miércoles, 1 de julio de 2015

Enseñanza sobre la oración



Hoy comparto una enseñanza que dí hace un par de meses en un grupo de la Renovación Carismática Católica, sobre la oración basándome en algunos puntos del Catecismo.



2568 La revelación de la oración en el Antiguo Testamento se encuadra entre la caída y la elevación del hombre, entre la llamada dolorosa de Dios a sus primeros hijos: “¿Dónde estás? [...] ¿Por qué lo has hecho?” (Gn 3, 9. 13) y la respuesta del Hijo único al entrar en el mundo: “He aquí que vengo [...] a hacer, oh Dios, tu voluntad” (Hb 10, 7; cf. Hb 10, 5-7). De este modo, la oración está ligada con la historia de los hombres; es la relación con Dios en los acontecimientos de la historia humana.

Dios es quién nos busca cuando nos ponemos a orar. Pensamos que somos nosotros quienes vamos a estar con Él. Cómo si fuera algo que nace de nuestra voluntad Pero, en realidad, ha sido el Señor quien nos ha buscado. Somos un pensamiento suyo. Desde la Eternidad nos ama y, aunque evitemos pensar en Él o, incluso, le neguemos, siempre está con nosotros. Nos llama porque nos ama, y lo hace de tal modo que entregó a su Hijo para darnos la vida eterna. Esa vida cuyas puertas se cerraron con la caída de Adán y Eva. Cuando pecamos, podemos creer que nosotros somos quienes nos reprochamos el haber caído en pecado. Pero, en realidad, es Dios quien nos habla, a través de nuestra conciencia. A Dios se le encuentra entre los pucheros, en el desierto o en lo alto del Everest. Ocurre que muchas veces creemos estar solos y pensamos que no podemos hablar con nadie. Pero Dios está con nosotros y, por ello, debemos tenerle siempre presente. Con Él siempre podemos hablar, siempre está disponible, sobre todo en los momentos de sufrimiento o de peligro. Dios está siempre disponible para escucharnos. No debemos limitarnos a rezar durante quince, treinta o sesenta minutos cada día. Todo momento es momento para la oración. Orar, enseñaron los Padres de la Iglesia, es algo tan humano como respirar, comer, o amar. Los Padres de la Iglesia nos invitan a la oración continua. Lo decía Santa Teresa de Jesús “a Dios se le encuentra entre los pucheros”. Mientras cocinamos, podemos orar, mientras comemos, podemos orar, mientras caminamos igual… en todo momento, teniendo siempre presente a Jesús en cada momento de nuestra vida pensemos. Al ir actuar debemos pensar ¿Qué haría Jesús? Para tratar de seguir su ejemplo. Tener presente en todo momento a Dios en nuestro quehacer diario nos purifica. Orar purifica y nos ayuda a resistir las tentaciones, Dios es nuestra fortaleza y auxilio, nos quita cualquier miedo que podamos tener y nos ayuda a ser felices.
Caemos en pecado cuando dejamos de tener presente a Dios en nuestra vida. Cuando nos dejamos engañar por el tentador, quien  nos hace caer. Adán y Eva cayeron por una curiosidad malsana. Fueron engañados por la serpiente, que les prometió que serían “como dioses”, con capacidad de decisión sobre el bien y el mal. Se engañaron pensando que podían desobedecer a Dios. Esta actitud, que conlleva soberbia, sorprende a un Dios que ha creado al hombre por amor y ve como su criatura se desvía de lo que le había mandado. Dios se sorprende de las caídas del hombre a lo largo de Biblia, la historia humana y, también, de nuestra propia vida. De Dios no se ríe nadie. Pero El nos ha creado por amor. El amor no es impaciente, no exige y siempre perdona. Dios no puede obligarnos a amarle, nos lo ofrece pero no puede obligarnos. Un amor obligado no es verdadero amor. A Adán y Eva no les obliga a amarle, pero si a serle fieles en cuanto no comer del árbol de la vida. Sin embargo, ellos comen. Al desobedecer caen en el pecado. Se alejan de Dios. No supieron ser fieles en lo pequeño, lo cual conlleva su expulsión del paraíso.


Somos libres para amar a Dios, pero nuestra naturaleza humana ha sido creada para cumplir su voluntad. Adán y Eva traicionan su propia naturaleza al desobedecer a Dios. Por ello hace falta que esa naturaleza, herida por el pecado, sea sanada. El Señor, a lo largo del Antiguo Testamento, envía profetas que enseñan al hombre la necesidad de convertirse para recuperar la naturaleza de hijo de Dios y merecer la vida eterna. Finalmente, Dios envía a su Hijo, a Jesucristo, que se hace semejante en todo a nosotros menos en el pecado. Al asumir nuestra naturaleza, esta queda sanada. Muere, tal como Él mismo enseña en varias ocasiones, pero como es Dios resucita. Con su Resurrección abre de par en par las puertas del Paraíso. Nada más resucitar lleva a los difuntos que habían sido justos al cielo. Pero ¿Por qué Jesús hace todo esto? Porque ha venido para hacer la voluntad del Padre. También es tentado por el diablo, como Adán y Eva. Pero le vence mediante la oración. El propio Jesús habla de demonios que solo pueden ser expulsados mediante la oración. Jesús nos enseña a orar. Nos enseña el Padrenuestro, nos señala el camino para la oración cuando se retira al monte, en silencio, a orar. Pero Jesús oraba en todo momento al Padre, le tenía presente siempre. Cuando reza por los enfermos o cuando camina por la calle y la hemorroísa le toca el manto. Sana no porque sea un mago o un chamán, sino porque en todo momento tiene presente al Padre, habla con Él constantemente. Esto le permite cumplir la voluntad del Padre.

Nosotros debemos seguir el ejemplo de Jesús. Hemos de estar en continua oración. Cuando vamos por la calle, podemos pedirle a Dios por las personas con las que nos encontramos, especialmente si vemos que sufren. Cuando cocinamos, para que ese alimento ayude a nuestros invitados y para agradecerle el propio alimento. Cuando alguien nos cuenta un problema pues para que Dios le ayude. Somos Reyes, Profetas y Sacerdotes. Esto, que suena tan bonito, debe hacerse realidad en nuestra vida. Si somos sacerdotes por el bautismo es porque podemos interceder, mediante la oración, por nuestros hermanos. Como hacía Jesús. Sigamos su ejemplo de esa forma. 



La creación, fuente de la oración
2569 La oración se vive primeramente a partir de las realidades de la creación. Los nueve primeros capítulos del Génesis describen esta relación con Dios como ofrenda por Abel de los primogénitos de su rebaño (cf Gn 4, 4), como invocación del nombre divino por Enós (cf Gn 4, 26), como “marcha con Dios” (Gn 5, 24). La ofrenda de Noé es “agradable” a Dios que le bendice y, a través de él, bendice a toda la creación (cf Gn 8, 20-9, 17), porque su corazón es justo e íntegro; él también “marcha con Dios” (Gn 6, 9). Este carácter de la oración ha sido vivido en todas las religiones, por una muchedumbre de hombres piadosos.
En su alianza indefectible con todos los seres vivientes (cf Gn 9, 8-16), Dios llama siempre a los hombres a orar. Pero, en el Antiguo Testamento, la oración se revela sobre todo a partir de nuestro padre Abraham.

Abel, al ofrecer los primogénitos de su rebaño a Dios, está ofreciendo los frutos de su trabajo. A Dios se le encuentra entre los pucheros. El trabajo no debe ser algo mecánico y aburrido. No vale trabajar “porque algo habrá que hacer para comer”. Es cierto que el trabajo es visto como un castigo, pues tras la expulsión del Paraíso Dios dijo “te ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Pero, en realidad, no es un castigo. Bastante castigo fue expulsar al hombre de aquello para lo que le había creado. De hecho, si leemos el Génesis vemos que Dios creó al hombre para que trabajara, pues le concedió el don de dominar la creación. Quizá la diferencia era que, tras el pecado original, obtener los frutos del trabajo es algo costoso para el hombre. Pero, volvamos una vez más la mirada a Jesús. Durante casi toda su vida trabajó como un artesano. El Señor nos invita a amar el trabajo como condición de vida y medio de santificación. El trabajo no es solo vital para el progreso de la sociedad sino también un camino de santidad, como enseñaba Escrivá de Balaguer. Repito, a Dios se le encuentra entre los pucheros, también cuando trabajamos. No seamos comos esos holgazanes que dicen trabajar y matan el tiempo mirando Facebook. Debemos trabajar con responsabilidad. Sabiendo que la tarea que se nos ha encomendado es la que Dios quiere de nosotros. Es clave tener a Dios presente también cuando trabajamos, ofreciéndole los frutos de nuestro esfuerzo. No debemos trabajar creyendo que lo hacemos mejor que los demás, sino teniendo el espíritu de aquellos pobres siervos del Evangelio que tan sólo hicieron lo que debían hacer.



La invocación del nombre divino realizada por Enós fue tomada como ejemplo por los Padres de la Iglesia que sugerían rezar la Oración de Jesús. Esta oración de Jesús consiste en tenerle presente, durante nuestra vida diaria, repitiendo su nombre, diciendo “Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí”, en todo momento y lugar. Es una oración muy completa. Al rezarla llamas a Jesús por su nombre, le reconoces como Señor de tu vida, confiesas que es Hijo de Dios y le suplicas que se apiade de ti, que te ayude. Dije que no debemos conformarnos con rezar unos minutos al día de forma seguida, sino que debemos hacer oración continua. Necesitamos trabajar, comer, dormir, hacer deporte… en definitiva hay un sinfín de actividades por las que no podemos estar todo el día de rodillas, o sentados, delante del Sagrario rezando. Pero si podemos invocar el nombre divino, podemos invocar en todo momento y circunstancia a Jesús orando, así, en todo momento y lugar. Por este motivo os sugiero rezar la oración de Jesús. Es una tradición de los Padres de la Iglesia, especialmente extendida por el mundo ortodoxo y que también es tradición entre los católicos orientales. 

Pero para rezar y que Dios nos escuche, debemos ser hombres justos e íntegros, como Noé. Hombres de bendición e intercesión. No podemos rezar como aquel fariseo que se daba golpes de pecho diciendo “mira Señor ese pecador, yo soy mejor que Él”. Tampoco podemos ser hipócritas que rezamos en público de un modo exagerado para que se nos vea, pero luego no pagamos un salario justo a nuestros trabajadores, nos dejamos llevar por sobornos, o despreciamos a nuestro prójimo. Dios tan solo nos pide que seamos perfectos en la caridad. Los mandamientos, enseña Jesús, se resumen en amar a Dios sobre todas las cosas y amar a nuestro prójimo, también los enemigos. Si solo amamos a los amigos no tenemos ningún merito y será difícil que entremos al Reino de los Cielos. Enseñaba San Francisco de Asís que nuestros actos pueden ser el único sermón que escuchen muchas personas en su vida. Si decimos que somos católicos y nos creemos muy buenos porque vamos a, por ejemplo, Tánger de misiones pero volvemos llamando a una hermana “la loca” o provocamos que se vaya de la parroquia alguien que nos cae mal, estamos siendo piedra de escándalo y confusión. Sin embargo, si uno es un católico comprometido, alguien que ayuda a los pobres no para aparentar sino por amor, que va a misa no por obligación sino por amor, que trata bien al amigo y al enemigo, que ayuda a las personas que le desagradan, está dando, con sus actos, posiblemente el mejor sermón que un cristiano puede dar. Al atardecer de la vida nos examinarán del amor, enseñaba San Juan de la Cruz. Si con nuestros actos mostramos un corazón justo e íntegro, Dios está con nosotros y nos bendice. Pero también bendice a toda la creación a través de nosotros. La creación, dice San Pablo, gime con dolores de parto esperando la manifestación gloriosa de los Hijos de Dios. Con nuestros actos podemos mostrarnos como verdaderos Hijos de Dios, permitiendo que Él a través nuestro bendiga esa creación. Se evangeliza mejor con los actos que con las palabras. Acerca más personas a la Iglesia un gesto de amor por parte del Papa Francisco, o la Madre Teresa de Calcuta, que la predicación de un teólogo que, aunque sabio, no ame a quienes le escuchan.  Dios nos llama a orar, porque a través de la oración nos va purificando para que todo esto sea posible. Sin oración es muy complicado que tengamos un verdadero amor al prójimo.
 

La Promesa y la oración de la fe
2570 Cuando Dios lo llama, Abraham se pone en camino “como se lo había dicho el Señor” (Gn 12, 4): todo su corazón “se somete a la Palabra” y obedece. La escucha del corazón a Dios que llama es esencial a la oración, las palabras tienen un valor relativo. Por eso, la oración de Abraham se expresa primeramente con hechos: hombre de silencio, en cada etapa construye un altar al Señor. Solamente más tarde aparece su primera oración con palabras: una queja velada recordando a Dios sus promesas que no parecen cumplirse (cf Gn 15, 2-3). De este modo surge desde los comienzos uno de los aspectos de la tensión dramática de la oración: la prueba de la fe en Dios que es fiel.

Abraham se marchó, dejando su vida anterior, para seguir al Señor. No lo hace a ciegas, ni porque huya de nadie, sino que lo hace por obediencia a aquel que le ha amado primero. Obedece a Dios porque antes ha escuchado. Ha sido precursor de ese “habla Señor que tu siervo escucha” que posteriormente pronuncia Samuel. No podemos orar llenando el silencio con palabrería, sino que debemos permanecer atentos a lo que el Señor quiera decirnos. Puede ser a través de una reflexión, puede ser a través de la Palabra, o de alguna vivencia personal. Dios nos habla en los acontecimientos de nuestra vida pero para escucharle debemos estar atentos. No podemos atropellar a Dios hablando sin parar, sino que primero hemos de escuchar, para saber lo que nos quiere decir. Abraham es un hombre de silencio. Esto no quiere decir que estuviera callado todo el día, sino que buscaba momentos silenciosos para escuchar a Dios. En cada momento de su vida pone altares, lugares de oración. Me recuerda a San Francisco o Santa Teresa, quienes fundaban convento allá donde iban.
Pero estos altares para Dios no son, exclusivamente, altares físicos. El Templo al que se refería Jesús era, en realidad, su cuerpo. Esos altares son las diferentes etapas y momentos de nuestra vida. En nuestro día a día podemos tener un espacio donde orar, aunque sea un momento. Un espacio vital donde podamos estar con el Señor. Vamos a la playa, en verano y, como de Incluso cuando se está de vacaciones se pueden buscar momentos para la oración e ir a misa. También en el trabajo podemos tener un momento y lugar para hacer, aunque sea, una pequeña oración. Como dije antes, a Dios se le encuentra entre los pucheros. Muchos alumnos, antes del examen, rezan un Padrenuestro, ese es un altar para el Señor, un momento para la oración. Hoy se ha perdido la costumbre de bendecir la mesa para comer. Comemos sin apenas darnos cuenta de que, si podemos comer, es porque Dios nos proporciona los alimentos y la posibilidad de tenerlos ¿Por qué no recuperamos ese altar, ese lugar de oración antes de comer? Dice mi amigo Iñaki que la mesa donde se come también ejerce, en cierto modo, función de altar doméstico.  ¿Por qué no poner una cruz en esa mesa para, al ir a comer, acordarnos del Señor? 

Posteriormente Abraham se queja porque algunas promesas no parecen cumplirse, o tardan en llegar. Es la impaciencia humana. A veces no nos damos cuenta de que, cuando Dios no concede aquello que le hemos pedido es porque no es bueno para nosotros. En muchas ocasiones escuchamos “es que Dios no me oye, le he pedido tal cosa y no me ha hecho caso” ¿Te has preguntado si era bueno para ti? También ocurre con aquello que pedimos y es, aparentemente, bueno. Algo que me hizo daño en el pasado fue pedirle, casi exigirle, a Dios ser sacerdote. El sacerdocio era una cosa buena, claro. Pero no era algo bueno para mí, pues no es la vocación a la que Dios me llama. Por eso no me lo concedió. Si le pido poder comer durante el resto de mi vida me lo concederá, porque es algo bueno para mí. Pero la comida no llueve del cielo, sino que uno debe ganársela mediante los medios y talentos que Dios nos da. “El que no trabaje que no coma”, enseña San Pablo. Algunos dicen “Es que Dios no es bueno, le pedí por la salud de tal persona y, sin embargo, ha muerto”. Esto muestra desconfianza en Dios y desconocimiento de lo más fundamental de nuestra fe: la esperanza en una vida eterna gracias a la Resurrección de Cristo.



Cuando se reza se debe pedir a Dios con humildad, buscando que sea su voluntad. Si pedimos algo a Dios con soberbia, estamos intentando secuestrar su voluntad. El Señor, en ese caso, no nos va a escuchar. Igual ocurre si le pedimos algo que no nos conviene. Uno se enamora de una chica. Pero esta chica no le conviene. Por mucho que el chico le pida a Dios que la chica le haga caso, no se lo va a conceder. Quizá transforme a la chica, haciéndola conveniente para él. Pero, lo más probable, es que no se lo conceda. El error del chico sería rebelarse porque Dios no le ha concedido lo que pedía. Pero, quizá, mientras pierde el tiempo rebelándose, Dios le ha puesto una serie de chicas convenientes en su vida, dándole oportunidades que ha desaprovechado por no estar atento a la voluntad de Dios, orando con palabrería y queja en vez de estar atento, en el silencio, a escuchar al Señor. ¡Cuántas insatisfacciones producen en el hombre no buscar que se cumpla la voluntad de Dios!

2571 Habiendo creído en Dios (cf Gn 15, 6), marchando en su presencia y en alianza con él (cf Gn 17, 2), el patriarca está dispuesto a acoger en su tienda al Huésped misterioso: es la admirable hospitalidad de Mambré, preludio a la anunciación del verdadero Hijo de la promesa (cf Gn 18, 1-15; Lc 1, 26-38). Desde entonces, habiéndole confiado Dios su plan, el corazón de Abraham está en consonancia con la compasión de su Señor hacia los hombres y se atreve a interceder por ellos con una audaz confianza (cf Gn 18, 16-33).

La purificación que experimenta el alma humana mediante la oración nos lleva a amar realmente a nuestro prójimo. Entre las virtudes cristianas se encuentra la hospitalidad. La oración es algo parecido a cuando dejamos -en nuestra casa, es decir en nuestra alma, a Jesús quien, tal como enseña en el Evangelio, está fuera llamándonos. Dios, igual que no puede obligarnos a amarle, tampoco puede forzar nuestra conversión. Pero nos llama, esperando que le abramos. Tal como enseñaba San Juan Pablo II, debemos abrir nuestro corazón, de par en par, a Cristo, para que entre con plenitud y nos ayude, de este modo, a ser santos. No debemos temer, sino dejarle actuar en nuestra vida.
 
El corazón de Abraham estaba en consonancia con la compasión de Dios hacia los hombres porque el Patriarca, previamente, lo había abierto para que el Señor actuase en su vida. Además de ponerse en camino, abandonando su tierra, sin mirar atrás, deja que el Señor entre en su vida y cambie su corazón. Nosotros podemos seguir el ejemplo de Abraham en la oración, dejando que el Señor lo purifique de todo aquello que nos impide seguirle en plenitud. Puede ocurrirnos, por ejemplo, que tengamos prejuicios hacia  determinado tipo de personas. Esto provoca que tratemos mal a quienes forman parte de ese grupo, aunque sea un vecino o compañero de trabajo. Esto le ocurría también a Santa Teresita del Niño Jesús. No soportaba, en un principio, a una hermana de su comunidad. Sin embargo, por medio de la oración, el Señor fue cambiando su corazón, haciendo que sintiera compasión por esa hermana y la tratara bien. Si no dejamos que Dios cambie nuestro corazón, purificándonos, este estará en consonancia con el corazón de Dios. Esto impide que seamos del todo buenos cristianos. Es fundamental, por ello, que oremos con humildad, abriendo nuestro corazón, enseñándole a Dios nuestras heridas más profundas para que Él las sane. No tengamos miedo de mostrarle a Dios nuestro rencor hacia alguien, o nuestro mal comportamiento en determinado momento. Pongamos nuestros pecados a los pies de la Cruz, para que Jesús los sane. Él no se asusta, al contrario, los demonios huyen en cuanto se invoca los nombres de Jesús y de la Virgen María. Orar invocando sus nombres nos sana.

2572 Como última purificación de su fe, se le pide al “que había recibido las promesas” (Hb 11, 17) que sacrifique al hijo que Dios le ha dado. Su fe no vacila: “Dios proveerá el cordero para el holocausto” (Gn 22, 8), “pensaba que poderoso era Dios aun para resucitar a los muertos” (Hb 11, 19). Así, el padre de los creyentes se hace semejante al Padre que no perdonará a su propio Hijo, sino que lo entregará por todos nosotros (cf Rm 8, 32). La oración restablece al hombre en la semejanza con Dios y le hace participar en la potencia del amor de Dios que salva a la multitud (cf Rm 4, 16-21).



Dios pone a prueba a Abraham, es quizá la mayor prueba para un padre: el sacrificio de un hijo. Pero Dios no quiere el mal para Abraham o su hijo, sino que quería probar dos cosas. Primero hasta que punto Abraham amaba a Dios. Segundo hasta que punto confiaba en Dios. Abraham ama a Dios hasta el punto de aceptar esa dura petición, pero lo hace con la confianza de que Dios hará algo para que su hijo no muera. Su fe no vacila, sino que confía en que “Dios proveerá”. No obstante, Abraham tenía la libertad de haber dicho “Por ahí no paso”. Sin embargo confía, como posteriormente confiaría la Virgen María cuando el Ángel le dice que va a tener un hijo aunque no conozca varón. María tampoco sabe como es posible esto, pero confía. Así debe ser nuestra oración. Con humildad, pidiendo a Dios aquello que se ajuste a su voluntad y que sea bueno para nosotros. Pero pidiéndolo con confianza. Recordaba en alguna ocasión mi oración durante la enfermedad de mi padre. Yo rezaba para que el Señor le sanara, claro. Pero siempre buscando que fuera la voluntad de Dios. Yo confiaba en que, ocurriera lo que ocurriera, sería bueno pues, en realidad la muerte no es sino un paso hacia la vida eterna. Rezar confiando en que la voluntad de Dios sería buena, fuese cual fuese esa voluntad, me permitió rezar, cuando murió, con el profundo agradecimiento de haber tenido un padre como el que tuve.

Pero a veces se cumple aquello que uno pide con confianza y buscando que sea la voluntad de Dios. Por ejemplo una cuñada de mi hermana, que iba a dar a luz, se encontraba en una encrucijada. Por algún problema que se presentó al romper aguas, resultaba que era muy probable que madre y bebé murieran. Yo recé, pidiendo que se cumpliera la voluntad de Dios, con la confianza de que ese parto saldría adelante para mayor gloria de Dios. Así ocurrió, finalmente. Se despertó mi sobrina, que tenía apenas un par de meses, riendo en mitad de la madrugada. Un instante después mi cuñado mandó un mensaje diciendo que la buena mujer había dado a luz y que tanto ella como el niño se encontraban en perfecto estado, gracias a Dios.

Dios no permitió que Abraham sacrificase a su hijo finalmente. Sin embargo, entregó a Jesucristo a la muerte, pero lo hizo para salvar al hombre. Por ello también debemos orar siendo conscientes de que somos hijos de Dios por adopción. Conscientes de que Jesús intercede por nosotros, tal como Abraham hizo en el Antiguo Testamento. Cuando rezamos es normal que lo hagamos pidiendo perdón por nuestros pecados. Pero no tenemos que rezar fustigándonos y quejándonos de lo pecadores que somos. Sino pidiendo a nuestro más grande intercesor, a Jesús, que nos ayude a convertirnos, que sane nuestras heridas y enfermedades del alma y que nos haga santos. Si somos hijos de Dios es porque el Hijo se entregó, voluntariamente, por nosotros para salvarnos. Entonces ¿A qué tenemos miedo? Busquemos a Dios en la oración, abriendo nuestro corazón y pidiendo al Espíritu Santo que nos haga semejantes a Cristo.

2573 Dios renueva su promesa a Jacob, cabeza de las doce tribus de Israel (cf Gn 28, 10-22). Antes de enfrentarse con su hermano Esaú, lucha una noche entera con “alguien” misterioso que rehúsa revelar su nombre pero que le bendice antes de dejarle, al alba. La tradición espiritual de la Iglesia ha tomado de este relato el símbolo de la oración como un combate de la fe y una victoria de la perseverancia (cf Gn 32, 25-31; Lc 18, 1-8).

No obstante, la oración es también un combate de la fe y una victoria de la perseverancia. Es muy fácil caer en la pereza espiritual, en el conformarse con una oración de mínimos. El tentador siempre va a buscar la forma de alejarnos de la oración. Debemos estructurar nuestra jornada para buscar esos momentos de oración. Por ejemplo rezar por la mañana y/o por la noche, rezar a tal hora el Rosario, etc. Pero, sobre todo, si nos hemos propuesto orar un rato a diario, lo mejor es buscar un horario fijo. La oración es un combate porque pueden venirnos muchos motivos para no rezar: estamos cansados, ponen en la televisión algo que nos gusta ver, una llamada de teléfono que nos despista. Son cosas sin demasiada importancia. No necesariamente malas, pero que pueden alejarnos de la oración. De ahí que sea un combate. Además, la oración nos prepara para el combate que se desarrolla a lo largo de nuestra vida. Es decir, sin oración es más probable que caigamos en pecados que si tenemos una buena vida de oración. Alguien acostumbrado a orar tendrá más facilidad para no caer en la tentación de pecar. Por ejemplo, va por la calle y ve una chica preciosa. Puede venirle una tentación. Pero si es hombre de oración, rezará para que esa tentación disminuya y, en todo caso, dará gracias a Dios por la belleza pero sin caer en el pecado. Una persona que no reza, sin embargo, es más probable que caiga en la tentación, aunque sea mediante un pensamiento obsceno con esa muchacha. Quien ora, si es posible, continuamente, sabrá  gestionar mejor una situación violenta, por ejemplo un enfado ante una acción molesta por parte de otra persona, que aquel que no hace oración. 



Enseñaba San Francisco de Asís que la vida del cristiano consiste en llevar el Evangelio a la vida y la vida al Evangelio. Consiste en ser Evangelio viviente. Pero, para ello debemos ser hombres y mujeres de oración, personas que leamos el Evangelio no como quien lee una novela sino con el objetivo de interiorizarlo para llevarlo a la práctica. Por eso la oración es una ardua batalla. Dura batalla, pero fundamental para ser un buen cristiano. Recordad: orad en todo tiempo y lugar, buscando la Gloria de Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

domingo, 28 de junio de 2015

"POWER / RANGERS 2015" - EN SU VENA MÁS SOCIAL Y APOCALÍPTICA

 Nunca antes los Power Rangers fueron tan sociales y apocalípticos a la vez. Un corto, que se estrenó este año, habla sobre estos personajes situándolos en una historia sencilla y apocalíptica en donde nos mezcla temas de importancia social. ¡Algo nunca visto! 

Escrito el: 28 de Junio del 2015.
 Por: Víctor Moratalla.


Para saber a qué nos estamos refiriendo, hay que echar la vista atrás a hace un año, cuando el productor Adi Shankar ("Dredd"), junto con el director de videoclips Joseph Khan y el actor, co-guionista  James Van Der Beek  ("Dawson Creek") decidieron hacer una versión oscura, siniestra, social, de ciendia ficción y acción sobre los personajes de más éxito de la compañía Saban Entertainment. Resulta que faltan dos años para que salga en cine la aclamada película remake de estos personajes. Parece ser que hay algunos, como estos tres, que no han querido esperar y han realizado este experimento para dar más expectación, aunque luego una no tenga nada que ver con la otra porque, ya avisamos: ¡NO ES PARA NIÑOS!. 

La historia nos la presentan en modo interrogatorio entre Rocky (un Ex-Ranger traidor y leal al Imperio de las Máquinas) y Kimberly (la famosa Pink Ranger). Éste le pregunta a ella sobre el paradero de Tommy (el Green Ranger) porque sospecha que él ha ido matando a los demás compañeros.

Para no hacer "spoiler" del final del corto, que es a su vez inesperado e increíble, os dejo el enlace para que lo veáis y sobre todo os sorprendáis (no leer la información de debajo de las rayas hasta haber visto el corto. Podéis hacerlo, pero no tendrá la misma gracia).

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CORTO: "POWER / RANGERS 2015"
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Como habéis podido observar: acción, violencia, drogras, sexualidad, matrimonio, asesinato, etc...  y un final que no se espera nadie (RITA REPULSA ES LA QUE VA MATANDO A LOS POWER RANGERS, DISFRAZADA DE KIMBERLY ).

Esta valiente versión, visión y apuesta de los Power Rangers es una historia simple (en su estructura), pero compleja a la vez (en la temática).  Y como bien dije se tratan temas sociales que preocupan a todo el mundo. Veamos a ver ¿qué temas tocan, parte por parte, desde el principio?:

- La Guerra Nuclear: En la última "misión - guerra" de los rangers (que es el factor con el que empieza este corto) ya se les puede ver con armas, pistolas, metralletas y armas nucleares. Aun así, es en la época en la que actualmente nos situamos.

- Los antihéroes: los que fueron héroes, dejaron de serlo por involucrarse en diferentes intereses que les hacen cambiar y convertirse en enemigos de la sociedad, en aquel mal contra el que un día decidieron luchar para traer la paz al mundo. Pues, en esta versión, los Power Rangers se convierten en antihéroes.
 
- La búsqueda de la verdad, desde el punto de vista periodístico y violento: Ya, en el mismo interrogatorio se puede ver el factor de la búsqueda de la verdad porque, a la vez de ir preguntando, se van descubriendo las historias de los Power Rangers y qué ha ido pasando con ellos a través de la pregunta: ¿dónde está Tommy?. No solo pasa esto. También, paralelamente al mismo, se ve la otra cara: Tommy visita los lugares de los asesinatos de sus compañeros para hallar la verdad y limpiar su nombre.  

- El matrimonio: Kimberly se casa con el Ranger Rojo Jason, pero tal matrimonio es de conveniencia personal y falso para localizarle y destruirle a través de dos soldados cazarecompensas que trabajan con el Imperio de las Máquinas para desenmascarar a los héroes: Bulk y Skull (¿quién no recuerda a esos abusones de Angel Groove?. Pues en este corto, ¡vaya giro que les dan!).

¿Quién se casa para luego matar a su pareja, unas horas después de la ceremonia? Eso no es amor, pero pasa muchísimo si lo vemos desde la perspectiva del divorcio o simplemente los intereses y mantener una reputación de malvado.

En mi opinión, no estoy de acuerdo con estos matrimonios falsos y/o de conveniencia personal porque es algo que va contra la propia naturaleza.

- Adios a los cómplices: Después de haber matado a Jason, "Kimberly" mata a Bulk y Skull para no dejar rastro de este acontecimiento. En un robo o crimen real, después de haberse cometido, a alguno de la misma banda se le va la pinza y decide acabar con sus compañeros para tocar a más. Aquí se nos presenta como: "tuvimos un trato y lo has roto, al final".   

- El terrorismo: Ya lo manifiestan con Bulk y Skull y sus soldados, que matan por dinero y para ganarse la vida, sembrando el caos y la destrucción. 

- Las drogas: Zack, el Ranger Negro, tiene dos trabajos: acabar con las Mafias del Este (Japón y China, sobre todo) y un programa de gimnasia en la televisión llamado: "Hip, Hop, Kido" (que utiliza como tapadera). Para poderse mantener en pie, este "hombrecillo" consume y "esnifa" Marihuana. Hay muchas personas que se drogan con tal de mantenerse en pie para realizar sus actividades del día a día.

- La sexualidad y su negocio: A la vez, Zack mantiene relaciones sexuales con dos mujeres llamadas: Divatox y, no me acuerdo de la otra. A esto, se le puede llamar "orgía heterosexual", algo que muchos están acostumbrados a ver. Pero, en los planos en donde se nos muestra a nuestro prota entrenando o "esnifando", vemos en el fondo que las dos mujeres mantienen una relación homosexual lésbica, que es más sexual. Puede que sea de adorno, pero vemos un claro ejemplo del negocio de los videos pornográficos.

¡Brillante muestra crítica de ese negocio a través del enfoque de este corto! Si fuera algo natural, estaría mostrado de otra forma. Pero, si lo comprobáis, está claro que es como os digo, una muestra crítica y morbosa de ese negocio, a través de la visión del cine.

- La mafia: tema visto a través de la batalla del Ranger Negro con los japoneses. Por lo menos, el acabar con las mafias es un mensaje esperanzador porque terminaríamos con la "trata" de muchas cosas. Aquí nos lo presentan como algo trascendente, pero con un fondo social: "las mafias están acabadas por la imposición de otro orden superior a ellas que lleve a este mundo a la autodestrucción".         
  
- Guerra Bacteorológica: En la época del Imperio de las Máquinas se puede descubrir que Billy, el Ranger Azul, se hace trillonario por la venta de armas bacteriológicas a los bandos en los que esta sociedad se divide: máquinas y humanos. Se predice la famosa  y futura guerra bacteriológica.

- El maltrato del hombre a la mujer: es verdad que aquí Rocky pierde los nervios y acaba por maltratar a Kimberly haciéndole daño en la cara y abusando de ella sexualmente,para que diga la verdad. Sea lo que sea que impulse este comportamiento, es lo que se da en la actualidad. Desde aquí, ya digo: ¡NO A ESE MALTRATO! Aunque, en este corto lo reflejan muy, muy bien. 

- Muerte adaptada al cine: En realidad, la única muerte que en el corto no está muy clara es la de Trini, la Ranger Amarilla. La versión oficial dice que murió en un accidente de coche. Puede que esta parte haya sido una adaptación de ese accidente: el accidente de coche fue provocado por Rita Repulsa disfrazada de Kimberly. Es supuestamente una teoría, pero si llegara a ser así, podemos decir: "la ficción y la realidad se unen en una". Hay mucha gente loca que en la carretera provoca estos sucesos, aunque en su mayoría son accidentes (provocados o no, ya se verían después).

Si esta teoría es así y los temas sociales que se descubren en este corto son los que he ido enmarcando en este artículo, sin duda alguna estamos ante uno de los inventos más sorprendentes de Hollywood de los últimos años.

¿Unos peronajes para niños, adaptados a la vida real, a través de este corto? Solo puedo contestar una cosa: ¡BRILLANTE PERO INADECUADO PARA NIÑOS!


   








 

lunes, 1 de junio de 2015

Y cuando llega la muerte ¿Qué?


Se trata, posiblemente, de la gran pregunta que se ha planteado el ser humano a lo largo de los siglos. Cuando se marcha un ser querido (sea amigo, familiar...), siempre nos quedamos con este ancestral interrogante ¿Y ahora? probablemente, aunque suene a tópico, lo mejor es rezar por esa persona, para que alcance la paz eterna. Acaba de fallecer una persona muy cercana a mi. Amigo de mis padres. Le conocía desde pequeñajo. Siempre me apreció mucho. Quizá no era un santo, pero tampoco un malvado. Fue, sencillamente, una persona trabajadora, alguien que luchó porque su familia tuviera una gran calidad de vida, y creo que lo consiguió.

Pero, cuando llega la muerte, nuestra mente se llena de interrogantes, tengamos más o menos fe. La muerte es como ese visitante inesperado que se cuela en nuestra vida y nos sorprende, como un intruso. Pero, realmente, es algo de lo que ninguno podemos escapar. Si lo pensamos, desde que el hombre es hombre hay más difuntos que fallecidos. Sin embargo, cuando llega la muerte, nos pilla desprevenidos, no la esperamos. Especialmente, creo, en estos tiempos. Hoy vivimos como si nuestra vida nos perteneciera, como si fueramos a vivir eternamente. Nos agobiamos por problemas más o menos importantes, como si fueran a ser eternos. Nos cabreamos con personas, nos regocijamos con otras, sin darnos cuenta de que somos compañeros de un camino vital, todos somos hermanos pues somos hijos de un Dios que nos ha creado por puro amor.

Deberiamos vivir, creo, siendo conscientes de que la vida tiene un principio y un final. Disfrutando cada instante al máximo. Pero no desde un punto de vista hedonista, sino viviendo con responsabilidad cada momento. Amando a nuestros seres queridos, pero también a quienes no nos hacen bien. Deberiamos vivir sendo conscientes de que cada persona que encontramos en nuestra vida es un compañero y no alguien que, por nuestros prejuicios, nos cae mal y creemos que nos quiere hacer la puñeta. Sin embargo, no lo hacemos. Vivimos como si esta vida fuera eterna. No sabemos si mañana seguiremos viviendo, pues depende de la voluntad de Dios, pero hacemos planes a largo plazo. Incluso a veces pensando en el próximo año cuando estamos en junio. Vivimos, muchas veces, despreciando a personas que pensamos nos caen mal, sin darnos cuenta de que tal vez Dios las ha puesto en nuestra vida por algo. Ese compañero de trabajo, ese familiar... pensamos "Qué pesado", sin darnos cuenta de que está por algo en nuestra vida. Y, cuando falta, en muchas ocasiones sentimos vacio.

No quiero extenderme mucho, simplemente deseaba reflexionar brevemente sobre la muerte. Como digo, ha muerto un amigo de mis padres. Ahora me vienen muchos recuerdos desde mi más tierna infancia. Recuerdos en cierto barrio del sur de Madrid, recuerdos en cierto pueblo de la sierra de Segovia, en cierta localidad de Alicante. Son cosas que siempre quedarán ahí. Aunque las personas queridas se van, y eso lo sabemos bien los creyentes, siguen viviendo en la Eternidad. Pero, además, los recuerdos permanecen siempre frescos en la memoria. Ahora queda rezar por él, para que encuentre el descanso eterno, la luz eterna. Creo que disfrutó durante toda su vida. Rezo para que disfrute la vida eterna. Descanse en paz, Marcos.

martes, 19 de mayo de 2015

El equilibrio de la piramide inmortal. Reflexiones sobre la vida misma.


Me estoy terminando de leer "La Pirámide Inmortal", de Javier Sierra. En este libro, el escritor turolense plantea una serie de acontecimientos que llevaron, según él, a Napoleón Bonaparte a pasar una noche dentro de la Pirámide de Keops, en Giza. Permaneció en el interior de la Gran Pirámide durante unas horas nocturnas que le cambiarían la vida por completo.

Pero en este artículo no comentaré el libro, sino que voy a escribir sobre una serie de reflexiones que me han venido en estos días mientras lo leía. Si por una cosa me gusta especialmente Javier Sierra es porque no se limita a narrar una historia, sino que te invita a reflexionar sobre aspectos como el misterio, el más allá, la historia o la mitología. En "La Pirámide Inmortal", como digo, lo ha conseguido.

Una primera reflexión me vino cuando acudí el pasado otoño a una firma de libros en la FNAC. Estuvimos hablando brevemente y me dijo que estaba en una buena edad para escribir, pues a partir de los 30 es cuando ya se comienza a tener un recorrido vital que te permite reflexionar sobre lo pasado, contemplar el presente y preparar el futuro, es a partir de esa edad cuando uno comienza a entender la vida. Realmente, creo que tiene razón. En mi caso, he tenido que pasar por diferentes fases vitales para poder comprender algunas cosas de mi vida, de la vida en general. De niño, quizá viví en una burbuja pues, a pesar de sufrir bullying, fui un niño feliz y protegido por mi familia y amigos frente a cualquier amenaza exterior. Después, durante la adolescencia, me encontré entre el interés por adquirir conocimientos y la edad del pavo, con lo que eso conlleva. Luego fui a la Universidad y me llevé una gran decepción, pues no satisfizo la idea que me había forjado sobre ella. Todo lo contrario, me encontré con funcionarios que se limitaban a dar sus clases, vomitando conocimientos sin procurar que aprendieras de verdad. Evidentemente me encontré con grandes profesores, pero hubo otros que dejaban mucho que desear. Luego entré al Seminario, pero salí a los pocos meses viendo que no era lo mío. Y, por fin, los Máster de Historia y Periodismo que realicé. Fue un recorrido académico que, junto a otras vivencias personales con la familia, los amigos y la sociedad, me plantó en los 30 años permitiéndome un atisbo de conocimiento sobre lo que en realidad es la vida. Debo decir, humildemente, que en realidad solo se que no se nada. Pero, al menos, tengo algo más de conocimiento vital que hace, tan sólo, cuatro años. Entonces no comprendía bien cual era el propósito de mi vida, incluso me daba miedo el futuro. Hoy ya no. Sé que mi propósito, lo que me gusta, mi vocación, el motivo por el que estoy aquí, es escribir. Lo haré unas veces mejor, otras peor. Unas veces escribiré libros, otras lo que haré será escribir en blogs. Pero, desde luego, he nacido para escribir. Y, como dice Javier Sierra, los 30 años es una buena edad para hacerlo. Se comienza a vivir de verdad, se comienza a comprender la vida.

La segunda reflexión que he tenido leyendo "La Pirámide Inmortal" es sobre lo que los egipcios llamaban el Maat. El equilibrio, la armonía del universo.Es un concepto de equilibrio y armonía cósmicos que existen desde la creación del mundo y conviene conservar. Se le relaciona con la armonía griega o la virtud judeo-cristiana. Cuando miramos el cielo estrellado nos damos cuenta de que hay un aparente caos. Sin embargo, el firmamento está en un caos ordenado, como lo llama un amigo. Hay un equilibrio universal (creado por una causa infinita, motor inmóvil infinito e incausado, que diría Aristóteles). Ese equilibro hace que, por ejemplo, la Tierra de vueltas entorno al Sol y, al mismo tiempo, la Luna de vueltas alrededor de la Tierra sin chocarse, por mucho que se muevan. Pero el concepto del Maat va mas allá. Hace referencia a aspectos que atañen al alma humana, como el bien o el estado anímico. Un ejemplo: el niño roba en la tienda. El padre lo sorprende, le reprende y obliga a devolver lo substraído. Se cumpliría ese Maat-equilibrio-virtud, pues a una acción negativa se le une una positiva, la restauración de lo robado, que permite devolver esa armonía que ha sido alterada. Otro ejemplo: una persona se encuentra bajo de ánimo. Hay algo que está trastocando esa armonía, pues la persona siente emociones negativas, no tiene equilibrio emocional. Pero esa persona decide poner música alegre y se pone a hacer ejercicio. Con esa acción se le pasa la mala emoción y comienza a sentir paz. Hay Maat, hay equilibrio en su vida.  En definitiva, parafraseando a Simeone, consiste en ir minuto a minuto, partido a partido (día a día), siendo consciente de uno mismo, para conseguir mantener el equilibrio vital en todo momento. Siempre digo que se ha malinterpretado el "Carpe diem", pues los romanos con esa frase no querían decir sino "aprovecha el momento". Sin embargo, generalmente se cree que en realidad decían "vive el momento de modo hedonista". Pero en realidad no es así. Consiste en aprovechar el momento, en trabajar cada momento de nuestra vida, sin amargarnos por el pasado o temer el futuro. También en lo relativo al equilibrio en nuestra vida. Una persona que vive, de modo consciente el presente, es más fácil que tenga ese equilibrio, ese Maat, en su vida que otro que vive agobiado por el futuro o pasmado recordando el pasado.

La tercera y última reflexión es en lo relativo a lugares especiales donde uno siente que vuelve a renacer, sitios donde, por algún motivo, parece que las heridas interiores que uno tiene son, de pronto, sanadas. Napoleón Bonaparte experimenta ese renacer en la Pirámide de Keops. En mi caso, como he escrito en varias ocasiones, tengo uno muy especial: Santoyo. Hay algo en ese pueblo, como si tuviera alma, como su el pueblo y sus alrededores fueran un ente vivo, que cada vez que voy siento paz y todos los males que llevo allí se me curan por completo. Tengo muy vivo el recuerdo de ir de pequeño, cuando sufría acoso escolar, con el alma rota y volvía con el alma reparada. Mientras escribía esto me acordaba de mi mismo, de crío, volviendo en el coche a Madrid, llorando porque quería quedarme allí. Lo que siento cada vez que voy a Santoyo es como una sensación de amor que me sana por dentro. Evidentemente también influye el tener allí familia y buenos amigos. Pero, desde luego, la paz que siento cuando paseo por sus eras no la tengo en ningún otro sitio. Otro lugar que significa también mucho para mí es Guadarrama, pues siempre que subo a la piscina, rodeada por inmensas montañas, siento gran paz y el estrés de Madrid se me pasa al instante. También Lourdes, evidentemente, donde he vivido cosas increibles. Pero hay un lugar especial, un sitio donde renací tras una depresión que duró tres años y tres meses: Pelayos de la Presa. Aquella noche del 9 de junio de 2012 experimenté algo parecido a lo que vivió Napoléon en la Gran Pirámide. No vi humanoides luminosos, es cierto. Pero si una luminosidad cruzando el cielo, haciendo un extraño movimiento, con un espacio de tiempo en el que estuvo parada. Probablemente nunca sepa lo que fue. Lo más racional es pensar que se trató de un satélite que pasó por allí en aquellos momentos. En cualquier caso, era como si el destino ¿Quizá el Maat? Me hubiera destinado a ver aquello justo en aquel momento y lugar. Fue mi Gran Pirámide, el lugar donde volví a renacer, donde reencontré la luz tras más de tres años de oscuridad.

En definitiva, me ha gustado mucho "La Pirámide Inmortal" de Javier Sierra. A algún amigo le decepcionó un poco. Es cierto que ha tenido algunos libros mejores. Pero, por ejemplo, creo que es mejor que "El Maestro del Prado". Ese libro si me decepcionó un poco, aunque quizá se deba a que tengo muy interiorizado lo que aprendí sobre Historia del Arte en el colegio. Lo que si tengo claro son estas tres reflexiones que he compartido en este artículo. La primera, que ahora es cuando comienzo a entender la vida, cuando puedo echar una mirada serena al pasado y recordar todo lo vivido y aprendido para utilizarlo en mi día a día. La segunda, que debo tener equilibrio en mi vida. El equilibrio se consigue cuando uno ve más o menos clara su misión en la vida y se lanza en pos de el. El equilibrio se consigue siendo consciente de cada instante vivido, para rápidamente sustituir lo negativo por lo positivo, para no dejar que la negatividad te envuelva. El equilibrio es lo que nos permite lograr la felicidad, aunque tan solo sean pequeños atisbos de esta. La tercera, que hay lugares donde uno puede retirarse para experimentar la sanación del alma. En mi caso son, entre otros, estos tres que he mencionado. Pero cada uno tiene los suyos. Seguro. Os recomiendo el libro y espero que os ayuden estas tres reflexiones.

sábado, 9 de mayo de 2015

Un amigo puede irse. La amistad perdura. En recuerdo de Álvaro Muñoz Salas



Han transcurrido casi diez años, pero aún recuerdo, como si fuera ayer, aquel día. Era una calurosa tarde de agosto. Solía entonces dar un paseo por Santoyo, mi querido pueblo, al atardecer. Ese día vi por última vez (al menos físicamente), a un querido amigo de mi infancia. Le había perdido el contacto pues, por algún motivo que desconozco, ya no iba por Santoyo. O quizá iba, pero no salía de casa. Unos días antes alguien había dicho que mi antiguo compañero de juegos se encontraba en el pueblo, pero no quería salir de casa. Quizá por ese motivo pasé, casi sin ser consciente por la puerta de su casa. Vi como mi viejo amigo salíó a la calle, con el rostro ligeramente cabizbajo, y se dirigió a un coche, junto con su padre. Fue un instante. Me miró ojeroso, la expresión de su mirada reflejaba una profunda pena. Bajó la cabeza como para que no viera que algo le pasaba, pero las lagrimas parecían estar apunto de salir de sus ojos. Entraron en el coche y se fueron. Yo me quedé en estado de shock. Aquellos días no me encontraba demasiado bien anímicamente, pues mi padre acababa de fallecer. A esto se le unió ver el rostro de mi amigo y el ser consciente de que no quiso que le viera en ese estado anímico. La mezcla de ambas cosas me dejaron en estado de shock. Quizá un año antes me hubiera acercado a saludarle, antes de que se metiera en el coche. Pero aquella tarde me quedé como paralizado. También me quedé profundamente intrigado, preguntándome qué le podía estar pasando. Durante unos años no supe de él, hasta 2009, pero nunca dejó de estar en mi memoria. De hecho, tres años después estuve en su tierra y pensaba "igual me lo encuentro". No tenía su teléfono, ni su messenguer, no sabía como localizarlo. He decidido escribir para rendirle homenaje y para contar su historia, al menos lo que conozco, desde el cariño y el respeto. Hay historias que merecen ser contadas y creo que la suya lo es, así lo siento internamente. En 2012 escribí un artículo sobre él que me ha ayudado a conocer algo más sobre la vida de mi recordado amigo, fallecido en 2006.

No obstante, aún me quedan puntos que esclarecer para poder comprender lo que le ocurrió. Como cristiano, historiador y periodista soy un incesante buscador de la verdad. Tengo la imperiosa necesidad de saber la verdad siempre que investigo algo, sea sobre los mártires cristianos en Hispania, la muerte en la hoguera de Juana de Arco, el acoso escolar, o la vida y muerte de mi amigo Álvaro. Por este motivo viajé el 3 de mayo de 2014 a Salamanca. Recorrí esa bella e histórica ciudad en busca de aquellas claves que pudieran arrojar algo de luz y taquígrafos sobre lo que le ocurrió a mi amigo. Intenté conocer y saber algo más. Un amigo común de Álvaro y mío, que se puso en contacto conmigo a través de este blog, me enseñó los lugares donde vivió y estudió mi recordado amigo. También el Hospital Universitario de Salamanca, donde estuvimos hablando con una persona que decidió abrir su alma y contarnos lo poco que sabía y recordaba de aquel 18 de mayo de 2006 en que Álvaro decidió marcharse. Pero también me encontré con silencios. El silencio de algunas personas que podrían haberme resuelto alguna duda. Pero, aún así, volví a casa con bastante información para poder realizar lo que en Periodismo se llama un perfil sobre Álvaro Muñoz Salas.

Nació en Salamanca un miércoles 8 de mayo de 1985. Álvaro, aunque era salmantino, tenía raíces palentinas. Por este motivo iba en verano a Santoyo, tierra de sus ancestros.  Pasó su infancia y adolescencia en el Barrio del Rollo. Sus primeros años de estudio estuvo en el Colegio Caja de Ahorros y, posteriormente, fue al Instituto Garcia Bernalt. Una vez finalizó el Instituto, comenzó a estudiar Medicina en la Universidad de Salamanca.

Era muy buen estudiante y compañero además de un gran amigo, tal, como me dijo el amigo común y yo puedo corroborar. Una de esas personas que son recordadas por su forma de ser, bondadosa y entrañable. Personalmente, le recuerdo en Santoyo como tímido cuando estábamos muchos críos juntos pero muy simpático cuando no había tanta gente. Aunque me consta que fue una persona muy sociable. De adolescentes hablaba poco con mis amigos sobre religión, por lo que no recuerdo haber hablado sobre ello con Álvaro. Pero me consta que, aunque no estaba bautizado, iba a clase de religión en el colegio. Me contaba este amigo común que durante un curso, le encargaron encender y apagar las velas durante cierto tiempo litúrgico en el aula donde les daban clase de Religión. Aquí hay un detalle que, creo, refleja la personalidad generosa de Álvaro, pues le dijo al amigo común "puedes apagar tu las velas" dejando que el otro niño, que se encontraba malo aquel día, pudiera soplar para apagar las velas. 

En verdad Álvaro fue un chico muy generoso y solidario. Le recuerdo como alguien que siempre tenía ganas de ayudar a los demás. En alguna ocasión he contado que yo sufrí acoso escolar en el colegio. Cuando iba a Santoyo me sentía seguro, con mis amigos. Pero sobre todo recuerdo, con gran cariño y agradecimiento, las palabras de aliento y ánimo que Álvaro me dirigía cuando me veía desanimado. No me extraña que quisiera estudiar Medicina, pues trataba de ayudar a quien estaba necesitado. En aquellos años yo lo estaba, emocionalmente, y me ayudó mucho. Le estoy muy agradecido y, la verdad, me duele no haberle podido ayudar cuando se encontraba mal. Pero siento que desde donde está sigue ayudándome. 


Pero Álvaro, aunque era muy bondadoso y buen amigo, también tenía una personalidad bastante marcada.  En Santoyo, si no estaba de acuerdo con alguna opinión general que expresasemos los demás amigos, él mostraba su pensamiento sin temor al "qué dirán", con seguridad y aplomo. También con serenidad, pero sin amilanarse. Quizá no le gustaba mucho que alguien hiciera de sus pequeños agobios un mundo cuando él también los tenía. En una ocasión, el mencionado amigo común,  se cruzó con Álvaro por la calle y, cuando le contó que le costaba compaginar la asistencia a clase con el tiempo dedicado a los estudios, mi recordado Álvaro le dijo "pues macho, apañate y ajo y agua", como diciéndole que se pusiera a estudiar y aguantase la presión. Lo cierto es que él estaba estudiando, como he dicho, Medicina. Esta carrera es especialmente complicada y dificil. Quizá por ello, cuando le hablaban de estrés motivado por los estudios, era como si Álvaro dijera "a mí me vas a hablar de estrés...". Siempre he pensado que, quizá, el estrés influyera en lo que le ocurrió.

He hablado antes de su cierta timidez. Creo que más que timido era callado. Pero porque le gustaba escuchar a los demás, aprender de ellos.  Como digo, daba su opinión sin complejos y era una persona que sabía hacer amigos y conservarlos. Sabía hacerse querido por sus amigos. En el artículo que escribí en su momento sobre Álvaro comentaba una pequeña anécdota que refleja su generosidad y preocupación por los demás. A los de la cuadrilla de amigos nos encantaba ir a jugar a unos cerros cercanos a Santoyo, llamados Costacollaos. Yo tenía bastantes problemas cuando bajaba de ellos, porque por mi discapacidad auditiva tengo problemas de equilibrio. Pues Álvaro me ayudó, en más de una ocasión, a bajar los cerros, agarrandome por el hombro para que no me cayera. Nos encantaba conversar. Conmigo era, si mal no recuerdo, con quien más conversaba cuando coincidiamos en Santoyo. Me hablaba mucho sobre Salamanca y los amigos que tenía allí. Le encantaba jugar al fútbol, especialmente como portero, aunque no desdeñaba participar como delantero, mediocentro, o defensa. También era muy feliz jugando con los demás amigos al rescate por las calles del pueblo, o al Risk cuando ibamos a merendar a la bodega. Era alegre y bromista y, cuando yo le hablaba sobre las chicas del colegio que me gustaban, se reía. Algún amigo del colegio me solía decir "a ti te gustan todas". Álvaro se reía afablemente cuando se lo comentaba.

Cuando terminó su etapa en el Colegio Caja de Ahorros se fue a estudiar al IES García Bernalt. Allí no solo se le daba bien estudiar, sino que escribía bastante bien. Quizá por ese motivo fue el encargado de escribir y leer un discurso en el acto de despedida de 2º de Bachillerato del que me hice eco en aquel artículo que he comentado. He querido incluir aquí un pequeño extracto donde describe hábilmente a los egresados en la Universidad: "Una integral en juliana, un geólogo sin par. Aquí no hay fieras, sólo graciles mulas y teijones sin más. Ni elefantes, ni bicicletas, sólo hay ingleses de London, que completan esta posada a cuya puerta nunca el Cid llamó. Y por supuesto, los alumnos, fin y causa de la educación. De pueblo, de ciudad, de aquí, de allá ¡qué más da!", Somos nosotros los huéspedes a quienes hay que hospedar". El discurso puede leerse en la revista de este Instituto. También hay en Internet, algún otro escrito suyo alojado en una conocida web donde los estudiantes comparten trabajos y apuntes.

Una vez finalizada su etapa en el Instituto decidió estudiar Medicina, por este motivo se matriculó en la Facultad de la Universidad de Salamanca. Pese a que era un joven sociable y bromista, un muchacho que salía con los amigos a tomar algo y sabía divertirse, algo tuvo que suceder en aquellos años, entre 2003 y 2006. Algo que motivó lo que posteriormente ocurrió. Fue en el verano de 2005 cuando le vi con esa tristeza en los ojos, por lo que ya por entonces algo tenía que estar haciéndole sufrir. Algo que le motivó un dolor tan fuerte que ni siquiera un espíritu noble como el suyo pudo soportarlo. Como comenté en el artículo ya reseñado, tras su muerte se decía en Santoyo que el motivo pudo estar en que pudo quedar dañado tras romper con una chica. Puede ser, pues eso mismo me ha llegado por otros canales que no tienen nada que ver con los amigos del pueblo

Decidió irse un jueves 18 de mayo de 2006. Según la información que tengo, salió de casa para dirigirse al Hospital Universitario de Salamanca, donde estaba realizando las prácticas de Medicina. Desde que en 2009 me enteré, siempre me he preguntado si fue una decisión que tenía meditada o si hubo, quizá, un hecho detonante que precipitó los acontecimientos. Pocos días antes había celebrado su cumpleaños en un céntrico bar salmantino y nadie notó, aparentemente, nada extraño en él. Por lo que sé, durante aquella celebración se le vio sonreir. De hecho, durante algún tiempo en la puerta del bar estuvo puesta una fotografía donde Álvaro aparecía sonriente en aquella celebración. Además, los últimos meses de su vida había seguido saliendo con sus amigos y participaba en eventos sociales de un modo aparentemente normal. Claro, se suele decir eso de que la procesión se lleva por dentro. Pero los que hemos pasado por una depresión sabemos que hay momentos en que, por más que lo intentes, no puedes fingir ser feliz. Puedes salir, puedes estar con los amigos e, incluso, disfrutar con ellos. Pero se te nota que no estás del todo bien.

Parece ser, aunque no estoy del todo seguro de esto, que pudo cruzarse, casualmente, con un conocido a quien dijo "voy donde tengo que ir". A ese mismo conocido le había dicho, tiempo antes, algo como "ya sé por qué se suicida la gente". Son pequeños detalles por los que, parece, Álvaro había dejado pequeñas pistas de que algo no iba bien en su vida. Otro detalle que me intriga es el de que aquella mañana había borrado todos los archivos que tenía en su ordenador.  Por lo que sé, subió a la sexta planta del hospital. Entró o en un despacho o en una habitación (este aspecto lo desconozco) y se precipitó por una ventana. Según la persona con la que hablé en el Hospital Universitario de Salmanca cuando estuve el año pasado, antes de saltar se rasgó la ropa, quizá fruto de la desesperación. Según me contó en su momento una persona del SAMUR que le atendió, estuvo un rato debatiéndose entre la vida y la muerte, inconsciente, hasta que falleció. Creo que fue una media hora. Se trató, por lo tanto, de un suicidio.

Se trata de un tema complicado, soy consciente de ello. Conozco poco sobre ello y pienso que hay personas mucho más autorizadas que yo para hablar sobre este tipo de muertes. Pero creo, al menos tengo esa convicción, que Dios pudo salvarle, en ese rato que estuvo aún con vida, mediante maneras y caminos que para nosotros son desconocidos. Hay una anécdota del Santo Cura de Ars que me encanta. Caminaba por esa población francesa con una dama que se sobresaltó al ver a un señor tirándose desde el puente y el Santo Cura dijo algo parecido, que había que rezar por ese señor pero que Dios podía salvarle de infinitas formas y mediante caminos para nosotros misteriosos. Además, Álvaro era una gran persona, un gran chaval y un excelente amigo. Era un muchacho que tenía muy buenos valores. Me enteré de su muerte durante la Semana Santa de 2009. Desde entonces he rezado y ofrecido misas por él, aunque creo que está en un lugar mejor. Cuando estuve en Salamanca el año pasado viví una experiencia curiosa durante la Eucaristía. Fue el 4 de mayo de 2014. Había ofrecido esa misa por Álvaro y todo el rato estaba pensando en él,  tenía su imagen en mi mente. Aunque ese domingo fue un día soleado en Salamanca, la luz solar no iluminaba la Catedral hasta que se rezó el Padrenuestro. Cómo digo, yo tenía presente en la mente todo el rato la imagen de Álvaro y de pronto, cuando rezábamos la frase "Venga a nosotros tu Reino, hágase tu voluntad..." entró la luz del sol por una de las vidrieras y se iluminó todo el Altar Mayor. Esa luz me daba de frente, fue entonces cuando ocurrió.  Esto puede sonar raro para quien no me conoce, pero sentí que esa luz inundaba mi mente y, con ello, la imagen de Álvaro que tenía presente, como si el sol estuviera abrazándole, como si Dios estuviera dándole un abrazo. De alguna manera creo que fue como una especie de mensaje divino, pues, desde que supe de su suicidio, siempre he encomendado a Álvaro a la Misericordia Divina. Es una experiencia que a algunas personas puede resultarles extrañas y, quizá, no la comprendan bien. Pero creo que Álvaro, de alguna manera, está bajo la Misericordia de Dios. Aunque seguiré rezando durante toda mi vida por él, siempre le tendré presente en mi recuerdo, igual que al resto de seres queridos ya difuntos. Igual que a Paloma, mi otra amistad fallecida.

Pese a todo lo que pude averiguar en aquella visita realizada en mayo de 2014 a Salamanca, me siguen quedando muchas incógnitas sobre lo que pudo sucederle a mi añorado amigo. Cómo ya dije en aquel primer artículo, no creo que lo hiciera tan sólo por haberlo dejado con una chica. Creo que se debió a una concatenación de factores que le llevaron a una situación psicológica que no pudo soportar. Quizá en aquel verano de 2005 ya se encontraba mal anímicamente, de ahí que yo le viera
triste. Puede ser (es una hipótesis) que lanzase algunas señales a modo de S.O.S. que no las personas de su entorno más cercano no pudieron apreciar. Puede ser que la carrera influyera, pues Medicina, como sabéis, es bastante dura y exigente. Parece ser, por lo que he podido averiguar, que no se trata del único estudiante de dicha carrera que se ha suicidado. De hecho, aquel trabajador con el que hablé, me confesó que en ese mismo hospital se han suicidado mas estudiantes de Médicina. Parece que es una carrera que tiene gran exigencia, conlleva un estrés que no todos pueden soportar, y eso creo que le pudo pasar factura a Álvaro. Yo, por ejemplo, siempre tuve claro que no quería ser médico (de hecho soy incapaz de ver un tobillo con esguince o una operación a corazón abierto), por lo que no me extraña que el estrés por los estudios pudiera ser un factor determinante. ¿Hubo otras cosas? No lo sé. Quizá, pero posiblemente no hubiera una causa que fuera la decisiva, sino que fue una concatenación de causas que le llevó a hacerlo. En cualquier caso, y sobre todo, lo que ahora me importa es honrar la memoria de mi buen amigo y rezar por él para que Dios le tenga en su seno. Como digo, confío mucho en la Misericordia Divina.

Seguiré investigando y escribiendo sobre Álvaro. Por lo que le conocí, por lo que de él conozco, por ciertas sensaciones, creo realmente que su vida merece ser contada y conocida. Fue una gran persona, alguien que me ayudó mucho en mi infancia. Lo que me extraña es haberme encontrado con ciertos tabúes cuando he preguntado a personas de su ciudad sobre él, como vecinos o compañeros de clase. Recuerdo la persona del SAMUR, que me dijo que Álvaro se apellidaba de una forma errónea, también recuerdo el silencio de sus antiguos vecinos, o la renuencia a hablar sobre el tema de algún viejo compañero suyo de colegio e instituto. En cualquier caso, no creo que se trate de miedo a hablar sobre Álvaro, pues era un gran chaval. Simplemente, en nuestra sociedad existe miedo a la muerte, es tabú hablar sobre lo que hay después de esta vida, da la sensación de que es mejor no hablar de ello, sobre todo si se trata de un suicidio. Pero creo que obviar la muerte y las cuestiones trascendentales que acontecen tras la vida supone un grave error. Caer en ello supone perder el sentido trascendental de la vida y lo que ello conlleva, concretamente el haber dejado de rezar por los difuntos. Parece muy divertido, según algunos, que llegue el último día de octubre y la gente se disfrace de fantasmas o vampiros. Sin embargo, olvidamos que tanto el 1 de noviembre (día de todos los santos) como el 2 de noviembre (día de los fieles difuntos) son días escogidos para rememorar y rezar por los difuntos, días fuertes de oración por aquellos que se fueron antes que nosotros. Esto es algo que se nos olvida, algo en lo que la gente no quiere pensar, porque les da miedo. Parece que es mejor ocultar la muerte, como si no existiera, aunque cuando llega nos deje temblando y llorando. Sobre todo parece que es mejor obviar la muerte cuando se trata de un suicidio. Pero, como digo, se trata de un tremendo error. Conviene recordar a nuestros familiares y amigos difuntos. Es necesario recordarles y rezar por ellos. Es necesario recordarles pues nadie muere del todo mientras sigue vivo en nuestro corazón, mientras hablamos de ellos. Por ello seguiré hablando y escribiendo sobre Álvaro y,  sobre todo, seguiré pidiendo que se rece por él. Aunque creo que puede estar ya bajo el seno de la Divina Misericordia, creo que es aconsejable que se siga rezando por él. Por eso quiero aprovechar el final de este artículo para volver a pedir que recéis por Álvaro Muñoz Salas, de Salamanca, que abandonó este mundo en 2006 con 21 años de edad. Os lo agradecerá, estoy convencido de ello.

Concluyo este artículo con unas palabras para mi querido y añorado Álvaro. Gracias por aquellos veranos en Santoyo, esas conversaciones en Costacollaos, esas palabras de ánimo que me dedicabas mientras sonreías, gracias porque estuviste ahí cuando aprendí a montar en bicicleta (lo cual me costó por mi problema de equilibrio, pero me alentabas), gracias porque de alguna manera siento que sigues cuidando de mí desde donde ahora te encuentras. Te recordaré siempre como un gran amigo de la infancia y trataré de que tu memoria perdure escribiendo sobre ti. De alguna manera, resuena ahora en mi corazón, esa frase "pues tío apañate y ajo y agua" como una especie de señal que el destino me ha enviado. El año pasado estuve agobiado debido al Máster de Periodismo Social que realicé. A veces me agobio con los avatares de la vida, aunque sean pequeñas cosas sin importancia. Sin embargo, siento de alguna forma que estás a mi lado y me dices que no me deje llevar por el estrés, ahora y a lo largo de la vida, que aguante pues no merece la pena ir agobiado por la vida pues lo importante en ella no es llegar antes sino disfrutar del camino. He titulado este artículo haciendo referencia a la canción "cuando un amigo se va algo se muere en el alma" pues recuerdo que te la cantaban en Santoyo cuando te ibas para Salamanca, ya al final del verano.

No te olvidaré, querido Álvaro, rezaré siempre por ti y trataré de que los demás lo hagan, que te conozcan, que te recuerden. Un abrazo allá donde estés, sigue cuidando de nosotros, que Dios nuestro Señor te acoja en su seno y que María Santísima te lleve hasta Él e interceda por tí. Descansa en paz.

lunes, 4 de mayo de 2015

Nuevos sacerdotes en Madrid. La generación de Don Pablo Domínguez

"Crecer sucede en un latido...un día estás en pañales, y al día siguiente te vas, pero los recuerdos de la niñez permanecen contigo todo el camino...recuerdo un lugar, un suburbio, una casa, una casa como muchas casas, un patio como muchos otros patios, y una calle como muchas otras calles...pero lo curioso es que, después de todos estos años, aún lo recuerdo, maravillado".
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Don Carlos Osoro durante las ordenaciones

Esta frase de la serie "Aquellos Maravillosos Años", que aparentemente no tiene mucho que ver con las Ordenaciones Sacerdotales, resume a la perfección el torente de recuerdos que recorre mi cabeza en las últimas 48 horas. Se han ordenado catorce nuevos sacerdotes en Madrid, el sábado pasado. He asistido, a lo largo de estos años, a numerosas Ordenaciones. Pero en esta ocasión ha sido verdaderamente especial para mi, pues entre estos nuevos presbíteros no sólo se encuentran grandes amigos míos. Todos han sido compañeros de clase o, al menos, de la de la Universidad Eclesiástica San Dámaso.

Como digo, aparentemente, la frase con la que comienzo este artículo, no tiene que ver con lo que son las Ordenaciones Sacerdotales. O quizá sí, pues ¿Qué son los años del Seminario sino un crecimiento? Uno entra allí siendo apenas un niño y, si Dios quiere, sale transformado en Sacerdote de Dios. Son siete años en los que uno pasa de ser un mozalbete a hacerse un hombre de Dios. Yo no me ordené, pues el Señor me llevó por otros caminos y hoy soy franciscano seglar. Pertenezco a la Orden Franciscana Seglar. Tampoco estuve en el Seminario de Madrid, sino en el de Getafe. Pero, cuando echo la mirada atrás, como decía Kevin Arnold en esa frase que inicia el artículo, recuerdo una casa (el Seminario, San Dámaso...), un patio, una calle (San Buenaventura, en Madrid) y recuerdo maravillado los años que compartí con los nuevos Sacerdotes en San Dámaso, la Misa de los martes, acompañada por la Adoración al Santísimo. También cuando iba a la parroquia donde estaba de pastoral alguno de mis amigos seminaristas o, simplemente, cuando quedaba con ellos para tomar algo y conversar. Cuando recuerdo estas y otras cosas, como Kevin Arnold, me maravillo.
Son amigos. Mi padre decía que "Quién tiene un amigo sacerdote, tiene dos veces un amigo". Por eso creo que puedo sentirme orgulloso de tener grandes amigos. Recuerdo sobre todo el principio de mi amistad con Juanjo, a quién conocí en verano de 2007, un año antes de entrar al Seminario, y con quien compartí inquietudes vocacionales y nuestro cariño a San Francisco de Asís. Espero que no se me enfaden los demás si digo que Juanjo es, de los nuevos presbíteros, mi amigo más apreciado. Al fin y al cabo, a todos les tengo por buenos amigos y, recordando la frase de mi padre, todos y cada uno son dos veces un amigo. Recuerdo nuestro primer día de clase en San Dámaso. Nuestra primera clase fue con don Pablo Domínguez. Nos dio Lógica, fuimos la última generación de san Dámaso que tuvo esa asignatura con él. En clase estabamos gente de varios seminarios, congregaciones y también laicos de diferentes movimientos e institutos. Palencia (por cierto, en diciembre se ordenó allí un buen amigo, Abel), Getafe, Alcalá de Henares (se ordenaron el año pasado, Jaime y Samuel, muy apreciados también) y Madrid. Enseguida hice buenas migas con todos, pero especialmente con los de Madrid. Recuerdo también con cariño a Andrés y Juan, que por diferentes razones aún no se han ordenado. También a Arturo y Jorge, a quienes alguna visité en la parroquia donde estaban de pastoral.

He titulado este artículo "la generación de don Pablo Domínguez". Fuimos, posiblemente, los últimos en examinarnos con él, antes de que se fuera a los ejercicios espirituales en Tarazona, aquel mes de febrero de 2009. Nunca se me olvidarán las clases con aquel gran Sacerdote. De la asignatura en sí recuerdo más o menos algo. Pero nunca se me olvidará la sonrisa y bondad que emanaba don Pablo Domínguez. Tampoco se me olvidará nunca lo vivido aquel 16 de febrero de 2009. Los seminaristas de Getafe habíamos estado en Roma ese fin de semana. Cuando llegamos a Madrid encendí el móvil y tenía varias llamadas perdidas de Juanjo. Pensaba que llamaba porque, quizá, le había extrañado que los de Getafe no fuéramos a clase ese día. Pero pronto comencé a ver cosas en el avión que me indicaron que algo estaba pasando. Recuerdo al por entonces rector del Seminario de Getafe, don Rafael Zornoza, con la cabeza tumbada en el asiento delantero, un compañero vino y me dijo que había muerto un profesor nuestro. Era don Pablo. Recuerdo el día siguiente, en el Seminario de Madrid, sobre todo el olor a rosas que desprendía su casulla, puesta sobre el ataud. Estoy convencido de que don Pablo Domínguez fue un verdadero santo. Por ese motivo considero que mis compañeros de clase en San Dámaso, los que se han ordenado sacerdotes y los que quedan por ordenarse, son la generación de Don Pablo Domínguez. Son los Sacerdotes de Don Pablo.

Tiempo después dejé el Seminario de Getafe, pues veía que no tenía vocación sacerdotal. Sin embargo, seguí yendo un par de cursos más a San Dámaso. También a Eucaristía y la Adoración al Santísimo de los martes en el Seminario. Personalmente, el periodo entre marzo de 2009 y junio de 2012 fue duro, pues por razones que no vienen al caso, tuve una depresión bastante fuerte, de la que salí fortalecido. De nuevo me gustaría citar una frase relacionada con la serie "Aquellos Maravillosos Años", concretamente de su canción de cabecera: "(¿Te preocupa estar solo?) ¿Cómo me siento al final del día?, (¿Te sientes triste porque estás solo?) No, me las voy a arreglar con un poco de ayuda de mis amigos...Mm..., llego realmente a lo mas alto con un poco de ayuda de mis amigos...Mm..., voy a intentarlo con un poco de ayuda de mis amigos".

Durante aquellos tres años y tres meses nunca me sentí solo, y fue en gran parte gracias a estos queridos amigos que se han ordenado Sacerdotes en Madrid. Si me veían flaquear en algún momento, siempre me tendían una mano amiga. Siempre dispuestos a escucharme cuando necesitaba hablar con alguien. Me encantaba sentarme durante la Adoración junto a ellos, para cantar. Esos eran de mis momentos más felices en aquellos años. En septiembre de 2009 comencé mi discernimiento para ser franciscano seglar, y me ayudaron mucho con su cariño y oración. Sobre todo recuerdo el día de mi profesión como nuevo miembro de la Orden Franciscana Seglar, en 2012. Profesábamos un chico llamado Juan y yo. Juan por entonces era seminarista. Recuerdo con gran cariño cuando terminó la Eucaristía y allí estaban ellos, cantando y acompañándonos en aquel momento tan feliz. Les estoy eternamente agradecido por todo lo que me ayudaron en aquellos años, que fueron dificiles para mi. Sobre todo muy agradecido por su amistad. La amistad es, para mi, de las cosas más importantes que hay en la vida. Sobre todo cuando son amigos que Dios ha puesto en tu camino.

Ahora ya son Sacerdotes de Dios, y mi alma rebosa felicidad. Decía ayer Juanjo, en su Primera Misa, que necesitaba la oración y el apoyo de todos para poder ser buen Sacerdote. Con mi oración y apoyo, desde luego, cuenta desde el primer momento. Pero no solo Juanjo. También Álvaro, Ángel, Antonio, David, Guillermo, Israel, Jesús, Lucas, Mark, Pablo, Pedro, Rafa y Sergio cuentan con mi oración y apoyo. También Juan y Andrés, que pronto se ordenarán, Dios mediante. También los de Getafe y los demás Sacerdotes con los que compartí horas de clase y nuestros años en San Dámaso. De ellos solo espero aquello que tanto impresionó a Juanjo, ayer lo recordaba: "Sacerdote de Cristo: celebra tu Misa como si fuera la primera; como si fuera la única; como si fuera la última".
Todo ha sucedido como en un latido. Parece que fue ayer cuando comencé a hablar con Juanjo. Parece que fue ayer aquel primer día de clase en San Dámaso, con don Pablo Domínguez. Han pasado casi seis años de aquello y todo ha transcurrido como en un latido, en un suspiro. Pero la historia no ha acabado, sino que acaba de comenzar para todos. Para quienes os habéis ordenado sacerdotes en Madrid. También para los demás compañeros de San Dámaso que sois o seréis sacerdotes. También para este franciscano seglar que escribe. Todo acaba de comenzar y, como nos enseñaba don Pablo Domínguez, hemos de llevar la alegría de ser cristianos al mundo entero. Cada uno según el carisma y servicio al que Dios le ha llamado. Todo ha sucedido como en un suspiro, pero todo acaba de comenzar. Como diría San Francisco de Asís: comencemos, hermanos. Si, comencemos a ganar almas para el Reino de Dios. Seamos luz y esperanza para la humanidad. Rezo por vosotros, amigos neopresbíteros, para que así sea. Que el Señor os bendiga y os guarde, os conceda la paz y os haga santos.

Mientras tanto, sigo maravillandome. Recuerdo una Facultad, los seminarios de Madrid y Getafe, la casa de los seminaristas de Palencia en Madrid, un patio, unas aulas, una capilla, recuerdo personas que hoy son amigos y hermanos míos, recuerdo conversaciones... y me sigo maravillando.

miércoles, 29 de abril de 2015

La vocación del escritor. Mi primera novela histórica



Todos tenemos algo que aportar a los demás. Unos se hacen arquitectos, y construyen casas donde la gente vive. Otros se convierten en deportistas, y dan tardes de gloria (y decepciones) a los aficionados. Hay quien opta por la música, y realiza canciones que encandilan el alma de quienes escuchan su creación. Algunos prefieren el dibujo, la pintura, y crean arte. Cada uno aporta aquello que lleva dentro y desea compartir con los otros. Hay tantas vocaciones como personas en este mundo. La de ser escritor es una de ellas. Quizá no sea la mejor pagada del mundo, pero cuando plasmas, negro sobre blanco, tus reflexiones o esas historias que nacen en tu imaginación, algo brilla en el alma con un esplendor majestuoso. Escribir consiste en desnudar el alma, el propio pensamiento, dejándolo a la vista de los demás, con lo que eso supone. Si temes la crítica, mejor no escribas. Si te dejas llevar, excesivamente, por los halagos, mejor no escribas. Escribe solo si deseas compartir, sin miedos ni vanaglorias, aquello que llevas dentro.

Pasé mucho tiempo, a lo largo de mi vida, buscando mi vocación. ¿Qué debía hacer en este mundo? recuerdo que, de pequeño, me dio por ser torero. Tendría seis años, disculpadme. Pero con esa edad ya había algo que me entusiasmaba: contar historias. Recuerdo una piscina, recuerdo unas montañas alrededor, recuerdo a los mayores escuchándome, fue un tiempo, una época, que está grabada a fuego en mi alma. En aquellos maravillosos años, los veranos que pasábamos en Guadarrama, lo recuerdo con cariño, me encantaba narrar historias a mis hermanas y sus amigos. Eran leyendas, cuentos, fábulas, que surgían de una mente por entonces muy creativa. Había un tema principal en mis relatos. Una chica, de mi clase, que por entonces me gustaba, se encontraba secuestrada por un dragón en un "castillo". Todas las noches me escapaba, a través de una baldosa de mi habitación, y me iba a verla. Cada noche surgían aventuras nuevas. 

Fueron transcurriendo los años. Disfrutaba cuando, en el colegio, nos mandaban las profesoras aquellas redacciones que debíamos entregar sin faltas de ortografía y bien redactadas (no sé por qué pero, salvo uno, todos los profesores de Lengua y Literatura que tuve fueron mujeres). Mi primer relato lo publiqué en la revista del Centro Cultural de Santoyo, mi pueblo. Aún debe estar por la casa de mis tíos esa revista. Era un relato fabulado sobre la historia de Santoyo. Una nota de redacción: aunque los datos no son ciertos, se ha publicado por la novedad que supone este joven escritor. Podría haberme volcado, desde entonces, en la literatura. Podría haber decidido escribir ya en aquella época. Aún no había blogs entonces y lo que hacía era escribir mis pequeños artículos sobre lo que acontecía en el día a día mundial. Hicimos varias mudanzas, por lo que no sé donde fueron a parar esos artículos. Sin embargo, algo se quebró en la Universidad. No sé si fue el tener malos profesores, pero de pronto dejé de escribir. Pasaron los años, abrí varios blogs. Alguno me lo censuraron. 

En todos estos años, desde que terminé la Universidad, fui buscando cual podía ser mi vocación. Reflexionaba sobre mi lugar en el mundo, sobre la labor que Dios quería que yo desempeñase en mi vida. Creí que tenía vocación de sacerdote. Entré en el Seminario, salí. Creí tener vocación de historiador, y la tengo. Tengo vocación de historiador, pero no para escribir manuales académicos carentes de espíritu. Lo mio es otra cosa. Probé con el periodismo, pero mi alma no es de este tiempo, soy una criatura que no soporta bien el estrés y la prisa. Pero, desde 2012, cada vez fui pensando más en la posibilidad de escribir un libro. Intenté dar a luz a una criatura, pero se quedó en el limbo. Puede que algún día la "resucite". Decía un escritor, Javier Sierra, que a veces pasa eso. En algunas ocasiones escribimos una obra que no está madura, por ese motivo la dejamos a medias. De hecho, conviene hacerlo. Dejarla a medias, pero no definitivamente, sino para retomarla algún día, cuando esté madura, y mientras tanto escribir otras historias. Eso hice con aquel libro. 

En los últimos meses, sentí de nuevo la llamada a esa vocación, la del escritor. Desde octubre era algo que tenía presente. Pero quizá el aldabonazo definitivo me lo dio un buen amigo mio, Iñaki. Estábamos tomando un chocolate con churros y me dijo "Es un desperdicio que, sabiendo escribir, habiendo viajado, habiendo obtenido tanto conocimiento, no escribas".  Esto iba en paralelo a una frase que me dijo poco antes el mencionado Javier Sierra "la mejor edad para empezar a escribir es a partir de los treinta años, porque es cuando comienzas a asimilar lo vivido a lo largo de tu vida y cuando puedes comprender lo que viene a partir de entonces". Si, debía ponerme a escribir en serio, una novela histórica. Como digo, tengo vocación de historiador, me entusiasma la Historia, pero no la concibo como algo muerto, sino que me gusta darle vida. Tengo vocación de escritor, de contar historias, mezclando aquello que nace en mi propia imaginación con alguna experiencia personal, con mi forma de pensar y de ver la vida. Todo ello aderezado con Historia, mitología, leyendas, misterio. Tratando de no ser aburrido, tratando de crear personajes con los que el lector pueda sentirse identificado.

De esa forma se está gestando la que, Dios mediante, será mi primera novela histórica. Las vivencias de la mártir romana Julia y su amigo Marco Nigrini. La investigación que llevará a cabo nuestro contemporáneo Nicolás, con la ayuda de Lara y Enmanuel. La conspiración de La Garduña, sociedad secreta que quiere borrar el pasado cristiano de Hispania, llegando a arrasar el pueblo de Torremarte. Todo eso está, de momento, en mi imaginación, aunque algunas cosas ya las he escrito en el borrador. Si Dios quiere, saldrá a la luz en unos meses. He encontrado mi vocación, definitivamente, escribir, buceando en la Historia. El principal miedo que suele tener un escritor es a la hoja en blanco. De pronto, un nudo en la garganta ¿Sobre qué escribo? la vida es algo mágico, hay infinidad de cosas sobre las que se pueden escribir. No hace falta una novela histórica para escribir, ni tampoco un ensayo o una obra teatral. Se puede escribir en un blog, por ejemplo. La cuestión es esa, aportar aquello que llevas dentro a los demás. 

Ser escritor no es tarea fácil. Exige una disciplina (hay que escribir un poco cada día, aunque sean unas líneas). Supone también un esfuerzo. Para escribir conviene pensar, meditar, reflexionar detenidamente aquello que quieres transmitir. La palabra escrita tiene la capacidad de penetrar en lo más hondo del alma. Ser escritor significa narrar historias, compartir pensamientos. Ser escritor supone humildad para aceptar las críticas y, también para no creerse un Cervantes de la vida. Ser escritor conlleva leer mucho pero, sobre todo, extraer una enseñanza sobre aquello que se ha leído. Esa enseñanza también se debe extraer sobre lo vivido en la vida, en el día a día. Al haber viajado mucho, gracias a Dios, tengo experiencias vitales que puedo compartir. Por todo ello quiero ser escritor. Soy consciente de que no voy a ganar mucho dinero escribiendo y, con toda probabilidad, no llegue ni a estar mencionado para el Nobel o el Premio Planeta. Pero sé que habré aportado algo a la humanidad. Incluso aunque lo que escriba tan sólo lo lean una o dos personas. Dicen que son tres las cosas que hay que hacer en la vida: escribir un libro, plantar un árbol y tener un hijo. El libro está en camino. El árbol algún día lo plantaré, especialmente en mi amado Santoyo. El hijo vendrá, o no, si Dios quiere.

En definitiva, me encanta escribir. Pero voy a intentar no limitarme al libro, sino que voy a tratar de darle más movimiento a este blog. Pues le he tenido un poco abandonado. De hecho en algún momento le he tenido como mero contenedor de contenidos publicados en el blog hermano, el que tengo en Infovaticana. Escribir es mi vida, es el "sacerdocio" al que me siento llamado. En definitiva, escribir es una vocación. Creo, humildemente, que la más bella vocación.