiverio
Desde el 20 de julio hasta el 18 de agosto, día en que fueron fusilados los dos últimos seminaristas, los Misioneros permanecieron presos en el salón de los Escolapios. Jaime y Atanasio eran los dos que habían sido trasladados al hospital al encontrarse enfermos. Sin duda uno de los factores que ayudó, en esos terribles días de cautiverios, a nuestros Misioneros, fue el hecho de poder recibir la Sagrada Comunión. Ya el día del asalto al Seminario habían conseguido rescatar los copones reservados en el Sagrario de la iglesia y, antes de marchar prisioneros, comulgaron todas las Sagradas Formas. Hasta el día 26 pudieron comulgar. El hermano Vall les llevaba la Eucaristía para que pudieran recibir la Sagrada Comunión. Este hermano Vall era claretiano y trabajaba como cocinero en la improvisada cárcel. Pero, al vestir de seglar, los milicianos no le creían cuando confesaba su condición de religioso y le tomaban por "un obrero explotado". También comulgaban gracias al ingenio del Padre Rector de los Escolapios, quien puso varias Sagradas Formas en la canastas donde bajaba el pan y el chocolate para el desayuno. De esta forma el Padre Sierra, que hacía las veces de Superior en aquel encierro, ponía una Sagrada Forma sobre el pan que era rápidamente comulgada por cada uno de los seminaristas. Se trataba de una rigurosa prohibición de los milicianos que los Misioneros, sin embargo, pudieron burlar con habilidad. El dos de agosto fueron fusilados los tres Superiores del Seminario, que se encontraban prisioneros en otro lugar. Sus nombres: Felipe de Jesús Munárriz Azcona, Juan Díaz Nosti y Leoncio Pérez Ramos, que habían sido encerrados en otro lugar.
Durante el encierro, los seminaristas se dedicaron, especialmente, a rezar y prepararse para el Martirio, conscientes de que este había de ser su destino (de hecho algunos, como Salvador Pigem, tuvieron, meses antes, la premonición de que iban a morir mártires). El Padre Campo Villegas reseña en el libro el testimonio de Pablo Hall "Rezábamos entre once y doce de la mañana las preces (...) teníamos lectura espiritual, sirviéndonos para ello del breviario (...), al atardecer rezábamos el rosario en comunidad, por pequeños grupos (...), al comenzar el mes de agosto hacíamos el ejercicio de la novena al Inmaculado Corazón de María (...) Cada uno en particular rezábamos muchísimo, sobre todo partes de rosario y rosarios enteros (..) bastantes rezaban cada día de 25 a 30 partes de rosario, amén de otras devociones, ratos de lectura espiritual y piadosas conversaciones". El día que fueron apresados consiguieron rescatar dos breviarios que con los que pudieron rezar y que les posibilitó tener lectura espiritual por grupos. También cantaban constantemente himnos piadosos y estrofas como el "Jesús ya sabes, soy tu soldado...", himno claretiano considerado el Himno de los Mártires de Barbastro, canción que cantaron hasta prácticamente el último segundo de sus vidas haciendo carne aquel "Por tí, Rey mío, la sangre dar". Esta canción fue compuesta por el Padre Vidal Bandrés, tío de Javier Luis Bandrés, uno de nuestros Misioneros. Durante aquellos días soportaron con entereza las amenazas de los milicianos, los insultos de los que se asomaban a las rejas, a pie de calle. Continuamente los anarquistas acosaban a los Misioneros con el objetivo de que colgasen las sotanas y se unieran al frente. En más de una ocasión, les prometieron la libertad si renunciaban a ser clérigos. Según Hall y Parussini, constantemente emitían soflamas como "no os odiamos a vosotros, sino lo que representan vuestros trapos (las sotanas). Quitaos esos trapos y uníos a la revolución". Nuestros Mártires contestaban que preferían morir por amor a Cristo e, insistentemente, daban su perdón a quienes les iban a fusilar. Otra forma de fuerte acoso que los Misioneros resistieron con aunténtico temple cristiano fue la tentación de la carne. Los milicianos metieron en el salón de los Escolapios a un grupo de prostitutas con el fin de provocar a los Misioneros, quienes resistieron aquello mirando al suelo y evitando todo contacto y conversación con aquellas mujeres "de vida alegre". Pero se dio algo verdaderamente curioso en aquellos días. Trini la Palleresa, una miliciana anarquista, se enamoró de Esteban Casadevall, pues argumentaba que se parecía al actor Rodolfo Valentino. Durante muchos días se acercó a las rejas con el fin de que este seminarista se fuera con ella. Aseguraba aquella mujer, aunque probablemente no le conocía de nada, que a Casadevall le habían engañado con la religión y que "era una pena". El chico debió pasarlo bastante mal, pero encontró refugio seguro entre sus compañeros, quienes no le dejaron tener momentos de flaqueza.
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| Comulgaban con las Sagradas Formas que les llevaban |
Durante aquellas jornadas algunos Misioneros recibieron ofertas particulares para ser salvados. Además de la mencionada "Os damos la libertad si renunciáis a vuestras sotanas...", hubo algunos milicianos que, tras reconocer a estos seminaristas, les ofrecieron ser libres. A Salvador Pigem le reconoció un miliciano que años antes había estado trabajando en el Hotel Centro de Gerona, propiedad de los tíos de Salvador. Le ofreció salvarse. Salvador respondió "Si me salvas con los demás, acepto". A Manuel Torras Sais le reconoció un miliciano de su pueblo. Al igual que Salvador, Manuel respondió "Si es con todos, si". También Miguel Massip González rechazó la oferta de libertad propuesta por un miliciano a quien había atendido, durante una travesía, la hermana religiosa de Miguel. Creo que el testimonio de estos tres Mártires supone un aldabonazo en una sociedad tan individualista como la nuestra, donde cada uno "va a su bola y sálvese quien pueda". Se trata, en mi opinión, de un bellísimo ejemplo de compañerismo del que deberiamos tomar ejemplo. Incluso, y sobre todo, quienes nos consideramos católicos.
"Morimos perdonándoos. Obreros, os amamos". Llegó el martirio
Durante los días de cautiverio los Misioneros llenaron las paredes y los bancos del salón de los Escolapios con frases de perdón hacia quienes les iban a asesinar. Ante la petición de Hall y Parussini de llevar sus mensajes a familiares y otras personas, los Mártires escribieron en pañuelos, breviarios, devocionarios, hojas de libreta y envoltorios de chocolate. El padre Gabriel Campo Villegas recopila en su libro algunas frases memorables como son "hágale saber al R. P. José Fogued que ya no puedo ir a China como siempre he deseado" (Rafael Briega) o "Ya que no podemos ejercer el sagrado ministerio en la tierra (...) pasaremos nuestro cielo haciendo bien a la tierra" (Ramón Novich, José Amorós, Javier Luis Bandrés, Miguel Massip y otros) o "Dígale al Rvdo. P. General que yo seré el capitán de la última expedición, y que iré animándolos a todos, y que iremos todo el trayecto cantando y dando ¡vivas!". Esta última fue pronunciada por Faustino Pérez, que se había erigido en el lider de aquellos santos prisioneros. Prometió que tomaría la palabra en el cementerio para hablar a los verdugos y reiterar su perdón y el de sus compañeros hacia quienes iban a matarles. En el cuerpo de este Faustino se conserva una señal evidente del martirio, pues su cráneo se encuentra fracturado. Resulta que, al subir al camión que les trasladó al cementerio, los milicianos le arrearon con la escopeta para que dejase de cantar y de dar "¡Vivas!" a Cristo. El golpe suponía la muerte instantanea. Sin embargo, Faustino, tras un breve tiempo inconsciente, se levantó y siguió cantando. Se considera el primer milagro de estos Mártires, pues nadie se explica como pudo resistir aquello "teniendo la cabeza abierta y echando tanta sangre". Cuarenta de los Misioneros (ya se había producido el fusilamiento de seis de ellos) suscribieron una carta de despedida, escrita el 12 de agosto de 1936 por Faustino Pérez y firmada por todos: "antes queremos hacer constar que morimos perdonando a los que nos quitan la vida y ofreciéndola por la ordenación cristiana del mundo obrero, por el reinado definitivo de la Iglesia católica, por nuestra querida congregación y por nuestras queridas familias. ¡La ofrenda última a la congregación, de sus hijos mártires!". En las paredes del salón escribieron otras frases como "perdonamos a nuestros enemigos", "sangre de mártires, simiente de cristianos" o "a los que vais a ser nuestros verdugos, os enviamos nuestro perdón". Muchos de estos escritos se perdieron después de los fusilamientos. Pero otros perduraron. Cuando en marzo de 1938 las tropas "nacionales" entraron en Barbastro, aún quedaban algunas de estas y otras leyendas trazadas por los Misioneros. Muchos escritos se salvaron también gracias a que fueron escondidos en el cántaro de agua que usaban para beber. Y, como hemos visto, otros textos han llegado a nosotros gracias a Hall y Parussini. Se salvó tambén un taburete en cuyo canto puede leerse "Christe, morituri te salutant" y un texto, con la misma fecha del 12 de agosto, en el que algunos de los Misioneros se despedían de sus familias "con el corazón henchido de alegría santa, espero confiado el momento cumbre de mi vida, el martirio" (Juan Sánchez Munárriz), "Muero yo mártir, perdonándolos (a los verdugos) de todo corazón y prometiendo rogar de un modo particular por ellos y por sus familias" (Tomás Capdevila Miró), "Morimos todos contentos por Cristo y su iglesia y por la fe de España" (Manuel Martínez), "Si rezamos es para perdonar a nuestros enemigos" (Faustino Pérez), "Queridos padres: muero mártir por Cristo y por la Iglesia" (Luis Lladó), "Ofrezco el sacrificio de mi vida por las almas" (Luis Javier Bandrés). Todos escribieron frases parecidas, en las que rogaban a sus familiares que no se entristeciesen por sus muertes, pues iban a perder la vida por Cristo ganando, con ello, la Vida eterna ¡Qué fe tan admirable tenían! ¡Que ejemplo de seguimiento verdadero a Jesucristo!
Sobre las tres y media de la madrugada del 12 de agosto de 1936 quince revolucionarios armados entraron al salón con manojos de cuerdas ensangrentadas. Ataron, de dos en dos, a los seis mayores y los sacaron del salón, llevándoles hacia la carretera de Sariñena, a tres kilómetros del lugar. Tras ofrecerles la libertad a cambio de apostatar y unirse a la revolución. Viendo que preferían ser fieles a Jesucristo, a quien ensalzaban constantemente voz en grito, los fusilaron, dándoles posteriormente un tiro en la sien y dejándolos en el suelo para que se desangrasen y no manchasen el camión. Después los llevaron al cementerio y les enterraron bajo cal viva y tierra. Murieron de rodillas, gritando, como después harían sus compañeros, "¡Viva Cristo Rey!" y perdonando a sus verdugos. Se trataba de:
Sebastián Calvo Martínez
Pedro Cunill Padró
José Pavón Bueno
Nicasio Sierra Úcar
Wenceslao Claris Vilaregut
Gregorio Chirivás Lacambra
A las siete de la mañana, tres horas después de las ejecuciones, se presentó en el salón uno del Comité con varios pistoleros y les tomó el nombre a todos. Era la lista negra, la lista por edades, de los que iban a llamar noche tras noche. Desde aquel momento, los santos prisioneros comenzaron a prepararse fervorosamente para la muerte. Rezaban constantemente el Rosario, hablaban unos con otros, perdonaban de corazón a sus verdugos. Eran conscientes de que no podían morir de cualquier forma, por ello debían prepararse internamente. Acudieron a su encuentro con la muerte cantando, algo que producía escozor en los revolucionarios. Estos preferían que los Misioneros hubiesen muerto desesperados, en silencio. Sin embargo se encontraron con unos jóvenes que cantaban constantemente, provocando el desquiciamiento de sus verdugos.
El 12 de agosto de 1936, cuando el reloj de la catedral de Barbastro marcaba las doce de la madrugada, irrumpieron alrededor de veinte milicianos armados en el salón de los escolapios. Llevaban cuerdas con las que ataron a los Misioneros. Uno de los milicianos, apodado "el enterrador" (Mariano Abad) ordenó que se acercasen los mayores de veinticinco años. Nadie se acercó, por ello sacó una lista que entregó a otro miliciano para que la leyese, pues él era analfabeto. El miliciano leyó:
Secundino Ortega García
Juan Echarri Vique
Javier Luis Bandrés Jiménez
Pedro García Bernal
José Brengaret Pujol
Hilario Llorente Martín
Manuel Buil Lalueza
Alfonso Miquel Garriga
Antolín María Calvo Calvo
Ramón Novich Rabionet
Tomás Capdevila Miró
José María Ormo Seró
Esteban Casadevall Puig
Salvador Pigem Serra
Eusebio Codina Millá
Teodoro Ruiz de Larrinaga
Juan Codinachs Tuneu
Juan Sánchez Munárriz
Antonio Dalmau Rosich
Manuel Torras Sais
Los Misioneros nombrados dieron un paso al frente y aceptaron, con mansedumbre, que los revolucionarios les atasen las manos. Se trataba de las mismas cuerdas con las que sus compañeros habían sido atados antes de ser fusilados. Algunos las besaron -es sangre de mártires, decían-. Juan Echarri, dirigiéndose a los que se iban a quedar aún en el salón, gritó : "¡Adios, hermanos, hasta el cielo!" ¡Qué miradas se dedicaron! ¡Cuánto cariño se tenían! El suyo fue un verdadero ejemplo de compañerismo y amistad. Sabían que no había sido casual el haber coincidido en el Seminario. Algunos, como hemos visto, tuvieron la oportunidad de haber sido liberados. Ninguno cedió, no querían salir con vida de allí sino era con el resto de sus compañeros. En un mundo como el nuestro, tan superficial ¿Cuántos seriamos capaces de hacer algo así? En esta sociedad, por desgracia, prima el "salvese quien pueda". Los Mártires de Barbastro no pensaban, ni actuaron, así. Ellos permanecieron juntos hasta el final. Sucedió que alguno de ellos tuvo muchísimo miedo. De hecho, de cara a la beatificación hubo, parece ser, dudas sobre si beatificar a uno de ellos por el terrible miedo que sintió en aquellos días. Cuentan las crónicas que lloraba de puro terror. Sin embargo, no cedió. Murió por amor a Jesucristo. Murió junto a sus compañeros, sin desistir, sin quitarse la sotana, sin renunciar a la religión (su estado clerical) ni a la fe cristiana. ¡Qué hermosa y, al mismo tiempo trágica, la historia de estos jóvenes Misioneros Claretianos! Un tal Buil, ayudante de cocina en los Escolapios, destacó que "Todos iban tranquilos, alegres, resignados. Aquellos rostros tenían en aquel momento algo de sobrenatural que no es posible describir"
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| Muriendo de rodillas, perdonando y amando a sus verdugos |
Quienes aún iban a quedarse un poco más en el salón de los Escolapios abrazaron a sus compañeros, como última despedida en esta tierra. Miradas llenas de cariño capaces de vencer al odio que en aquellos días se vivía en Barbastro. Los milicianos se cabrearon y uno de ellos dijo "Vosotros los que quedáis, tenéis un día entero para comer, reír, divertiros, bailar, hacer todo lo que queráis. Aprovechadlo bien porque mañana a esta misma hora vendremos a buscaros como a estos y os daremos un paseíto a la fresca, hasta el cementerio. Y ahora, apagad todas las luces y a dormir".
Los veinte cruzaron la plaza del ayuntamiento, en medio de un silencio sepulcral. Los Misioneros, atados de dos en dos, caminaban serenos y a pie firme. Desde alguna ventana se escuchó "estos si que van derechos al cielo". Los seminaristas caminaban sin vacilar. Subieron al camión entre gritos de "¡Viva Cristo Rey!", desatando la ira de los revolucionarios. Las aclamaciones no cesaban. Los Misioneros alternaban los cánticos. Hubo un revuelo pues los milicianos les golpearon para hacerles callar. El camión los llevó cerca del kilometró 3 de la carretera de Sariñena. Los verdugos y dirigentes anarquistas les conminaron: "Aún tenéis tiempo. ¿Queréis venir con nosotros a luchar contra los fascistas?". Ante estas provocaciones los Misioneros respondían "¡Viva Cristo Rey!" Los revolucionarios instieron "Gritad al menos viva la revolución", algo que fue respondido por los Misioneros con un alborozado "¡Viva Cristo Rey!". Sobre las 12:40 de la madrugada sonó una descarga tremenda acompañada de los respectivos tiros de gracia: uno por uno. Murieron de rodillas, con los brazos en cruz, mientras gritaban "¡Viva Cristo Rey!" y decían, a sus verdugos "os perdonamos". Cerca de allí, en "Torre Jaqueta", cuatro campesinos se levantaron aterrorizados al escuchar los disparos. Aún recuerdan con escalofrío aquellas noches donde el horror y el Martirio se cruzaron. Los milicianos, como habían hecho con los seis anteriores, enterraron a los jóvenes Mártires en el cementerio, bajo una capa de cal y tierra.
Nuevamente los milicianos dejaron desangrarse los cadáveres para que no manchasen el camión y los volvieron a cargar para llevarlos al cementerio. Al día siguiente aún podían verse en el lugar estampas, libros y un zapato pertenecientes a los asesinados. Los Misioneros que aún seguían con vida permanecieron en el salón de los Escolapios, aguardando su martirio. Escucharon perfectamente las detonaciones, como cuenta Pablo Hall "Todos estábamos rezando por nuestros hermanos (...) dos comenzaron una parte del santo rosario, meditando los misterios de dolor, y al oir los disparos , anunciaron los misterios de gloria. Otro llegó a rezar veinte veces el "Magníficat", uno por cada hermano fusilado". Los que aún quedaban en el salón de los Escolapios se prepararon para el que creyeron su último día de vida. En realidad les iban a hacer esperar un día más. Se trataba de:
Luis Masferrer Vila
Francisco Castán Messeguer
José María Amorós Hernandez
José María Amorós Hernandez
Luis Escalé Binefa
José María Badía Mateu
José María Badía Mateu
José Figuero Beltrán
Juan Baixeras Berenguer
Juan Baixeras Berenguer
Ramón Illa Salvia
José María Blasco Juan
José María Blasco Juan
Eduardo Ripoll Diego
Luis Lladó Teixidor
Luis Lladó Teixidor
Francisco Roura Farró
Miguel Massip González
Miguel Massip González
José María Ros Florensa
Manuel Martínez Jarauta
Manuel Martínez Jarauta
Alfonso Sorribes Teixidó
Faustino Pérez García
Faustino Pérez García
Agustín Viela Ezcurdia
Sebastián Riera Coromina
Sebastián Riera Coromina
Rafael Briega Morales
Pero no los mataron ese día. Les hicieron esperar áun durante una jornada más. Un día más de tortura. Les quedaban aún veinticuatro horas para ser mártires. Tuvieron tiempo para escribir su testamento:
«Querida congregación. Anteayer día 11 murieron, con la generosidad con que mueren los mártires, seis de nuestros hermanos; Hoy, día 13, han alcanzado la palma de la victoria veinte hermanos nuestros. Y mañana, día 14, esperamos morir mártires los veinte restantes ¡Gloria a Dios, Gloria a Dios! ¡Y qué nobles y heroicos se están portando tus hijos, Congregación querida!
Pasamos el día animándonos para el martirio y rezando por nuestros enemigos y por todo nuestro querido Instituto. Cuando llega el momento de designar las víctimas, hay en todos serenidad santa y ansia de oír el nombre para ponernos en las filas de los elegidos. Hemos visto a unos besar los cordeles con que los ataban y a otros dirigir palabras de perdón a la turba armada. Cuando van en el camión hacia el cementerio, les oímos gritar ¡¡Viva Cristo Rey!!
Son tus hijos, Congregación querida, éstos que entre pistolas y fusiles se atreven a gritar serenos cuando van hacia el cementerio: ¡¡¡Viva Cristo Rey!!!
Mañana iremos los restantes y ya tenemos la consigna de aclamar, aunque suenen los disparos, al Corazón de Nuestra Madre, a Cristo Rey, a la Iglesia Católica y a ti, madre común de todos nosotros. Me dicen los compañeros que yo inicie los vivas y que ellos ya responderán. Yo gritaré con toda la fuerza de mis pulmones y en nuestros clamores entusiastas se adivina a ti, querida Congregación, el amor que te tenemos.
Morimos todos contentos, sin que nadie sienta desmayos ni pesares. Rogamos todos pidiendo a Dios que la sangre que caiga de nuestras venas no sea sangre vengadora, sino sangre que estimule tu desarrollo por todo el mundo. Adiós, querida Congregación. Tus hijos, mártires de Barbastro, te saludan desde la prisión y te ofrecen sus dolores y angustias en testimonio de nuestro amor fiel, generoso y perpetuo. Morimos por llevar la sotana y moriremos precisamente en el mismo día en que nos la impusieron. Los mártires de Barbastro y en nombre de todos, el último y más indigno Faustino Pérez». Él mismo es el autor de la inscripción grabada en el paralelepípedo de madera que puede verse en elhttp://www.martiresdebarbastro.org/museo.html, donde decía "¡Obreros! Los mártires morimos amándoos y perdonándoos" y "¡Viva el Reinado social-cristiano! ¡Obreros, os amamos! ¡Viva el Corazón de María!"
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| Icono ruso dedicado a los Mártires de Barbastro |
Pablo Hall y Atilio Parussini, como hemos visto, no murieron mártires. Por ello son los testigos que más fielmente nos han contado todo lo acontecido en aquellos días. Durante la madrugada, poco después de ser fusilados Salvador Pigem y sus compañeros, unos milicianos avisaron a los dos seminaristas argentinos de que iban a ser trasladados a Barcelona. Se despidieron de sus compañeros, quienes estaban muy animados y aseguraban que irían todo el camino dando "vivas a Cristo Rey, al Corazón de María, a la religión católica y al Papa". Todos entregaron a Parussini y Hall diversos objetos como recuerdo y, también, los mensajes que habían escrito en pañuelos y hojas. Mensajes dirigidos a familiares, al Superior de la Congregación u a otras personas. Cómo habían hecho anteriormente, los milicianos arrojaron a los pies de los Misioneros los cordeles ensangrentados asegurando que al día siguiente les tocaría a ellos. Los futuros Mártires preguntaron "Y¿Por qué no esta misma noche?".
Pasaron el día rezando o bien el breviario o bien el rosario, conversando recibiendo el Sacramento de la Reconciliación, pues aún quedaba entre ellos un sacerdote, el Padre Luis Masferrer, quién fue dando personalmente la absolución a cada uno. Ya por la noche apareció un grupo de escopeteros en el salón de los Escolapios. Un miliciano, conocido como Torrente, les llamó por lista y les preguntó "¿Queréis luchar contra el fascismo o ser fusilados?" Los misioneros respondieron: "Preferimos morir por Dios y por España". Se abrazaron entre ellos, despidiéndose, y, mientras eran atados con las cuerdas ensangrentadas, pronunciaban frases de perdón y de gratitud: "Os perdonamos con toda nuestra alma". La plaza se encontraba llena de gente. Los Misioneros caminaron hacia el camión, en completo silencio. Muchos se sintieron sobrecogidos al ver sus rostros jóvenes. Mariano Abad, apodado "el enterrador" volvió a hacerles una oferta "si venís a luchar contra los fascistas y renunciais a vuestra religión os perdonamos la vida". Nadie contestó. El enterrador insistió, blasfemando varias veces. No hubo respuesta o, al menos, no la respuesta con la que los milicianos contaban. Ya en el camión se oyó un fuerte "¡Viva Cristo Rey!", grito secundado por el resto de Misioneros. Mariano Abad les golpeó con la culata de la escopeta y hundió el cráneo a Faustino Pérez. Este "por más que le pegaban, más enardecido gritaba".
Ya en el kilómetro 3 de la carretera de Sariñena fueron echados al suelo "como fardos". Los Misioneros, de rodillas, con los brazos en cruz, repitieron sus jaculatorias y su perdón "Adios hermanos, pediremos a Dios por vosotros", "Viva la Asunción" o "si me disparan sangrientas balas, daráme alas el ideal ¿Y que ideal? Por Tí, mi Reina, la sangre dar...". Varios segadores que se encontraban cerca pudieron escuchar el espectaculo. Los Mártires, mientras sus verdugos les encañonaban, repetían "Perdónalos Señor, que no saben lo que hacen" y apretaban fuertemente el crucifijo o el rosario entre las manos. Los milicianos volvieron a preguntar "¿Qué preferís: ir en libertad al frente o morir?". Los misioneros dijeron, unánimes: "Morir... ¡Viva Cristo Rey!". Los fusiles emitieron una brutal descarga acompañada de tiros de gracia. Volvieron a quedar, durante un tiempo, en el suelo desangrándose. Curiosa la hipocresia de los verdugos. Eran capaces de matar, pero luego se cuidaban de mantener limpio el camión. Al día siguiente, sobre el terreno aún quedaban restos pertenecientes a los jóvenes Mártires: cristales rotos de sus gafas, armazones y varillas, rosarios, escapularios medio deshechos, trozos de ropa, medallas y crucifijos. Los Mártires, igual que los compañeros que les habían precedido, fueron enterrados bajo una capa de cal y tierra en el cementerio.
El 18 de agosto, tres días después, murieron acribillados, en el mismo lugar los dos seminaristas Claretianos que llevaban en el hospital desde la tarde del 20 de julio. Sus nombres: Jaime Falgarona y Atanasio Vidaurreta. Llevaban desde el 15 de agosto en una celda de la cárcel municipal, donde estaban con algunos sacerdotes y varios seglares católicos. Conscientes de su destino, se prepararon para su martirio y dedicaban largas horas a la oración, rezando las tres partes del rosario (aún no se rezaban los Misterios Luminosos) y otras oraciones. Fueron fusilados junto al camión, en el mismo lugar donde días antes sus compañeros cayeron abatidos. También fueron enterrados bajo tierra y cal en el cementerio. En abril de 1939 fueron desenterrados los restos de todos los Misioneros Claretianos de Barbastro. Hoy sus restos se conservan bajo la cripta de la iglesia del Corazón de María de la capital del Somontano, junto al Museo dedicado a los Mártires, que fue inaugurado en 1992.
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| Aguantaban, cristianamente, los insultos y las provocaciones |
Se trata, posiblemente, de una de las crónicas martiriales más importantes, e impactantes, de la historia de nuestro país y, acaso, de la historia de la Iglesia Católica. Hemos oído hablar, en muchas ocasiones, sobre las persecuciones contra los cristianos acontecidas durante el Imperio Romano. Nos suenan lejanas en el tiempo. Puede impactarnos escuchar la vida de los Santos Niños Justo y Pastor, de San Tarsicio, de Santa Cecilia y otros. Sin embargo, al menos es mi caso, reconozco que descubrir esta historia de los Mártires de Barbastro ha sacudido profundamente mi corazón, mi alma. Ya la conocía pues hace un par de años acudí al cine a ver la película "Un Dios Prohibido", que trata precisamente sobre su martirio. Pero no es lo mismo verlo en una película que visitar el lugar donde todo ocurrió, pisar las calles que ellos pisaron, mirar el Museo de los Mártires de Barbastro y recrear en la imaginación cómo era el Seminario en el que vivieron (el museo se levantó sobre sus ruinas). Tampoco es lo mismo ver a los actores que encontrarte de frente con las fotografías de los Mártires, con sus pertenencias, con sus escritos. Se suele decir, al visitar lugares históricos "estoy tocando la historia". Eso me ha sucedido en este diciembre de 2015. He tocado la historia acontecida en julio-agosto de 1936. He sentido, realmente (y no como algo imaginario, sino como algo verdaderamente real y palpable) a los 51 Misioneros Claretianos de Barbastro que hoy la Iglesia venera como beatos. Siento que Salvador Pigem, a pesar de que nació sesenta años antes que yo, es mi hermano. Siento que los cincuenta y un Mártires de Barbastro son mis padrinos espiritualmente hablando. Por otra parte, su vida y, también, su forma de morir, me interpela fuertemente a seguir su ejemplo. Siento que me llaman, desde el Cielo, a ser Misionero del Evangelio en este siglo XXI. Siempre he sido una persona algo tímida y, sinceramente, algo acomplejado. El acoso escolar que viví de pequeño, y el desprecio sufrido en mi historia por diversas personas, incluso de la parroquia, dejó una fuerte herida en mi alma. Por ello, en muchas ocasiones, he desperdiciado oportunidades de evangelizar o dar testimonio de mi fe por el "qué dirán". Sin embargo, hoy siento que los Mártires de Barbastro me llaman a evangelizar, a dar mi vida por Cristo, a desgastarme buscando la salvación de otras almas ¿Cómo? Quizá, simplemente, mediante un testimonio de verdadera vida cristiana y mediante el uso de la palabra, sea escrita u oral. Quizá me llame a ir de misionero a otros lugares. Sólo Dios lo sabe. Pero siento que ellos, los Mártires de Barbastro, me interpelan y me dicen "no tengas miedo, tranquilo, estaremos contigo". Espero que este artículo os sirva para conocer una historia sucedida en el pasado más reciente de nuestro país. Una historia que ojalá nunca más vuelva a repetirse. Os animo a seguir investigando la vida de estos Misioneros Claretianos. Os invito a conocerles y a pedirles que intercedan por vosotros y os ayuden. Creedme, así lo harán.
Me gustaría terminar con unas palabras realmente bellas que resumen a la perfección tanto la historia de los Mártires de Barbastro como mi reflexión final. Se trata de la reseña que aparece en la contraportada del libro que ha servido como principal fuente documental de este artículo, escrito por el sacerdote Gabriel Campo Villegas: "Eran de nuestra misma sangre. Comían junto a nosotros, al amanecer, el cuerpo sagrado del Señor y bebían su sangre. Recitaban el mismo credo y las mismas oraciones que nosotros. Sufrieron las mismas dificultades y tentaciones: el acoso del mundo, la astucia del mal y la codicia de la carne. Pero al ser llamados por su nombre, no amaron tanto la vida que temieran la muerte. Regaron nuestra carne, nuestra casa, con su sangre, mientras su corazón perdonaba y amaba a quienes les mataron. Ahora viven con nosotros, en nuestra comunidad. Acompañan a su pueblo desde dentro. Nos ofrecen su sangre: Esta es nuestra sangre. Y oran por nosotros".
Fuentes:
Gabriel Campo Villegas: Esta es nuestra sangre. Un seminario mártir (Publicaciones Claretianas, 2013).
Esteban Casadevall y compañeros mártires de Barbastro
Mártires de Barbastro
jueves, 5 de noviembre de 2015
La Sociedad Secreta de La Garduña: los illuminatis españoles
En unos días en los que me encuentro terminando de escribir el último capítulo del que va a ser mi primer hijo literario, quiero aprovechar para realizar un artículo sobre un grupo de personas que vivieron en España durante varios siglos y a los que tiendo a considerar como los illuminatis españoles. Me refiero a La Garduña, una sociedad secreta que pudo estar detrás, según algunos, de la creación de organizaciones mafiosas actuales como la Camorra napolitana.
Los orígenes
La vida en España durante la Edad Media fue muy diferente a la que conocemos hoy en día. La sociedad se organizaba en gremios, cofradías, hermandades, órdenes religiosas y militares, etc. Esto no se hacía así por capricho, sino que todos eran conscientes de que solo mediante el corporativismo podían buscar protección laboral, económica y sanitaria. Los españoles se organizaban en grupos sociales a menudo buscando fines comunes que tenían, por lo general, el bien por bandera. Quizá el mayor exponente eran las órdenes religiosas, algunas de ellas originarias de nuestro país, como los dominicos.
Sin embargo, a lo largo de toda la historia, siempre hubo personas que se aliaron para conseguir determinados fines mediante el uso de la violencia. Fueron los antecedentes de lo que hoy llamamos grupos terroristas y mafiosos. Tenemos en la Biblia el caso de los zelotes, fundados por Judas el Galileo, un movimiento político-nacionalista que se consagró como la facción más violenta del judaismo de la época, llegando a recurrir a la violencia y el asesinato para conseguir sus fines. Hoy en España nos parece increible que una banda de terroristas, ETA, perviviera durante décadas asesinando y extorsionando. Pero los etarras no han sido, ni mucho menos, el grupo criminal más longevo de nuestra historia. La Garduña mantuvo su sistema criminal de un modo perfectamente organizado y estructurado durante más de cuatrocientos años.
Su Historia
La Garduña nació hacia 1412 en torno a las fraternidades criminales y alcanzó gran poder y extensión. Su organización funcionaba de modo semejante a mafias modernas como la mencionada Camorra. Estaba impregnada de secretismo, esoterismo y ritos iniciáticos. Entre sus miembros había gobernadores, jueces, alcaldes e incluso directores de prisión. Disimularon ser una orden religiosa y se arrogaron el derecho divino a robar y asesinar. No tenían documentos escritos ni estatutos sino que las normas se comunicaban a través de la iniciación y las elevaciones de grado. Traicionar dichas normas, no escritas, se pagaba con la vida. Entre sus delitos se encontraban raptos, violaciones, secuestro de niños, desvalijamiento de diligencias y cortijos, petición de rescate tras secuestros, falsificación de moneda y asesinato por encargo.
Los organismos judiciales y policiales de la España del siglo XV eran, en muchos casos, corruptos (lo que, por cierto, llevaba a muchos reos a solicitar ser juzgados por la Inquisición, pues tenía fama de ser más benévola y justa que los tribunales ordinarios). Algunos jueces admitían sobornos por parte de los delincuentes y era común que durante las persecuciones hacia judíos y moriscos, ambos estamentos se vieran enriquecidos gracias al pillaje realizado por los delincuentes. Esta circustancia era propicia para la delincuencia y muchos jefes de bandas criminales supieron aprovecharlo. Fue una situación que propició el nacimiento de la Garduña en Toledo. A finales del siglo XV la Hermandad se estableció en Sevilla, ciudad que suponía el puerto de entrada para todo lo que provenía del nuevo continente (oro, gemas, etc.).
Pocas décadas después trece hombres, elegidos entre bandidos famosos y funcionarios corruptos, establecieron la jerarquía de una sociedad secreta que, al igual que tantas otras, funcionó mediante códigos y contraseñas que servían para anunciar a los suyos las acciones que debían realizar y, también, para poder transmitir mensajes a todos los miembros de la hermandad, incluso los que que estuvieran presos. Dos siglos después la Garduña estaba presente en Madrid, Sevilla, Toledo, Valencia, Jaén, Málaga y Córdoba, amén de tener colaboradores en otras ciudades españolas. Desde el siglo XV hasta principios del siglo XIX se dedicaron a sobornar a gobernadores, alcaldes, jueces y hombres importantes que formaban parte de los diferentes estamentos de la sociedad de la época. Se ha llegado a afirmar que en el siglo XIX La Garduña estaba formada por 26.000 miembros entre hombres, mujeres y niños, aunque ciertamente se trata de un número desmesurado que posiblemente tenga más cariz legendario que el más minimo poso de realidad. Nuestro escritor más universal, Miguel de Cervantes, en su Rinconcete y Cortadillo, da cuenta de la base de la Garduña Sevillana, en la que integra a Monipodio, la prostituta Cariharta y otros personajes.
Organización de La Garduña
La estructura de esta sociedad secreta, era piramidal, al igual que sucede con las demás sociedades secretas. Había cinco niveles, que iban de abajo hacia arriba, en los cuales se podía ascender gracias a méritos y diversas pruebas iniciaticas.
El grupo de Las sirenas, estaba constutido en su mayoría por mujeres que habían padecido por causa de la Justicia y pasaban a ser amparadas por La Garduña. También se dedicaban a ocultar y vender objetos que la Hermandad tuviera en su poder. Servían a sus hermanos en cuerpo y alma. Otro grupo de mujeres, las coberteras, servían como cepo para los diversos golpes de la sociedad secreta.
Esta sociedad secreta, precursora de los actuales grupos mafiosos, tuvo durante cuatrocientos años un gran poder en nuestro país debido, en gran parte, a la influencia que, mediante el soborno, ejercían en quienes estaban al frente de la sociedad. En muchas ocasiones, incluso, se revistieron con el cariz de órden religiosa para realizar sus fechorías, motivo por el cual se les ha emparentado con la Inquisición, aunque en realidad ambos grupos eran muy diferentes. Si bien es cierto que los miembros de La Garduña se hacían pasar por colaboradores de la Inquisición con el fin de robar a judíos y moriscos, conscientes de que estos grupos sociales gozaban de mayor poder económico que la mayoría de los cristianos y, además, estaban mal vistos por la sociedad, con lo que facilmente sus delitos podían quedar impunes.
¿Relación entre La Garduña y la mafia italiana?
El final de una sociedad secreta legendaria
Hasta el siglo XIX las normas y directrices de La Garduña circulaban entre los miembros de la sociedad sin que quedasen plasmadas en ningún documento escrito. Sin embargo, los últimos Hermanos Mayores, decidieron que debían plasmar por escrito sus "hazañas" para poder ser recordados. El final de La Garduña no se debió a una investigación policial o judicial hacia un grupo de mafiosos. En realidad, el motivo fue un tema bastante escabroso. En agosto de 1821 se hallaron en una casa sevillana los cadáveres de María de Guzmán y de tres hombres que habían violado y asesinado. Según confesó el dueño de la casa, que era un personaje influyente, los tres secuestradores habían violado y asesinado a María de Guzmán sin que se lo hubiera autorizado su jefe. Este, al ver que desobedecieron sus órdenes, les asesinó. Pero, teniendo en cuenta que La Garduña había asesinado, violado, extorsionado, durante cuatrocientos años ¿Qué tenía este crimen de diferente con respecto a otros? En los registros realizados en el domicilio apareció, parece ser, un manuscrito que resultó ser la crónica de La Garduña, también conocido como "Libro Mayor". Reunía estatutos, cuentas económicas y actas de las tropelías realizadas, entre las que se encontraban raptos, asesinatos y robos cometidos por miembros de La Garduña. Se llegó hasta el fondo del asunto y un grupo de cazadores, bajo las órdenes de Manuel Cuendías, detuvo a veinte miembros de la Hermandad, dieciseis de los cuales fueron ajusticiados en la Plaza Mayor de Sevilla en noviembre de 1822. Entre ellos se encontraba Francisco Cortina, el Hermano Mayor de entonces, quién fue acusado de asesinato por Manuel de Cuendías.
Dudas sobre su existencia
Hay serias dudas entre los historiadores acerca de la existencia de La Garduña. La principal es la carencia de fuentes fiables que lo confirmen. En algunos textos, como la mencionada obra cervantina "Rinconcete y Cortadillo", se hace referencia a esta Sociedad Mencionando los Archivos de Toledo y Sevilla como lugares donde se encuentra la documentación que parece constatar que la Hermandad realmente existió. No se ha podido encontrar ningún dato que pueda corroborarlo. No obstante, si hacemos caso a lo relatado por el gran escritor, este conoció en la cárcel a un personaje real que formaba parte de La Garduña. Según Julio Caro Baroja, La Garduña era el sinónimo de la germanía sevillana del Siglo de Oro, es decir un estilo de vida (de mala vida) compartido por delincuentes que en el siglo XIX se convirtió en una especie de folletín influenciado por la existencia real de sociedades secretas en aquella España,. Entre ellas se encontraba la masonería y sus códigos iniciáticos. Víctor de Fereal, que había escrito sobre la ejecución de Francisco Cortina en un libro sobre la Inquisición, era según Caro Baroja el seudónimo de Madame de Subervie o Suberwick. Victor de Fereal, en su libro, recogía anotaciones de Manuel Cuendías, un liberal que vivió en tiempos de Riego. Aunque esta teoría no parece del todo cierta pues, según se cree, la propia Madame era, en realidad, el seudónimo de otra autora francesa de nombre desconocido. Con lo cual esta teoría desacreditadora de La Garduña parece un bucle de dificil resolución. En cualquier caso, se cree que los documentos intervenidos a La Garduña fueron entregados a la escribanía criminal de Sevilla el 15 de septiembre de 1821, tal como dijo Manuel Cuendías. En 1918 un incendio arrasó la Audiencia Territorial de Sevilla, desapareciendo para siempre todos los legajos que soponían las únicas pruebas que podrían documentar la existencia de la sociedad secreta.
Por otra parte, hay investigadores que afirman, sin ningún tipo de duda, que La Garduña realmente existió. Por ejemplo Georg Simmel, sociólogo alemán, o Enzensberger, quienes defendieron el impacto que la Hermandad tuvo en las sociedades secretas. También el propio Manuel de Cuendias, historiador y policía, da cuenta de su existencia asegurando que el Hermano Mayor tuvo gran influencia dentro del Imperio Español. Se cree, además, que en 1476 surge la Santa Hermandad, posiblemente primer cuerpo policial organizado de Europa, con el fin de acabar con el poder de La Garduña y otros grupos criminales. La Santa Hermandad fue instituida por Isabel la Católica en las Cortes de Madrigal unificando diferentes Hermandades que se dedicaban a proteger a los ciudadanos de los reinos cristianos desde el siglo XI.
No obstante, como colofón, cabe decir que, si bien es cierto que no existe constancia escrita sobre La Garduña, más allá de la obra de Cervantes y algún otro texto, no es causa suficiente para negar la existencia de esta hermandad del crimen. Incluso si, como parece, funcionaba como una sociedad secreta, no es de extrañar que, efectivamente, carecieran de documentación escrita. La duda está en saber qué ocurrió con el libro hallado en casa de Francisco Cortina. Parece que se trata de uno de esos libros considerados como malditos, un libro del que se ha oído hablar pero cuyo paradero se desconoce. Quizá, y es opinión de quién esto escribe, el libro en realidad era el propio Cortina, quién pudo confesar ante la policía como funcionaba La Garduña y las fechorías que cometían. Si es plausible pensar que el fenómeno del bandolerismo viniera desde bastante antiguo y, quizá, pudo existir algún grupo, o algunos grupos de bandoleros, que se identificasen a símismos como miembros de La Garduña, quizá sabedores de que este nombre causaba estremecimiento en la sociedad de la época. De hecho, durante todo el siglo XIX estuvo latente la leyenda de La Garduña. En 1857 el ministro de Gobernación de entonces, declaró que "los bandidos andaluces forman una vasta y formidable asociación que es preciso extirpar con energía”. En Castilla había organizaciones bandoleras formadas por delincuentes portugueses que se dedicaban al pillaje y robo en iglesias castellanas. En 1865 el diario "El Universal" hablaba de un grupo de secuestradores cuyo Comité Directivo estaba formado por personas de importante rango y que tenían por jefe a un presbítero.
Quizá, como dice Javier Coria, en la historia de La Garduña se entremezclan mito y realidad. Los bandoleros y, en general, las organizaciones de maleantes existieron realmente. En muchos casos tenían una estructura organizativa de marcado caracter sectario. También es cierto que en el Diccionario de la Real Academia Española se define "garduño" como "ratero que hurta con mafia y disimulo". Además, en Sevilla se conoce "Garduña" como asociación de malhechores. Por ello da la impresión de que en el inconsciente colectivo perdura el recuerdo de algo que en realidad existió. En cuanto a Cortina, efectivamente fue detenido por ser el propietario de la casa donde se cometió el crimen y, además, fue declarado culpable. Por ello, igual que hace este autor, creo que es conveniente dejar que tú, querido lector, saques tus propias conclusiones sobre si La Garduña realmente existió o si se trata de un mito que oculta un poso de realidad.
Fuentes:
La Hermandad del Mal: La Garduña
La Garduña: Sociedad secreta de delincuentes
La Garduña, temible sociedad secreta
Sociedades secretas:La Garduña
Sociedad Secreta La Garduña
Leyenda de La Garduña como creadora de la Mafia Italiana
Sociedad Secreta La Garduña de Toledo
La Garduña: La conspiración de los marginados
Los orígenes
La vida en España durante la Edad Media fue muy diferente a la que conocemos hoy en día. La sociedad se organizaba en gremios, cofradías, hermandades, órdenes religiosas y militares, etc. Esto no se hacía así por capricho, sino que todos eran conscientes de que solo mediante el corporativismo podían buscar protección laboral, económica y sanitaria. Los españoles se organizaban en grupos sociales a menudo buscando fines comunes que tenían, por lo general, el bien por bandera. Quizá el mayor exponente eran las órdenes religiosas, algunas de ellas originarias de nuestro país, como los dominicos.
Sin embargo, a lo largo de toda la historia, siempre hubo personas que se aliaron para conseguir determinados fines mediante el uso de la violencia. Fueron los antecedentes de lo que hoy llamamos grupos terroristas y mafiosos. Tenemos en la Biblia el caso de los zelotes, fundados por Judas el Galileo, un movimiento político-nacionalista que se consagró como la facción más violenta del judaismo de la época, llegando a recurrir a la violencia y el asesinato para conseguir sus fines. Hoy en España nos parece increible que una banda de terroristas, ETA, perviviera durante décadas asesinando y extorsionando. Pero los etarras no han sido, ni mucho menos, el grupo criminal más longevo de nuestra historia. La Garduña mantuvo su sistema criminal de un modo perfectamente organizado y estructurado durante más de cuatrocientos años.
Su Historia
La Garduña nació hacia 1412 en torno a las fraternidades criminales y alcanzó gran poder y extensión. Su organización funcionaba de modo semejante a mafias modernas como la mencionada Camorra. Estaba impregnada de secretismo, esoterismo y ritos iniciáticos. Entre sus miembros había gobernadores, jueces, alcaldes e incluso directores de prisión. Disimularon ser una orden religiosa y se arrogaron el derecho divino a robar y asesinar. No tenían documentos escritos ni estatutos sino que las normas se comunicaban a través de la iniciación y las elevaciones de grado. Traicionar dichas normas, no escritas, se pagaba con la vida. Entre sus delitos se encontraban raptos, violaciones, secuestro de niños, desvalijamiento de diligencias y cortijos, petición de rescate tras secuestros, falsificación de moneda y asesinato por encargo.
Los organismos judiciales y policiales de la España del siglo XV eran, en muchos casos, corruptos (lo que, por cierto, llevaba a muchos reos a solicitar ser juzgados por la Inquisición, pues tenía fama de ser más benévola y justa que los tribunales ordinarios). Algunos jueces admitían sobornos por parte de los delincuentes y era común que durante las persecuciones hacia judíos y moriscos, ambos estamentos se vieran enriquecidos gracias al pillaje realizado por los delincuentes. Esta circustancia era propicia para la delincuencia y muchos jefes de bandas criminales supieron aprovecharlo. Fue una situación que propició el nacimiento de la Garduña en Toledo. A finales del siglo XV la Hermandad se estableció en Sevilla, ciudad que suponía el puerto de entrada para todo lo que provenía del nuevo continente (oro, gemas, etc.).
Pocas décadas después trece hombres, elegidos entre bandidos famosos y funcionarios corruptos, establecieron la jerarquía de una sociedad secreta que, al igual que tantas otras, funcionó mediante códigos y contraseñas que servían para anunciar a los suyos las acciones que debían realizar y, también, para poder transmitir mensajes a todos los miembros de la hermandad, incluso los que que estuvieran presos. Dos siglos después la Garduña estaba presente en Madrid, Sevilla, Toledo, Valencia, Jaén, Málaga y Córdoba, amén de tener colaboradores en otras ciudades españolas. Desde el siglo XV hasta principios del siglo XIX se dedicaron a sobornar a gobernadores, alcaldes, jueces y hombres importantes que formaban parte de los diferentes estamentos de la sociedad de la época. Se ha llegado a afirmar que en el siglo XIX La Garduña estaba formada por 26.000 miembros entre hombres, mujeres y niños, aunque ciertamente se trata de un número desmesurado que posiblemente tenga más cariz legendario que el más minimo poso de realidad. Nuestro escritor más universal, Miguel de Cervantes, en su Rinconcete y Cortadillo, da cuenta de la base de la Garduña Sevillana, en la que integra a Monipodio, la prostituta Cariharta y otros personajes.
Organización de La Garduña
La estructura de esta sociedad secreta, era piramidal, al igual que sucede con las demás sociedades secretas. Había cinco niveles, que iban de abajo hacia arriba, en los cuales se podía ascender gracias a méritos y diversas pruebas iniciaticas.
- Los soplone o fuelles, constituían la base de La Garduña. Informaban de dónde, cuándo y, sobre todo, quién debía ser la víctima del delito. Las mujeres podían formar parte de esta base, eran las llamadas sirenas. Se dedicaban a seducir a las víctimas con el fin de averiguar donde escondían sus bienes y cualquier tipo de información que pudiera ser del interés de La Garduña.
- El segundo nivel de la piramide "garduñil" lo constituía el grupo de los acompañantes, compuesto por los floreadores (gérmen de los actuales carteristas) y los punteadores. asesinos que mataban y y robaban a sus víctimas. En este nivel se encontraban también los guapos, espadachines de gran pericia que servían a La Garduña en duelos y lances varios.
- Quienes formaban parte de este nivel fueron los creadores del "impuesto revolucionario". Denominados los postulantes. Eran los encargados de pagar "la protección" de los negocios.
- Los capataces, también llamados maestros y/o ancianos, eran quienes regían La Garduña en las diferentes provincias donde se encontraba presente. Se encargaban de organizar los crímenes y también del buen funcionamiento interno de la sociedad secreta. Entre los capataces, supuestamente, se encontraban jueces, altos cargos y miembros corrompidos de la alta burguesía.
- El Hermano Mayor, que solía ser un alto miembro de la burguesía, era quién se encontraba en la cúpula de La Garduña, ejerciendo el control de esta sociedad secreta tanto en nuestra península como en las colonias españolas.
El grupo de Las sirenas, estaba constutido en su mayoría por mujeres que habían padecido por causa de la Justicia y pasaban a ser amparadas por La Garduña. También se dedicaban a ocultar y vender objetos que la Hermandad tuviera en su poder. Servían a sus hermanos en cuerpo y alma. Otro grupo de mujeres, las coberteras, servían como cepo para los diversos golpes de la sociedad secreta.
Esta sociedad secreta, precursora de los actuales grupos mafiosos, tuvo durante cuatrocientos años un gran poder en nuestro país debido, en gran parte, a la influencia que, mediante el soborno, ejercían en quienes estaban al frente de la sociedad. En muchas ocasiones, incluso, se revistieron con el cariz de órden religiosa para realizar sus fechorías, motivo por el cual se les ha emparentado con la Inquisición, aunque en realidad ambos grupos eran muy diferentes. Si bien es cierto que los miembros de La Garduña se hacían pasar por colaboradores de la Inquisición con el fin de robar a judíos y moriscos, conscientes de que estos grupos sociales gozaban de mayor poder económico que la mayoría de los cristianos y, además, estaban mal vistos por la sociedad, con lo que facilmente sus delitos podían quedar impunes.
¿Relación entre La Garduña y la mafia italiana?
Si bien es cierto que la organización de La Garduña funcionaba de modo
semejante a mafias modernas como la Camorra, en realidad la supuesta relación entre ambas forma parte de una vieja leyenda, según la cual, las mafias
italianas habían sido creadas por Osso, Mastrosso y Carcagnosso, tres
caballeros españoles, miembros de La Garduña, que vivieron en el siglo XV.
Tras vengar con sangre el honor ultrajado de una hermana huyeron de Toledo y se
refugiaron en Favignana, cerca de Sicillia, donde vivieron casi treinta años.
Cuando se separaron difundieron las reglas sociales y el código de la Garduña
por Sicillia, Calabria y la Campania. Osso, quién se quedó en la isla, es el mítico fundador de la Cosa Nostra
mientras que Carcagnosso habría dado origen a la Camorra en Nápoles, que entonces formaba parte del Reino de Aragón. Mastrosso, por su parte, tras atravesar el estrecho de Messina se estableció en Calabria donde creó la 'Ndrangheta.
No obstante, la historia afirma que en realidad el origen de las mafias italianas modernas fue otro, perfectamente documentado por los historiadores italianos. En el siglo XIX aparece en Italia la figura de los gabelloti, recolectores de impuestos, que administraban las propiedades de los aristócratas recibiendo a cambio un porcentaje de las cosechas adquiridas. Con el fin de que sus sus ganancias aumentasen, dividían las tierras y arrendaban pequeñas porciones a los campesinos, quienes a su vez otorgaban a los gabelloti un porcentaje de la cosecha. Poco a poco estos personajes fueron viendo como aumentaba su poder y se volvieron cada vez más corruptos y comenzaron a extorsionar a los labriegos. Pero no se conformaron con ello, sino que se dedicaban a confiscar pastizales destinados a dar de comer al ganado y, además, organizaron grupos de ladrones. Son el antecedente directo de la mafia y sus prácticas fueron imitadas en las regiones más pobres del país. Según Miguel Alfonso Campos, muchos historiadores afirman que algunos miembros de la cúpula de La Garduña huyeron a Nápoles, ciudad donde se reorganizaron dando orígen a la Camorra italiana. Si leemos entre líneas lo que la historia nos cuenta, quizá lo que parece una coincidencia (final de La Garduña y nacimiento de la Camorra) tenga alguna base de realidad.
Hasta el siglo XIX las normas y directrices de La Garduña circulaban entre los miembros de la sociedad sin que quedasen plasmadas en ningún documento escrito. Sin embargo, los últimos Hermanos Mayores, decidieron que debían plasmar por escrito sus "hazañas" para poder ser recordados. El final de La Garduña no se debió a una investigación policial o judicial hacia un grupo de mafiosos. En realidad, el motivo fue un tema bastante escabroso. En agosto de 1821 se hallaron en una casa sevillana los cadáveres de María de Guzmán y de tres hombres que habían violado y asesinado. Según confesó el dueño de la casa, que era un personaje influyente, los tres secuestradores habían violado y asesinado a María de Guzmán sin que se lo hubiera autorizado su jefe. Este, al ver que desobedecieron sus órdenes, les asesinó. Pero, teniendo en cuenta que La Garduña había asesinado, violado, extorsionado, durante cuatrocientos años ¿Qué tenía este crimen de diferente con respecto a otros? En los registros realizados en el domicilio apareció, parece ser, un manuscrito que resultó ser la crónica de La Garduña, también conocido como "Libro Mayor". Reunía estatutos, cuentas económicas y actas de las tropelías realizadas, entre las que se encontraban raptos, asesinatos y robos cometidos por miembros de La Garduña. Se llegó hasta el fondo del asunto y un grupo de cazadores, bajo las órdenes de Manuel Cuendías, detuvo a veinte miembros de la Hermandad, dieciseis de los cuales fueron ajusticiados en la Plaza Mayor de Sevilla en noviembre de 1822. Entre ellos se encontraba Francisco Cortina, el Hermano Mayor de entonces, quién fue acusado de asesinato por Manuel de Cuendías.
Dudas sobre su existencia
Hay serias dudas entre los historiadores acerca de la existencia de La Garduña. La principal es la carencia de fuentes fiables que lo confirmen. En algunos textos, como la mencionada obra cervantina "Rinconcete y Cortadillo", se hace referencia a esta Sociedad Mencionando los Archivos de Toledo y Sevilla como lugares donde se encuentra la documentación que parece constatar que la Hermandad realmente existió. No se ha podido encontrar ningún dato que pueda corroborarlo. No obstante, si hacemos caso a lo relatado por el gran escritor, este conoció en la cárcel a un personaje real que formaba parte de La Garduña. Según Julio Caro Baroja, La Garduña era el sinónimo de la germanía sevillana del Siglo de Oro, es decir un estilo de vida (de mala vida) compartido por delincuentes que en el siglo XIX se convirtió en una especie de folletín influenciado por la existencia real de sociedades secretas en aquella España,. Entre ellas se encontraba la masonería y sus códigos iniciáticos. Víctor de Fereal, que había escrito sobre la ejecución de Francisco Cortina en un libro sobre la Inquisición, era según Caro Baroja el seudónimo de Madame de Subervie o Suberwick. Victor de Fereal, en su libro, recogía anotaciones de Manuel Cuendías, un liberal que vivió en tiempos de Riego. Aunque esta teoría no parece del todo cierta pues, según se cree, la propia Madame era, en realidad, el seudónimo de otra autora francesa de nombre desconocido. Con lo cual esta teoría desacreditadora de La Garduña parece un bucle de dificil resolución. En cualquier caso, se cree que los documentos intervenidos a La Garduña fueron entregados a la escribanía criminal de Sevilla el 15 de septiembre de 1821, tal como dijo Manuel Cuendías. En 1918 un incendio arrasó la Audiencia Territorial de Sevilla, desapareciendo para siempre todos los legajos que soponían las únicas pruebas que podrían documentar la existencia de la sociedad secreta.
Por otra parte, hay investigadores que afirman, sin ningún tipo de duda, que La Garduña realmente existió. Por ejemplo Georg Simmel, sociólogo alemán, o Enzensberger, quienes defendieron el impacto que la Hermandad tuvo en las sociedades secretas. También el propio Manuel de Cuendias, historiador y policía, da cuenta de su existencia asegurando que el Hermano Mayor tuvo gran influencia dentro del Imperio Español. Se cree, además, que en 1476 surge la Santa Hermandad, posiblemente primer cuerpo policial organizado de Europa, con el fin de acabar con el poder de La Garduña y otros grupos criminales. La Santa Hermandad fue instituida por Isabel la Católica en las Cortes de Madrigal unificando diferentes Hermandades que se dedicaban a proteger a los ciudadanos de los reinos cristianos desde el siglo XI.
No obstante, como colofón, cabe decir que, si bien es cierto que no existe constancia escrita sobre La Garduña, más allá de la obra de Cervantes y algún otro texto, no es causa suficiente para negar la existencia de esta hermandad del crimen. Incluso si, como parece, funcionaba como una sociedad secreta, no es de extrañar que, efectivamente, carecieran de documentación escrita. La duda está en saber qué ocurrió con el libro hallado en casa de Francisco Cortina. Parece que se trata de uno de esos libros considerados como malditos, un libro del que se ha oído hablar pero cuyo paradero se desconoce. Quizá, y es opinión de quién esto escribe, el libro en realidad era el propio Cortina, quién pudo confesar ante la policía como funcionaba La Garduña y las fechorías que cometían. Si es plausible pensar que el fenómeno del bandolerismo viniera desde bastante antiguo y, quizá, pudo existir algún grupo, o algunos grupos de bandoleros, que se identificasen a símismos como miembros de La Garduña, quizá sabedores de que este nombre causaba estremecimiento en la sociedad de la época. De hecho, durante todo el siglo XIX estuvo latente la leyenda de La Garduña. En 1857 el ministro de Gobernación de entonces, declaró que "los bandidos andaluces forman una vasta y formidable asociación que es preciso extirpar con energía”. En Castilla había organizaciones bandoleras formadas por delincuentes portugueses que se dedicaban al pillaje y robo en iglesias castellanas. En 1865 el diario "El Universal" hablaba de un grupo de secuestradores cuyo Comité Directivo estaba formado por personas de importante rango y que tenían por jefe a un presbítero.
Quizá, como dice Javier Coria, en la historia de La Garduña se entremezclan mito y realidad. Los bandoleros y, en general, las organizaciones de maleantes existieron realmente. En muchos casos tenían una estructura organizativa de marcado caracter sectario. También es cierto que en el Diccionario de la Real Academia Española se define "garduño" como "ratero que hurta con mafia y disimulo". Además, en Sevilla se conoce "Garduña" como asociación de malhechores. Por ello da la impresión de que en el inconsciente colectivo perdura el recuerdo de algo que en realidad existió. En cuanto a Cortina, efectivamente fue detenido por ser el propietario de la casa donde se cometió el crimen y, además, fue declarado culpable. Por ello, igual que hace este autor, creo que es conveniente dejar que tú, querido lector, saques tus propias conclusiones sobre si La Garduña realmente existió o si se trata de un mito que oculta un poso de realidad.
Fuentes:
La Hermandad del Mal: La Garduña
La Garduña: Sociedad secreta de delincuentes
La Garduña, temible sociedad secreta
Sociedades secretas:La Garduña
Sociedad Secreta La Garduña
Leyenda de La Garduña como creadora de la Mafia Italiana
Sociedad Secreta La Garduña de Toledo
La Garduña: La conspiración de los marginados
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