sábado, 9 de mayo de 2015

Un amigo puede irse. La amistad perdura. En recuerdo de Álvaro Muñoz Salas



Han transcurrido casi diez años, pero aún recuerdo, como si fuera ayer, aquel día. Era una calurosa tarde de agosto. Solía entonces dar un paseo por Santoyo, mi querido pueblo, al atardecer. Ese día vi por última vez (al menos físicamente), a un querido amigo de mi infancia. Le había perdido el contacto pues, por algún motivo que desconozco, ya no iba por Santoyo. O quizá iba, pero no salía de casa. Unos días antes alguien había dicho que mi antiguo compañero de juegos se encontraba en el pueblo, pero no quería salir de casa. Quizá por ese motivo pasé, casi sin ser consciente por la puerta de su casa. Vi como mi viejo amigo salíó a la calle, con el rostro ligeramente cabizbajo, y se dirigió a un coche, junto con su padre. Fue un instante. Me miró ojeroso, la expresión de su mirada reflejaba una profunda pena. Bajó la cabeza como para que no viera que algo le pasaba, pero las lagrimas parecían estar apunto de salir de sus ojos. Entraron en el coche y se fueron. Yo me quedé en estado de shock. Aquellos días no me encontraba demasiado bien anímicamente, pues mi padre acababa de fallecer. A esto se le unió ver el rostro de mi amigo y el ser consciente de que no quiso que le viera en ese estado anímico. La mezcla de ambas cosas me dejaron en estado de shock. Quizá un año antes me hubiera acercado a saludarle, antes de que se metiera en el coche. Pero aquella tarde me quedé como paralizado. También me quedé profundamente intrigado, preguntándome qué le podía estar pasando. Durante unos años no supe de él, hasta 2009, pero nunca dejó de estar en mi memoria. De hecho, tres años después estuve en su tierra y pensaba "igual me lo encuentro". No tenía su teléfono, ni su messenguer, no sabía como localizarlo. He decidido escribir para rendirle homenaje y para contar su historia, al menos lo que conozco, desde el cariño y el respeto. Hay historias que merecen ser contadas y creo que la suya lo es, así lo siento internamente. En 2012 escribí un artículo sobre él que me ha ayudado a conocer algo más sobre la vida de mi recordado amigo, fallecido en 2006.

No obstante, aún me quedan puntos que esclarecer para poder comprender lo que le ocurrió. Como cristiano, historiador y periodista soy un incesante buscador de la verdad. Tengo la imperiosa necesidad de saber la verdad siempre que investigo algo, sea sobre los mártires cristianos en Hispania, la muerte en la hoguera de Juana de Arco, el acoso escolar, o la vida y muerte de mi amigo Álvaro. Por este motivo viajé el 3 de mayo de 2014 a Salamanca. Recorrí esa bella e histórica ciudad en busca de aquellas claves que pudieran arrojar algo de luz y taquígrafos sobre lo que le ocurrió a mi amigo. Intenté conocer y saber algo más. Un amigo común de Álvaro y mío, que se puso en contacto conmigo a través de este blog, me enseñó los lugares donde vivió y estudió mi recordado amigo. También el Hospital Universitario de Salamanca, donde estuvimos hablando con una persona que decidió abrir su alma y contarnos lo poco que sabía y recordaba de aquel 18 de mayo de 2006 en que Álvaro decidió marcharse. Pero también me encontré con silencios. El silencio de algunas personas que podrían haberme resuelto alguna duda. Pero, aún así, volví a casa con bastante información para poder realizar lo que en Periodismo se llama un perfil sobre Álvaro Muñoz Salas.

Nació en Salamanca un miércoles 8 de mayo de 1985. Álvaro, aunque era salmantino, tenía raíces palentinas. Por este motivo iba en verano a Santoyo, tierra de sus ancestros.  Pasó su infancia y adolescencia en el Barrio del Rollo. Sus primeros años de estudio estuvo en el Colegio Caja de Ahorros y, posteriormente, fue al Instituto Garcia Bernalt. Una vez finalizó el Instituto, comenzó a estudiar Medicina en la Universidad de Salamanca.

Era muy buen estudiante y compañero además de un gran amigo, tal, como me dijo el amigo común y yo puedo corroborar. Una de esas personas que son recordadas por su forma de ser, bondadosa y entrañable. Personalmente, le recuerdo en Santoyo como tímido cuando estábamos muchos críos juntos pero muy simpático cuando no había tanta gente. Aunque me consta que fue una persona muy sociable. De adolescentes hablaba poco con mis amigos sobre religión, por lo que no recuerdo haber hablado sobre ello con Álvaro. Pero me consta que, aunque no estaba bautizado, iba a clase de religión en el colegio. Me contaba este amigo común que durante un curso, le encargaron encender y apagar las velas durante cierto tiempo litúrgico en el aula donde les daban clase de Religión. Aquí hay un detalle que, creo, refleja la personalidad generosa de Álvaro, pues le dijo al amigo común "puedes apagar tu las velas" dejando que el otro niño, que se encontraba malo aquel día, pudiera soplar para apagar las velas. 

En verdad Álvaro fue un chico muy generoso y solidario. Le recuerdo como alguien que siempre tenía ganas de ayudar a los demás. En alguna ocasión he contado que yo sufrí acoso escolar en el colegio. Cuando iba a Santoyo me sentía seguro, con mis amigos. Pero sobre todo recuerdo, con gran cariño y agradecimiento, las palabras de aliento y ánimo que Álvaro me dirigía cuando me veía desanimado. No me extraña que quisiera estudiar Medicina, pues trataba de ayudar a quien estaba necesitado. En aquellos años yo lo estaba, emocionalmente, y me ayudó mucho. Le estoy muy agradecido y, la verdad, me duele no haberle podido ayudar cuando se encontraba mal. Pero siento que desde donde está sigue ayudándome. 


Pero Álvaro, aunque era muy bondadoso y buen amigo, también tenía una personalidad bastante marcada.  En Santoyo, si no estaba de acuerdo con alguna opinión general que expresasemos los demás amigos, él mostraba su pensamiento sin temor al "qué dirán", con seguridad y aplomo. También con serenidad, pero sin amilanarse. Quizá no le gustaba mucho que alguien hiciera de sus pequeños agobios un mundo cuando él también los tenía. En una ocasión, el mencionado amigo común,  se cruzó con Álvaro por la calle y, cuando le contó que le costaba compaginar la asistencia a clase con el tiempo dedicado a los estudios, mi recordado Álvaro le dijo "pues macho, apañate y ajo y agua", como diciéndole que se pusiera a estudiar y aguantase la presión. Lo cierto es que él estaba estudiando, como he dicho, Medicina. Esta carrera es especialmente complicada y dificil. Quizá por ello, cuando le hablaban de estrés motivado por los estudios, era como si Álvaro dijera "a mí me vas a hablar de estrés...". Siempre he pensado que, quizá, el estrés influyera en lo que le ocurrió.

He hablado antes de su cierta timidez. Creo que más que timido era callado. Pero porque le gustaba escuchar a los demás, aprender de ellos.  Como digo, daba su opinión sin complejos y era una persona que sabía hacer amigos y conservarlos. Sabía hacerse querido por sus amigos. En el artículo que escribí en su momento sobre Álvaro comentaba una pequeña anécdota que refleja su generosidad y preocupación por los demás. A los de la cuadrilla de amigos nos encantaba ir a jugar a unos cerros cercanos a Santoyo, llamados Costacollaos. Yo tenía bastantes problemas cuando bajaba de ellos, porque por mi discapacidad auditiva tengo problemas de equilibrio. Pues Álvaro me ayudó, en más de una ocasión, a bajar los cerros, agarrandome por el hombro para que no me cayera. Nos encantaba conversar. Conmigo era, si mal no recuerdo, con quien más conversaba cuando coincidiamos en Santoyo. Me hablaba mucho sobre Salamanca y los amigos que tenía allí. Le encantaba jugar al fútbol, especialmente como portero, aunque no desdeñaba participar como delantero, mediocentro, o defensa. También era muy feliz jugando con los demás amigos al rescate por las calles del pueblo, o al Risk cuando ibamos a merendar a la bodega. Era alegre y bromista y, cuando yo le hablaba sobre las chicas del colegio que me gustaban, se reía. Algún amigo del colegio me solía decir "a ti te gustan todas". Álvaro se reía afablemente cuando se lo comentaba.

Cuando terminó su etapa en el Colegio Caja de Ahorros se fue a estudiar al IES García Bernalt. Allí no solo se le daba bien estudiar, sino que escribía bastante bien. Quizá por ese motivo fue el encargado de escribir y leer un discurso en el acto de despedida de 2º de Bachillerato del que me hice eco en aquel artículo que he comentado. He querido incluir aquí un pequeño extracto donde describe hábilmente a los egresados en la Universidad: "Una integral en juliana, un geólogo sin par. Aquí no hay fieras, sólo graciles mulas y teijones sin más. Ni elefantes, ni bicicletas, sólo hay ingleses de London, que completan esta posada a cuya puerta nunca el Cid llamó. Y por supuesto, los alumnos, fin y causa de la educación. De pueblo, de ciudad, de aquí, de allá ¡qué más da!", Somos nosotros los huéspedes a quienes hay que hospedar". El discurso puede leerse en la revista de este Instituto. También hay en Internet, algún otro escrito suyo alojado en una conocida web donde los estudiantes comparten trabajos y apuntes.

Una vez finalizada su etapa en el Instituto decidió estudiar Medicina, por este motivo se matriculó en la Facultad de la Universidad de Salamanca. Pese a que era un joven sociable y bromista, un muchacho que salía con los amigos a tomar algo y sabía divertirse, algo tuvo que suceder en aquellos años, entre 2003 y 2006. Algo que motivó lo que posteriormente ocurrió. Fue en el verano de 2005 cuando le vi con esa tristeza en los ojos, por lo que ya por entonces algo tenía que estar haciéndole sufrir. Algo que le motivó un dolor tan fuerte que ni siquiera un espíritu noble como el suyo pudo soportarlo. Como comenté en el artículo ya reseñado, tras su muerte se decía en Santoyo que el motivo pudo estar en que pudo quedar dañado tras romper con una chica. Puede ser, pues eso mismo me ha llegado por otros canales que no tienen nada que ver con los amigos del pueblo

Decidió irse un jueves 18 de mayo de 2006. Según la información que tengo, salió de casa para dirigirse al Hospital Universitario de Salamanca, donde estaba realizando las prácticas de Medicina. Desde que en 2009 me enteré, siempre me he preguntado si fue una decisión que tenía meditada o si hubo, quizá, un hecho detonante que precipitó los acontecimientos. Pocos días antes había celebrado su cumpleaños en un céntrico bar salmantino y nadie notó, aparentemente, nada extraño en él. Por lo que sé, durante aquella celebración se le vio sonreir. De hecho, durante algún tiempo en la puerta del bar estuvo puesta una fotografía donde Álvaro aparecía sonriente en aquella celebración. Además, los últimos meses de su vida había seguido saliendo con sus amigos y participaba en eventos sociales de un modo aparentemente normal. Claro, se suele decir eso de que la procesión se lleva por dentro. Pero los que hemos pasado por una depresión sabemos que hay momentos en que, por más que lo intentes, no puedes fingir ser feliz. Puedes salir, puedes estar con los amigos e, incluso, disfrutar con ellos. Pero se te nota que no estás del todo bien.

Parece ser, aunque no estoy del todo seguro de esto, que pudo cruzarse, casualmente, con un conocido a quien dijo "voy donde tengo que ir". A ese mismo conocido le había dicho, tiempo antes, algo como "ya sé por qué se suicida la gente". Son pequeños detalles por los que, parece, Álvaro había dejado pequeñas pistas de que algo no iba bien en su vida. Otro detalle que me intriga es el de que aquella mañana había borrado todos los archivos que tenía en su ordenador.  Por lo que sé, subió a la sexta planta del hospital. Entró o en un despacho o en una habitación (este aspecto lo desconozco) y se precipitó por una ventana. Según la persona con la que hablé en el Hospital Universitario de Salmanca cuando estuve el año pasado, antes de saltar se rasgó la ropa, quizá fruto de la desesperación. Según me contó en su momento una persona del SAMUR que le atendió, estuvo un rato debatiéndose entre la vida y la muerte, inconsciente, hasta que falleció. Creo que fue una media hora. Se trató, por lo tanto, de un suicidio.

Se trata de un tema complicado, soy consciente de ello. Conozco poco sobre ello y pienso que hay personas mucho más autorizadas que yo para hablar sobre este tipo de muertes. Pero creo, al menos tengo esa convicción, que Dios pudo salvarle, en ese rato que estuvo aún con vida, mediante maneras y caminos que para nosotros son desconocidos. Hay una anécdota del Santo Cura de Ars que me encanta. Caminaba por esa población francesa con una dama que se sobresaltó al ver a un señor tirándose desde el puente y el Santo Cura dijo algo parecido, que había que rezar por ese señor pero que Dios podía salvarle de infinitas formas y mediante caminos para nosotros misteriosos. Además, Álvaro era una gran persona, un gran chaval y un excelente amigo. Era un muchacho que tenía muy buenos valores. Me enteré de su muerte durante la Semana Santa de 2009. Desde entonces he rezado y ofrecido misas por él, aunque creo que está en un lugar mejor. Cuando estuve en Salamanca el año pasado viví una experiencia curiosa durante la Eucaristía. Fue el 4 de mayo de 2014. Había ofrecido esa misa por Álvaro y todo el rato estaba pensando en él,  tenía su imagen en mi mente. Aunque ese domingo fue un día soleado en Salamanca, la luz solar no iluminaba la Catedral hasta que se rezó el Padrenuestro. Cómo digo, yo tenía presente en la mente todo el rato la imagen de Álvaro y de pronto, cuando rezábamos la frase "Venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad..." entró la luz del sol por una de las vidrieras y se iluminó todo el Altar Mayor. Esa luz me daba de frente, fue entonces cuando ocurrió.  Esto puede sonar raro para quien no me conoce, pero sentí que esa luz inundaba mi mente y, con ello, la imagen de Álvaro que tenía presente, como si el sol estuviera abrazándole, como si Dios estuviera dándole un abrazo. De alguna manera creo que fue como una especie de mensaje divino, pues, desde que supe de su suicidio, siempre he encomendado a Álvaro a la Misericordia Divina. Es una experiencia que a algunas personas puede resultarles extrañas y, quizá, no la comprendan bien. Pero creo que Álvaro, de alguna manera, está bajo la Misericordia de Dios. Aunque seguiré rezando durante toda mi vida por él, siempre le tendré presente en mi recuerdo, igual que al resto de seres queridos ya difuntos. Igual que a Paloma, mi otra amistad fallecida.

Pese a todo lo que pude averiguar en aquella visita realizada en mayo de 2014 a Salamanca, me siguen quedando muchas incógnitas sobre lo que pudo sucederle a mi añorado amigo. Cómo ya dije en aquel primer artículo, no creo que lo hiciera tan sólo por haberlo dejado con una chica. Creo que se debió a una concatenación de factores que le llevaron a una situación psicológica que no pudo soportar. Quizá en aquel verano de 2005 ya se encontraba mal anímicamente, de ahí que yo le viera
triste. Puede ser (es una hipótesis) que lanzase algunas señales a modo de S.O.S. que no las personas de su entorno más cercano no pudieron apreciar. Puede ser que la carrera influyera, pues Medicina, como sabéis, es bastante dura y exigente. Parece ser, por lo que he podido averiguar, que no se trata del único estudiante de dicha carrera que se ha suicidado. De hecho, aquel trabajador con el que hablé, me confesó que en ese mismo hospital se han suicidado mas estudiantes de Médicina. Parece que es una carrera que tiene gran exigencia, conlleva un estrés que no todos pueden soportar, y eso creo que le pudo pasar factura a Álvaro. Yo, por ejemplo, siempre tuve claro que no quería ser médico (de hecho soy incapaz de ver un tobillo con esguince o una operación a corazón abierto), por lo que no me extraña que el estrés por los estudios pudiera ser un factor determinante. ¿Hubo otras cosas? No lo sé. Quizá, pero posiblemente no hubiera una causa que fuera la decisiva, sino que fue una concatenación de causas que le llevó a hacerlo. En cualquier caso, y sobre todo, lo que ahora me importa es honrar la memoria de mi buen amigo y rezar por él para que Dios le tenga en su seno. Como digo, confío mucho en la Misericordia Divina.

Seguiré investigando y escribiendo sobre Álvaro. Por lo que le conocí, por lo que de él conozco, por ciertas sensaciones, creo realmente que su vida merece ser contada y conocida. Fue una gran persona, alguien que me ayudó mucho en mi infancia. Lo que me extraña es haberme encontrado con ciertos tabúes cuando he preguntado a personas de su ciudad sobre él, como vecinos o compañeros de clase. Recuerdo la persona del SAMUR, que me dijo que Álvaro se apellidaba de una forma errónea, también recuerdo el silencio de sus antiguos vecinos, o la renuencia a hablar sobre el tema de algún viejo compañero suyo de colegio e instituto. En cualquier caso, no creo que se trate de miedo a hablar sobre Álvaro, pues era un gran chaval. Simplemente, en nuestra sociedad existe miedo a la muerte, es tabú hablar sobre lo que hay después de esta vida, da la sensación de que es mejor no hablar de ello, sobre todo si se trata de un suicidio. Pero creo que obviar la muerte y las cuestiones trascendentales que acontecen tras la vida supone un grave error. Caer en ello supone perder el sentido trascendental de la vida y lo que ello conlleva, concretamente el haber dejado de rezar por los difuntos. Parece muy divertido, según algunos, que llegue el último día de octubre y la gente se disfrace de fantasmas o vampiros. Sin embargo, olvidamos que tanto el 1 de noviembre (día de todos los santos) como el 2 de noviembre (día de los fieles difuntos) son días escogidos para rememorar y rezar por los difuntos, días fuertes de oración por aquellos que se fueron antes que nosotros. Esto es algo que se nos olvida, algo en lo que la gente no quiere pensar, porque les da miedo. Parece que es mejor ocultar la muerte, como si no existiera, aunque cuando llega nos deje temblando y llorando. Sobre todo parece que es mejor obviar la muerte cuando se trata de un suicidio. Pero, como digo, se trata de un tremendo error. Conviene recordar a nuestros familiares y amigos difuntos. Es necesario recordarles y rezar por ellos. Es necesario recordarles pues nadie muere del todo mientras sigue vivo en nuestro corazón, mientras hablamos de ellos. Por ello seguiré hablando y escribiendo sobre Álvaro y,  sobre todo, seguiré pidiendo que se rece por él. Aunque creo que puede estar ya bajo el seno de la Divina Misericordia, creo que es aconsejable que se siga rezando por él. Por eso quiero aprovechar el final de este artículo para volver a pedir que recéis por Álvaro Muñoz Salas, de Salamanca, que abandonó este mundo en 2006 con 21 años de edad. Os lo agradecerá, estoy convencido de ello.

Concluyo este artículo con unas palabras para mi querido y añorado Álvaro. Gracias por aquellos veranos en Santoyo, esas conversaciones en Costacollaos, esas palabras de ánimo que me dedicabas mientras sonreías, gracias porque estuviste ahí cuando aprendí a montar en bicicleta (lo cual me costó por mi problema de equilibrio, pero me alentabas), gracias porque de alguna manera siento que sigues cuidando de mí desde donde ahora te encuentras. Te recordaré siempre como un gran amigo de la infancia y trataré de que tu memoria perdure escribiendo sobre ti. De alguna manera, resuena ahora en mi corazón, esa frase "pues tío apañate y ajo y agua" como una especie de señal que el destino me ha enviado. El año pasado estuve agobiado debido al Máster de Periodismo Social que realicé. A veces me agobio con los avatares de la vida, aunque sean pequeñas cosas sin importancia. Sin embargo, siento de alguna forma que estás a mi lado y me dices que no me deje llevar por el estrés, ahora y a lo largo de la vida, que aguante pues no merece la pena ir agobiado por la vida pues lo importante en ella no es llegar antes sino disfrutar del camino. He titulado este artículo haciendo referencia a la canción "cuando un amigo se va algo se muere en el alma" pues recuerdo que te la cantaban en Santoyo cuando te ibas para Salamanca, ya al final del verano.

No te olvidaré, querido Álvaro, rezaré siempre por ti y trataré de que los demás lo hagan, que te conozcan, que te recuerden. Un abrazo allá donde estés, sigue cuidando de nosotros, que Dios nuestro Señor te acoja en su seno y que María Santísima te lleve hasta Él e interceda por tí. Descansa en paz.

lunes, 4 de mayo de 2015

Nuevos sacerdotes en Madrid. La generación de Don Pablo Domínguez

"Crecer sucede en un latido...un día estás en pañales, y al día siguiente te vas, pero los recuerdos de la niñez permanecen contigo todo el camino...recuerdo un lugar, un suburbio, una casa, una casa como muchas casas, un patio como muchos otros patios, y una calle como muchas otras calles...pero lo curioso es que, después de todos estos años, aún lo recuerdo, maravillado".
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Don Carlos Osoro durante las ordenaciones

Esta frase de la serie "Aquellos Maravillosos Años", que aparentemente no tiene mucho que ver con las Ordenaciones Sacerdotales, resume a la perfección el torente de recuerdos que recorre mi cabeza en las últimas 48 horas. Se han ordenado catorce nuevos sacerdotes en Madrid, el sábado pasado. He asistido, a lo largo de estos años, a numerosas Ordenaciones. Pero en esta ocasión ha sido verdaderamente especial para mi, pues entre estos nuevos presbíteros no sólo se encuentran grandes amigos míos. Todos han sido compañeros de clase o, al menos, de la de la Universidad Eclesiástica San Dámaso.

Como digo, aparentemente, la frase con la que comienzo este artículo, no tiene que ver con lo que son las Ordenaciones Sacerdotales. O quizá sí, pues ¿Qué son los años del Seminario sino un crecimiento? Uno entra allí siendo apenas un niño y, si Dios quiere, sale transformado en Sacerdote de Dios. Son siete años en los que uno pasa de ser un mozalbete a hacerse un hombre de Dios. Yo no me ordené, pues el Señor me llevó por otros caminos y hoy soy franciscano seglar. Pertenezco a la Orden Franciscana Seglar. Tampoco estuve en el Seminario de Madrid, sino en el de Getafe. Pero, cuando echo la mirada atrás, como decía Kevin Arnold en esa frase que inicia el artículo, recuerdo una casa (el Seminario, San Dámaso...), un patio, una calle (San Buenaventura, en Madrid) y recuerdo maravillado los años que compartí con los nuevos Sacerdotes en San Dámaso, la Misa de los martes, acompañada por la Adoración al Santísimo. También cuando iba a la parroquia donde estaba de pastoral alguno de mis amigos seminaristas o, simplemente, cuando quedaba con ellos para tomar algo y conversar. Cuando recuerdo estas y otras cosas, como Kevin Arnold, me maravillo.
Son amigos. Mi padre decía que "Quién tiene un amigo sacerdote, tiene dos veces un amigo". Por eso creo que puedo sentirme orgulloso de tener grandes amigos. Recuerdo sobre todo el principio de mi amistad con Juanjo, a quién conocí en verano de 2007, un año antes de entrar al Seminario, y con quien compartí inquietudes vocacionales y nuestro cariño a San Francisco de Asís. Espero que no se me enfaden los demás si digo que Juanjo es, de los nuevos presbíteros, mi amigo más apreciado. Al fin y al cabo, a todos les tengo por buenos amigos y, recordando la frase de mi padre, todos y cada uno son dos veces un amigo. Recuerdo nuestro primer día de clase en San Dámaso. Nuestra primera clase fue con don Pablo Domínguez. Nos dio Lógica, fuimos la última generación de san Dámaso que tuvo esa asignatura con él. En clase estabamos gente de varios seminarios, congregaciones y también laicos de diferentes movimientos e institutos. Palencia (por cierto, en diciembre se ordenó allí un buen amigo, Abel), Getafe, Alcalá de Henares (se ordenaron el año pasado, Jaime y Samuel, muy apreciados también) y Madrid. Enseguida hice buenas migas con todos, pero especialmente con los de Madrid. Recuerdo también con cariño a Andrés y Juan, que por diferentes razones aún no se han ordenado. También a Arturo y Jorge, a quienes alguna visité en la parroquia donde estaban de pastoral.

He titulado este artículo "la generación de don Pablo Domínguez". Fuimos, posiblemente, los últimos en examinarnos con él, antes de que se fuera a los ejercicios espirituales en Tarazona, aquel mes de febrero de 2009. Nunca se me olvidarán las clases con aquel gran Sacerdote. De la asignatura en sí recuerdo más o menos algo. Pero nunca se me olvidará la sonrisa y bondad que emanaba don Pablo Domínguez. Tampoco se me olvidará nunca lo vivido aquel 16 de febrero de 2009. Los seminaristas de Getafe habíamos estado en Roma ese fin de semana. Cuando llegamos a Madrid encendí el móvil y tenía varias llamadas perdidas de Juanjo. Pensaba que llamaba porque, quizá, le había extrañado que los de Getafe no fuéramos a clase ese día. Pero pronto comencé a ver cosas en el avión que me indicaron que algo estaba pasando. Recuerdo al por entonces rector del Seminario de Getafe, don Rafael Zornoza, con la cabeza tumbada en el asiento delantero, un compañero vino y me dijo que había muerto un profesor nuestro. Era don Pablo. Recuerdo el día siguiente, en el Seminario de Madrid, sobre todo el olor a rosas que desprendía su casulla, puesta sobre el ataud. Estoy convencido de que don Pablo Domínguez fue un verdadero santo. Por ese motivo considero que mis compañeros de clase en San Dámaso, los que se han ordenado sacerdotes y los que quedan por ordenarse, son la generación de Don Pablo Domínguez. Son los Sacerdotes de Don Pablo.

Tiempo después dejé el Seminario de Getafe, pues veía que no tenía vocación sacerdotal. Sin embargo, seguí yendo un par de cursos más a San Dámaso. También a Eucaristía y la Adoración al Santísimo de los martes en el Seminario. Personalmente, el periodo entre marzo de 2009 y junio de 2012 fue duro, pues por razones que no vienen al caso, tuve una depresión bastante fuerte, de la que salí fortalecido. De nuevo me gustaría citar una frase relacionada con la serie "Aquellos Maravillosos Años", concretamente de su canción de cabecera: "(¿Te preocupa estar solo?) ¿Cómo me siento al final del día?, (¿Te sientes triste porque estás solo?) No, me las voy a arreglar con un poco de ayuda de mis amigos...Mm..., llego realmente a lo mas alto con un poco de ayuda de mis amigos...Mm..., voy a intentarlo con un poco de ayuda de mis amigos".

Durante aquellos tres años y tres meses nunca me sentí solo, y fue en gran parte gracias a estos queridos amigos que se han ordenado Sacerdotes en Madrid. Si me veían flaquear en algún momento, siempre me tendían una mano amiga. Siempre dispuestos a escucharme cuando necesitaba hablar con alguien. Me encantaba sentarme durante la Adoración junto a ellos, para cantar. Esos eran de mis momentos más felices en aquellos años. En septiembre de 2009 comencé mi discernimiento para ser franciscano seglar, y me ayudaron mucho con su cariño y oración. Sobre todo recuerdo el día de mi profesión como nuevo miembro de la Orden Franciscana Seglar, en 2012. Profesábamos un chico llamado Juan y yo. Juan por entonces era seminarista. Recuerdo con gran cariño cuando terminó la Eucaristía y allí estaban ellos, cantando y acompañándonos en aquel momento tan feliz. Les estoy eternamente agradecido por todo lo que me ayudaron en aquellos años, que fueron dificiles para mi. Sobre todo muy agradecido por su amistad. La amistad es, para mi, de las cosas más importantes que hay en la vida. Sobre todo cuando son amigos que Dios ha puesto en tu camino.

Ahora ya son Sacerdotes de Dios, y mi alma rebosa felicidad. Decía ayer Juanjo, en su Primera Misa, que necesitaba la oración y el apoyo de todos para poder ser buen Sacerdote. Con mi oración y apoyo, desde luego, cuenta desde el primer momento. Pero no solo Juanjo. También Álvaro, Ángel, Antonio, David, Guillermo, Israel, Jesús, Lucas, Mark, Pablo, Pedro, Rafa y Sergio cuentan con mi oración y apoyo. También Juan y Andrés, que pronto se ordenarán, Dios mediante. También los de Getafe y los demás Sacerdotes con los que compartí horas de clase y nuestros años en San Dámaso. De ellos solo espero aquello que tanto impresionó a Juanjo, ayer lo recordaba: "Sacerdote de Cristo: celebra tu Misa como si fuera la primera; como si fuera la única; como si fuera la última".
Todo ha sucedido como en un latido. Parece que fue ayer cuando comencé a hablar con Juanjo. Parece que fue ayer aquel primer día de clase en San Dámaso, con don Pablo Domínguez. Han pasado casi seis años de aquello y todo ha transcurrido como en un latido, en un suspiro. Pero la historia no ha acabado, sino que acaba de comenzar para todos. Para quienes os habéis ordenado sacerdotes en Madrid. También para los demás compañeros de San Dámaso que sois o seréis sacerdotes. También para este franciscano seglar que escribe. Todo acaba de comenzar y, como nos enseñaba don Pablo Domínguez, hemos de llevar la alegría de ser cristianos al mundo entero. Cada uno según el carisma y servicio al que Dios le ha llamado. Todo ha sucedido como en un suspiro, pero todo acaba de comenzar. Como diría San Francisco de Asís: comencemos, hermanos. Si, comencemos a ganar almas para el Reino de Dios. Seamos luz y esperanza para la humanidad. Rezo por vosotros, amigos neopresbíteros, para que así sea. Que el Señor os bendiga y os guarde, os conceda la paz y os haga santos.

Mientras tanto, sigo maravillandome. Recuerdo una Facultad, los seminarios de Madrid y Getafe, la casa de los seminaristas de Palencia en Madrid, un patio, unas aulas, una capilla, recuerdo personas que hoy son amigos y hermanos míos, recuerdo conversaciones... y me sigo maravillando.

miércoles, 29 de abril de 2015

La vocación del escritor. Mi primera novela histórica



Todos tenemos algo que aportar a los demás. Unos se hacen arquitectos, y construyen casas donde la gente vive. Otros se convierten en deportistas, y dan tardes de gloria (y decepciones) a los aficionados. Hay quien opta por la música, y realiza canciones que encandilan el alma de quienes escuchan su creación. Algunos prefieren el dibujo, la pintura, y crean arte. Cada uno aporta aquello que lleva dentro y desea compartir con los otros. Hay tantas vocaciones como personas en este mundo. La de ser escritor es una de ellas. Quizá no sea la mejor pagada del mundo, pero cuando plasmas, negro sobre blanco, tus reflexiones o esas historias que nacen en tu imaginación, algo brilla en el alma con un esplendor majestuoso. Escribir consiste en desnudar el alma, el propio pensamiento, dejándolo a la vista de los demás, con lo que eso supone. Si temes la crítica, mejor no escribas. Si te dejas llevar, excesivamente, por los halagos, mejor no escribas. Escribe solo si deseas compartir, sin miedos ni vanaglorias, aquello que llevas dentro.

Pasé mucho tiempo, a lo largo de mi vida, buscando mi vocación. ¿Qué debía hacer en este mundo? recuerdo que, de pequeño, me dio por ser torero. Tendría seis años, disculpadme. Pero con esa edad ya había algo que me entusiasmaba: contar historias. Recuerdo una piscina, recuerdo unas montañas alrededor, recuerdo a los mayores escuchándome, fue un tiempo, una época, que está grabada a fuego en mi alma. En aquellos maravillosos años, los veranos que pasábamos en Guadarrama, lo recuerdo con cariño, me encantaba narrar historias a mis hermanas y sus amigos. Eran leyendas, cuentos, fábulas, que surgían de una mente por entonces muy creativa. Había un tema principal en mis relatos. Una chica, de mi clase, que por entonces me gustaba, se encontraba secuestrada por un dragón en un "castillo". Todas las noches me escapaba, a través de una baldosa de mi habitación, y me iba a verla. Cada noche surgían aventuras nuevas. 

Fueron transcurriendo los años. Disfrutaba cuando, en el colegio, nos mandaban las profesoras aquellas redacciones que debíamos entregar sin faltas de ortografía y bien redactadas (no sé por qué pero, salvo uno, todos los profesores de Lengua y Literatura que tuve fueron mujeres). Mi primer relato lo publiqué en la revista del Centro Cultural de Santoyo, mi pueblo. Aún debe estar por la casa de mis tíos esa revista. Era un relato fabulado sobre la historia de Santoyo. Una nota de redacción: aunque los datos no son ciertos, se ha publicado por la novedad que supone este joven escritor. Podría haberme volcado, desde entonces, en la literatura. Podría haber decidido escribir ya en aquella época. Aún no había blogs entonces y lo que hacía era escribir mis pequeños artículos sobre lo que acontecía en el día a día mundial. Hicimos varias mudanzas, por lo que no sé donde fueron a parar esos artículos. Sin embargo, algo se quebró en la Universidad. No sé si fue el tener malos profesores, pero de pronto dejé de escribir. Pasaron los años, abrí varios blogs. Alguno me lo censuraron. 

En todos estos años, desde que terminé la Universidad, fui buscando cual podía ser mi vocación. Reflexionaba sobre mi lugar en el mundo, sobre la labor que Dios quería que yo desempeñase en mi vida. Creí que tenía vocación de sacerdote. Entré en el Seminario, salí. Creí tener vocación de historiador, y la tengo. Tengo vocación de historiador, pero no para escribir manuales académicos carentes de espíritu. Lo mio es otra cosa. Probé con el periodismo, pero mi alma no es de este tiempo, soy una criatura que no soporta bien el estrés y la prisa. Pero, desde 2012, cada vez fui pensando más en la posibilidad de escribir un libro. Intenté dar a luz a una criatura, pero se quedó en el limbo. Puede que algún día la "resucite". Decía un escritor, Javier Sierra, que a veces pasa eso. En algunas ocasiones escribimos una obra que no está madura, por ese motivo la dejamos a medias. De hecho, conviene hacerlo. Dejarla a medias, pero no definitivamente, sino para retomarla algún día, cuando esté madura, y mientras tanto escribir otras historias. Eso hice con aquel libro. 

En los últimos meses, sentí de nuevo la llamada a esa vocación, la del escritor. Desde octubre era algo que tenía presente. Pero quizá el aldabonazo definitivo me lo dio un buen amigo mio, Iñaki. Estábamos tomando un chocolate con churros y me dijo "Es un desperdicio que, sabiendo escribir, habiendo viajado, habiendo obtenido tanto conocimiento, no escribas".  Esto iba en paralelo a una frase que me dijo poco antes el mencionado Javier Sierra "la mejor edad para empezar a escribir es a partir de los treinta años, porque es cuando comienzas a asimilar lo vivido a lo largo de tu vida y cuando puedes comprender lo que viene a partir de entonces". Si, debía ponerme a escribir en serio, una novela histórica. Como digo, tengo vocación de historiador, me entusiasma la Historia, pero no la concibo como algo muerto, sino que me gusta darle vida. Tengo vocación de escritor, de contar historias, mezclando aquello que nace en mi propia imaginación con alguna experiencia personal, con mi forma de pensar y de ver la vida. Todo ello aderezado con Historia, mitología, leyendas, misterio. Tratando de no ser aburrido, tratando de crear personajes con los que el lector pueda sentirse identificado.

De esa forma se está gestando la que, Dios mediante, será mi primera novela histórica. Las vivencias de la mártir romana Julia y su amigo Marco Nigrini. La investigación que llevará a cabo nuestro contemporáneo Nicolás, con la ayuda de Lara y Enmanuel. La conspiración de La Garduña, sociedad secreta que quiere borrar el pasado cristiano de Hispania, llegando a arrasar el pueblo de Torremarte. Todo eso está, de momento, en mi imaginación, aunque algunas cosas ya las he escrito en el borrador. Si Dios quiere, saldrá a la luz en unos meses. He encontrado mi vocación, definitivamente, escribir, buceando en la Historia. El principal miedo que suele tener un escritor es a la hoja en blanco. De pronto, un nudo en la garganta ¿Sobre qué escribo? la vida es algo mágico, hay infinidad de cosas sobre las que se pueden escribir. No hace falta una novela histórica para escribir, ni tampoco un ensayo o una obra teatral. Se puede escribir en un blog, por ejemplo. La cuestión es esa, aportar aquello que llevas dentro a los demás. 

Ser escritor no es tarea fácil. Exige una disciplina (hay que escribir un poco cada día, aunque sean unas líneas). Supone también un esfuerzo. Para escribir conviene pensar, meditar, reflexionar detenidamente aquello que quieres transmitir. La palabra escrita tiene la capacidad de penetrar en lo más hondo del alma. Ser escritor significa narrar historias, compartir pensamientos. Ser escritor supone humildad para aceptar las críticas y, también para no creerse un Cervantes de la vida. Ser escritor conlleva leer mucho pero, sobre todo, extraer una enseñanza sobre aquello que se ha leído. Esa enseñanza también se debe extraer sobre lo vivido en la vida, en el día a día. Al haber viajado mucho, gracias a Dios, tengo experiencias vitales que puedo compartir. Por todo ello quiero ser escritor. Soy consciente de que no voy a ganar mucho dinero escribiendo y, con toda probabilidad, no llegue ni a estar mencionado para el Nobel o el Premio Planeta. Pero sé que habré aportado algo a la humanidad. Incluso aunque lo que escriba tan sólo lo lean una o dos personas. Dicen que son tres las cosas que hay que hacer en la vida: escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo. El libro está en camino. El árbol algún día lo plantaré, especialmente en mi amado Santoyo. El hijo vendrá, o no, si Dios quiere.

En definitiva, me encanta escribir. Pero voy a intentar no limitarme al libro, sino que voy a tratar de darle más movimiento a este blog. Pues le he tenido un poco abandonado. De hecho en algún momento le he tenido como mero contenedor de contenidos publicados en el blog hermano, el que tengo en Infovaticana. Escribir es mi vida, es el "sacerdocio" al que me siento llamado. En definitiva, escribir es una vocación. Creo, humildemente, que la más bella vocación. 

martes, 7 de abril de 2015

El Ministerio del Tiempo, buena forma de mostrar la historia de España


A lo largo de mi vida he tenido que escuchar, en demasiadas ocasiones, aquello de "Historia es una asignatura aburrida". Incluso hay quien considera que se trata de una carrera inservible que debería estar fuera de la Universidad. Esto, como historiador, siempre me causó desazón. Creo que el problema radica en una mala pedagogía por parte de algunos profesores y, también, en que las corrientes historiográficas suelen estar demasiado posicionadas hacia ideologías, creencias y demás (todas en general), lo que hace que algunas personas sientan desinterés por la Historia o, incluso, la aborrezcan.

En mi caso, creo que he tenido bastante suerte. En el colegio tuve buenos profesores de Historia. Profesores que te transportaban a la época histórica sobre la que te estaban enseñando. Si para ello tenían que dividir a la clase como si cada alumno fuera un país de la Santa Alianza pues se hacía, si había que cantar en un momento dado el "María Cristina me quiere gobernar..." pues se cantaba.  Por otra parte, tuve un gran maestro: el gran Juan Antonio Cebrián y sus míticos Pasajes de la Historia. Te hacía vibrar de emoción con cada relato histórico que narraba.  "Cebri", pese a que era ciego, conocía la Historia y, además, sabía como hacer que quien escuchaba La Rosa de los Vientos disfrutase con sus narraciones.

En los últimos meses estuve siguiendo con atención las noticias sobre una nueva serie que se iba a emitir en TVE:. El Ministerio del Tiempo. Fue durante la última temporada de "Isabel" (otra gran serie, por cierto) y me llamó la atención el concepto de Rodolfo Sancho (Fernando el Católico en "Isabel")  y otros dos actores (Aura Garrido y Nacho Fresneda) viajando en el tiempo para resolver situaciones que podían perturbar la historia de nuestro país tal como la conocemos. Por ejemplo, si Lope de Vega hubiera viajado en un barco de la Armada Invencible de los que fueron hundidos, no hubiéramos conocido su obra literaria). Me encanta la ciencia ficción y el tema de los crononautas o viajeros en el tiempo. También el tema de las Ucronías y sus "Qué hubiera pasado si....?". De pequeño me gustaba reflexionar sobre ¿Qué hubiera pasado si el Imperio Romano no hubiera caído? y me imaginaba la romanización de América, con todo lo que ello hubiera significado. Claro, en cierto modo América fue romanizada... por castellanos y portugueses, pero ese sería tema para otro artículo.  Por otra parte, me encanta la trilogía de "Regreso al Futuro". En la segunda película Marty McFly viaja al futuro, concretamente a octubre de 2015, en el cual estamos como sabéis (salvo que seas un crononauta o me leas desde otra época, quién sabe). Me llamó, por ello, la atención que coincidieran ambas cosas: una serie sobre ucronías y crononautas con la ficticia venida de Marty McFly.

Por estos antecedentes, como digo, seguí con atención todo lo que se iba publicando sobre la serie. Vi el primer capítulo y me gustó. Amelia Fonch (Aura Garrido) es una de las primeras mujeres en acceder a la Universidad española en el siglo XIX. Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda) es un soldado de los Tercios de Flande del siglo XVI, por cierto, mucho mejor Alatriste que otros que han aparecido en cine y televisión. Julián es un trabajador del SAMUR de la actualidad. Todos ellos son reclutados por el Ministerio del Tiempo para trabajar en las diferentes misiones a las que les envían, trabajan en equipo y Amelia es, en cierto modo, la líder lo cual a veces choca con Alonso de Entrerríos, el cual tiene frases brutales como "¿Las mujeres votan? esto es un sin dios".

Está apunto de finalizar la temporada con su octavo capítulo y, francamente, cada vez me gusta más la serie. Como digo en el titular, es una buena forma de mostrar la historia de España. Desde pequeño decía que nuestro país tiene gran cantidad de historias para ser contadas en la televisión o el cine. Hay muchos personajes históricos, algunos de ellos héroes olvidados hasta hace poco como Blas de Lezo, a quien Juan Antonio Cebrián sacó del olvido. Son personajes sobre los que en Estados Unidos hubieran hecho infinidad de películas. Por cierto, en Estados Unidos homenajean a compatriotas nuestros como Bernardo de Gálvez, un gran desconocido para muchos españoles.

Con El Ministerio del Tiempo se ha hecho realidad lo que a lo largo de tantos años he deseado, pues por fin se está mostrando nuestra historia en una serie televisiva que, además, es de muy buena calidad. Es cierto que, en comparación con lo emitido en otras grandes cadenas, no tiene demasiado buena audiencia. Analizar los por qués daría para muchos artículos y comprenderán no quiera explayarme en este para no desviarme del tema. Pero considero que la calidad de una serie o un programa de televisión no deben regirse por su audiencia, tampoco su permanencia en televisión. Lo que gusta a la mayoría no tiene porque ser lo bueno, de hecho se puede decir que en muchas ocasiones no lo es. Por otra parte, en esta época que vivimos comienza a quedar un poco desfasado el sistema de audiencias televisivas ¿Quién carajo tiene un audímetro en su casa? ¡No conozco a nadie que lo tenga! hoy mucha gente sigue las series televisivas por Internet, y los programas de radio por podcast. Lo que hace que no estén sujetos a horarios sino que ven o escuchan esa serie o programa cuando les apetece, o cuando pueden. Sin embargo ha habido quien ha tildado al Ministerio del Tiempo de una serie que "ven cuatro frikis". Bueno, pues para ser sólo cuatro "frikis" resulta que Lope de Vega o el Lazarillo de Tormes han estado entre los diez temas más comentados en Twitter, y eso no lo consiguen cuatro frikis poniendo mensajitos en esa red social, sino que responde a la cantidad de personas que, en ese momento, estaba comentando la serie. Y eran muchos en España, tantos como para hacer de ese tema uno de los diez más comentados en ese momento en nuestro país.

En cualquier caso, como digo, la valoración de una serie no debe regisrse por el número de audiencia sino por la calidad de esta. ¿Quién ve El Ministerio del Tiempo? Personas que, o bien les gusta la Historia o, al menos, sienten curiosidad por ella. Esto ya es un dato a tener en cuenta. En un tiempo como el que vivimos, en el que la Historia corre el riesgo de verse apartada como asignatura de estudio, es reconfortante ver que hay personas interesadas por nuestro pasado. Pero no sólo tienen interés por nuestra historia, también por otros aspectos. Nuestra literatura, por ejemplo. Ver a adolescentes reconociendo  que disfrutan leyendo libros y diciendo "voy a leer el Lazarillo de Tormes" te reconcilia con la sociedad española y te hace ver que no está todo perdido. Con que haya un solo joven que lea el Lazarillo de Tormes y descubra, de esa manera la gran literatura que produjimos en nuestro Siglo de Oro, ya hace que merezca la pena una serie como El Ministerio del Tiempo. Que haya un niño que, tras ver El Ministerio del Tiempo, se ponga a leer libros sobre la Antigua Roma (como hice yo de crío, cuando aquella profesora nos hablaba de mitología grecorromana) hace que una serie así cumpla el cometido que tiene. Considero que los medios de comunicación deberían responsabilizarse de la función que desempeñan a la hora de educar a la sociedad... y también de su responsabilidad cuando deforman el pensamiento de esa misma sociedad. Da pena ver lo ocurrido hace dos semanas, con el avión alemán, cuando algunos tuiteros, seguidores de un conocido programa televisivo, se quejaron porque Telecinco estaba emitiendo un especial sobre lo del avión en vez de poner ese programa. Pero, como digo, ver a jóvenes decir, apasionados, "voy a leer el Lazarillo de Tormes" te devuelve la esperanza. Sigue habiendo personas interesadas en cultivarse intelectualmente y que, además, no se dejan envolver por esa capa de superficialidad que envuelve a nuestra sociedad haciéndola mediocre. El Ministerio del Tiempo enriquece nuestra sociedad, ese es su gran mérito. Por ello debe continuar en televisión por muchos años.

En definitiva, he querido plasmar bajo la luz de este pequeño candil mis reflexiones sobre esta gran serie televisiva a la que deseo que siga muchas temporadas. Tengo la esperanza de que vaya teniendo cada vez mejor seguimiento. Es una buena forma de contar nuestra historia y creo, humildemente, que todo lo que sea dar a conocer nuestra cultura (historia, literatura....) es bueno para nuestro país, como digo lo enriquece. Desde aquí lanzo mi apoyo a sus creadores y actores. Parafraseando a mi añorado Juan Antonio Cebrián: Fuerza y Honor, amigos "ministéricos", volveremos (con la segunda temporada y las que sigan) y seremos mejillones.

martes, 10 de febrero de 2015

Felipe II, la historia de su partida de nacimiento



Pocos reyes ha habido tan enigmáticos como Felipe II. Fue un monarca indudablemente católico, durante su reinado no se puso el sol a lo largo y ancho del Imperio Español. Lo que pocos saben es que este insigne vallisoletano tuvo una profunda relación con varios personajes palentinos, quizá el más conocido sea Sebastián Cordero de Nevares, Secretario Real (conocido como "Secretario Santoyo") y abuelo de aquella Marta de Nevares de quien se enamoró el ilustre, y polifacetico, escritor Lope de Vega, que tan desventuroso final tuvo.

Hace algunas décadas hubo en España un programa de televisión llamado "un millón para el mejor". Una de las preguntas fue exactamente el titular del presente artículo ¿Donde se encuentra la partida de nacimiento de Felipe II? dos de las respuestas eran: Madrid y Valladolid. Realmente, sin conocer la historia, uno puede pensar que dicha partida se encuentra en alguna de estas dos ciudades, con lo que no contaban los concursantes fue con un descubrimiento realizado hace unos años antes en un pequeño pueblo palentino. Uno de esos descubrimientos que suceden por algo tan, aparentemente, pueril como "vamos a tirar ese tabique, porque está hueco y así dejamos que haya más espacio en la iglesia". Era, efectivamente, un tabique construido artificialmente un tiempo atrás, pero sin ningún fin práctico. Tiraron el tabique y se encontraron una inesperada sorpresa: un viejo arcón cubierto por una manta. Cuando abrieron el mueble vieron que una serie de legajos y diversos utensilios de uso eclesiástico se encontraban allí depositados. Pero especialmente llamó la atención un viejo documento, se trataba de un libro de sacramentales donde quedaron reflejados diversos acontecimientos de interés local, nacional e internacional. Se trata del primer libro de sacramentales que se conserva, un autentico archivo parroquial que cubre acontecimientos desde 1523 hasta 1530, recopilado por el clérigo Juan Cabrero, bachiller, posiblemente natural de aquella localidad (contaba con familiares allí, según el propio libro de sacramentales). Este sacerdote ejerció en dicha localidad entre el 25 de febrero de 1523 hasta el 12 de agosto de 1530 cuando, según el investigador Luis Antonio Rodríguez (Las anotaciones del Bachiller Juan Cabrero (1523-1530) página 374) pudo haber adquirido algún tipo de beneficio catedralicio (cargo de canónigo, quizá, pero no se sabe).

El motivo de recopilar aquella documentación fue, indica dicho autor, se debió a que el Concilio de Trento impuso a lo párrocos la obligación de registrar en libros la administración de los sacramentos. Sucedía que, en los pueblos, el párroco solía recoger sucesos que le llamaban la atención. Pero en realidad el libro donde aparecen estos documentos no contiene solo lo recogido por el Bachiller Cabrero, sino que aparecen anotaciones desde 1499, y fue encuadernado a finales del siglo XIX o principios del XX, apunta el investigador, quien también sugiere que parece comportarse como un recopilador de historias no solo para los hombres de su tiempo, sino también para los del futuro, como indica cuando, al hablar de la unión de Santoyo y Santiago del Val dice "Lo asenté aquy para memoria de los que vernán" (lo transcribo tal cuál), pero mostrando que lo allí escrito es real pues "vylo yo y escrevylo aquí (...) y las otras cosas vy pasar). Como habréis podido leer, se trata de la localidad palentina de Santoyo, sita a treinta y seis kilómetros de la capital y a siete de Frómista. Las personas que vieron por primera vez, tras tantos siglos escondido, aquellos documentos en principio pensaban que nada raro había en él, pues eran nacimientos u óbitos en Santoyo, de personas ilustres en otras ciudades, publicación de breves pontificios, sucesos locales, acontecimientos históricos, referencias a la climatología, como apunta el investigador (Ibid. Pág. 377).

Según Luis Antonio Rodríguez se trata de una obra, pese a que no se escribió con un fin literario, que nos sitúa en las obras misceláneas de mediados del siglo XVI, que tiene cierta conexión con Erasmo de Rotterdam (se trata, por tanto, de un hombre culto) y con otros autores de su tiempo como Pedro Mejía, Antonio de Torquemada o Luís Zapata.

Pero, sigamos con nuestra historia. Hemos dejado a nuestros amigos abriendo el viejo arcón y revisando esos legajos olvidados. En un momento dado uno de ellos se quedó sorprendido con el siguiente título "Nasçimiento y baptismo del illustrissimo príncipe don Phillipe hijo del emperador don Carlos y de la emperatris doña Ysabel". Había algo que, aparentemente, no cuadraba, se trata de una referencia clara al nacimiento de Felipe II, el gran monarca, pero este había nacido en Valladolid. Santoyo, salvo alguna conexión lejana con Sancho III el Mayor de Navarra, de la que ya hablaré, no había tenido mayor conexión con la realeza que algunos secretarios reales, de los cuales el más conocido era Sebastián Cordero de Nevares. ¿Qué hacía aquello en Santoyo? máxime cuando la partida de nacimiento de Felipe II se consideraba perdida tras el incendio del archivo de Valladolid.

Pero como no hay nada mejor para conocer algo que seguir indagando, leyeron el texto completo. El cuál transcribe Luis Antonio Arroyo Rodríguez y traigo a este blog:

"Nasçió este illustrissimo príncipe en Valladolid martes a XXI de mayo a ora del medyo dya o más tarde. Hyzyeronse en su nasçimiento muchas alegryas como era razón hazer por tan gran prínçipe del qual se espera tan gran byen en los reynos de Castilla, de Toledo, León (y) otros. Fue baptizado en la dycha villa de Valladolid, myércoles a V de junyo, con grandysyma solenmidad como convenya a tan gran prínçipe; baptizóle don Alonso de Fonseca, arçobispo de Toledo, presentes otros muchos arçobispos y obispos. Llamóse don Phelipe, fue padryno don Yñygo de Velasco, condestable de Castilla, y este le levó (llevó) en los braços hasta la yglesia donde le baptizaron, que fue en el collegio de Sant Pablo, que la emperatris posava ally junto y le bolbyo asy; fue otro padryno el duque de Béjar y este levava las manos puestas (en) los pies y el marqués de los Veles levava una gorra sobre la cara del prínçipe un poco alçada. Fue madryna madama Leonor, hermana del emperador, reyna de Françia y la marquesa de Zenete y condesa de Nasao, camarera mayor de la emperatriz. Ovo en este baptismo tantas solemnidades quantas no se vyeron muchos tyempos ha en Castilla en tal aucto. Supe de esto de Juan Lorenço, escrybano, vecino de Valladolid y natural de Santoyo. Ita est, el bachiller Juan Cabrero (recogido en fol.75 v.)."

En definitiva, se trata de un documento con un valor histórico impagable, pues nos permite conocer la partida de nacimiento del emperador Felipe II, quienes participaron en tan magno evento, cuando fue y algunos detalles curiosos. Como digo, se consideraba perdido, pero Juan Lorenzo, natural de Santoyo, escribano real, quien redactó la partida de bautismo guardó una copia para su pueblo. Copia que se conservó oculta durante unos siglos hasta que volvió a la luz gracias a una de esas "causalidades" que suelen ocurrir en muchos descubrimientos históricos. Entre quienes devolvieron a la luz aquellos documentos se encontraba don Aniano, quien estuvo de cura en Santoyo hasta principios de los años ochenta y que, junto con el también clérigo don Evasio, realizó una gran labor como historiador. A ellos mando mi más sincero agradecimiento por las investigaciones que sobre la historia de mi querido Santoyo realizaron. 


Fuentes:

Las anotaciones del Bachiller Cabrero (1523-1530). Luis Antonio Rodríguez Pérez.

Santoyo: apuntes de historia y arte de la villa: (provincia de Palencia).  Evasio Andrés Pérez, Aniano Mediavilla Tejido.

jueves, 29 de enero de 2015

El Bachiller Cabrero y el primer libro de Bautismos de España

Para realizar este artículo he utilizado como principal fuente el trabajo de Luis Antonio Arroyo Rodríguez llamado "Las Anotaciones del Bachiller Juan Cabrero (1523-1530)", algunos artículos propios y lo poco que he encontrado en la web. Quizá la cuestión dé para hacer algo más extenso, lo cual requiere investigación de campo para futuros trabajos. De momento el material disponible permite realizar el presente texto. Debido a que Arroyo Rodríguez transcribe las frases en el castellano utilizado por el Bachiller Cabrero y porque se entiende bastante bien he decido ser fiel a la transcipción del investigador.

Pese a lo expuesto en un primer momento en este artículo, el libro de Bautismos de Santoyo no es el primero que se realizó en España, pero sí uno de los primeros, pues se comenzaron a registrar los sacramentos en dicho libro en 1499. Hay, por lo menos, dos pueblos donde dicho registro comenzó un año antes, en 1498, se trata de San Agustín, en Gran Canaria, y de San Martín de la Vega, en Madrid. El artículo, por cierta manía de escritor, no será retocado pero si que, por su importancia, pondré un anexo Post Scriptum con datos sobre los libros de Bautismos anteriores al de Santoyo. 
Agradezco a don Federico González y don Diego Monzón sus aclaraciones en los comentarios de mi blog de Infovaticana, pues sirven para dar mayor luz a esta cuestión de los primeros libros de bautismos y también para aprender más sobre la historia de los pueblos y pequeñas villas de este país, los cuales conservan con celo su historia, de la cual debemos estar todos sanamente orgullosos.
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Iglesia parroquial de San Juan Bautista (Santoyo)

Introducción
Hubo en el pueblo palentino de Santoyo un buen sacerdote llamado Juan Cabrero. Tenía la titulación académica de Bachiller. Probablemente era santoyano, pues tenía familia en esta villa.  Fue uno de esos extraños personajes con capacidad de adelantarse a su época. Faltaban algunos años para la celebración de un Concilio, el de Trento, que dispuso la norma de que en las parroquias hubiese un libro donde se registrase la administración de los Sacramentos. Aquel Concilio se celebró entre 1545 y el 1563, mientras que nuestro protagonista realizó su recopilación entre el 25 de febrero de 1523 (cuando obtiene el curato de Santoyo) y el 12 de agosto de 1530. Intuye el investigador Luis Antonio Arroyo que, debido a su condición académica, es probable que a partir de esta fecha adquiriera algún cargo catedralicio, motivo por el que dejaría el pueblo. No obstante, como argumenta, nada se sabe de su vida a partir de este año.
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La Palmera. Detalle interior San Juán Bautista
El libro que nos ocupa, prosigue el investigador, es bien conocido en Palencia aunque en ámbito nacional no ha recibido el reconocimiento que merece. Se trata de un libro de 169 folios que fue encuadernado en la imprenta palentina de Abundio Menéndez quizá a finales del siglo XIX o principios del XX, por tanto unos siglos después de haber sido escrito. Según me contó mi padre,  el libro habría estado algunos siglos olvidado en un viejo arcón de la iglesia y a principios del siglo XX fue redescubierto. Entre sus páginas hay anotaciones de bautismos, confirmaciones, bodas y defunciones desde 1499, aunque las correspondientes al Bachiller Cabrero son las escritas de entre 1523 y 1530, asegura Arroyo Rodríguez, por lo que quizá algún otro clérigo (como Juan Naharro, fallecido en 1530) le ayudó en dicha labor. Es probable que un clérigo anterior iniciase el trabajo, que sería continuado por Juan Cabrero. A nosotros, personas del siglo XXI, nos puede resultar muy común que nuestros nombres y apellidos queden registrados cuando recibimos los sacramentos o nos empadronamos en algún sitio, pero ¿Qué movió al Bachiller a escribir sus anotaciones? el investigador cree que lo que le movió fue la "novedad" de lo sucedido. Solía escribir sobre aquello que consideraba novedoso, como lo acontecido en mayo de 1528, cuando cayeron excesivas lluvias, algo que "Vilo y escrevylo aquí porque pareçe cosa nueva en tal tyempo" algo similar, argumenta Arroyo Rodríguez. Este investigador considera que Cabrero realiza con su obra una tarea similar a la de otros autores de su época, quienes también recopilan hechos "novedosos", muchas veces sin aparente importancia, que nos permiten conocer la historia de aquellas poblaciones.

Arroyo Rodríguez en su estudio afirma que las anotaciones del Bachiller Cabrero pueden dividirse en dos clases:  1) anotaciones breves para completar información de partida de bautismo, boda o defunción y 2) referencias ajenas a los sacramentos como pueden ser menciones a obras en la parroquia, nacimientos o defunciones de personajes ilustres, breves pontificios, sucesos locales, hechos históricos, etc. Concuerdo con él cuando dice "dada la variedad de temas que abarcan las apostillas del Bachiller Cabrero, éstas pueden resultar interesantes para diversos campos: arte, demografía, sanidad o historia local". También, por otra parte, si no hubiera sido por sus anotaciones se habría perdido el acta de nacimiento y bautismo de un personaje ilustre de nuestra historia sobre el que daré detalles más adelante. Según Arroyo Rodríguez, el Bachiller sería defensor de esa tesis erasmista que considera la santidad como algo propio también del matrimonio, no sólo de la vida religiosa, ya que también en la vida conyugal pueden vivirse las virtudes cristianas.

Ese conocimiento del pensamiento de Erasmo de Rotterdam, indica el investigador, sugiere que Juan Cabrero conocía el pensamiento del humanista holandés, por lo que "era un hombre culto e interesado por el cultivo de las letras". Efectivamente los clérigos eran quienes mejor conocimiento del pensamiento europeo tenían pero en cuanto al Bachiller, contaba con dos ventajas. En 1212 se fundó en Palencia el Studium Generale, la primera universidad española. En ella había estudiado Santo Domingo de Guzmán. Existía una rica tradición cultural en una diócesis que, por otra parte, durante la Edad Media y el Renacimiento tuvo relativa importancia. Por otra parte, en Santoyo estuvo el convento de Villasilos, cabeza de la Provincia Franciscana de la Inmaculada Concepción. Fue fundado por Fray Pedro de Santoyo (quien, junto a San Pedro Regalado y Fray Pedro de Villacreces hizo una importante reforma observante) y de él dependían unos veinte conventos. Es plausible pensar que a través de ese convento llegaba el pensamiento humanista a un pueblo que se encuentra cercano al Camino de Santiago.
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Santoyo y sus eras

Las anotaciones
Luis Antonio Arroyo Rodríguez en su investigación entresaca unas cuantas de ellas, lo que nos permite tener algunas claves sobre el libro en sí. Sobre los bautizos me parece interesante destacar que algunos fueron administrados a niños que murieron al poco de nacer,  como el del hijo de "la mugier de Juan Martín Redondo, baptizóle la comadre Juana Gómes antes que acabase de naçer, púsole nombre Juan, fynóse antes que acabase de naçer". Esto muestra lo que era una realidad muy frecuente entonces, el fallecimiento de bebés incluso recién nacidos, motivo por el cual se bautizaba, en muchas ocasiones, nada más nacer la criatura. También registró, como se ha dicho, acontecimientos meterologicos como el acontecido el lunes 18 de mayo de 1528, fecha en la cual "otros años suele estar todo el mundo seco" y, sin embargo, en Melgar de Yuso hubo una inundación tan considerable que la gente del lugar apenas podía cruzar el arroyo (sic.). Los santoyanos habían ido a dicho pueblo, muy cercano, en "rogación" a su ermita de Santa María de la Vega. Sin embargo 1529 fue un año de sequía, por lo que escaseó el vino, el pan y las hierbas, lo cual pasó factura en los precios de los productos agrícolas. Se trata de un acontecimiento curioso pues da la sensación de que en 1528 hubieran pedido que no lloviese tanto y Dios se lo concedió... pero quizá no tal y como querían los de Santoyo.

Un detalle que me parece bonito resaltar de sus anotaciones es el de los "cantamisas". Uno de ellos fue el de Francisco de Salamanca, hijo del escribano Fernando de Salamanca, quien cantó su primera misa el 5 de julio de 1528. Otro Francisco, pero "de Valladolid" e hijo de Bartolomé, también tuvo su "cantamisa" en Santoyo, concretamente el 19 de julio de 1530. Me impresiona cuando estoy a solas en la iglesia de San Juan Bautista y recreo con la imaginación las misas de entonces, con el templo a rebosar de gente. Continuando con cuestiones eclesiales, aparecen breves pontificios, como el de noviembre de 1528, una bula del Papa, Clemente VII, quien "mandava hazer tres proçessiones y ayunar tres días (...)",  es un documento que permite conocer las tradiciones eclesiales de la época. También, en cuanto a tradiciones eclesiales, hace referencia al 15 de agosto de 1529 cuando "vino aquí en Santoyo y en todo este obispado de Palencia un jubileo de Santo Domyingo de Perpeñán de la Orden de los Predicadores donde está una mano y parte de un braço de Sant Juan Baptista". Para dicho jubileo los feligreses tenían que pagar una cantidad según sus posibilidades, debían hacer ayuno durante tres días, rezar oraciones y en las diócesis tenía que haber una serie de procesiones. Juan Cabrero, sobre este jubileo, nos informa de que "trabajé lo que el Señor tuvo por byen en las confesiones y comunyones en el dycho tyempo, lo asenté aquí por memoria para que los que venyeren, alaben a Dyos por ello". Por lo que apreciados amigos, si van algún día a Santoyo, que espero que sí, alaben a Dios por el buen trabajo de este sacerdote cuya memoria rescatamos.
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Retablo de iglesia San Juan Bautista, de la escuela de Juan de Juni

En el texto del Bachiller Cabrero aparecen reflejados actas de bautizo de personalidades ilustres como Felipe II, de quien hablaba al principio de este artículo. Este Rey tuvo bastante relación con Santoyo pues un Secretario Real suyo, Sebastián Cordero de Nevares, era santoyano, igual que otros miembros de su familia que también obtuvieron dicho cargo,. Por cierto, este Sebastián fue pariente de aquella Marta de Nevares de la que se enamoró Lope de Vega. Sobre Cordero de Nevares escribí un artículo en mi blog personal que traje también a mi blog en Infovaticana. En cuanto a la partida de nacimiento y bautismo le dedicaré un próximo artículo, aunque puedo anticipar que fue escrita por unos escribas reales oriundos de Santoyo y que, gracias a que la enviaron al pueblo, se pudo conservar. En las anotaciones hay también referencias a nacimientos de otras personalidades ilustres, por ejemplo Doña María, hija del emperador y su esposa pues el "Domyngo XXI de junyo (de 1528) paryó la emperatriz doña Ysabel, mugier del emperador don Carlos, en la villa de Madrid"
Hace referencia el Bachiller Cabrero a obras realizadas en la iglesia, como cuando el miércoles cinco de mayo "se puso el esquilón nuevo que truxieron de Burgos (...) tiene letras que dizen ·Vox mea terrorem cunctores demonyorum· y en el borde se le hyzo una cruz", o cuando a finales de agosto "se pusyeron en la capilla mayor desta yglesia de Santoyo las dos vidrieras que la una tiene a Sant Baptista (sic) y Sancta Leocadya (...) la otra vidriera (...) tyene la salutaçión del ángel a Nuestra Señora (...) puso las dichas vidryeras Francisco de Valdivieso. Por otra parte también da cuenta de sus viajes a Amusco para comprar elementos propios del culto litúrgico.
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Espadaña iglesia de Santiago (S. del Val)
Un detalle que hoy resulta sorprendente pero entonces era bastante común fue de la venta de la jurisdicción de los pueblos. Hasta 1529 la villa de Castrojeriz tuvo jurisidicción civil sobre Santoyo, pero en este año fue comprada por Don Rodrigo de Mendoza, conde de Castro. También menciona Juan Cabrero la unión entre Santoyo y Santiago del Val. Este pueblo guarda una historia curiosa pues una vecina suya, María Lezama, fue encargada de crianza del rey navarro Sancho III el Mayor de Navarra. La unión entre ambas localidades aconteció el 13 de mayo de 1530 causando mucha alegría en la villa. Se produjo con la autoridad del emperador don Carlos, quien se encontraba en Italia, y firmada por el Consejo Real y la emperatriz Isabel de Portugal.

Además de a personajes ilustres hay también referencias a acontecimientos históricos. Por ejemplo cuando en 1525 se hicieron "alegrías en Santoyo" porque el infante don Fernando `e otros capitanes´ tenían presos al Rey de Francia, al infante de Navarra, a otros principales franceses. Como murieron bastantes "se dixo una misa de Nuestra Señora y se puso una oraçión por los defuntos". En 1529 hay referencia a otro suceso histórico, cuando "pasó el emperador don Carlos a Ytalya a se coronar con gran poder y tryumpho y llevó gran numero de gente y gran pujança". Cabe decir que Santoyo fue un pueblo especialmente fiel tanto a la Corona de Castilla como, posteriormente, al Rey de las Españas. Otro personaje histórico registrado por el Bachiller Cabrero es Don Antonio de Rojas, primer patriarca de las Indias, arzobispo de Granada y obispo de Palencia, Burgos y Mallorca, quien falleció en el monasterio franciscano de Villasilos ya mencionado y cuyo funeral fue presidido por nuestro protagonista.

Un último hecho que me parece curioso resaltar es el bautismo de María, una hija de Juan Vitese que era conde de Egipto la menor. Probablemente muchos no conozcan este término que hace referencia al pueblo gitano, a quienes en el siglo XV se creía provenientes de Egipto, de hecho la palabra gitano viene de "egipciano" y, según se cuenta en Jaén, se hacían pasar por peregrinos procedentes del Egipto Menor que huían de la persecución tras haber abjurado de la fe cristiana por temor a los sarracenos.

En definitiva, se trata de un documento histórico poco conocido pero que, como creo ha quedado reflejado en las líneas anteriores, tiene gran importancia tanto histórica como documental. Es el primer libro de bautismos y nacimientos que se realizó en España, nos permite conocer la partida natal y bautismal de Felipe II, también habla de otros personajes y sucesos históricos ynos enseña como funcionaba la Iglesia tanto local como en general de aquella época y también elementos sobre la sociedad de la época. Creo por ello que debería ser más conocido, aunque en algunas conversaciones con personas del mundo académico y también con periodistas me han afirmado que conocían la historia de la partida de nacimiento de Felipe II, cosa que me agradó, como pueden imaginar. Santoyo es un pequeño pueblo palentino, unas 300 personas lo habitan, pero tiene una historia bimilenaria que es digna de ser contada. En el futuro volveré a hablar sobre mi pueblo, pues es un lugar al que tengo gran cariño y me satisface darle a conocer. De momento, les emplazo para mi próximo artículo sobre la partida bautismal y natal de Felipe II.

ANEXO Post Scriptum:
-San Martín de Valdeiglesias, por Federico González (Madrid), : "Soy cronista oficial de San Martín de la Vega (Madrid), villa de la que fui archivero hasta mi jubilación. En 1997 publiqué un libro en que, entre otras cosas, transcribía los asientos del libro de bautismos entre 1498 y 1500.
El suyo no es, por consiguiente, el primer pueblo con libro de bautismos, defunciones, matrimonios, cofradías, fábrica, etc.
También Cisneros propició que los curas propios fuesen bachilleres. Y hasta la actual provincia de Madrid llegaba la costumbre de inscribir bautismos olvidando
hacer constar el nombre de la madre".

-San Agustín (Gran Canaria), por Don Diego Monzón, sacerdote: "Diego de Muros, fue Obispo de Canarias desde 1496 a 1506. Muy influenciado por las reformas emprendidas por el Cardenal Cisneros, celebró un Sínodo Diocesano el año 1497 para ponerlas en marcha en ésta, su Diócesis. En la constitución 8 sobre los Sacramentos, decretó que se confeccionase un Libro de Bautismos en la parroquia del Sagrario Matriz, dependiente de la Catedral, en el que constasen el nombre del cura que bautiza, la fecha, el nombre del padre y de la madre, si son legítimos o no, el nombre de los padrinos y otros datos…
Más tarde, la Parroquia del Sagrario Matriz, se estableció por orden del Obispo Buenaventura Codina el año 1852, en la iglesia del extinto convento de la Orden de los Agustinos, con el nombre de Parroquia Matriz de San Agustín.
Soy el Párroco de esta Parroquia y le puedo certificar que nuestro primer Libro de Bautismo consta de 122 folios, en cada folio se inscriben entre cinco y ocho inscripciones todas ellas numeradas. La primera inscripción es del 26 de noviembre de 1498 y la última del 30 de diciembre de 1528. Se conserva relativamente en buen estado. A este libro le siguen correlativamente los siguientes hasta el actual que es el Libro 81. Se conservan íntegramente todos los libros.
Para mayor información puede consultar en nuestra página Web parroquiasanagustin.org un artículo que lleva por título EL PRIMER LIBRO DE BAUTISMO DEL SAGRARIO por Manuel Lobo Cabrera, Rector de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria"

miércoles, 21 de enero de 2015

Reflexiones tras mi Profesión como Franciscano Seglar

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(Publicado en Infovaticana el 10 de junio de 2014).

La Orden Franciscana Seglar (OFS) ocupa, dentro de la gran familia franciscana, un lugar peculiar pues son laicos que han decidido seguir a Jesucristo Pobre y Crucificado a la manera de San Francisco de Asís, consagrando de esa manera su vida al servicio de Dios y de los hombres. Es la tercera rama de la Orden Franciscana. La Primera Orden son los frailes hermanos menores (capuchinos, conventuales...), la Segunda Orden son las monjas (clarisas, ect,) y mientras que la Orden Tercera, los llamados Terciarios, se compone de Regulares y Seglares. Los regulares viven en comunidad, mientras que los seglares viven en el mundo y pueden ser o bien laicos o bien sacerdotes diocesanos (santos famosos son san Luis de Francia, santa Inés de Hungría o san Juan Bosco y San Pío X).

Podemos decir, por tanto, que consagrarse dentro de la Orden Franciscana Seglar supone comprometerse a un modo de vida evangélico yendo "del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio". Es decir, que un franciscano seglar, entre otras cosas, se dedica al estudio asiduo del Evangelio llevando a su vida las enseñanzas que de él extrae y, a la vez, conforma su propia vida a aquello que le enseña el Evangelio. Es cierto que todo fiel cristiano debe vivir conforme a lo que enseña el Evangelio, por ello cabe destacar que la gran diferencia entre un laico y un franciscano seglar supone esa consagración especial unida a una Regla y unas Constituciones que fijan el modo de vida de quien entra a formar parte de la Orden Franciscana Seglar. Por otra parte, se accede a la Orden Franciscana Seglar a través de una fraternidad y existen unos plazos de formación convenientes con el fin de asegurar la vocación (pues ser franciscano seglar es una vocación, una llamada de Dios) tanto por parte del interesado como de los hermanos de la dicha fraternidad (pues, de hecho, hay un Consejo que discierne si la persona tiene o no vocación, votando en consecuencia).

Ese paso fue el que, de modo perpetuo, dí el pasado 24 de mayo. Ya en 2012 profesé de manera temporal, pues entonces tenía que reafirmar si tenía vocación de franciscano seglar o no. Esa profesión temporal la renové en 2013 y en mayo, por fin, ya profesé de forma perpetua. Fue una jornada de gran gozo, que me ha enriquecido notablemente y, a la vez, me hace consciente de que me he comprometido por algo por lo que verdaderamente merece la pena comprometerse: por el cumplimiento del Evangelio y de la voluntad de Dios. Para quien sienta curiosidad por la Orden Franciscana Seglar, en esta web hay gran información al respecto.

¿Por qué es motivo de gozo la Profesión?
Siento que el Señor, aún con mis pecados e imperfecciones, me ama desde la Eternidad. Soy consciente de que, ya antes de crear el mundo, tenía contados hasta el último de mis cabellos. Durante mi infancia me preservó de múltiples peligros, algunos realmente importantes. Por otra parte, siempre me acompañó durante aquellos años en que sufrí acoso escolar y sentía en mi alma, como puñaladas, la malquerencia de algunas personas hacia mí. Sin embargo el Señor nunca me dejó solo y puso personas en mi camino que me hicieron sentirme amado, especialmente mi familia y algunos buenos amigos.

Siempre tuve claro que Dios me llama a cumplir su voluntad. Anduve por varios posibles caminos para ese cumplimiento, pasando por un Seminario Diocesano incluso, pues llegué a sentir una probable vocación al sacerdocio. Sin embargo, a lo que estoy llamado desde la Eternidad es a seguir a Jesucristo tal cómo hizo san Francisco de Asís, haciéndome pequeño y humilde, alabando a la Creación y, sobre todo, ayudando a los demás a encontrar la luz de Dios en sus vidas. Siento que Dios me llama a dar luz a las gentes, a decirles que Cristo está vivo, que ha resucitado, a proclamar la Buena Nueva: que todos somos amados por Él, que ha dado su vida para salvarnos y nos llama a un camino de conversión que tiene como meta la santidad si hacemos su voluntad. Sí, porque aunque Dios nos ama, o quizá porque Dios nos ama, nos pide esa conversión, ese volver toda nuestra vida a Él y al cumplimiento de sus enseñanzas. Si cumplimos la voluntad de Dios podemos ser santos, pero es algo que hay que enseñar a las almas, hay que ayudarles a comprender el por qué de cumplir la voluntad de Dios, sobre todo en este mundo de tanto relativismo y tanta confusión. Por eso es importante la conversión. Vivir en el mundo no supone ser del mundo, y creo que los franciscanos seglares podemos tener un papel importante en la Nueva Evangelización de la que nos han hablado tanto el Papa Emérito Benedicto XVI como el Papa Francisco.

Por otra parte, siento que Dios me llama a ser un pequeño candil que ilumine al mundo, mostrando a Jesucristo Pobre y Crucificado, dando consuelo a tantas personas que sufren. Veo mucho sufrimiento, sobre todo en lo concerniente al misterio que suponen la enfermedad y la muerte. Muchas personas no ven sentido a la vida, incluso niegan la existencia de Dios porque no tienen la presencia de alguien que les de esperanza, que les hable de lo que padeció Jesús, y les explique por qué lo padeció. No han escuchado, o no han comprendido lo que supone, que Jesús resucitó y sienten que tras esta vida no hay más que vacío. Por ello me siento de alguna manera llamado a ayudar a estas personas, a quienes se encuentran enfermos, a quienes sufren por la pérdida de un familiar o un amigo. El otro día escribí sobre experiencias cercanas a la muerte. Yo no he tenido experiencias cercanas a la muerte como tal, pero si que me ha ocurrido alguna vivencia que, unida a lo que he escuchado y visto, además sobre todo de mi fe en Dios, que me hacen estar completamente seguro de que existe vida después de esta vida. Y es a eso a lo que me siento llamado, dar esperanza sobre esa Vida Eterna y a intentar mostrar, como lo hacía san Francisco, el camino para poder ser feliz en esa vida que comienza al finalizar la presente: Jesucristo.

Me llena de gozo haber sido escogido entre su rebaño para seguirlo dentro de la familia franciscana. A la vez me deja estupefacto, pues ni soy buen teólogo, ni buen filósofo, ni tan siquiera puedo decir que sea santo, aunque esto último espero poder serlo (os pido oración). Pero una vez escuché que Dios no llama a los capaces, sino que capacita a los que llama. Durante estos años de formación he visto acercarse a la OFS a personas que, por una u otra razón, al final no continuaron el camino de formación previo a profesar. Yo no soy mejor que ellos, eso lo tengo claro. Pero si soy consciente de que si Dios me ha llamado a esta forma de vida cristiana es por algo y si dejo que el Espíritu Santo y su Santa Operación actúen en mí puedo poner mis dones y talentos al servicio del Reino de Dios. No obstante, al mismo tiempo que un gran gozo, siento una enorme responsabilidad por lo que supone ser franciscano seglar, que va más allá de ir simplemente a misa o hacer obras caritativas y otros servicios a la Iglesia que cualquier laico pueda desempeñar.

¿Por qué me siento enriquecido?
Siempre he sentido el carisma franciscano como la forma más pura y auténtica de vivir el Evangelio y de seguir a Jesucristo. Muchas veces he dicho que san Francisco ha sido el tercer más grande santo de la historia (por detrás, claro está, de Jesucristo y de la Virgen María, claro que estos "juegan en una liga diferente" si me permiten la digresión). Recuerdo cuando era pequeño y leía una historia ilustrada de san Francisco, o cuando escuchaba a mis mayores hablar sobre el convento franciscano que hubo en Santoyo años ha y que desapareció tras la desamortización de Mendizábal). Como digo, siempre tuve gran cariño al Poverello. Ese ver a la Creación toda como hermana, ese ayudar a los pobres y necesitados, entre otras cosas, siempre me cautivaron. Me siento plenamente identificado con el franciscanismo: con san Francisco y santa Clara, con san Buenaventura y el beato Duns Escoto.

El franciscanismo es algo que enriquece la fe que me enseñó mi familia, aportándome esos valores que san Francisco nos legó. De pequeño alguna vez pensaba "me gustaría tener algún hermano mas de mi edad", pues mis hermanas son mayores que yo. Sin embargo, lo que he comprendido en estos años dentro de la Orden Franciscana Seglar es que Dios estaba esperando a darme más hermanos. Sí, como dijo san Francisco: "El Señor me dio hermanos", todos somos hijos de Dios, por ello tú, querido lector, eres mi hermano, igual que cualquier feligrés con el que comparta una Eucaristía, igual que cualquier persona, pues hemos sido creados por Dios, somos creaturas suyas. Comprender esto es algo que me lleva a darme cuenta de lo que verdaderamente significa "amarás a tu prójimo como a ti mismo". Si no tuviera a mi prójimo como un hermano, probablemente me costaría bastante amarle, sobre todo si ese prójimo, por ejemplo, me empuja en el metro porque lleva prisa o cosas parecidas. Pero darme cuenta de que es mi hermano me ayuda a perdonar y a orar tanto por él como por mí (especialmente para que sane posibles malos sentimientos que puedan surgirme). Es algo que está enriqueciendo a todos los niveles mi vida, tanto humana como cristianamente.

Por otra parte, me siento enriquecido también porque el Señor me ha dado un camino de conversión, de metanoia, para hacerlo vida en mí y, con ello, tratar de crecer yo y de ayudar a otros a crecer, buscando así la salvación de las almas. Muchas veces nos preguntamos "¿Señor, qué he de hacer?" y si no tratamos de escucharle puede ocurrir que se nos escape lo que Dios nos está queriendo decir, perdiendo por tanto la forma de saber cual es su voluntad y cual es el camino de conversión que ha elegido para nosotros. Como dije antes, estuve en un Seminario Diocesano. Cuando salí de allí estuve un tiempo obcecado en que tenía que irme a otro Seminario, para hacer la voluntad de Dios. Sin embargo, terminé dándome cuenta de que la voluntad de Dios, el camino de conversión y salvación que ha escogido para mí es el de ser franciscano seglar. Después ya me hará ver a su tiempo y forma si quiere que me case, que termine siendo sacerdote o que simplemente sea franciscano seglar sin optar por ninguno de esos caminos. De momento, lo que tengo claro, es que quiere que me centre en ser franciscano seglar, en seguir creciendo por este camino.

La vida es continúa formación y permanente crecimiento, pero para crecer necesitamos la ayuda de los hermanos. Por eso los franciscanos seglares nos reunimos en fraternidades locales, pues aunque no vivimos en comunidad necesitamos crecer y formarnos juntos. La fe crece si se comparte, es una de las grandes verdades que me enseñaron hace ya algunos años.  A la vez, los hermanos necesitan de nosotros para crecer. Sea un consejo, una palabra de ánimo, sea nuestro servicio en la Fraternidad local, regional o nacional. Igualmente cualquier cristiano necesita a sus hermanos para poder crecer en el seguimiento de Cristo. Por eso creo que los franciscanos seglares podemos tener un papel bonito e importante dentro en la labor de la Iglesia. Además, por nuestro vivir en el mundo, podemos llegar a aquellos que se encuentran alejados de la Iglesia o que no creen en Dios y anunciarles la Buena Nueva. O simplemente, ayudar, confortar, consolar a quien se encuentra necesitado, triste o atribulado.

¿Por qué me siento comprometido?
Ser franciscano seglar supone comprometerse a vivir plena y totalmente el Evangelio, con radicalidad, dando testimonio de mi fe y obras como franciscano y cristiano. Esto conlleva gran responsabilidad. Me siento comprometido a conseguir, con la ayuda de Dios, un mundo mejor, donde los que sufren, especialmente niños, se sientan amados y todos nos sintamos hermanos, como realmente somos. Me siento comprometido a dar luz, colocando el celemín junto al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo para que todos puedan verlo y amarle, para que quien no le conoce se pueda convertir. Por tanto, me siento comprometido a dar luz y esperanza a una humanidad que gime desconsolada como en medio de las tinieblas.
Por ello, querido lector, te pido ores por mí, para que sea fiel a este camino al que el Señor me ha llamado y para que, con la ayuda de la Virgen María, pueda ser santo. Ojalá a través mío sean muchos los que encuentren a Jesucristo y le tengan por Dios y Señor, convirtiéndose y, con ello, se puedan ganar almas para el Reino de Dios.

Querido lector, termino deseando que el Señor te bendiga y te guarde, te muestre su rostro y te de su salvación. Que todas las criaturas alaben al Señor. Paz y Bien.

Historia devoción Sagrado Corazón. Beato Bernardo de Hoyos

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(Publicado en Infovaticana el 29 de junio de 2014)
Este pasado viernes 27 de junio se celebró la festividad del Sagrado Corazón de Jesús, una devoción a la que se adhiere todo aquel que se siente cansado y agobiado (y no sólo estos, claro), sintiéndose aliviado por nuestro Señor.  Muchos son, sin embargo, los que no conocen el origen de esta devoción en España ni la figura del Padre Bernardo de Hoyos, a quien el propio Jesús prometió "Reinaré en España", una frase que me da esperanza sobre que en nuestro país terminará reinando Jesús a pesar de que hoy a veces me pueda desalentar por el ateísmo que se promueve desde algunas posiciones radicalizadas.
Beato Bernardo de Hoyos, su vida y obras.
Bernardo de Hoyos nació en Torrelobatón (Valladolid) el 20 de agosto de 1711. Nació en dicho pueblo porque su padre, Don Manuel de Hoyos, trabajaba allí como secretario del Ayuntamiento, pero su familia procedía de un lugar llamado Hoyos. Doña Francisca de Seña, su madre, nació en Medina del Campo. Fue bautizado en la iglesia de Santa María de Torrelobatón. Con 9 años recibió el Sacramento de la Confirmación y un año después fue a estudiar a Medina del Campo, al colegio de los jesuitas, donde permanecería dos años, hasta que se trasladó al colegio que la Compañía de Jesús tenía en Villagarcía de Campos. Con catorce años fue admitido en el noviciado de los jesuitas y con diecisiete años emitió los votos simples perpetuos. Desde los 17 hasta los 20 años estudió Filosofía en el colegio de los Santos Pedro y Pablo en Medina deo Campo y desde los veinte años estudió Teología en el colegio de San Ambrosio de Valladolid.
Con veintiún años escuchó hablar por primera vez sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Se encontraba copiando fragmentos de un libro titulado "De cultu Sacratissimi Cordis Iesu", pues se le había encomendado esta taréa, y fue entonces cuando conoció el origen de esta devoción. Según cuenta el propio santo, jamás había sentido algo parecido al sentimiento que entonces tuvo, pues se encontró "muy agusto, sintiéndome amado". Al día siguiente, mientras rezaba delante del Santísimo Sacramento, Jesús le reveló que quería que a través de él se extendiese en España esta devoción y le aconsejó que se dirigiese con el Padre Juan de Loyola,  al cual contó todas sus experiencias místicas. Posteriormente el arcángel San Miguel le explicó a Bernardo de Hoyos cómo debía difundir la devoción al Sagrado Corazón en España y que a pesar de multitud de dificultades que habría terminaría venciendo, algo que le sería confirmado por el Sagrado Corazón cuando dijo que "Reinaré en España con más veneración que en muchos otros lugares".
Con veintitrés años, aunque aún no tenía edad para ordenarse e iba a comenzar cuarto curso de Teología, sus superiories pidieron dispensa para que pudiera ordenarse de Diácono aquel año. Poco después se ordenó Presbítero celebrando su Primera Misa en el colegio de San Ignacio de Valladolid. Sin embargo en 1735, con veinticuatro años de edad, a los pocos meses de haber sido ordenado sacerdote, falleció víctima del tifus tras haber recibido el Viático y la Santa Unción. De sus escritos nos quedan varios centenares de cartas, principalmente al Padre Juan de Loyola, además de escritos espirituales, apuntes y sermones, aunque muchos se perdieron con la expulsión de la Compañía de Jesús de España en 1767. La principal fuente que nos permite conocer estos escritos es el libro "Vida del V. y angelical joven P. Bernardo Francisco de Hoyos de la Compañía de Jesús", escrito por su director espiritual en los cuatro años siguientes a la muerte de Bernardo de Hoyos. Fue beatificado en 2010 por el Papa Benedicto XVI.
La Devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Esta devoción existe desde los primeros tiempos de la Iglesia, pues ya entonces se meditaba sobre el costado y el corazón abierto de Jesús. Aunque el Padre Bernardo no escuchó hablar sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús hasta que cumplió ventiun años, esta ya estaba extendida por Francia gracias a los escritos de Santa Margarita Maria de Alacoque. Un día que esta santa se encontraba rezando delante del Santísimo Sacramento, que se encontraba expuesto en el altar, se le mostró Nuestro Señor Jesucristo, quien le reveló que su Sagrado Corazón no recibia "sino ingratitud, ya por sus irreverencias (las de los hombres) y sacrilegios, ya por la frialdad y desprecio con que me tratan en este Sacramento de amor". Lo que mas le dolía a Jesús, según le dijo a Santa Margarita, era que quienes le trataban de esa forma eran corazones que le estaban reparados, por eso le pidió "que se dedique el primer viernes de mes, después de la octava del Santísimo Sacramento, una fiesta particular para honrar mi Corazón, comulgando ese día, y reparando su honor con un acto publico de desagravio, a fin de expiar las injurias que ha recibido durante el tiempo que he estado expuesto en los altares". Prometió que, si esto se hacía, se derramaría con abundancia el divino amor de sobre los que le dieran este honor y procuren le sea tributado este honor al Sagrado Corazón de Jesús.
Santa Margarita María de Alacoque escribió sobre la importancia de consagrarse al Sagrado Corazón de Jesús que "cuando nos hemos consagrado y dedicado por completo a este Corazón adorable, para honrarle y amarle con todos nuestros medios, abandonándose a El, El se cuida de nosotros y nos hace arribar al puerto de salvación, a pesar de las borrascas".  Felipe V, rey de España por entonces, tuvo una actitud favorable ante la expansión de esta devoción. De hecho el 10 de marzo de 1727 escribió al Papa Benedicto XIII pidiéndole "para todos mis Reinos y Dominios, Misa y Oficio propio del Sagrado Corazón de Jesús". El Papa aceptó esta propuesta promulgando la devoción. Hasta 1919 la devoción fue creciendo y en este año, concretamente el 30 de mayo, el rey Alfonso XIII consagró España al Sagrado Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles, en Getafe y en 2009 se renovó esta consagración. En España la devoción está muy extendida, como puede verse en la consagración de ciudades como Toledo, San Sebastián, Pamplona o Valladolid entre otras.
Las promesas que le hizo Jesús a Santa Margarita María de Alacoque para todos los devotos del Sagrado Corazón de Jesús son:
Les daré todas las gracias necesarias a su estado; Pondré paz en sus familias; les consolaré en sus penas; Seré su refugio seguro durante la vida y, sobre todo, en la hora de la muerte; Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas; Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada; Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente, el océano infinito de la Misericordia; Las almas tibias se volverán fervorosas; Daré a los sacerdotes el talento de mover los corazones más empedernidos; quienes propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón y jamás será borrado de Él; Les prometo en el exceso de mi Misericordia que mi amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulgaren por nueve primeros viernes consecutivos, la gracia de la perseverancia final, no morirán sin mi gracia ni sin la recepción de los santos sacramentos. Mi Corazón será su refugio en aquel momento supremo;
Las tres condiciones para ganar esta gracia son: recibir la Sagrada Comunión durante nueve primeros viernes de forma consecutiva y sin ninguna interrupción, tener la intención de honrar al Sagrado Corazón de Jesús y de alcanzar la perseverancia final y ofrecer cada Sagrada Comunión como un acto de expiación por las ofensas cometidas contra el Santísimo Sacramento.
En definitiva, queridos hermanos, seamos devotos del Sagrado Corazón de Jesús y no temáis por mucho que veáis que las cosas en España están mal, pues Jesús prometió que su Sagrado Corazón reinará en España. Tengamos fe, oremos para que todo se haga para la mayor gloria de Dios y trabajemos por mejorar la situación en nuestro país en todos los sentidos. Que Dios os bendiga.
Fuentes:
http://www.bernardo-francisco-de-hoyos.info/
http://www.gecoas.com/religion/Trabajos/sgado_corazon/P-Bernardo.htm
Breve biografía realizada en Castilla y León Televisión
http://www.cerrodelosangeles.es/espiritualidad/lossantos/index.html
http://noticias.lainformacion.com/religion-y-credos/papa/la-obra-vida-de-bernardo-hoyos-rescata-la-biografia-que-loyola-escribio-en-el-siglo-xviii-sobre-el-beato-vallisoletano_f52sM45w73wbTLW5L3Eat4/
http://www.devocionario.com/jesucristo/corazon_1.html
http://www.aciprensa.com/fiestas/sagradocorazon/index.html