lunes, 3 de marzo de 2014

María Gómez Cámara, la "mujer de las Caras de Bélmez". Diez años después

Aún se recuerda en Bélmez de la Moraleda lo ocurrido aquella tarde de agosto de 1971. Posiblemente, allá donde esté, ella aún siga recordando lo que entonces ocurrió. Se encontraba junto a su fogón, una tarde más, preparando la cena. Seguramente también aprovechando el calor de la lumbre, pues comenzaba a refrescar por las tardes en la Sierra Mágina. Fue entonces cuando lo vio, una mancha en el suelo, daba la impresión de ser el rostro de un varón, tiempo después algunas teorías lo compararon con la Santa Faz de Jaén. Contemplando aquella cara sintió un escalofrío, había algo realmente extraño en ella.

Han pasado ya cuarenta y cuatro años, ese rostro fue picado, apareció otro idéntico, posteriormente fue excavado y colocado en una hornacina, en la pared. Pero no fue el único, pues a “La Pava” siguieron otros, entre ellos “El Pelao, “El Niño” y otros muchos. Algunos tuvieron una existencia efímera, otros permanecieron durante años en aquella casa y, los menos, algunos han llegado hasta nuestros días.

María Gómez Cámara falleció hace 10 años. Ella siempre pensó que, cuando faltase, los rostros se irían detrás suyo”. Sin embargo, aunque desdibujados, como carentes de fuerza, allí siguen, como el mayor ejemplo de lo absurdo, desafiando a la lógica y siendo el vivo testimonio de lo que sucedió en aquel mes de febrero de 1972 donde el mítico Diario Pueblo plasmó en su portada “En este pequeño pueblo de Jaén algo está sucediendo”. Unos días después, posiblemente tras la llamada de algún alto cargo del Régimen, ese mismo periódico publicó que se había resuelto el misterio: todo parecía apuntar a sales de plata que alguna mano ejecutora había empleado para dar forma a las, célebres Caras de Bélmez. Hubo quien tildó a María y su familia de farsantes, de haberse enriquecido. Sin embargo, dudo mucho que esa buena mujer, mintiese. No tuve la fortuna de conocerla personalmente, si a su hijo, pero cuando la escuchaba en la radio, la veía por televisión, me pareció siempre una persona sencilla, alguien a quien le ha ocurrido algo extraño y lo cuenta de forma sincera. De hecho, le hicieron una prueba mediante el polígrafo que dio, cómo resultado, que decía la verdad cuando decía que no había fraude cuando decía que las Caras eran aunténticas. Por otra parte, viendo entrevistas que le hicieron cuando aparecieron las caras me da la sensación de que, por entonces, era una persona bastante recia, la típica mujer de pueblo que no engañaría a nadie. Por otra parte no hace falta recordar cómo se las gastaba el gobierno franquista cuando alguien osaba pertubar el orden establecido. En mi opinión, si todo hubiera sido un burdo fraude, si María hubiese mentido, es casi seguro que hubiera dado con sus huesos en el calabozo.

Sin embargo, no se pudo demostrar el fraude. De hecho, recientemente algunos análisis determinaron que no había ni restos de pintura ni de sales de plata en las caras. Alguna de ellas , El Pelao, llegó a ser investigada en los laboratorios del CSIC en Valencia, con el mismo resultado: no había fraude.. Es probable que el gobierno, debido a la repercusión que estaba teniendo el fenómeno (centenares de personas viajaban hasta el pueblo jienense para ver las caras) y debido a que no se trataba de un fenómeno religioso decidió cortar por lo sano, que no se volviera a hablar de aquello. De hecho quedó casi en el olvido pues en los ochenta y noventa eran pocos los visitantes que llegaban hasta Bélmez con la intención de ver las caras. Una de esas personas fue un profesor mío que, aunque almeriense, trabajaba en Madrid. Según me contó, mientras viajaba rumbo a la capital de España, se fijó en un cartel que anunciaba la proximidad de Bélmez de la Moraleda. Se dio cuenta de que se trataba del pueblo que había saltado a la fama por sus rostros años atrás (y que no se debe confundir con Bélmez, Córdoba) y decidió acercarse, movido por la curiosidad. Llegó hasta la plaza de la iglesia, subió una cuesta que desembocaba en la calle antiguamente llamada Rodríguez Acosta. Se fijó en dos señoras que mantenían una conversación. Les preguntó por la casa de las caras y una de ellas, María, contestó “es la mía”. Estuvieron hablando un rato, antes de visitar los rostros, teniendo una curiosa conversación. María le realizó una serie de preguntas: “Usted no es de por aquí ¿Verdad?”, “No venía expresamente a ver las caras ¿A que no?”, “No es usted periodista ¿Estoy en lo cierto?”. A estas preguntas contestó mi viejo profesor que no, que era de Almería, iba rumbo a Madrid cuando se fijó en el pueblo y decidió acercarse, y que no, no era periodista. Fue entonces cuando María, tras observarle durante un rato le dijo “Usted es profesor ¿A que he acertado?”.  Mi profesor sintió entonces un escalofrío recorriendo su cuerpo ¿Cómo era posible que aquella mujer, a la que nunca había visto, hubiera adivinado de forma tan precisa su profesión? Creo que es porque María era una mujer especial, alguien de quien decían, ya cuando era una niña, que tenía algún tipo de facultad especial y que pasaban cosas “raras” alrededor suyo.


En definitiva, quería hacer un pequeño homenaje en este, mi humilde blog, a una mujer que, de alguna manera, ha influido en mi manera de ver la vida, pues soy alguien curioso, alguien que se pregunta sobre las diversas realidades de este mundo. Sobre las Caras de Bélmez, y lo que pienso que son, escribí en su momento, os invito a leer el artículo, si aún no lo conocéis.

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