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miércoles, 7 de septiembre de 2011

Jornada Mundial de la Juventud Madrid 2011, yo estuve allí

No he podido escribir antes por no haber estado en Madrid, de hecho durante este verano he pasado bastante tiempo fuera, razón por la cual apenas he actualizado el blog, y quería mostrar mis impresiones sobre la JMJ ahora que han pasado algo mas de quince días.

Cómo muchos sabéis, fui voluntario durante aquellos días, de hecho me apunté al voluntariado hace como un año y medio pues estuve de peregrino en la JMJ de Colonia 2005 y quería esta vez hacer un servicio a Dios y a los hermanos en mi querida Madrid. Aunque, ahora que ha pasado, creo que cometí un error en el sentido de que hubiera sido mejor apuntarme de voluntario con mi parroquia porque hasta el martes antes de llegar el Papa no tenía ni la acreditación ni cual iba a ser mi voluntariado, pero me puse en contacto con el jefe de Cultura (estuve en ese departamento) y ya me dieron la acreditación y me asignaron un grupo de trabajo por las noches en el templete de Chamberí. Por otra parte, en Cuatro Vientos no tuve derecho a picnic pues nos tenía que haber dado la chequera de los vale-comida nuestro jefe de grupo y no nos lo dio a ninguno (si nos dio vales de comida sueltos), pero por lo demás ningún problema y casi lo preferí ya que el sábado por la mañana visité a mi buen amigo Mercadona y me compré cosas para comer por la tarde en Cuatro Vientos y el domingo por la mañana tras la misa.

La verdad, a la JMJ no llegué en mi mejor momento espiritualmente hablando pues me había abandonado bastante, no rezaba, no hacía oración y en misa reconozco que ultimamente me despistaba. Por otro lado, supongo que por esas "desolaciones" de las que habla San Ignacio, me encontraba mal a nivel psicológico, como algo depresivo y cambios de humor constantes. De hecho, debo admitir que con el tema de la acreditación y lo que me costó conseguirla (fui varias veces a Ifema y me decían que no habían llegado, yo veía voluntarios con acreditación y me dio por ir al edificio APOT donde me dijeron que la acreditación se recogía en el Palacio de Congresos, junto al Santiago Bernabeu.

Comencé a vivir la JMJ el martes, en el sentido de que hasta el lunes había estado en el pueblo de mi abuelo y quitando que leía el periódico (por cierto, grandisima la cobertura dada por el Diario ABC, para quitarse el sombrero) y rezaba un poquito estaba al margen de lo que se estaba viviendo en Madrid.
Por la mañana estuve en la Aldea Franciscana, ubicada en San Francisco el Grande, colaborando en lo que pude y viendo lo que estaban montando allí, después me fui al Seminario de Madrid a hablar un rato con mis amigos seminaristas y mas tarde a comer con mi familia (estaba mi hermana, que vive en Argentina, aquellos días con su pareja y mi sobrina).
Por la tarde fui a la Misa de Acogida, celebrada en Cibeles (por cierto, debería aprovechar Florentino Perez y hacer socio de honor al Papa, que el anterior lo era del Barça). En el trayecto de Opera a Sevilla hice honor a mi condición de voluntario pues ayudé a un minusválido canadiense que iba en silla de ruedas a llegar hasta la Misa. Unos amigos suyos me regalaron una pulsera de Canadá, lo único que lamento es mi escaso nivel de inglés, pero con lo poco que sé mas los gestos nos entendimos. Durante la Eucaristía me situé bastante cerca del altar, concretamente junto a la fuente de la "diosa". Por cierto, tuve suerte pues había unos grifos de agua cerca y pude beber, pues estaba un poquito deshidratado.
Una vez terminada la Misa me fui hasta Chamberí andando y estuve vigilando un concierto de un grupo australiano (un poco sosetes, la verdad, además había muy poca gente viéndolo). Cómo dije antes, mi jefe de grupo me dio la acreditación. Por cierto, fue curioso ver como se cumple aquello de "Dios los cría y ellos se juntan" pues nuestra labor de voluntariado la realizamos por parejas y me dice un chico "venga, me pongo contigo" y resulta que es un apasionado por la Historia, en su caso por la Contemporánea, y la verdad hicimos muy buenas migas.

El miércoles por la mañana fui a confesarme al Parque del Retiro. Llevaba desde finales de junio sin confesarme y llevaba una buena lista de pecados (tengo la costumbre, poco sana lo sé, de escribirlos en una hoja) y el pobre sacerdote debía estar harto de escucharme pues me decía "bueno, bueno, yo creo que ya has hecho una buena confesión" y yo diciéndole "Padre, no he terminado aun". Fue una autentica liberación el confesarme, aunque suene obvio para los que somos cristianos, puesto que llegaba fatal, sin fuerzas y sentí la fuerza del Espíritu Santo reconciliandome con Cristo, con la Iglesia, limpiando mi pecado y sanandome. De hecho, después fui a rezar a la Capilla del Santísimo que tenían las "Sisters" (como mis amigos y yo llamamos cariñosamente a las monjas de la Madre Teresa de Calcuta) con una alegría enorme. Después estuve viendo la Feria Vocacional, aunque heché de menos una caseta de los franciscanos, aunque imagino que al tener la Aldea Franciscana consideraron que era mejor tenerlo todo junto en San Francisco el Grande.
Por la tarde pensaba haber ido al Café Vocacional, que estaba en el Bernabeu, pero me llamó un amigo diciendome que estaban cerca de mi casa (eran también voluntarios, de fuera de Madrid) y me fui con ellos al Parque del Retiro otro rato. Por la noche volví a Chamberí, donde tuvimos dos conciertos que vigiilar y entre medias estuve cenando. Al llegar a casa estuve escuchando un rato el Barça-Madrid y leyendo sobre la agresión de anticatólicos a peregrinos, sobre esto, simplemente voy a decir que me parece una vergüenza la imagen esperpentica que dieron algunas personas, pero creo que no merecen mas protagonismo del que tuvieron y que rezo por su conversión.

El jueves, como no estaba muy contento porque mi acreditación carecía de fotografía (venía la V de voluntario) fui al Palacio de Congresos a que me la pusieran. Eso me llevó toda la mañana debido al gran numero de personas que nos encontrábamos allí, lo bueno es que pude ver la llegada del Papa a Barajas por los monitores que tenían puestos. Fui a comer con mi hermana, que ya se iban para la Argentina y me vine a Madrid para el encuentro con el Santo Padre, en el bus me encontré con un viejo amigo (nos conocemos desde pequeñajos) con el cual estuve hablando. En Cibeles vi pasar al Papa cerquita (habría unos 20 metros apenas) pues otra vez me puse lo mas cerca del escenario que pude. Por la noche estuve en el voluntariado de Chamberí, cenando se me perdió la Cruz que nos daban con la mochila, me dio bastante pena, pero un buen amigo me ha regalado una que tenía de sobra.

El viernes por la mañana decidí tener un "día cultural" y me fui a ver el Museo del Ferrocarril. Debo decir que el mundo de los trenes me apasiona, mi bisabuelo fue jefe de tren y recuerdo de pequeño a mi abuelo contándome historias de su padre y también suyas viajando en tren, desde entonces todo lo relacionado con el mundo ferroviario me fascina. No exagero si digo que estuve practicamente dos horas y media viendo los trenes, tomando un café en un vagón de madera, descubriendo cosas que no sabía (como el poblado de Algodor)y salí de allí realmente impresionado. Por cierto, me encontré con una chica de Albacete que conocí en un encuentro franciscano.
Por la tarde fui al Café Vocacional, donde estuve comiendo, viendo algún concierto y hablando con el verdadero protagonista de esos días y por supuesto de nuestras vidas, con el Señor, pues instalaron en el Bernabeu una capilla.
Después quería haber ido al Santuario de Schoensttat, pero no me daba tiempo pues había quedado con mi compañero de voluntariado para ir al Vía Crucis. En lo que no estuve fue en las procesiones puesto que entre que los indignados estaban jugando al gato y al ratón y que no se sabía cuanto iba a durar cada procesión preferí ir a casa. De camino me encontré con varios amigos seminaristas con los que estuve hablando un buen rato.

Llegó el día tan esperado, la Vigilia de Cuatro Vientos. Por la mañana, como dije antes, visité a mi amigo Mercadona y estuve siguiendo la misa del Papa con los seminaristas por la radio (con la acreditación hubiera podido entrar en la catedral). Estuve comiendo en casa y después me fui hasta la Estación de Fanjul, bastante cercana al aeródromo y desde ahí andando hasta "Las Águilas", donde había quedado con mi amigo Fran (mi compañero de voluntariado) y estuve esperándole mientras rezaba el Rosario. Cuando llegó nos fuimos rápidamente a Cuatro Vientos, pues, sin querer vanagloriarme de nada, soy bastante previsor y aunque aun no eran ni las tres y media de la tarde quería entrar pronto. Una vez dentro, nos pusimos a la izquierda del altar, relativamente cerca, donde había un montón de voluntarios ya instalados. Dije antes que Dios los cría y ellos se juntan, no? pues al lado mio coincidió que estaban mis buenos amigos de la parroquia (con los cuales puedo prometer que no había hablado de donde nos íbamos a poner) y con los de otra parroquia de Getafe también bastante amigos. Pasamos la tarde hablando, bajo la sombra de los paraguas (los cuales en la tormenta nos vinieron genial) mientras veíamos como llegaban las nubes. Una vez llegó el Papa comenzó la Vigilia y se abrieron los cielos en forma de una tormenta de agua y aire que hizo volar carpas, paraguas y ante la cual nadie se inmutó en el sentido de que nos quedamos allí quietos, protegiéndonos, cuando quizá lo "lógico" hubiera sido irse de alli corriendo (pues caían rayos también). El Santo Padre también aguantó, pese a las suplicas de su séquito pues "si los jóvenes aguantan, yo me quedo". Pero como tras la tempestad siempre llega la calma, pudimos estar en Adoración ante el Santísimo, momento para el cual habían traído la Custodia de Arfe, verdadero tesoro del rico patrimonio artístico y religioso español.
Tras la Vigilia estuvimos cenando mientras los cielos se despejaban, de hecho por la noche no hubo nubes y en el cielo brillaban las estrellas. Unos se fueron a rezar, otros estuvieron hablando, otros cantando y otros durmiendo. Yo estuve despierto como hasta las dos de la madrugada hablando con mi amigo, pero se hizo el silencio en nuestra zona y nos dispusimos para dormir. Aunque una hora después me despertaron unos discutiendo a mi lado (habían puesto unas chicas unas esterillas, se habían ido y había unos chicos que se habían aposentado allí, al final se quedaron las chicas. Me desperté otra vez a las cinco y ya a las siete y media me levanté.

La Eucaristía fue preciosa, además de una bendición. El Santo Padre nos conminó a no avergonzarnos ante el mundo de ser cristianos, a presentar a Cristo a los hombres y a no tener miedo pues si Dios está con nosotros a quien temer. Lo malo fue que no pudo comulgar casi nadie pues por las tormentas las carpas donde estaban las Sagradas Formas se encontraban inutilizadas y nos dijeron que comulgasemos en las iglesias de Madrid (yo lo hice por la noche en Santa Teresa).
Tras la misa me fui andando hasta Campamento, para coger un autobús, puesto que el metro era casi imposible cogerlo. Estuve comiendo en casa y por la tarde me fui a IFEMA al acto del Papa con los voluntarios, donde estuve además de con mi compañero de voluntariado con el amigo que me llamó días antes para ir al Parque del Retiro. Una vez finalizado el encuentro de Ifema fui hasta la parroquia de Santa Teresa para comulgar y ya a casita a reposar todo lo vivido en estos días tan intensos.

La verdad que me dio pena cuando los jóvenes de Madrid entregaron la Cruz a los jóvenes de Río de Janeiro pues me vinieron a la mente multitud de recuerdos vividos en estos tres años inolvidables. No obstante, creo que la Jornada Mundial de la Juventud comienza en realidad ahora, pues es cuando deben ir creciendo y fructificando los frutos tanto de estos días como de los años previos y donde tenemos que poner en practica las enseñanzas del Santo Padre.

Por mi parte, doy la enhorabuena a los jóvenes brasileños, si Dios quiere me gustaría ir a Brasil, aunque creo que sería mas fácil ir a la siguiente en Europa, probablemente en 2015 (sería bonito que fuese en Portugal, casi un siglo después de las apariciones de Fátima).

jueves, 16 de junio de 2011

Dos meses para la Jornada Mundial de la Juventud

Dentro de exactamente dos meses, el 16 de agosto, dará comienzo en Madrid la Jornada Mundial de la Juventud, un evento para el cual se están preparando dos millones de peregrinos jóvenes que van a venir a la capital de España a ver al Papa.

Puede resultar chocante, para quien está alejado de la Iglesia, que alguien pueda desplazarse a una ciudad cómo Madrid para ir a ver a un señor de mas de ochenta años y que representa a una institución tan denostada por muchas personas cómo es la Iglesia Católica.
Pero en realidad, esos millones de jóvenes que vendrán a Madrid (de puntos tan dispares y antagónicos como Italia, Chile, Mozambique, Nueva Zelanda o Irak por ejemplo) vienen a encontrarse con Jesucristo, el cual dejó a Pedro y a los demas apóstoles el encargo de mantener vivo su mensaje y de hacerle presente en la Eucaristía. Benedicto XVI es el sucesor de san Pedro y por ello viene a presentar a Jesucristo a los jóvenes, especialmente a aquellos que nunca han oido hablar del cristianismo o que están alejados de este.

Hoy me gustaría contar mi testimonio en una JMJ (Jórnada Mundial de la Juventud), estuve en Cólonia con la diócesis de Getafe en el verano de 2005.

Yo hasta 2004 era creyente, creía que Jesús es Dios hecho carne pero la verdad nunca me había planteado mi papel en la Iglesia mas allá de participar en misa, comulgar y confesarme. Aquel año fue el inicio de mi conversion, en la cual influyó el hecho de que me mudé a Villaviciosa de Odón (hasta entonces había vivido en Carabanchel) y el párroco de la iglesia mas cercana a mi casa (al cual le conocía desde pequeño) me animó a unirme al grupo de jóvenes de la parroquia.
En esta época era muy tímido, sufrí acoso escolar durante ocho años y el resultado fue el de convertirme en alguien introvertido, con miedo al que dirán y un tanto antisocial, al principio recuerdo que dudé porque desconfiaba de cómo me iban a tratar aquellos chicos.

No obstante, me decidí a entrar en ese grupo y realmente puedo decir que fue una decisión acertada. En los siguientes meses me integré totalmente en aquel grupo de jóvenes, hoy son mis amigos, entré a formar parte del coro parroquial, participé en diversas actividades del arciprestazgo (donde hice mas amigos) y poco a poco fui cambiando mi forma de ser, a mejor. Incluso me fui venciendo a mi mismo en una cosa que al principio me costaba mucho... leer en misa. En las primeras ocasiones que leí en misa siempre lo hacia muy deprisa, sin vocalizar y en voz baja, entonces el párroco me fue enseñando a leer mas pausadamente, vocalizando, a perder el miedo escénico y humildemente creo que ahora leo bastante bien.

En febrero de 2005 pasó algo realmente curioso. Se celebró una Jornada Diocesana de la Juventud en mi parroquia y mis amigos me propusieron ser voluntario de órden. En un momento de la noche estaba orando delante del Sántisimo (el cual estuvo expuesto durante toda la madrugada) y en ese momento pusieron una serie de fotografias a traves de un proyector de tal forma que la imagen del Sántisimo parecia quedar dentro de esas fotografias. Las imagenes eran de anteriores peregrinaciones de la Diócesis y tenían por mensaje "siempre he estado con vosotros". Solo recuerdo que cobré consciencia de que Dios siempre había estado a mi lado, pese a mis flaquezas, pese a que durante ocho años sufrí acoso escolar y pese a tantas cosas por las cual me consideraba lo peor de este planeta. Comencé a sentirme amado, sabía que Dios siempre me había amado y rompí a llorar. Quizá a muchos hombres les averguence decir que han llorado, pues existe el prejuicio de que "llorar es de mujeres" (de hecho, ahí tenemos la famosa frase dicha por la madre de Boabdil a su hijo), pero la verdad a mi nunca me ha avergonzado decir que he llorado mucho en la vida... lloré durante los años de bullying y lloré mucho en aquella noche, solo que con un sabor distinto, esta vez eran lagrimas de gozo, alegria y agradecimiento a un Dios que me habia creado, que me amaba desde la eternidad y que había sido capaz de entregar a su propio hijo en una cruz.

Aquel fue un momento crucial en mi conversión, me hizo implicarme con mas animo en las actividades de la parroquia, del arciprestazgo. Recuerdo que unos dias despues me preguntaron mis amigos si quería ir a la Jornada Mundial de la Juventud, que se iba a celebrar en Alemania. Al principio me eché un poco para atrás porque nunca había ido tan lejos de España sin mis padres (si había ido a Italia un año antes)y ademas me animó el hecho de que ibamos a ir con jóvenes de Villanueva de la Cañada a los que ya conocía (entre ellos una pareja que estuvo conmigo en la capilla durante aquella Exposición que he comentado).

En julio, un mes antes de la peregrinación a Colonia ocurrió algo que si hubiera tenido poca fe quizá habría provocado que no fuera a Alemania, y seguramente para muchas personas esa hubiera sido una decisión acertada. El 18 de julio falleció mi padre, recuerdo que yo estaba en Palencia y vine con mi familia de allí nada mas conocer la noticia. En los dias siguientes reflexioné un poco y llegué a dos conclusiones, la primera que mi padre querría que fuera a Colonia porque sabía que iba a ser feliz y que Dios me dió a mi padre y Dios me lo quitó, si aceptamos las cosas buenas que el Señor nos da, por qué no vamos a aceptar las malas? ademas me parecía algo bonito el ir a Colonia y rezar allí por mi padre.

El 8 de agosto de 2004 recuerdo que me desperté bastante pronto y tras desayunar y arreglarme (y recoger el macuto) vinieron a buscarme mis amigos y nos fuimos a Villanueva de la Cañada porque desde allí iba a salir nuestro autobus. De Villanueva fuimos al Cerro de los Ángeles, en Getafe, donde tuvimos una Eucaristía presidida por don Joaquín, el obispo auxiliar. Tras la misa pusimos rumbo a Colonia, a donde llegariamos unos dias despues tras dormir en diversas poblaciones europeas. Cómo nota curiosa recuerdo que la primera noche, en Figueres, nos dieron permiso los sacerdotes para bañarnos en la piscina del colegio donde estabamos alojados.

A Colonia sino recuerdo mal llegamos el jueves 18 de agosto, bueno no exactamente a esta ciudad sino a Dussendorf y desde esta localidad ibamos en tren a Colonia (cómo peregrinos teniamos el transporte público incluido). El viernes fuimos a Colonia y estuvimos todo el dia por allí, recorriendo la ciudad y viviendo el ambiente festivo y cristiano que la localidad respiraba. Recuerdo que uno de los chicos de la peregrinación tocaba una gaita gallega y como uno de mis amigos toca la darbuka iban tocando y era un espectaculo escucharles. Una de las cosas que mas me impresionó de este dia fue en un puente de Colonia desde donde se veían auntenticas riadas de gente de todos los colores y nacionalidades y yo iba pensando en lo de "os recogeré de entre las naciones y os reuniré haciendo de vosotros un único pueblo y siendo vuestro único Dios".

Al dia siguiente nos trasladamos a una población cercana a Colonia donde se celebró la JMJ. Cuando llegamos a aquel lugar, conocido como el Campo de María, recuerdo que me impresionó mucho el ver como los lugareños nos miraban con gran simpatia pese a que muchos no serían católicos (en esa región predominan los protestantes) y el ver a tantos miles de personas yendo hacia un mismo lugar.
Por la tarde, una vez instalamos los sacos de dormir (pues ibamos a pasar la noche al raso) recuerdo que muchos estabamos inquietos porque el cielo estaba encapotado y parecia que iba a caer el diluvio universal. Quizá para muchos sea coincidencia, para mi no, pero sucedió que comenzamos a rezar para que no lloviera y en el transcurso de la tarde el cielo se fue abriendo y, un rato antes de que comenzara la Vigilia con el Santo Padre, la imagen del cielo era realmente curiosa... alrededor del Campo de María se veían muchas nubes mientras que todo el trozo de cielo que estaba sobre nosotros se encontraba totalmente despejado. Un profesor de filosofía, sacerdote, comentaba el año pasado que Dios no va a hacer caso a las plegarias sobre el clima porque mientras para la novia es malo que llueva para el agricultor es bueno; pero vaya, en ese caso parece que el Señor quiso regalarnos buen tiempo para la Vigilia.

De la ceremonia la verdad recuerdo poco, pero duró unas dos horas y el mensaje de Benedicto XVI llamandonos a una revolución de santos caló hondo en todos los presentes. Una vez se hubo ido el Santo Padre nos pusimos a cenar (en la mochila de peregrino teniamos el almuerzo de ese sabado, la cena y el desayuno y comida del domingo)y despues, tras rezar Completas, el que quiso se durmió, otros nos quedamos hablando y otros fueron a la capilla del Sántisimo a rezar.

Debo decir que nunca he pasado tanto frio como aquella noche. Estaba metido en mi saco de dormir vestido con un montón de ropa e incluso con el abrigo y con un frio tremendo. Me debí de despertar unas cinco veces a lo largo de la madrugada y recuerdo que en cada una me senté un buen rato a reflexionar y a ver a las masas de gente que iban y venían de la capilla del Sántisimo.

En un momento dado recuerdo que me planteé si estabamos locos. Visto desde fuera, se puede pensar que todos los jóvenes que estuvimos allí durante aquella gélida noche (tengo la sensación de que incluso heló, el frio era muy intenso) y todo para escuchar a un anciano estabamos locos. Y la verdad, creo que si, estamos bastante locos pero no cómo para ir al manicomio sino que estamos locos de amor pues nos sabemos amados por Dios y deseamos amarle. Por otra parte, experimenté un gran sentimiento de fraternidad puesto que allí nos encontrabamos millones de jóvenes venidos de distintos lugares del mundo, cada uno con su idioma y costumbres, pero todos con algo en comun. Quizá lo mas grande que un hombre puede tener en comun con otro hombre, el sentirse hijo de Dios, sentirse amado por ese Dios que puede hacer obras maravillosas en los hombres si le abrimos de par en par las puertas de nuestro corazón, sin miedo. De esa forma, amando a Dios sobre todas las cosas y al projimo cómo a nosotros mismos es cómo se puede cambiar de verdad el mundo, llevando a cabo la revolución de los santos, la verdadera revolución, esa que nació en Palestina hace dos mil años cuando todo un Dios se encarnó en lo mas humilde, un bebé que nació en un pobre portal en la localidad de Belén.
Realmente, esa noche experimenté el gran gozo de ser cristiano y de tener un Dios que me amaba tanto y que perdonaba mis pecados y me llamaba a la vocación de la santidad.

Al dia siguiente, tras la Eucaristía (en la cual Benedicto XVI volvió a insistir en esa revolución de santos) los peregrinos volvimos a las localidades donde teniamos los autobuses (y nuestras pertenencias) para reemprender el viaje de vuelta a nuestros paises. Ocurrió otra circustancia que me hizo reflexionar sobre el ser cristiano. Antes debo advertir que no pretendo decir que por ser cristiano soy mejor que los demas, pero si creo necesario compartir las reflexiones que entonces me vinieron a la mente.

Resulta que tardamos (la mayoria de los de nuestro autobus, hubo personas que tardaron mas) unas cuatro horas en coger el tren de vuelta a Dussendordf (en este aspecto la organización fue un poco mala, pero bueno) por la cantidad de personas que haciamos cola. Sin embargo, en ningun momento nadie se puso nervioso, nadie intentó colarse ni hubo conatos de avalanchas (cómo,por desgracia, ha ocurrido en otros actos de jóvenes). Ya digo, no pretendo decir que se es mejor por ser cristiano, pero si que durante esas horas reflexionaba sobre la paciencia cristiana y el respeto al projimo y me di cuenta de cómo cambiaría el mundo si todos fueramos así.

Una vez llegamos a Dussendordf, y tras esperar a los rezagados, los de nuestro autobus salimos rumbo a Bruselas, pues allí ibamos a pasar una noche en el hotel (la única noche en que dormimos de una forma que no fuera en saco de dormir). Me tocó en la habitación con uno de mis amigos de la parroquia y recuerdo que estuvimos cenando algo (a las dos de la mañana o así) y rezando Completas antes de ir a dormir (y tambien el que quiso se duchó, que supongo seríamos todos, pues en Alemania las condiciones de las duchas que nos tocaron no eran demasiado buenas, incluso un par de noches en un sitio (no recuerdo cual) consistió en un manguerazo al aire libre.

Tras pasar por varios puntos de Francia donde "acampamos" (lo entrecomillo porque dormiamos en colegios, durante toda la peregrinación y quitando la noche de la Vigilia) llegamos a Figueres donde nos volvimos a dar un chapuzón en la piscina antes mencionada y, por fin, el 24 de agosto llegabamos a Madrid.

Recuerdo que nos daba pena despedirnos pues al final del viaje todos hicimos bastantes amigos y durante el trayecto entre Figueras y Villanueva de la Cañada estuvimos compartiendo testimonios, telefonos y emails.

La verdad, fue una experiencia genial y que cambió mi vida. Cómo digo, me hizo crecer mucho en la fe, tambien me hizo darme cuenta de que no solo Dios me ama sino de que tengo hermanos que tambien me aman mucho y en quien puedo apoyarme en los momentos en que los pueda necesitar y con quien estoy en comunión de oraciones. Muchos de ellos hoy son amigos mios, algunos de ellos incluso pronto serán sacerdotes (venían tres seminaristas en el autobus, dos de ellos son diaconos y este año serán ordenados sacerdotes al igual que otro amigo al que ordenarán diacono tambien; por otra parte, tambien hice amistad con otro seminarista que ya es presbitero).

Amigo, si has llegado hasta aquí (reconozco que he escrito mucho) espero que mi experiencia te pueda ayudar. Si puedes, te animo a que vivas la Jornada Mundial de la Juventud en Madrid, a ser posible cómo peregrino o voluntario, no solo no te defraudará sino que vas a vivir algo que va a transformar tu vida.
Yo en agosto viviré la JMJ de Madrid cómo voluntario, de hecho llevo un año trabajando en ello.