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martes, 11 de febrero de 2020

El soldado contemporáneo que siguió los pasos de San Francisco de Asís y se convirtió en “El vagabundo de Dios”

Tras la II Guerra Mundial un joven soldado que buscaba su lugar en el mundo lo encontró sirviendo en una leprosería africana

Fuente: Religión en Libertad

 Víctor C. Bustillo

John Bradburne nació en 1921 en Cumbria (Inglaterra). Hijo de un sacerdote anglicano y una mujer originaria de la India, creció en el seno de una noble familia anglicana. Con 18 años decidió unirse al Ejército Colonial Indio, participando en la II Guerra Mundial. Al igual que San Francisco de Asís antes de su conversión, Bradburne soñaba con vencer en una batalla mundana y terminó convirtiéndose en “El vagabundo de Dios”. En 2018 Religión en Libertad se hizo eco de su historia.

Buscando a Dios viajando por el mundo

Durante la II Guerra Mundial el Ejército Colonial indio luchó contra los japoneses. Fueron derrotados en Singapur. Para evitar ser localizado por los enemigos John se vio obligado a refugiarse, durante un par de meses, en plena jungla malaya. Allí conoció a John Dove, futuro sacerdote jesuita, con quien estableció una buena amistad.

Bradburne, tras ser rescatado por un barco de la Marina Real Británica, combatió en Birmania bajo las órdenes del general Orde Wingate. Tras finalizar su servicio militar John Bradburne terminó dándose cuenta de todo lo que había cambiado. Ya no era la misma persona que partió desde Inglaterra rumbo a la guerra. La jungla le marcó de tal manera que, ya en Inglaterra, decidió retirarse del mundo, buscando el silencio y la oración.

Durante algún tiempo vivió en la abadía benedictina de Buckfast (Inglaterra) y, en 1947, se convirtió al catolicismo. Bradburne quería ser monje pero, al ser converso reciente, se lo denegaron. Le explicaron que tan sólo debía esperar dos años. Pero él, que era un joven muy inquieto, sintió la necesidad de viajar. 

John Bradburne, durante 16 años, viajó por varios países europeos y de Oriente Medio. Vivió en diferentes comunidades religiosas, intentando ser monje. Por ejemplo intentó entrar en los cartujos, sin "éxito" de nuevo. También peregrinó a Jerusalén y volvió a Inglaterra. En su país predicó el Evangelio como un juglar de nuestro tiempo. En cierta ocasión, cuidando una casa de campo, estuvo a punto de contraer matrimonio con una mujer. Pero él decía de sí mismo que era “una abeja sin rumbo”.

En realidad Bradburne estaba enamorado del silencio, la naturaleza y la música. Se sintió llamado a una vida completamente diferente a la que él creía. En Italia, rezando a la Virgen María, realizó un voto de celibato. Se unió a la Orden Franciscana Seglar y, ya como franciscano seglar, decidió vivir la pobreza al modo de San Francisco de Asís. Además comenzó a expresar sus “tres deseos” vitales: ayudar a los leprosos, morir mártir y ser enterrado con un hábito franciscano. Terminó consiguiéndolo aunque con mucho esfuerzo.

Entregando la vida al servicio de los más necesitados 

En 1962 preguntó a su amigo John Dove ¿Hay alguna cueva en África donde pueda rezar? El jesuita y exmilitar le invitó a ser misionero, en Zimbabwe. Ya en África, Heather Benoy, amiga de Bradburne, le animó a que fuese a Mutenwa. Se trata de una montaña donde se encuentra un leprosario creado por el gobierno colonial. En cuanto vio el mal estado en el que se encontraban los leprosos residentes en dicho lugar, y las malas condiciones en las que vivían, Bradburne dijo, totalmente en serio, “Me quedo”.  



John terminó convirtiéndose en director del asentamiento y, desde entonces, mejoró notablemente la vida de los leprosos. Los lavaba personalmente, les cortaba las uñas y espantaba a los animales molestos (por ejemplo las ratas). Además dio clases de latín y construyó una pequeña iglesia donde les enseñó a rezar.

Pero Bradburne, al igual que San Francisco de Asís, fue un gran abanderado de los leprosos, defendiendo su derecho a ser tratados como personas. Cuando llegó a Muwemwa, varios miembros de la Asociación de Lepra de Rosedia le dijeron que debía poner números alrededor del cuello de los leprosos para reconocerlos. Él franciscano, negándose con fortaleza, les dijo “no son ganado, son personas”. Intentaron echarle, pero no lo lograron. 

Bradburne vivió como ermitaño en una tienda de campaña en Chigona, cerca del leprosario, rezando y comiendo muy poco, como contó John Moore en The Telegraph. Su vida estuvo basada en la pobreza, obedeciendo la Regla Franciscana. Cada día rezaba Maitines al amanecer, cantaba el oficio diario de Nuestra Señora y concluía la jornada rezando Vísperas y Completas. Por las noches visitaba a los leprosos.

John Bradburne decidió recopilar sentimientos y pensamientos por escrito. Escribió más de 6000 poemas, mostrando la experiencia espiritual vivida desde su infancia. Dedicó también un poema a cada uno de los leprosos, a quienes conocía muy bien. Sus poemas se pueden leer aquí.

Entregó su vida al martirio cuidando a los leprosos

En 1979 la situación en Mozambique cambió radicalmente debido a la Guerra Civil Mozambiqueña. Sus amigos le aconsejaron abandonar el país, pero Bradburne decidió quedarse aunque le costase el martirio que él deseaba. Estaba comprometido con su cuidado a los leprosos y no podía abandonarlos. 

John Bradburne fue acusado de trabajar para la minoría blanca mozambiqueña y fue secuestrado por la guerrilla. Le obligaron a caminar por la carretera sin volverse pero él se arrodilló y comenzó a rezar. Tras ser disparado por un jefe de la guerrilla rebelde de Zimbabue, Bradburne recibió la palma del martirio.  

"El vagabundo de Dios" fue enterrado con un hábito franciscano cerca de Mutemwa. El 10 de septiembre se celebró un funeral en su memorial. Fue en la Catedral Católica de Harare. Cada año acuden allí cientos de peregrinos y se celebra una misa anual en su honor. 

 

El 5 de septiembre de 2019, se inauguró en Mutemwa oficialmente la causa de su beatificación, tras recibir la autorización por parte de la Congregación para la Causa de los Santos, según informó Vida Nueva.  Ese día también se le homenajeó con una Eucaristía en la Catedral de Westminster, donde Bradburne ejerció como sacristán.

La John Bradburne Memorial Society, es una asociación dedicada a la memoria de este ermitaño franciscano, tratando de abrir su proceso de beatificación. En su web cuentan testimonios de curaciones milagrosas atribuidas al soldado que terminó convirtiéndose en un ermitaño franciscano.  

Para este artículo hemos contado con el apoyo de  @Damihibibere, quien, en su cuenta de Twitter, narra historias sobre personajes cristianos dignas de ser conocidas.

lunes, 6 de noviembre de 2017

San Francisco de Asís




Hoy quiero recuperar un artículo que escribí hace algunos años en un antiguo blog. El pasado cuatro de octubre se celebró, un año más, la festividad de San Francisco de Asís, uno de los más grandes santos que ha dado la cristiandad.

Es mi santo preferido, al que más admiro. Si bien es cierto que, a lo largo de toda la historia de la cristiandad, ha habido muchos santos, el pobrecillo de Asís tenia, tiene algo que le hace especial para mí, algo por lo cual me siento profundamente identificado con él. Por un lado, es curioso que yo, que siento devoción por él, naciera exactamente cuando se cumplian 800 años de su nacimiento. Evidentemente no estoy diciendo que yo sea santo, aunque sí que lucho por serlo, sino simplemente queria resaltar esa curiosidad.

La suya fué una fé autentica, pura, inocente como pocas ha habido. Aunque han pasado diez años, recuerdo la peregrinación a Roma que realicé con la Diócesis de Getafe en 2007. Uno de los días me enfadé un poquito ya que un sacerdote tuvo la osadia de decir que San Francisco era un poco tonto... la verdad que no sé a que vino aquella frase, pero desde luego sí era una ironia o algo, no tenia gracia. Tonto no era, si lo hubiera sido no hubiera creado una obra tan maravillosa como la Orden Franciscana (con las diversas ordenes que la componen) ni hubiera dejado un legado que hoy causa admiración incluso en aquellos que no son creyentes.

Supo vivir como nadie el verdadero espíritu del Evangelio, ya que quiso vivir con los pobres y como los pobres, al igual que hizo Cristo.
Lo curioso de esto es que no solo habia nacido en una de las familias más ricas de Asís, sino que lo tenia todo, riquezas, poder, mujeres... y dejó todo esto por asemejarse a Jesús de Nazaret ¿que fuerte no?

¿cuanta gente renunciaría a todo eso? tanto en 1200 como en la actualidad, muy poca gente, quizás nadie. Tuvo que venir un chico, joven como yo, como muchos de los que leen este blog, a recuperar el verdadero mensaje evangelico, el de la pobreza no solo de espiritu sino de no tener demasiados bienes materiales, el de ser sencillo como un niño, y sobre todo el de amar a Dios y al projimo como a uno mismo.

Cuando uno lee su alguna de sus biografías, o ve peliculas sobre este gran santo, encuentra varias cosas curiosas:

Por un lado, un dia aparece en Asís corriendo y gritando "el Amor no es amado". Quienes le escucharon no sabian a que se referia. Pues bien, lo que le ocurrió aquel dia fue que habia soñado con una iglesia llena de gente rezando con poca devoción, y vio que nuestro Señor Jesucristo estaba triste, de ahí que gritase aquello. ¿que quiero decir con esto?  pues que, tanto en aquella época como hoy en día, hay gente que se declara católica, pero que tiene poca vida espiritual, o sí la tiene es más bien por costumbre que por otra cosa.
Creo que lo que pretendia San Francisco con aquella frase (y Santa Clara con "ama totalmente al que totalmente te ha amado") es que los cristianos mejoremos nuestra fé y nuestra relación con el Señor... que no vayamos a misa solo por que lo manda la Santa Madre Iglesia (que también) sino para encontrarnos con Jesús, para demostrarle nuestro amor y nuestra gratitud por lo que Él, sin ninguna necesidad para sí mismo, hizo por nosotros, para llevarnos al Reino de los Cielos; que no recemos por rezar, con desgana y para terminar lo antes posible, sino que recemos con auntentica devoción... igual que a nuestra madre, novia, mujer (en definitiva, a quien más ameis) la tratamos con todo el amor del mundo, y cuando la damos un beso lo hacemos con verdadera pasión... pues que así sea nuestra oración con el Señor. Y que no caigamos en un legalista hipócrita y fariseo que nos haga faltar a la caridad para con el hermano.

No hagamos como unas señoras en el lugar donde veraneo, que rezaban el rosario: Diostesalvemariallenaeresdegracia..." sino que lo hagamos con amor hacia nuestra Madre "Dios te salve Maria, llena eres de Gracia..."haciendo las pausas necesarias para sentir de verdad la oración...

Por otra parte, en cuanto a las riquezas, ya comenté que San Francisco de Asís fue rico durante su juventud. De hecho, seguramente hubiera heredado el mayor tesoro material de Asís, ya que su padre Juan de Bernardone tenía mucho, pero que mucho dinero... pero Francisco prefirió lo espiritual, hizo caso a lo que Jesús nos dijo "atesorad tesoros en el Cielo y no en la Tierra donde los coge el ladrón" él prefirió atesorar su tesoro en el Cielo, y vaya tesoro que nos ha regalado con su ejemplo. Una de las cosas que menos me gusta de las grandes ceremonias (bodas, bautizos...) es que la gente parece no pensar nada más que en ¿que me pongo? A esos yo les diría "hipócritas, que más da la ropa con la que vayas a la boda, para Dios todos sois iguales ¿que necesidad tienes de aparentar?" Obviamente no digo que haya que ir como pordioseros a una boda, pero sí tener al menos más humildad en ese aspecto, y si se viste bien, al menos no gastarse una burrada de dinero por un traje que vas a usar una vez en la vida.

Pero la frase de "no podeis servir a Dios y a las riquezas" no solo se refiere a lo material, y esto también lo sabia mi querido San Francisco. Jesús dijo también "quien no sea humilde como los niños, no entrarán al Reino de los Cielos"... ¿cuanta gente hay que se cree superior a los demás, por ser blancos, por ir a misa los domingos (y solo los domingos), por ser español, por no estar
 enfermo e, incluso, por el mero hecho de ser célibe? hoy en día la gente usa cualquier excusa para creerse superior, y lo que es más triste es que hay cristianos que se creen superiores a otras personas por causas de lo más pueril (y ojo, reconozco y admito lo que enseña el Magisterio de la Iglesia al respecto de la superioridad del celibato y la virginidad. Pero una cosa es esto, y otra cosa es que una persona viva el celibato y, por ello, piense que es mejor o mas santo que los demás. Recientemente he tenido una discusión al respecto con una persona que me ha disgustado mucho).

¿Como puede haber catolicos que se crean superiores por ejemplo a los sudamericanos? y los hay, hermanos, los hay... gente que se dice católica y que en su rechazo a la inmigración en realidad no hacen sino mostrar esa miseria moral, esa "superioridad" hacia el inmigrante (una cosa es pedir que haya una inmigración controlada, o que los que entren lo hagan para trabajar e integrarse, y otra cosa el racismo encubierto que hay en los que están en contra de la inmigración)... pero ay amigos, para Dios todos somos iguales, seamos negros o blancos, españoles o etiopes, vivamos en La Moraleja o en Vallecas. Esto también lo sabia San Francisco, y debemos seguir su ejemplo de humildad, que cuando veamos a un pobre no sintamos repugnancia sino amor a un hermano perdido y si podemos ayudarle mejor... que cuando veamos a un negro no digamos "Estos negros de m... que vienen a invadirnos" sino que pensemos en cuán dura tiene que ser la vida en su país para que tengan que venir al nuestro y al menos intentar comprenderles. Debemos tener empatía con el prójimo, sabiéndonos poner en el lugar del otro para intentar comprenderle. Esto nos pide hoy y ahora San Francisco, que quienes somos catolicos no seamos hipocritas.

Y por ultimo, en mi acercamiento a la vida de este gran santo, quiero resaltar su gran amor a la naturaleza, la cual supo apreciar y admirar como obra del Omnipotente, Altisimo y Bondadoso Creador, aquel del que Francisco dijo que solamente Él era digno de toda bendición y que ningún hombre es digno de hacerle mención (aquí otra vez tocaríamos el tema de la humildad). Hoy en nuestros dias, vemos como la naturaleza es destruida de las más diversas maneras, o bien mediante incendios, desperdicios que se tiran al campo o los desagues, se torturan animales... en fín, se hacen muchas tropelias y, aunque algunos lo nieguen, se está acercando un cambio climatico del cual desconocemos sus consecuencias (aunque los científicos han adelantado cosas como un sobrecalentamiento en la tierra y que las zonas costeras quedarán inundadas debido a la crecida de los mares propiciada por el deshielo de los polos. Nota: este artículo lo escribí en 2007, este párrafo lo he dejado tal cual).

Bueno, pues aquí también San Francisco nos pide algo, concretamente dos cosas, por un lado que seamos respetuosos con la naturaleza, que la cuidemos y amemos como se merece, y que denunciemos a aquellos que se dedican a quemar bosques, maltratar animales y cualquier otra salvajada. (nota de 2017: Por cierto, que actual esto ¿Verdad?)

Para terminar, quiero resaltar el gran amor que tuvo San Francisco a la Madre Iglesia. En aquella epoca se habian superado grandes herejias, se estaba luchando contra otras y en un futuro surgirian nuevas herejias... el pobrecillo de Asís lo sabia, por eso tuvo especial cuidado en que su obra, al fín y al cabo la obra de Dios, no fuera infiel al Papa. Aunque sí que es cierto que en algún momento criticó aspectos que se estaban haciendo mal en la Iglesia, pero lo hacia por amor, no por resentimiento como hoy en dia hacen algunos "catolicos" que se dedican nada más que a echar porqueria sobre la Iglesia sin querer ver lo bueno de esta Institución.
Él sabia que tenia que renovar la Iglesia, se lo habia dicho el Señor en la Porciúncula, en San Damián, y así lo hizo, se puso a reconstruir aquella iglesia... sin saber que el Señor en realidad le estaba pidiendo que renovara la Iglesia, pero no la de San Damián, sino la institucional, cuyo engranaje estaba, por así decirlo, oxidado (entre otras cosas por los motivos mencionados de que se iba a misa más por costumbre que por devoción, cuando digo engranaje me refiero a los fieles, al pueblo fiel) y Francisco casi sin darse cuenta lo hizo. Fue un verdadero reformador de la Iglesia manteniéndose fiel al Papa y a la Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

Y lo hizo precisamente por trasmitir ese ejemplo de perfecta vida evangélica que llegó a commocionar incluso a Inocencio III, el Papa, un ejemplo que hoy sigue siendo admirado y que llevó a la creación de un modelo de vida basado en el Evangelio, de una orden formada por monjes franciscanos, clarisas (no nos olvidemos de la gran hermana en la Fé de Francisco, Clara) y los Terciarios tanto Seculares como Regulares. En esta orden caben tanto consagrados como matrimonios, fue una innovación del pobrecillo de Asís que muchas ordenes han copiado después, entre ella los dominicos.

Bueno hermanos, ojalá sigamos el ejemplo de este grandisimo santo, creo que merece la pena hacerlo para conseguir la santidad, yo estoy dispuesto ¿y tú?

miércoles, 21 de enero de 2015

Reflexiones tras mi Profesión como Franciscano Seglar

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(Publicado en Infovaticana el 10 de junio de 2014).

La Orden Franciscana Seglar (OFS) ocupa, dentro de la gran familia franciscana, un lugar peculiar pues son laicos que han decidido seguir a Jesucristo Pobre y Crucificado a la manera de San Francisco de Asís, consagrando de esa manera su vida al servicio de Dios y de los hombres. Es la tercera rama de la Orden Franciscana. La Primera Orden son los frailes hermanos menores (capuchinos, conventuales...), la Segunda Orden son las monjas (clarisas, ect,) y mientras que la Orden Tercera, los llamados Terciarios, se compone de Regulares y Seglares. Los regulares viven en comunidad, mientras que los seglares viven en el mundo y pueden ser o bien laicos o bien sacerdotes diocesanos (santos famosos son san Luis de Francia, santa Inés de Hungría o san Juan Bosco y San Pío X).

Podemos decir, por tanto, que consagrarse dentro de la Orden Franciscana Seglar supone comprometerse a un modo de vida evangélico yendo "del Evangelio a la vida y de la vida al Evangelio". Es decir, que un franciscano seglar, entre otras cosas, se dedica al estudio asiduo del Evangelio llevando a su vida las enseñanzas que de él extrae y, a la vez, conforma su propia vida a aquello que le enseña el Evangelio. Es cierto que todo fiel cristiano debe vivir conforme a lo que enseña el Evangelio, por ello cabe destacar que la gran diferencia entre un laico y un franciscano seglar supone esa consagración especial unida a una Regla y unas Constituciones que fijan el modo de vida de quien entra a formar parte de la Orden Franciscana Seglar. Por otra parte, se accede a la Orden Franciscana Seglar a través de una fraternidad y existen unos plazos de formación convenientes con el fin de asegurar la vocación (pues ser franciscano seglar es una vocación, una llamada de Dios) tanto por parte del interesado como de los hermanos de la dicha fraternidad (pues, de hecho, hay un Consejo que discierne si la persona tiene o no vocación, votando en consecuencia).

Ese paso fue el que, de modo perpetuo, dí el pasado 24 de mayo. Ya en 2012 profesé de manera temporal, pues entonces tenía que reafirmar si tenía vocación de franciscano seglar o no. Esa profesión temporal la renové en 2013 y en mayo, por fin, ya profesé de forma perpetua. Fue una jornada de gran gozo, que me ha enriquecido notablemente y, a la vez, me hace consciente de que me he comprometido por algo por lo que verdaderamente merece la pena comprometerse: por el cumplimiento del Evangelio y de la voluntad de Dios. Para quien sienta curiosidad por la Orden Franciscana Seglar, en esta web hay gran información al respecto.

¿Por qué es motivo de gozo la Profesión?
Siento que el Señor, aún con mis pecados e imperfecciones, me ama desde la Eternidad. Soy consciente de que, ya antes de crear el mundo, tenía contados hasta el último de mis cabellos. Durante mi infancia me preservó de múltiples peligros, algunos realmente importantes. Por otra parte, siempre me acompañó durante aquellos años en que sufrí acoso escolar y sentía en mi alma, como puñaladas, la malquerencia de algunas personas hacia mí. Sin embargo el Señor nunca me dejó solo y puso personas en mi camino que me hicieron sentirme amado, especialmente mi familia y algunos buenos amigos.

Siempre tuve claro que Dios me llama a cumplir su voluntad. Anduve por varios posibles caminos para ese cumplimiento, pasando por un Seminario Diocesano incluso, pues llegué a sentir una probable vocación al sacerdocio. Sin embargo, a lo que estoy llamado desde la Eternidad es a seguir a Jesucristo tal cómo hizo san Francisco de Asís, haciéndome pequeño y humilde, alabando a la Creación y, sobre todo, ayudando a los demás a encontrar la luz de Dios en sus vidas. Siento que Dios me llama a dar luz a las gentes, a decirles que Cristo está vivo, que ha resucitado, a proclamar la Buena Nueva: que todos somos amados por Él, que ha dado su vida para salvarnos y nos llama a un camino de conversión que tiene como meta la santidad si hacemos su voluntad. Sí, porque aunque Dios nos ama, o quizá porque Dios nos ama, nos pide esa conversión, ese volver toda nuestra vida a Él y al cumplimiento de sus enseñanzas. Si cumplimos la voluntad de Dios podemos ser santos, pero es algo que hay que enseñar a las almas, hay que ayudarles a comprender el por qué de cumplir la voluntad de Dios, sobre todo en este mundo de tanto relativismo y tanta confusión. Por eso es importante la conversión. Vivir en el mundo no supone ser del mundo, y creo que los franciscanos seglares podemos tener un papel importante en la Nueva Evangelización de la que nos han hablado tanto el Papa Emérito Benedicto XVI como el Papa Francisco.

Por otra parte, siento que Dios me llama a ser un pequeño candil que ilumine al mundo, mostrando a Jesucristo Pobre y Crucificado, dando consuelo a tantas personas que sufren. Veo mucho sufrimiento, sobre todo en lo concerniente al misterio que suponen la enfermedad y la muerte. Muchas personas no ven sentido a la vida, incluso niegan la existencia de Dios porque no tienen la presencia de alguien que les de esperanza, que les hable de lo que padeció Jesús, y les explique por qué lo padeció. No han escuchado, o no han comprendido lo que supone, que Jesús resucitó y sienten que tras esta vida no hay más que vacío. Por ello me siento de alguna manera llamado a ayudar a estas personas, a quienes se encuentran enfermos, a quienes sufren por la pérdida de un familiar o un amigo. El otro día escribí sobre experiencias cercanas a la muerte. Yo no he tenido experiencias cercanas a la muerte como tal, pero si que me ha ocurrido alguna vivencia que, unida a lo que he escuchado y visto, además sobre todo de mi fe en Dios, que me hacen estar completamente seguro de que existe vida después de esta vida. Y es a eso a lo que me siento llamado, dar esperanza sobre esa Vida Eterna y a intentar mostrar, como lo hacía san Francisco, el camino para poder ser feliz en esa vida que comienza al finalizar la presente: Jesucristo.

Me llena de gozo haber sido escogido entre su rebaño para seguirlo dentro de la familia franciscana. A la vez me deja estupefacto, pues ni soy buen teólogo, ni buen filósofo, ni tan siquiera puedo decir que sea santo, aunque esto último espero poder serlo (os pido oración). Pero una vez escuché que Dios no llama a los capaces, sino que capacita a los que llama. Durante estos años de formación he visto acercarse a la OFS a personas que, por una u otra razón, al final no continuaron el camino de formación previo a profesar. Yo no soy mejor que ellos, eso lo tengo claro. Pero si soy consciente de que si Dios me ha llamado a esta forma de vida cristiana es por algo y si dejo que el Espíritu Santo y su Santa Operación actúen en mí puedo poner mis dones y talentos al servicio del Reino de Dios. No obstante, al mismo tiempo que un gran gozo, siento una enorme responsabilidad por lo que supone ser franciscano seglar, que va más allá de ir simplemente a misa o hacer obras caritativas y otros servicios a la Iglesia que cualquier laico pueda desempeñar.

¿Por qué me siento enriquecido?
Siempre he sentido el carisma franciscano como la forma más pura y auténtica de vivir el Evangelio y de seguir a Jesucristo. Muchas veces he dicho que san Francisco ha sido el tercer más grande santo de la historia (por detrás, claro está, de Jesucristo y de la Virgen María, claro que estos "juegan en una liga diferente" si me permiten la digresión). Recuerdo cuando era pequeño y leía una historia ilustrada de san Francisco, o cuando escuchaba a mis mayores hablar sobre el convento franciscano que hubo en Santoyo años ha y que desapareció tras la desamortización de Mendizábal). Como digo, siempre tuve gran cariño al Poverello. Ese ver a la Creación toda como hermana, ese ayudar a los pobres y necesitados, entre otras cosas, siempre me cautivaron. Me siento plenamente identificado con el franciscanismo: con san Francisco y santa Clara, con san Buenaventura y el beato Duns Escoto.

El franciscanismo es algo que enriquece la fe que me enseñó mi familia, aportándome esos valores que san Francisco nos legó. De pequeño alguna vez pensaba "me gustaría tener algún hermano mas de mi edad", pues mis hermanas son mayores que yo. Sin embargo, lo que he comprendido en estos años dentro de la Orden Franciscana Seglar es que Dios estaba esperando a darme más hermanos. Sí, como dijo san Francisco: "El Señor me dio hermanos", todos somos hijos de Dios, por ello tú, querido lector, eres mi hermano, igual que cualquier feligrés con el que comparta una Eucaristía, igual que cualquier persona, pues hemos sido creados por Dios, somos creaturas suyas. Comprender esto es algo que me lleva a darme cuenta de lo que verdaderamente significa "amarás a tu prójimo como a ti mismo". Si no tuviera a mi prójimo como un hermano, probablemente me costaría bastante amarle, sobre todo si ese prójimo, por ejemplo, me empuja en el metro porque lleva prisa o cosas parecidas. Pero darme cuenta de que es mi hermano me ayuda a perdonar y a orar tanto por él como por mí (especialmente para que sane posibles malos sentimientos que puedan surgirme). Es algo que está enriqueciendo a todos los niveles mi vida, tanto humana como cristianamente.

Por otra parte, me siento enriquecido también porque el Señor me ha dado un camino de conversión, de metanoia, para hacerlo vida en mí y, con ello, tratar de crecer yo y de ayudar a otros a crecer, buscando así la salvación de las almas. Muchas veces nos preguntamos "¿Señor, qué he de hacer?" y si no tratamos de escucharle puede ocurrir que se nos escape lo que Dios nos está queriendo decir, perdiendo por tanto la forma de saber cual es su voluntad y cual es el camino de conversión que ha elegido para nosotros. Como dije antes, estuve en un Seminario Diocesano. Cuando salí de allí estuve un tiempo obcecado en que tenía que irme a otro Seminario, para hacer la voluntad de Dios. Sin embargo, terminé dándome cuenta de que la voluntad de Dios, el camino de conversión y salvación que ha escogido para mí es el de ser franciscano seglar. Después ya me hará ver a su tiempo y forma si quiere que me case, que termine siendo sacerdote o que simplemente sea franciscano seglar sin optar por ninguno de esos caminos. De momento, lo que tengo claro, es que quiere que me centre en ser franciscano seglar, en seguir creciendo por este camino.

La vida es continúa formación y permanente crecimiento, pero para crecer necesitamos la ayuda de los hermanos. Por eso los franciscanos seglares nos reunimos en fraternidades locales, pues aunque no vivimos en comunidad necesitamos crecer y formarnos juntos. La fe crece si se comparte, es una de las grandes verdades que me enseñaron hace ya algunos años.  A la vez, los hermanos necesitan de nosotros para crecer. Sea un consejo, una palabra de ánimo, sea nuestro servicio en la Fraternidad local, regional o nacional. Igualmente cualquier cristiano necesita a sus hermanos para poder crecer en el seguimiento de Cristo. Por eso creo que los franciscanos seglares podemos tener un papel bonito e importante dentro en la labor de la Iglesia. Además, por nuestro vivir en el mundo, podemos llegar a aquellos que se encuentran alejados de la Iglesia o que no creen en Dios y anunciarles la Buena Nueva. O simplemente, ayudar, confortar, consolar a quien se encuentra necesitado, triste o atribulado.

¿Por qué me siento comprometido?
Ser franciscano seglar supone comprometerse a vivir plena y totalmente el Evangelio, con radicalidad, dando testimonio de mi fe y obras como franciscano y cristiano. Esto conlleva gran responsabilidad. Me siento comprometido a conseguir, con la ayuda de Dios, un mundo mejor, donde los que sufren, especialmente niños, se sientan amados y todos nos sintamos hermanos, como realmente somos. Me siento comprometido a dar luz, colocando el celemín junto al Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo para que todos puedan verlo y amarle, para que quien no le conoce se pueda convertir. Por tanto, me siento comprometido a dar luz y esperanza a una humanidad que gime desconsolada como en medio de las tinieblas.
Por ello, querido lector, te pido ores por mí, para que sea fiel a este camino al que el Señor me ha llamado y para que, con la ayuda de la Virgen María, pueda ser santo. Ojalá a través mío sean muchos los que encuentren a Jesucristo y le tengan por Dios y Señor, convirtiéndose y, con ello, se puedan ganar almas para el Reino de Dios.

Querido lector, termino deseando que el Señor te bendiga y te guarde, te muestre su rostro y te de su salvación. Que todas las criaturas alaben al Señor. Paz y Bien.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

El Niño Jesús fue acunado por San Francisco de Asís (Greccio 1223)

Aquella mañana del 24 de diciembre de 1223 amaneció Greccio con una bonita nevada, como si Dios quisiera saludar con esa bendición a los pobrecillos frailes que dormían en aquel lugar, donde tenían intención de celebrar la fiesta del Señor.


La devoción de San Francisco por la Natividad de Cristo le venía desde el principio de su conversión. Algunos años después de haber conocido al Señor, en 1209, le había dicho a fray Morico, uno de sus primeros compañeros "Pecas llamando día de Venus (pues eso significa la palabra viernes) al día en que nos ha nacido el Niño. Ese día hasta las paredes deberían comer carne; y, si no pueden, habría que untarlas por fuera con ella". Lo dijo cuando el frailecillo planteó al Poverello, tras debatirlo con los demás hermanos, si al coincidir viernes y día de Navidad se debía ayunar o no.
Además aseguraba, según fray Tomás Gálvez, que "Si pudiera hablar con el emperador Federico II, le suplicaría que firmase un decreto obligando a todas las autoridades de las ciudades y a los señores de los castillos y villas a hacer que en Navidad todos sus súbditos echaran trigo y otras semillas por los caminos, para que, en un día tan especial, todas las aves tuvieran algo que comer. Y también pediría, por respeto al Hijo de Dios, reclinado por su Madre en un pesebre, entre la mula y el buey, que se obligaran esa noche a dar abundante pienso a nuestros hermanos bueyes y asnos. Por último, rogaría que todos los pobres fuesen saciados por los ricos esa noche". Yo secundo esas palabras de mi Seráfico Padre aunque, como dice un buen amigo mío, me lloverían críticas incluso de algunos que se dicen católicos aunque, obviamente, tengo temor de Dios pero no temor de los hombres.

Según Tomás de Celano, el primero de los biógrafos del gran santo italiano, "La suprema aspiración de Francisco, su más vivo deseo y su más elevado propósito, era observar en todo y siempre el Santo Evangelio y seguir la doctrina de nuestro Señor Jesucristo y sus pasos con suma atención, con todo cuidado, con todo el anhelo de su mente, con todo el fervor de su corazón. En asidua meditación recordaba sus palabras y con agudísima consideración repasaba sus obras. Tenía tan presente en su memoria la humildad de la encarnación y la caridad de la pasión que difícilmente podía pensar en otra cosa. Digno de recuerdo y de celebrarlo con piadosa memoria es lo que hizo tres años antes de su gloriosa muerte cerca de Greccio, el día de la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Vivía en aquella comarca un hombre, de nombre Juan, de buena fama  y de mejor tenor de vida, a quien el bienaventurado Francisco amaba con amor singular, pues siendo de noble familia y muy honorable despreciaba la nobleza de la sangre y aspiraba a la nobleza del espíritu.". Tal como reiteraré a lo largo del artículo, el hecho de la santidad de Juan de Greccio, reconocida por alguien como San Buenaventura, es lo que da credibilidad a este relato, aunque hoy en día cierta historiografía pretenda quitar relevancia a lo ocurrido en Greccio en aquella noche.

Continúa Celano relatando que todo comenzó: "Unos quince días antes de la navidad del Señor, el bienaventurado Francisco llamó (a Juan de Greccio), cómo solía hacerlo con frecuencia, y le dijo: -Si quieres que celebremos en Greccio esta fiesta del Señor, date prisa en ir allá y prepara prontamente lo que yo te voy a indicar. Deseo celebrar la memoria del niño que nació en Belén, y quiero contemplar de alguna manera con mis ojos lo que sufrió en su invalidez de niño, cómo fue reclinado en el pesebre y como fue colocado sobre heno entre el buey y el asno-". Por su parte San Buenaventura informa en su Leyenda Mayor que "Para que dicha celebración no pudiera ser tachada de extraña novedad, pidió antes licencia al sumo pontífice y, habiéndola obtenido, hizo preparar un pesebre con el heno correspondiente y mandó traer al lugar un buey y un asno". Juan de Greccio, narra Celano, corrió presto a preparar en el lugar señalado cuanto el Santo le había indicado.
Aquellos fueron días de intenso trabajo para Juan, quien de forma eficaz consiguió tenerlo todo listo para la santa, bendita y mágica noche. San Francisco, por su parte, permaneció durante esas jornadas en un clima de profunda oración. Cada día se retiraba a su cueva favorita, cerca de la Porciúncula, acaso una remembranza de aquella cuevecita de Belén, para orar y para meditar sobre el gran misterio con el que comienza nuestra fe: el nacimiento del Hijo de Dios, aquel que le había llamado unos años antes a su seguimiento: "Francisco, Francisco... ¿Quién te puede ayudar más, el señor o el siervo?". Esto aconteció en aquella noche de Espoleto donde su vida cambiaría para siempre., pasando de ser "El rico Francisco" al "Poverello de Asís".

Prosigue Tomás de Celano diciendo que "Llegó el día, día de alegría, de exultación. Se citó a hermanos de muchos lugares, hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, que prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas para iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, iluminó todos los días y años. Llegó, en fin, el Santo de Dios y, viendo que todas las cosas estaban dispuestas, las contempló y se alegró. Se prepara el pesebre, se trae el heno, y se colocan el buey y el asno. Allí la simplicidad recibe honor, la pobreza es ensalzada, se valora la humildad, y Greccio se convierte en una nueva Belén. La noche resplandece como el día, noche placentera para los hombres y para los animales. Llega la gente y, ante el nuevo misterio, saborean nuevos gozos. La selva resuena de voces y las rocas responden a los himnos de júbilo. Cantan los hermanos las alabanzas del Señor y toda la noche transcurre entre cantos de alegría. El santo de Dios está de pie ante el pesebre, desbordándose en suspiros, traspasado de piedad, derretido en inefable gozo. Se celebra el rito solemne de la misa sobre el pesebre y el sacerdote goza de singular consolación

El Santo de Dios viste los ornamentos de diácono, pues lo era, y con voz sonora canta el santo Evangelio. Su voz potente y dulce, su voz clara y bien timbrada, invita a todos a los premios supremos. Luego predica al pueblo que asiste, y tanto al hablar del nacimiento del Rey pobre como de la pequeña ciudad de Belén dice palabras que vierten miel. Muchas veces, al querer mencionar a Cristo Jesús, encendido en amor, le dice el Niño de Bethleem y, pronunciando Bethleem como oveja que bala, su boca se llena de voz; más aún, de tierna afección. Cuando le llamaba niño de Bethleem o Jesús, se pasaba la lengua por los labios como si gustara y saboreara en su paladar la dulzura de estas palabras.

Se multiplicaban allí los dones del Omnipotente; un varón virtuoso tiene una admirable visión. Había un niño que, exánime, estaba recostado en el pesebre; se acerca el santo de Dios y lo despierta como de un sopor de sueño. No carece esta visión de sentido, puesto que el Niño Jesús, sepultado en el olvido en muchos corazones, resucitó por su gracia por medio de su siervo Francisco, y su imagen quedó grabada en los corazones enamorados. Terminada la solemne vigilia, todos retornaron a su casa colmados de alegría".

San Buenaventura añade algunos detalles sobre esta noche cuando relata que "Son convocados los hermanos, llega la gente, el bosque resuena de voces, y aquella noche bendita, esmaltada profusamente de claras luces y con sonoros conciertos de voces de alabanza, se convierte en esplendorosa y solemne.... El varón de Dios estaba lleno de piedad ante el pesebre, con los ojos arrasados en lágrimas y el corazón inundado de gozo. Se celebra sobre el mismo pesebre la misa solemne en la que Francisco levita de Cristo, canta el santo Evangelio. 

Predica después al pueblo allí presente sobre el nacimiento del Rey pobre, y cuando quiere nombrarlo -transido de ternura y amor-, lo llama Niño de Bethlehem".
Aquella prédica de San Francisco debió ser, sin duda, inolvidable. Los testimonios de Celano y San Buenaventura, se basan, como hemos visto, en el testimonio de Juan de Greccio, quien "por su amor a Cristo había abandonado la milicia terrena y profesaba al varón de Dios una entrañable amistad. Aseguró este caballero haber visto dormido en el pesebre a un niño extraordinariamente hermoso al que, estrechando entre sus brazos el bienaventurado padre Francisco, parecía querer despertarlo del sueño.  Esta visión de Juan de Greccio es digna de crédito por la santidad del testigo y también porque "El ejemplo de Francisco, contemplado por las gentes del mundo, es como un despertador de los corazones dormidos en la fe de Cristo, y el heno del pesebre, guardado por el pueblo, se convirtió en milagrosa medicina para los animales enfermos y en revulsivo eficaz para alejar a otras clases de pestes. Así, el Señor glorificaba en todo a su siervo y con evidentes y admirables prodigios demostraba la eficacia de su santa oración", algo sobre lo que hablaré brevemente al final del artículo. De momento sólo un inciso. Hoy para el mundo, para los paganos, parece que esta noche quien viene es un tipo barbudo y gordo al que llaman Papá Noel. No les hagáis caso, escuchad el despertador que San Francisco ha programado para hoy, tanto en Greccio como en nuestras vidas. Quién realmente viene es Jesucristo, viene el Niño Dios, debemos acogerle en nuestra alma. Sería trágico para un cristiano que diésemos entrada en nuestras vidas a un símbolo pagano mientras dejamos de lado al Niño Jesús, quien realmente nos puede salvar. Papá Noel no salva, Jesucristo sí ¿Con quién te quedas? ¡DESPIERTA!

Lo ocurrido en el Greccio de 1223 también nos muestra otra bella y gran enseñanza. La Encarnación no sólo aconteció en el Belén de hace dos mil años. Se produce día tras día en todo lugar donde un sacerdote celebra la Eucaristía y/o donde hay un Sagrario con el Señor dentro. Sin embargo en aquella noche inolvidable se estaba produciendo, probablemente, lo que más llenaba de gozo a Francisco de Asís. Sobre el mismo pesebre se celebraba el sacrificio eucarístico. Al Poverello,  tanto la Eucaristía como la Encarnación le recordaban la elección hecha por un Dios que se humilla para salvar al hombre.  

El propio Francisco decía "Ved que diariamente se humilla, como cuando desde el trono real vino al seno de la Virgen; diariamente él mismo viene a nosotros, en humilde apariencia; diariamente desciende desde el seno del Padre al altar en manos del Sacerdote". Por otra parte, tal cómo decía El Principito, lo esencial es invisible a los ojos, sólo puede verse con el corazón. Es razonable pensar que si Juan de Greccio era, como se decía de él, un varón lleno de Dios, el Señor le regalase esa visión que, por otra parte, quizá estaba realmente produciéndose. Por otra parte, recordemos que el propio San Francisco tuvo al principio de su conversión un sueño que le produjo lágrimas de dolor y tristeza pues "El Amor no es amado". Había tenido un sueño en el que veía una iglesia llena de fieles rezando a Dios pero ninguno de ellos le amaba realmente, le pedían egoístamente a Dios pero no le amaban de verdad. Por otra parte, si hubo un santo que realmente supo nacer de nuevo, supo ver a Jesús con la sencillez de los niños, ese fue San Francisco de Asís ¿Cómo no iba a venir de nuevo, entre sus brazos? Sólo quien tiene la humildad y la mirada limpia y pura de un niño puede comprender la realidad de un hecho así.

Quizá en nuestro tiempo, con el materialismo imperante, no nos damos cuenta de lo que realmente significa la Navidad. Para San Francisco, Santa Clara y sus coetáneos tenía un profundo sentido cristiano, eran verdaderamente conscientes de que en aquella noche todo el protagonismo debía ser para aquel niño, Jesús de Nazaret, que nació en Belén. Ellos veían, de forma clara y meridiana, la trascendencia de aquel acontecimiento donde todo un Dios, el Creador de cielo y tierra, el Rey del Universo, aquel que es el principio y fin de todo lo que existe... aparecía ante los hombres con su propia humanidad, se rebajaba a nuestra imperfección y compartía con nosotros todo lo que a nuestra humanidad concierne, exceptuando el pecado. Aquel Niño que lloraba, reía, jugaba, tenía frío, sentía calor... ese Niño que años después daría la vida para salvarnos. San Francisco de Asís quedaba transfigurado cuando meditaba, en la soledad de la cueva o en una iglesia, sobre lo que significaba la Encarnación del Hijo de Dios. Según Giovanni Miccoli, quien ha estudiado los escritos de Francisco "La Encarnación encuentra su cumplimiento en la Pascua: En la cena, con el ofrecimiento del pan y el vino -que se perpetúan en forma de sacramento, hasta el final de los tiempos-, en la pasión y muerte, con la total sumisión del Hijo a la voluntad del Padre". Si, eso lo comprendía muy bien un Francisco que años después se iba a configurar plenamente a Jesucristo al recibir, en el Alvernia, las Huellas de la Pasión, aquellas llagas de dolorosa bendición que le vinieron hacía el final de su vida, momento en el que comprendió que "La cruz desvela el sentido profundo de la Encarnación", como decía el propio Miccoli.

Pero para la Pasión faltaba aún mucho en aquel Belén de hace dos mil años, dejemos al Niño Jesús dormir tranquilo en manos de su bendita Madre mientras tanto. Para San Francisco aunque el Señor realizó la Salvación en otras solemnidades (Semana Santa y Pascua), esta en realidad comenzó con su Nacimiento. Hablemos, por ello, de la luz, contaba Tomás de Celano que "hombres y mujeres de la comarca, rebosando de gozo, prepararon, según sus posibilidades, cirios y teas para iluminar aquella noche que, con su estrella centelleante, ilumina todos los días y años".  Según cuenta Fray Hipólito Barriguín, en aquella época era costumbre reforzar la iluminación de los templos durante la noche de Navidad para presentar de forma fulgurante aquel acontecimiento. Menciona este fraile el Liber usuum Ecclesiae Cusentinae, escrito por Luca de Casamari (Arzobispo de Consenza) quien reseña la iluminación, en aquella catedral, del altar de San Juan Bautista, donde se celebraba la "Misa del Gallo". Para ello se añadían candelabros de hierro, antorchas y se encendían velas en las ventanas mostrando la alegría luminosa que envolvió en la noche de Belén a los pastores.

Según se cuenta en la tradición franciscana, el Poverello "habló con palabras que vierten miel", debió ser una homilía que conmovió a los presentes en aquella celebración, los cuales volvieron a casa llenos de alegría. Hay quien dice que en aquella noche realmente no se representó un Belén, como hemos mencionado, sino que es una tradición posterior, pese a lo relatado por San Buenaventura. Argumentan para ello, como si estuvieran dentro de la mente del propio Santo, que no tenía por intención montar un Belén tal como los conocemos hoy en día y se ciñen a los belenes napolitanos del siglo XVI. Lo que no saben es que en realidad aquella noche Jesús nació de nuevo, se volvió a hacer un niño. Se hizo niño en San Francisco de Asís, quien le acunó con gran ternura y devoción. Es cierto que ya hacía muchos años de su conversión y que le quedaban apenas tres años de vida terrenal. Pero aquella noche el Niño Jesús se hizo presente en Francisco el "Alter Christus". En aquella noche comprendió algunas cosas que hasta entonces no había entendido en toda su plenitud y que le ayudaron a configurarse cada vez más a Jesucristo en un camino que tendría en el Monte Alvernia su cima con la impresión de las Llagas de la Pasión. No saben tampoco que aquella noche hubo otra estrella guiando el recorrido, pero esta vez no fue un cometa sino que fue el propio Jesús, bajo la forma del pan y el vino, quien guiaba a los cristianos, de forma especial a los franciscanos, por el camino que debían realizar para seguirlo: humildad, sencillez y alegría. Esa humildad y sencillez que tuvo Jesucristo a su paso por la tierra y, de forma especial, la alegría de aquel Niño en Belén sonriendo en manos de su Madre María Santísima cuando los Magos de Oriente le llevaron oro, incienso y mirra. De ahí la gran alegría de quienes asistieron a aquella "Eucaristía-belenística", una alegría que les duró toda la vida y cuyos efectos fueron visibles durante generaciones.
Termina Celano su relato diciendo que "Se conserva el heno colocado sobre el pesebre, para que, como el Señor multiplicó su santa misericordia, por su medio se curen jumentos y otros animales. Y así sucedió en efecto: muchos animales de la región circunvecina que sufrían diversas enfermedades, comiendo de este heno curaron de sus dolencias. Más aún, mujeres con partos largos y dolorosos, colocando encima de ellas un poco de heno, dan a luz felizmente. Y lo mismo acaece con personas de ambos sexos: con tal medio obtienen la curación de diversos males".

¿Y qué pasó con el lugar del pesebre? nos responde Celano: "fue luego consagrado en templo del Señor: en honor del beatísimo padre Francisco se construyó sobre el pesebre un altar y se dedicó una iglesia, para que, donde en otro tiempo los animales pacieron el pienso de paja, allí coman los hombres de continuo, para salud de su alma y de su cuerpo, la carne del Cordero Inmaculado e Incontaminado, Jesucristo Señor Nuestro, quien se nos dio a sí mismo con sumo e inefable amor y que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo y es Dios eternamente glorioso por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya. Aleluya".

Sigamos pues, queridos hermanos, el ejemplo de San Francisco de Asís y dejemos que en esta bendita y mágica noche Jesús nazca de nuevo en nuestros corazones, que él transforme nuestras vidas llenándonos de paz, de sencillez, de humildad y nos santifique. Recordemos las palabras de Benedicto XVI, quien decía que "La Pascua había concentrado la atención sobre el poder de Dios que vence la muerte, inaugura una nueva vida y enseña a esperar en el mundo futuro. Con San Francisco y su belén se ponían de relieve el amor inerme de Dios, su humildad y su benignidad, que en la Encarnación del Verbo se manifiesta a los hombres para enseñar un modo nuevo de vivir y de amar". En definitiva, San Francisco nos enseñó el amor a la humanidad de Cristo y la certeza de que Él nos sale al encuentro como un niño recién nacido. Salgamos al encuentro de Jesucristo en esta bendita noche. Debemos arroparlo con el calor de nuestra alma, dejarle entrar en ella para que nos colme de bendiciones y nos ayude a poner toda nuestra vida en sus manos. Jesús, aquel Niño que nació hace dos mil años en Belén, Hijo de Dios, nacido en el seno de la Virgen María e hijo adoptivo de San José es, y debemos ser conscientes de ello, el Amigo que nunca falla.

Os deseo que paséis una santa nochebuena y una muy feliz Navidad de nuestro Señor. Termino con la Bendición de San Francisco:

“El Señor os bendiga y os guarde; ilumine su rostro sobre vosotros y tenga misericordia de vosotros, vuelva a vosotros su rostro y os conceda la paz”.

El Señor os bendiga, hermanos míos, PAX ET BONUM

Fuentes documentales: http://www.franciscanos.es/index.php/ofm-santiago/san-francisco/44-vida-y-carisma/308-francisco-de-asis-y-el-belen-de-greccio
http://www.franciscanos.org/enciclopedia/navidad1223.html
http://www.fratefrancesco.org/esp/navid.htm
http://paradagamez.blogspot.com.es/2011_12_01_archive.html
http://agolpesdecincel.blogspot.com.es/2010/12/san-francisco-de-asis-y-la-tradicion-de.html