Mostrando entradas con la etiqueta Misterio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Misterio. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de abril de 2017

El misterio de las "Casas heridas".Mi experiencia personal

Advertencia: Este artículo no es apto para personas facilmente sugestionables. Algunas de las cosas que voy a relatar pueden impresionar de modo negativo al lector. Recomiendo encarecidamente que, si usted es sugestionable no lea el artículo.
Advierto también de que en este artículo doy mi opinión en base a experiencias vividas, a lo que he visto, escuchado y sentido desde que era un crío. También me baso en lo que he leído y escuchado a quienes saben de estos temas.  

La casa de Amityville
Llevaba tiempo queriendo escribir sobre este tema, pero fue hace dos semanas cuando por fin me decidí a hacerlo. En Cuarto Milenio realizaron un reportaje, con posterior debate, sobre casas que habían sido puestas a la venta y, a pesar de ser realmente buenas casas y estar ubicadas algunas de ellas en entornos envidiables, nadie quería comprarlas. Se trata de lugares donde han ocurrido hechos luctuosos, especialmente muertes violentas. Casas que, incluso, parece ser que habrían inducido al asesino a actuar. Entre otras, mencionaron el caso de aquella familia brasileña que fue asesinada en Pioz hace unos meses.

Todos coincidían en la mesa de debate al señalar que las casas donde ha ocurrido una tragedia quedan marcadas para siempre por el estigma. En Estados Unidos las inmobiliarias, por lo general, informan a los posibles compradores sobre el pasado de la casa en venta. No estoy seguro de si lo hacen todas las compañías y/o si es en todos los Estados. Pero, desde luego, se hace, y creo que es comprensible que alguien que está interesado en comprar una casa quiera saber si allí ha habido algún crimen o ha ocurrido algún hecho macabro. Aunque es cierto que hay gente capaz de comprar la casa de Amityville (que la hay) por puro morbo, mucha gente no querría dormir en una habitación donde tiempo atrás se cometió un asesinato. De hecho, no es la primera vez que alguien se muda a una casa y, tras un tiempo viviendo tranquilamente en ella, comienzan a suceder hechos extraños en la casa que, con el tiempo, pueden intensificarse de tal forma que esa familia termina yéndose aterrorizada de la casa. Por ello existe mucho debate, también en España, sobre si las inmobiliarias deberían informar acerca del pasado de las casas que ponen a la venta. Especialmente cuando se trata de edificios muy antiguos. Hace unos años el famoso locutor José Antonio Abellán tuvo que marcharse corriendo con su familia de un inmueble recién comprado ante la presencia de poltergeist en el viejo palacete de la calle Cañizares de Madrid.

En aquel debate Jaime Garrido utilizó un término que me llamó poderosamente la atención. Especialmente porque se trata de algo que he vivido en mis propias carnes y sobre lo que puedo dar fe. Llamó "casas heridas" a este tipo de edificios y dijo algo que a los escépticos y profanos tal vez les resulte extraño y les lleve a albergar prejuicios negativos. Concretamente afirmó que, o bien, en un edificio, en una casa, la energía puede ser más o menos positiva, con lo que la vida en ese lugar se hace confortable (esto tiene cierta relación con el feng shui)... o bien puede haber una energía negativa y densa que haga la vida imposible a quienes viven en ese lugar. En este segundo caso, además, la negatividad energética puede (y suele) ir acompañada por fenómenos extraños que incluso llegan a ser de carácter preternatural maligno. Como sucedió en Amityville, casa sobre la que los escépticos afirman, con desdén, que no ha vuelto a suceder nada paranormal allí. Bien, es cierto. Pero es que Jaime Garrido afirmó algo que arroja luz a este respecto. No solo se puede limpiar la suciedad "cotidiana" de la casa (polvo, manchas de pintura, barro...) sino que también es posible limpiar la negatividad energética. Yo, como cristiano, debo decir que personalmente recomiendo que esa "limpieza" la haga un sacerdote católico. Pues no solo es lo más efectivo, sino también lo más seguro. Pero bueno, es mi opinión fruto de mi paradigma vital y espiritual.

Jaime Garrido
 De lo que me gustaría hablar es de mi experiencia vital con respecto a las "casas heridas". Quienes me conocen personalmente saben que tengo mucha sensibilidad espiritual. Suelo percibir con facilidad la presencia de aquello que está "al otro lado de esta realidad". Es decir, siento la presencia de quienes una vez pisaron este mundo y ya no están con nosotros. Puede sonar extraño, y muchos no me creerán, pero quien ha vivido este tipo de experiencias sabe que se trata de algo real y no de una mera alucinación. De hecho, distingo perfectamente entre la mera sugestión y el fenómeno extraño. Cuando este se presenta en toda su realidad vives una experiencia totalmente diferente a lo que pasa por tu mente cuando te sugestionas debido a la inquietud que te puede venir en un momento dado.

Quiero comenzar con el caso que más me impresiona. Se trata de una casa situada en cierta urbanización del noroeste de Madrid. No digo la localidad ni el lugar por respeto a los actuales propietarios del chalet. Mis padres compraron aquella casa en otoño de 2004. La propietaria había perdido un año antes a su marido, que murió (eso si, en el hospital, no en la casa) tras padecer una larga y dura enfermedad. Vivimos en aquella casa desde finales de diciembre hasta agosto de 2005. Mi padre estaba especialmente ilusionado con vivir en un chalet. Había pasado toda su infancia entre Santoyo y Lebanza (pues estudió en el Seminario Menor que por entonces estaba allí). La casa de mis abuelos era de esas casas de pueblo que son enormes, con muchas habitaciones, cuadras, patios.... y cuando años atrás conoció el pueblo donde se encuentra aquella urbanización mi padre se enamoró del lugar. Recordaba su infancia y tenía ilusión por vivir en una casa grande, como cuando era pequeño. Si bien tenía en propiedad una parcela cerca de este chalet, no llegó a edificar nada en ella. Aunque me consta que no fue por falta de ganas.
En 2004 por fin pudo cumplir su sueño tras la compra de aquel chalet.

Se trataba de una casa edificada a principios de los años ochenta. Tenía tres pisos, un buen jardín y unas vistas espectaculares, todo hay que decirlo. Sin embargo, nunca llegó a gustarme aquel edificio. De entrada tenía un aspecto viejo, el color gris de su ladrillo visto me daba la sensación de que se trataba de un chalet anticuado, anclado en el pasado. Quizá en los ochenta era una casa bonita. En 2004 no. De hecho, en esa urbanización hay casas edificadas en esos años que son realmente bonitas. Otras, como esta que digo, son feas y parecen mucho mas viejas. Aunque ya digo, es mi opinión. 
Durante los primeros meses, entre diciembre y marzo, no noté nada realmente extraño salvo algunas noches donde "algo" tiraba de las sábanas, como si una mano invisible agarrase la sábana, la elevase a media altura y la dejase caer. Este tipo de fenómenos son bastantes comunes. Interpreté aquello como una especie de juego o broma "espiritual". 

Por la noche el Misterio enciende su candil
Entre marzo y mayo comenzaron a pasar algunas cosas raras que quizá tengan una explicación científica y racional, no lo niego. Pero tratándose de aquella casa son hechos cuanto menos curiosos. Además con el tiempo fueron como in crescendo. Aquello de que "alguien" tiraba de la sábana se convirtió en algo habitual. Hasta marzo había ocurrido de forma aislada, pero sin demasiada frecuencia. Sin embargo, desde entonces, y sobretodo ya en mayo, comenzó a ser cada vez más frecuente, ocurriendo todas las noches. A esto hay que añadirle que, en algunas ocasiones, recién acostado, sentía que "alguien" me soplaba en el lado derecho de la cama (había un armario, la ventana estaba a la izquierda, no podía ser debido a corrientes de aire). Cuando iba al cuarto de baño tenía la sensación de que no estaba solo allí, pues me sentía observado. Además, en el sótano estaba el garaje, donde yo dejaba la bicicleta. Junto al garaje había otra cocina, una habitación-salón y una especie de almacén que mi padre utilizó como bodega. Salvo este último lugar, que era muy húmedo y frío, el resto del sótano era seco y cálido. Sin embargo, recuerdo bajar a por la bicicleta y, al pasar por la habitación-salón, sentir que descendía bruscamente la temperatura. Se podría dar una posible explicación a esto suponiendo que tal vez aquel día hacía frío. Pero recuerdo que aquella primavera fue especialmente cálida y, además, en el resto de la casa justamente no hacía frío esa tarde. Además, como he dicho antes, la temperatura de la habitación-salón era idéntica a la que pudiera haber en, por ejemplo, mi habitación. 

En dicha habitación-salón había unos planos realizados por el anterior propietario. Eran planos del sistéma eléctrico de la casa, de las canalizaciones y también el propio plano del edificio. Fue en mayo cuando los vi por primera vez y lo cierto es que, al verlos, tuve una especie de mala vibración, como una certeza de que estábamos en el lugar equivocado. Aquella casa había sido construida por alguien que había puesto mucho empeño e ilusión en ese proyecto. Se trataba de una persona que se había ido quizá de forma prematura (aunque era mayor que mi padre) y, al menos eso es lo que pienso ahora, desde ese "otro lado de la realidad" nos veía como unos intrusos (si, algo parecido a lo de la película "Los Otros"). Es cierto que no había muerto en la casa, pero aquel hombre debía estar muy apegado a ella y "no quería marcharse". Es más, quería echarnos. O, al menos, tengo ese pensamiento.

Cabe decir que durante aquellos meses yo pasaba tardes enteras completamente solo en la casa, estudiando y realizando trabajos para la Universidad. En algunas ocasiones mis padres llegaban al chalet ya bien entrada la madrugada y yo no pasé en ningún momento miedo, ni tampoco estaba sugestionado. De hecho, hasta mayo no había tenido realmente motivo para ello pues los fenómenos que he relatado y acontecieron entre diciembre y mayo son cosas que he vivido a lo largo de mi vida en innumerables ocasiones y lugares, a veces incluso en sitios que me encantan y no me dan ningún tipo de miedo como es la propia casa de Santoyo (aunque debo admitir que ahí no dormiría solo. Pero si puedo estar en la casa en completa soledad durante el día, incluso por la noche, sin tener miedo ni sugestión). 

En el convento de Rapariegos algo había....
Desde mayo los fenómenos fueron in crescendo. Además de lo ya relatado, comencé a sentir que "alguien" me seguía por la casa. Especialmente en las escaleras. Entre mayo y julio también empecé a escuchar ruidos raros y lo que me parecían susurros y lamentos. Una noche me desperté sobresaltado al escuchar una carcajada proveniente de la terraza contigua a mi habitación. Encendí la luz, fui a la terraza y con la linterna eché una ojeada pensando que tal vez se había colado un gato. Allí no había nada. Pero noté algo extraño, como una densidad que flotaba en el ambiente. Pero había algo más. En la terraza, que era alargada, había dos mesas. Bueno, pues en la mesa del otro extremo vi que los objetos que había sobre la mesa daban estaban en una posición extraña. No recuerdo haberlos puesto así por la tarde. Parecía como si los hubiera movido alguien después. De hecho, a día de hoy estoy convencido de que no dejé aquella mesa de la forma en la que me la encontré después. Eran las cuatro o las cinco de la mañana cuando me desperté y me di cuenta de que alguien había movido aquellos objetos. Francamente, no creo que mis padres se hubieran levantado a cambiar de sitio unos folios, unos botes de bolígrafos y un pisapapeles. Al darme la vuelta para ir a la habitación tuve la sensación de que había alguien en ella. No fue el caso, pero reconozco que entré algo acongojado pensando ¿Qué narices me voy a encontrar ahora? Y, mientras tanto, en el ambiente seguía flotando la densidad de antes.



Otra noche sucedió algo realmente estremecedor. Me encontraba trabajando con el ordenador cuando escuché un estallido estrepitoso y algo que cayó y rodó por el suelo. Cuando me volví tenía un montón de cuentas de rosario rodando rápidamente por diferentes zonas de la habitación. Tenía un rosario que me había regalado una persona que en 2003 había ido a Cuatro Vientos a ver a San Juan Pablo II. Se trataba, por tanto, de un rosario bendecido por este Papa santo. Un rosario que estaba colgado de un gancho que tenía en la librería. Es cierto que estaba cerca de una lámpara ¿Quizá el calor de esta provocó el estallido? Puede ser pero ¿Por qué fue justo ese día y no unos días antes o unos días después? Aquel rosario había estado en ese mismo lugar durante varios días (no recuerdo cuantos) sin que sucediera nada, junto a esa misma lámpara. Y justo esa noche se rompió en pedazos.
Cabe decir que el chalet lo compraron mis padres, si no recuerdo mal en octubre. Tardamos un par de meses en ir para ponerlo apunto. Ya entonces hacía mas de un año que había muerto el propietario de la casa. Me pregunto si su fallecimiento, o al menos el agravamiento de la enfermedad, tuvo lugar precisamente en mayo de 2003, un año antes de lo del rosario.
El caso es que fue ya con la primavera avanzada cuando percibí que la atmósfera en la casa cobraba mayor densidad. Comencé a escuchar ruidos típicos de la fenomenología paranormal como "raps". Es decir, golpes secos y rápidos. Al mencionado "tirar de sábanas" se unió la sensación de que la cama se movía, como si "algo" la golpease". 
Además, entre mayo y julio comencé a sentir que "algo" me tocaba en determinadas ocasiones. En plan estar trabajando con el ordenador y sentir claramente una mano apoyándose en el hombro. O estar ya en la cama y notar que "alguien" rozaba con su mano mi mejilla. Pero no era un "rozar" cariñoso, sino algo en plan "estoy aquí, vigilando". 

A principios de julio se casó una prima mía. Llegué de la boda unos minutos antes que mis padres. Entré por el garaje, como había hecho tantas veces durante los meses previos. Nunca había tenido problema con la alarma. Hasta esta noche. Puse, como había hecho siempre, el código de seguridad. Pongamos "1234". No cabía duda. Pero nada, no funcionaba. Volví a marcarlo de nuevo, esta vez concentrándome para no equivocarme. Tampoco. Escuché varios sonidos que daban a entender que en cero coma (como decimos en Madrid) iba a saltar la alarma. Volví a marcar el código. Una vez más, aquello no marchaba. Me estaba poniendo cada vez más nervioso. Pero era plenamente consciente de lo que hacía. Estaba marcando bien el número. Pero, por algún motivo extraño, no funcionaba. De pronto saltó la alarma. Cuando llegaron mis padres, yo estaba histérico intentando apagarla. Ellos tampoco pudieron hacerlo. De hecho tuvieron que venir los técnicos y, en sus propias palabras, "aquello no era normal". La alarma funcionaba perfectamente, entonces ¿Por qué no había funcionado el código de seguridad anteriormente? ¿Un fallo electrónico? es posible pero ¿No es un poco raro? Con la perspectiva del tiempo transcurrido tengo la sensación de que fue una especie de aviso. 

La casa de las siete chimeneas

Pocos días después se graduaron en la Universidad unos amigos míos de Santoyo. Fuimos mi padre y yo a la graduación. El evento estuvo muy bien, fue emotivo y disfrutamos bastante. Sin embargo, esa noche hubo una tormenta muy fuerte. De esas tormentas que tienes la sensación de que un rayo va a partir la casa en dos. Por la noche estuve con el ordenador trabajando sintiendo una gran inquietud. Tenía la sensación de que me estaban observando y noté en varias ocasiones que "algo" tocaba mi hombro mientras me rozaba el pelo. Cuando me fui a dormir estaba bastante intranquilo. Pero otras veces me había acostado sintiendo inquietud y me había podido dormir más o menos rápido. Sin embargo, en esta ocasión, no fue así. A las dos y pico de la noche seguía despierto. Comencé a sentir algo extraño a mi izquierda (donde estaba la terraza). Miré en varias ocasiones y no vi nada raro, pero la sensación provocó que mi corazón palpitase cada vez más fuerte. Hasta que, finalmente, sucedió. Aún se me ponen los pelos de punta al recordar como esa sombra, más negra que la propia oscuridad, cruzaba la habitación desde la terraza y venía hacia mi. La sombra se acercaba con rápidez y tuve la certeza de que se iba a abalanzar sobre mi. Antes de que lo hiciera encendí la lámpara. Me levanté con el corazón agitado, sudando, casi temblando. Tuve que dejar la luz encendida para poder dormir aquella noche. 
Por cierto, la tormenta no paró en toda la madrugada. 

Tengo la sensación de que algo pronunciado inocentemente por mi padre pudo precipitar los acontecimientos. Ya en junio-julio mi padre se metía en la piscina. Yo nunca llegué a bañarme en ella porque me daba cierto "mal rollo". Alguno lo llamará sugestión, otros simplemente dirá que eran manías mías. La cuestión es que no llegué a meterme en ella, pues no me hacían gracia ni esa piscina ni la casa. Pero, por algún motivo, la piscina menos. El caso que mi padre si que se bañó mucho y, además, disfrutaba como un niño cuando se bañaba. Una tarde fue mi abuelo, como hacía a menudo, a ver a mis padres. Yo no estaba. Mi padre le dijo, emocionado, "Gerardo, Gerardo ¡Qué bien estoy aquí!". Puede sonar increíble. Puede sonar absurdo. Y estoy convencido de que es el más puro absurdo. Tal vez incluso sea una extraña y macabra coincidencia. Pero tengo la sensación de que estas palabras pudieron generar una situación de "envidia" en ese "algo" que había en la casa. Ojo, no digo que estuviera presente el espíritu del primer propietario. Y quiero decir bien claro que no estoy diciendo que fuera aquel difunto propietario el responsable de lo que ocurrió. Pero el sufrimiento que ese hombre había vivido durante su enfermedad, incluso el propio dolor experimentado por la viuda durante el año y pico que allí vivió (por cierto, en completa soledad), quizá habían generado cierta energía espiritual negativa (es cierto que a muchos de mis lectores el término "energía" no les gustará. Pero no hay otra forma de llamar a "eso". Y, quizá (y es teoría mía, no pretendo tener la verdad absoluta, ni mucho menos pretendo cargar de responsabilidad a nadie), esa felicidad de mi padre, al contrastar con el sentimiento de dolor vivido allí anteriormente, pudo generar cierta envidia en esa "energía" que había en la casa.
Es acojonante pensarlo (y me perdonarán la digresión), pero por lo que pasó pocos días después estoy convencido de ello.

Debo añadir antes que mi padre llevaba trece años enfermo. Tenía esclerodermia. Se trata de una enfermedad rara pero no necesariamente mortal en sí misma. Si bien es cierto que los órganos van desgastándose y perdiendo fuerza a marchas forzadas. Pero, principalmente, se trata de brotes no necesariamente mortales. De hecho, mi padre había superado unos años especialmente duros entre 1998 y 2002-2003 en los que, sinceramente, creíamos que "se iba". Sin embargo, a raíz de viajar a Alemania en 2002 (donde recibió tratamiento por parte de un médico alemán), había ido mejorando poco a poco. Incluso durante los siete meses que vivió en la casa se encontraba bien de salud. Es cierto que unos días antes se había caído al lado de la piscina (no podía ser en otro lugar), pegándose un buen mamporro. Pero también había organizado, dos días antes, una barbacoa donde disfrutó como un niño con matrimonios amigos y no dio señales de fatiga. Incluso el día anterior habían ido mis padres con mi abuelo a comer y al teatro. Es cierto que la anterior dueña de la casa le había visto en misa ese mismo domingo y después nos dijo que parecía fatigado. Pero a veces daba esa sensación. Muchas veces estaba fatigado, pero por los mencionados brotes, sin embargo seguía luchando.

Palacio de Linares

La cuestión es que el 18 de julio de 2005, tras haber cenado "mejor que nunca" (en palabras de mi madre) cruzó el umbral de la vida. Según dijo el médico fue un fallo multiorgánico fulminante. Se había sentado en su despacho y, nada mas coger el periódico para leerlo, se marchó. 

He reflexionado mucho sobre ello desde entonces. Lo más racional es pensar que el cuerpo de mi padre estaba muy debilitado debido a la enfermedad. Sus órganos vitales habían ido desgastándose durante año tras año. De hecho entre, más o menos, el año 2000 y 2004 mi padre dormía con una máquina de oxígeno. En 2004 como he dicho, comenzamos a vivir en aquella urbanización. Primero en unos apartoteles. Allí no usaba máquina de oxígeno para respirar mejor cuando dormía (quizá no lo necesitaba gracias a la pureza del aire que allí se respira, tal vez sus pulmones funcionaban mejor). Por ello, lo más racional es pensar que a las 23 horas del 18 de julio de 2005 sus órganos vitales dijesen "Hasta aquí hemos llegado". Pero, por lo que he leído y escuchado sobre parapsicobiofísica (nombre que el profesor Germán de Argumosa decía que era realmente el adecuado a la hora de hablar de parapsicología) soy consciente de que una casa "herida" (o "enferma") puede llegar incluso a provocar, indirectamente, la muerte de una persona con debilidad en sus órganos vitales. Suena absurdo, y quizá rocambolesco. Pero creo que aquellas cosas que había percibido desde marzo eran señales para que nos marchásemos de aquella casa. No quiero decir que fuera el difunto quien provocó la muerte. Pero es posible que la energía que se había creado en aquella casa durante la enfermedad de aquel primer propietario tuviera una gran influencia en lo que ocurrió. Si que tengo la certeza de que a "alguien" o "algo" no le gustaba un pelo ver a unos extraños siendo felices en aquella casa. Es como si a "alguien" o a "algo" le molestaba especialmente que "los otros" disfrutasen de algo que el primer propietario había creado y que ya no podía disfrutar. Es más, que su último año de vida no había disfrutado en absoluto por aquella enfermedad..

En septiembre mi madre y yo nos mudamos a los apartoteles antes mencionados. Donde estuvimos viviendo tres años, hasta que en 2008 nos cambiamos a nuestra actual casa, a veinte minutos en coche de allí. Entre 2005 y 2012, cuando se vendió aquel chalet, continuamos yendo para ver que todo estaba en orden (tema limpieza, tema que no entrase alguien a robar... cosas lógicas al no vivir nadie allí). En verano de 2006, o 2007 (no recuerdo el año) una de mis hermanas celebró una barbacoa en el chalet. Como había hecho anteriormente en varias ocasiones, incluso ese mismo verano. Pero en ese día concreto pasó algo extraño. A media tarde una amiga suya, que debía estar cansada, subió a la que había sido mi habitación a echarse la siesta. Para no revelar su nombre real la voy a llamar con uno ficticio. Pongamos que se llamase Nadine. El caso que al poco de echarse en la que había sido mi cama, escuchó claramente una voz que la llamaba "Nadine, Nadine, Nadine....". Ella preguntó en varias ocasiones creyendo que eran sus amigos. Pero salvo el "Nadine", no escuchó nada más. Bajó a donde estaban mi hermana y el resto de gente tomando algo y preguntó si alguien la había llamado. No solo nadie la había llamado sino que nadie había entrado a la casa para nada. La chica se estremeció de tal manera y tuvo tal miedo que, según me contaría después mi hermana, pasó el resto de la noche temblando y sentada en un rincón sin pronunciar palabra, con el rostro pálido. Nadine ni siquiera conocía la historia del primer propietario. Y creo que tampoco sabía que mi padre había fallecido en esa casa. 

Durante aquellos años fui completamente solo al chalet, además en varias ocasiones, Solía ir, especialmente, a recoger cosas que aún tenía allí, y a ver los álbumes de fotos (me encanta de vez en cuando ojear los álbumes de fotos. Además siempre me encuentro con alguna que nunca había visto hasta entonces). Desde que entraba al chalet, y hasta que me marchaba, escuchaba pasos, susurros, notaba la presencia de alguien que me observaba. Recuerdo especialmente un mediodía en el que, mientras observaba las fotos, escuché un ruido muy constante y fuerte. Era como si hubiera gente en una obra trabajando. Escuchaba claramente los martillazos, sonidos como de radiales, crujidos... y cabe decir que en ninguna de las casas cercanas había ningún tipo de obra (me aseguré de ello). También recuerdo lo que me sucedió en una ocasión al subir las escaleras con mi madre (que iba detrás mío). Alguien me tiró del jersey. No fue la típica sensación en la que tienes el jersey mal puesto, hay alguna arrugita y al moverte se te alisa. No, noté claramente que "alguien" me agarraba del jersey y tiraba hacia atrás. Además lo hacía como con fuerza. Le pregunté a mi madre si había sido ella y me juró y perjuró que no había hecho nada.
Casa de las Caras. No es "herida", pero si misteriosa
Por otra parte, esa casa tardó muchos años en venderse (siete) y no precisamente por falta de pretendientes. Incluso Juan Pardo fue a verla, y dijo que le gustaba. Sin embargo, todos los interesados se echaban atrás. Algunos incluso a punto de firmar la compra. Era como si percibieran algo que no les agradaba especialmente. Finalmente, en 2012 (un año muy especial para mí por diversas cosas, entre ellas porque vencí a la depresión) se vendió aquel chalet. No he vuelto a saber mucho de las personas que lo compraron. Si tengo noticia de que físicamente están bien (vamos, vivitos y coleando, y Dios les guarde durante muchos años). 

Durante los dos o tres años anteriores a venderse la casa hubo algo que se añadió a toda la fenomenología paranormal antes relatada. Cada vez me costaba más respirar cuando estaba dentro de aquella casa. Cuando llevaba un rato dentro tenía que salirme al jardín para poder respirar bien. Me faltaba el aire. De hecho en varias ocasiones estuve apunto de ahogarme. Sobretodo la última, a pocos días de vender el chalet, cuando practicamente tuve que salir corriendo de la casa porque me ahogaba. Además la angustia me duró durante bastante tiempo. Mucho rato después de habernos marchado aún me duraba.

Soy consciente de que lo relatado aquí puede resultar increíble. Seguramente muchos no me creerán. Otros me dirán las típicas palabras que he escuchado en muchas ocasiones: sugestión, imaginación, incluso paranoia. Habrá quien diga que estoy para ser encerrado en Ciempozuelos. También otros me dirán que lo que yo llamo energía tiene un tufillo New Age y tratarán de desacreditarme. De hecho, sé que mucha gente se encierra en prejuicios de este tipo para no creer estas cosas. Pero yo sé lo que he vivido, tanto en esta casa como en otros muchos fenómenos paranormales que me han ocurrido durante mi vida. Sé, además, que se tratan de cosas reales y no subjetivas. Cuando, por ejemplo, sueñas con Miguel Ángel Blanco en el mismo momento en que se produce su fallecimiento, sabes que se trata de algo real. Lo mismo ocurre cuando, años más tarde, sueñas con una buena amiga justo en el instante que fallecía.... en esas ocasiones eres plenamente consciente de que el mundo de lo espiritual existe. Cuando has sentido, como yo, a tu abuela ya fallecida (a la abuela que conocí) y experimentabas una auténtica sanación física y espiritual al acostarte enfermo en la cama que ella dormía en vida... sabes que estas cosas son reales. Y, además, totalmente serias. Lo mismo ocurre cuando un día averiguas donde se encuentra enterrada una persona solo por el mero hecho de que percibías su presencia... sabes que lo que te ocurre es completamente real, aunque muchos no se lo crean.

Cortijo de los Galindos. Donde "mataron a cinco"

Quiero finalizar este artículo sobre casas heridas contando varias experiencias personales que suponen un buen, e inquietante, colofón. No todas son en casas heridas, pero tienen algo que ver con el tema del que he escrito.

La primera ocurrió durante el periodo que estuve deprimido (2009-2012). Ya entonces me encontraba viviendo donde resido actualmente. Mi hermana, que vive en otro país, suele dormir en casa cuando viene a España. En alguna que otra ocasión dijo que percibía una sensación de mucha tristeza en la casa. Esto coincidiendo con los periodos en los que peor me encontraba anímicamente. Ella es atea, por lo cual no está especialmente abierta a creer en estas cosas. Aunque si que ha percibido a nuestro padre en varias ocasiones. La cuestión es que, aquellos días que venía a casa y yo estaba con la depresión, ella percibía una carga negativa en la casa, una sensación de mucha tristeza. Sin embargo, desde que salí de la depresión no ha vuelto a sentir algo así en mi actual casa. Estoy firmemente convencido de que nuestro estado psicológico influye en la energía (como yo la llamo) de la casa. Y creo que lo que voy a contar ahora lo demuestra en cierto modo.

La segunda ocurrió cuando murió nuestra tía de Santoyo. La buena mujer padeció esa maldita enfermedad que se está llevando a tanta gente, el cáncer. De hecho la pobre apenas vivió un año enferma, pues se lo descubrieron en diciembre de 2010 y un año después falleció. Creo que es importante decir que no falleció en la casa. La cuestión es que, tras el entierro, le pedí a mi tío entrar en su habitación, para dar un beso a la cruz que había regalado a mí tía (que también era mi madrina) años antes, tras venir de una peregrinación a Roma. Al entrar en la casa sentí una punzada de dolor que me atravesó todo el cuerpo. Era como si todo el dolor experimentado por mi tía en aquellos meses se hubiera acumulado en la casa. Fue un sentimiento muy angustioso que nunca he vuelto a experimentar allí (de hecho, hace poco entré y sentí una "energía" neutra, ni positiva ni negativa). Los parapsicologos utilizan el término impregnación. Creo que, en cierto modo, el dolor que sentí al entrar en la casa se debió a este fenómeno.

La tercera fue en una casa que tiene mi hermana en la sierra. Una casa que era de nuestros padres y que alquiló por dos veces. Los primeros inquilinos eran unos señores que trabajaban en la carretera y no dieron muchos problemas. De hecho, apenas iban a dormir, el resto del día estaban trabajando. Y los fines de semana se iban a su tierra. Pero los siguientes inquilinos fueron unos rumanos (caucásicos). El caso es que esta gente, cuando se marcharon, dejaron la casa destrozada. Muebles que habían comprado mis padres con toda la ilusión (como un columpio y una tumbona) estaban completamente destrozados, había múltiples arañazos en otros muebles, paredes descorchadas y despintadas... en fin, un desastre. Desde entonces he ido varias veces a esa casa. Pues la primera vez sentí también un fuerte dolor. Como si hubieran herido al "espíritu" (o a la carga energética) de esa casa. Como si la casa tuviera vida propia y me estuviera haciendo saber que la habían provocado fuertes heridas. Me dio la sensación de que la casa "lloraba" (es absurdo, lo sé). Siento que poco a poco ha ido recuperándose. De hecho esa energía negativa del principio ha pasado a ser neutra. Y supongo que cuando mi hermana la reforme la energía volverá a ser positiva, como cuando íbamos allí durante los veranos de nuestra infancia.

La cuarta no fue exactamente en una casa, era un convento del siglo XII. Actualmente sigue habiendo monjas. El caso es que allí viví la peor noche de mi vida. Lo cuento en este artículo. Cuando me levanté tenía moratones, el pómulo hinchado y rasguños por la cara. Se trata de un convento donde hubo varios incendios extraños hace unos siglos. Un tío mío puso una residencia de ancianos y sospecho que a "alguien" no le gustaba la idea. Especialmente porque mis primas y mi tía dormían en lo que había sido la sacristía. Y eso quizá molestaba a "alguien" o "algo". Y aquella noche yo dormí, o eso intenté, en lo que era la sacristía.Y, como tengo una sensibilidad especial a estas cosas, percibí lo que percibí, y salí de allí como salí.

La quinta fue realmente curiosa. Estaba en la casa de Santoyo cenando completamente solo. Ya lo he dicho antes. Esa casa no me da ningún miedo, ni tampoco siento ningún tipo de sugestión cuando estoy allí. Tiene dos pisos. Yo me encontraba abajo. Escuché una voz femenina llamándome. O, al menos, pronunció mi nombre. Fue algo simple, una palabra: ¡Víctor! estuve meditándolo un poco y llegué a la conclusión de que se trataba de la voz de mi abuela. Pero no la voz de una anciana, era como la voz de una mujer joven. Mi padre se llamaba como yo. Según la teoría de la impregnación, es posible que escuchase una voz pronunciada muchos años atrás por mi abuela llamando a mi padre cuando él era un niño.


En definitiva, se podría decir que las casas, los edificios, tienen cierta carga energética, y que nuestro estado anímico influye poderosamente en ella. También las sensaciones que transmitimos, nuestras emociones, las palabras que pronunciamos, pueden quedar impregnadas en el ambiente de esos lugares. Quizá la mezcla del dolor vivido por el primer propietario de aquel chalet, junto con el hecho de que hubiera gente nueva y extraña viviendo y siendo feliz allí, crearon cierta energía "negativa". Sí, la felicidad puede influir en esa carga energética. Pero, como la casa había sido construida por otra persona... y esta persona pasó su último año en medio de un fuerte sufrimiento... quién sabe si, como he especulado antes, algo en esa casa estaba disconforme con que estuviéramos viviendo allí. La carga energética puede ser negativa cuando uno de los habitantes padece una depresión. Puede volverse positiva cuando quienes viven allí son personas positivas, o se vuelven positivas. Puede reflejar el dolor vivido por una persona, como mi tía de Santoyo. Puede igualmente mostrar dolor cuando alguien no ha tratado bien a esa casa ni a lo que representa. Lo que se ha vivido en esa casa puede haber quedado impregnado en el ambiente y, por ello, a veces escuchamos voces o, incluso, vemos siluetas humanas. Y hay veces, como en Amityville que una familia entra ilusionada a una casa que acaba de adquirir y poco después se ve obligada a huir de allí ¿Fue algo similar lo que le pasó a mi familia?

Que cada uno saque sus propias conclusiones.


lunes, 9 de enero de 2017

Viajes y experiencias: Jaén, tierra de misterios (I): Las Caras de Bélmez

Dicen que el Misterio es el motor de la vida y, personalmente, cada vez estoy más de acuerdo con la verdad de esta afirmación. De hecho, "El Principito" es quien dice aquello de "cuando el Misterio es demasiado impresionante, resulta imposible desobedecer ".

Varias teleplastias de Bélmez. Entre ella "el niño", de la que hablaré.

Puedo dar fe de lo que supone apartarse del Misterio. Yo lo hice, cuando entré al Seminario. Estupidos prejuicios me llevaron a ello. Dejé de escuchar Milenio 3, mi programa favorito y, progresivamente, fui apartándome de algo que había sido el principal motor de mi vida. Cuando dejé de ser seminarista, en marzo de 2009, me desvinculé temporalmente de todo lo relacionado con el Misterio. Tenía la intención de que esa desvinculación fuera definitiva, debido a una mala experiencia que tuve leyendo "Camposanto", la novela escrita por Iker Jiménez. Durante varios días, en plena lectura de ese libro, tuve varias pesadillas que me llevaron a deshacerme de ese y otros libros relacionados con el Misterio. Todo aquello, sin embargo, provocó en mi un fuerte vacío. Fue años después, cuando recuperé  mi pasión por el Misterio, como ya conté en este blog, cuando salí de aquella depresión que me atenazaba interiormente. Fue reencontrándome con aquel niño de 13 años apasionado por el Misterio que buscaba, conectándose a Internet en los ordenadores del colegio, información sobre ovnis, fantasmas y demás, como conseguí reencontrarme conmigo mismo y sanar las heridas provocadas tras mi salida del Seminario.

Desde bien pequeño había sido un apasionado aficionado a todo lo relacionado con el Misterio. Recuerdo muchas conversaciones que tuve con mi padre, especialmente durante nuestros viajes en el mítico Renaul 25 granate (para mí el verdadero Coche Fantástico). Recuerdo escucharle hablar, siendo yo apenas un mocoso de 6-7 años, sobre el impacto que produjo en España el fenómeno de las Caras de Bélmez. Desde entonces éste pasó a ser mi tema favorito dentro del mundo del misterio.

Pero además, varios años antes de entrar al Seminario, había vivido dos experiencias realmente impactantes sobre las cuales apenas he escrito y hablado. La primera sucedió, si mal no recuerdo, en 2005 y en Bélmez de la Moraleda, aquel pequeño pueblo jienense que décadas antes había sido mundialmente famoso por “algo”que allí  sucedió. La segunda vivencia aconteció en 2007, en la catedral de Jaén. 

Aprovechando que acabo de volver de esa pequeña pero bella y agradable ciudad que es Jaén, me gustaría relatar ambas experiencias. Sobretodo porque en la catedral he sentido algo parecido a lo de 2007, una sensación de certeza que estoy convencido de que está ligada a los objetivos que actualmente tengo en mente: lo que llamo mi "Misión Personal": Eso que en el pasado me llevó  al Seminario creyendo tener una vocación sacerdotal que, en realidad, no tenía. Aunque, y con todo el respeto a los sacerdotes lo digo, creo que mi Misión Personal trasciende lo que es un puro sacerdocio ministerial. Al fin y al cabo, los bautizados somos reyes, profetas y sacerdotes. Y no existe una sola "vocación", como muchas veces parece escucharse (la vocación al sacerdocio o a la vida religiosa). Sino que existen muchas vocaciones, siendo la más importante de todas la de la vocación a la vida. Hemos sido creados por Alguien y para algo. Para una misión personal que, si la realizamos, dejará una huella profunda y positiva en los demás. En marzo, antes de los Idus, hablaré sobre todo esto en una ponencia que estoy preparando con mucha ilusión y fuerza.

Bélmez de la Moraleda
Como he dicho antes, mi pasión por el Misterio me viene desde pequeño, pues a mi padre también le apasionaba. Recuerdo, además de las mencionadas conversaciones con mi padre, escuchar siendo un crío programas como Turno de Noche (pues de pequeño tenía insomnio) donde hablaban sobre las caras de Bélmez, los extraterrestres. el triángulo de las Bermudas, los templarios y otras cosas. Mi tema favorito, ya lo he dicho antes, siempre ha sido el de las caras de Bélmez, de hecho hace tiempo escribí un artículo sobre ellas dando mi punto de vista como católico. Recuerdo también algunas conversaciones mantenidas con un profesor del colegio que durante su juventud visitó este pueblo jienense y conoció a Maria Gómez Cámara. Este buen hombre aún se estremece al recordar como aquella mujer, entrañable y con carácter al mismo tiempo, adivinó algunas cosas de mi profesor que era imposible que supiera. Por todo ello siempre quise ir a Bélmez. No pude hacerlo cuando vivía Maria pero su muerte acrecentó mi deseo de conocer aquella casa llena de rostros inquietantes.
Como he dicho antes, fue en 2005 cuando conseguí visitar aquellos rostros del absurdo gracias a una familia amiga, residente en la provincia de Jaén, que me invitó a pasar unos días en su casa. Y, aprovechando su generosidad, fue como conseguir realizar uno de mis mayores sueños, algo por lo que les estoy eternamente agradecido. Aquel sábado de septiembre nos pusimos en camino a la bella y mágica Sierra Mágina. Llegamos a Bélmez sobre las 11:00 de la mañana. Tras preguntar por las caras en una casa, situada a la entrada del pueblo, nos encaminamos a la iglesia. Subimos aquella cuesta y giramos a la derecha. Mi emoción iba en aumento. Recorrimos unos cuantos metros y, por fin, llegamos al ya mítico número 5 de la antigua calle Rodriguez Acosta de Bélmez de la Moraleda, hoy conocida como calle de María Gómez Cámara. Poco a poco iba creciendo dentro de mi la expctación y me llegaron a temblar las piernas, estaba verdaderamente emocionado. Instantes después de llamar al timbre salió Miguel Pereira, uno de los hijos de Maria. En ese instante, un curioso estremecimiento se apoderó de mi. Digo curioso porque en él se entremezclaban la emoción y el sobrecogimiento. Entramos a la casa y mi pulso se aceleró. Entonces me ví embargado por la sana incredulidad. Incredulidad no porque, de pronto, me surgieran dudas sobre la veracidad de las caras. No, todo lo contrario. Sucedió, simplemente, que no me podía creer que realmente yo estaba allí, tan cerca de esas caras sobre las que tanto había leído y con las que tanto había soñado desde pequeño. Me parecía estar viviendo uno de aquellos sueños infantiles. Recuerdo haber soñado en mas de una ocasión con ellas. Pero, en esta ocasión, era real. Yo estaba allí, de verdad, podía verlas con mis propios ojos, me pareció que también ellas me observaban y me animaban a acercarme. Ser consciente de que eso estaba sucediendo realmente me llenó de una inmensa felicidad que aún dibuja una amplia sonrisa en mi rostro al recordarlo.

El epicentro del Misterio más grande de nuestro país

Acababamos de entrar a la casa. Me quedé observando un cartel del SEIP donde se anunciaba que en esos días había algunos investigadores en Bélmez. Pedro Amorós y sus compañeros se encontraban en aquellos momentos investigando en otra casa de la localidad, el lugar donde nació María Gómez Cámara y donde, presuntamente, habían aparecido otras caras en 2004. También estuvimos en esta segunda casa y, francamente, creo que no tiene nada que ver con la original. Si me preguntasen  ¿crees en la veracidad de esos rostros aparecidos en 2004 en otra casa? respondería con un rotundo "NO". Igual que puedo responder con un rotundo "Sí, creo que las caras aparecidas en la casa de Rodriguez Acosta número cinco desde 1971 son reales" en caso de que me preguntasen por ellas.

Mientras observaba aquel cartel del SEIP, Miguel abrió la puerta del lugar que pasó de ser una vieja  cocina a convertirse en el epicentro del Misterio y, por fín, pasamos dentro. Otro escalofrío inundó  todo mi ser al observar, desde el quicio de la puerta, la vieja lumbre con los misteriosos rostros emergidos a su alrededor. Ahí estaban, mirándome fijamente, desafiantes ante cualquier tipo de lógica con la que se intente rebatir su autenticidad. Miré al “pelao”. Miré  a “la pava”. Una extraña sensación me embargó. Era como si aquellas teleplastias (el nombre correcto del fenómeno) llevasen años esperándome. Sentí la emoción a flor de piel y una pequeña y sincera lágrima recorrió mi rostro mientras observaba aquel testimonio del absurdo más grande sucedido en nuestro país (y en la propia historia de la parapsicología). Miguel comenzó a relatarnos la historia de aquellas caras “34 años hace ya que aparecieron…” repetía constantemente mientras entornaba los ojos, quizá emocionándose al recordarlo. Nos hablo del miedo experimentado por su madre al ver la primigenia “pava” (la que posteriormente fue picada…. Y que poco después volvió a emerger). Un miedo que le llevó a la pobre mujer incluso a dormir durante algunos días en la fuente aledaña, pues era incapaz de entrar a la casa. Nos habló también de Germán de Argumosa y Hans Bender, del precinto notarial realizado por el notario de Huelma Antonio Palacios Luque, de las psicofonias (algunas tan tenebrosas y misteriosas como aquella de "matar a él"... ¿A quién quería matar, quien fuera el autor de aquella frase? ¿Quién era "él"? ¿Quizá aquella voz hacía referencia a la persona que ordenó bombardear el Santuario de la Cabeza?). Por cierto, a partir de ahora me referiré a las psicofonías como parafonías, el nombre correcto que se le debe dar a este fenómeno.

Uno de los momentos más impactantes de la mañana fue cuando Miguel nos habló sobre los huesos que aparecieron tras una excavación realizada, por orden del alcalde, Manuel Rodríguez Rivas, en el suelo de la antigua cocina. Al parecer, aquel lugar había sido cementerio varios siglos antes, desde tiempo de los musulmanes. Incluso se sabe de unos extraños hechos acontecidos en el siglo XIX, cuando los entonces moradores de la casa (antepasados de Miguel Pereira por vía paterna) denunciaron extraños ruidos y movimientos de objetos acontecidos allí. También, al parecer, aquel lugar fue en otro tiempo o bien un bar o bien un prostíbulo o allí debieron suceder acontecimientos parecidos a los que se pueden vivir en un lugar así. De hecho, algunas de las parafonías registradas en esa casa decían cosas como "Pobre Quico" o "Quico, borracho". En cualquier caso, se trata de uno de esos lugares donde numerosos misterios parecen reunirse. Es como si todo lo vivido allí desde hace siglos siguiera, de algún modo, latente y, en ocasiones, saliera a relucir.

María Gómez Cámara sentada junto a "la pava"
Salimos de la antigua cocina y Miguel nos enseñó algunos rostros que había en diversas estancias de la casa, especialmente el pasillo. Yo me encontraba muy emocionado y, paradójicamente, sentía paz. Y digo paradójicamente pues la mayoría de las personas que han ido a esa casa dicen haber sentido mal rollo, opresión, pena y otros sentimientos mas o menos desagradables. Pero yo, sin embargo, sentí paz. No me preguntéis por qué, pues ni yo mismo lo sé, ni tampoco lo entiendo, sinceramente. Pues no tiene mucha lógica que en un lugar así, y con tanto sufrimiento rodeando el misterio allí emergido yo sintiera paz. Pero sí, ese fue el sentimiento que tuve. Simplemente, sentí paz. Aunque, no obstante, al observar aquellos rostros si sentía cierta desazón pues su expresión no es, precisamente, la de una sonrisa. No, nada de eso. Se trata de rostros que están sufriendo. Y, desde luego, las parafonias dan muestra de esto mismo. Si esas caras, como (casi todo) parece indicar, representan a alguien que vivió y tuvo relación con Maria Gómez Cámara… desde luego no es extraño que reflejen ese sufrimiento que caracteriza a las teleplastias de Bélmez de la Moraleda. Más abajo cuento lo vivido esa misma tarde en el Santuario de la Virgen de la Cabeza y que me lleva a pensar que esa teoría de que hay relación entre la casa de María (y ella misma) con el Santuario es veraz y lógica. Sobretodo teniendo en cuenta que alguna de las parafonías dice cosas como "Es que yo sigo enterrada".

Hubo un momento, poco antes de que Miguel nos explicase los rostros del pasillo, en el que me quedé totalmente solo en la vieja cocina. Tuve entonces la tentación de hacer una foto (algo que teóricamente Miguel no permite más que a los periodistas cuando éstos se lo piden). Estaba solo... no se iba a enterar, pensé. Por ello metí la mano en el bolsillo para coger el móvil…. Y una sensación  poderosa lo evitó. No sé describirlo con palabras. Solo puedo decir que tuve la sensación de que alguien me decía, quien sabe si la que en otro tiempo fue la dueña de la casa, “es mejor que no lo hagas”. Saqué la mano del bolsillo, sin el móvil. Me quedé observando, en silencio  las caras. De pronto tuve una sensación algo más amable y me incline, casi postré, ante el rostro conocido como “el niño (¿o quizá la niña?). Puse la mano sobre el cemento, toqué aquella cara con respeto, casi con veneración. Cerré los ojos… y entonces sucedió el puro absurdo. Algo que parecía venir de abajo, como una corriente subterránea que emergia, comenzó a sentirse en la palma de mi mano. Además sentí que el suelo se volvía húmedo. Como si alguien hubiera estuviera tirando un cubo lleno de agua allí mismo y en ese momento. O como si la humedad viniera de algún río subterráneo (que, de hecho, se sabe que por debajo de la propia casa pasan varios riachuelos subterráneos). Pero lo que sentí no era nada negativo, al contrario. Es cierto que quizá denotaba cierta tristeza pero, desde luego, aquello no era nada negativo. Las caras de Bélmez, a pesar de lo que dice cierta parafonia ("el infierno comienza aquí"), no tiene nada que ver con lo demoníaco. Quizá si con lo infernal... pero no un infierno según la visión religiosa, sino un infierno más terrenal, provocado por el hombre y su absurda manía de promover guerras entre quienes deberían ser hermanos. Aquella sensación duró unos cuantos segundos. Es probable que incluso uno o dos minutos. El caso es que durante un buen rato tuve la sensación de que el tiempo se había detenido. Era como si se hubiera resquebrajado por completo el espacio-tiempo. La sensación, como digo, no era negativa. Tampoco amable. Sencillamente "era". Y yo sentía que era más poderosa que yo. Aunque aquello no quería hacerme daño. Simplemente me estaba queriendo comunicar algo aunque yo no fuera entonces capaz de comprenderlo. Hoy creo que puedo entender lo que aquello me estaba diciendo: el Misterio es mi Vida y no debo apartarme de él. Debo ser fiel al Misterio, sobretodo a aquel cuyo nombre escribimos con mayúsculas: Dios. Cuando me aparté y alejé del Misterio fue cuando caí en aquella dura depresión. Cuando volví a él es cuando logré recuperarme totalmente de aquello. Creo que con esto no hace falta decir ni añadir mas para hacerlo mas entendible.

Varias de las teleplastias de Bélmez
Estaba yo absorto por aquella sensación emergente cuando escuché mi nombre desde el pasillo. Abrí los ojos y, tras levantarme (mirando fijamente al "niño"), me encaminé, en completo silencio, hacia donde estaban mis amigos con Miguel Pereira. Entonces Miguel, como ya he comentado, siguió explicándonos los rostros del pasillo. Después estuvo contándonos sus vivencias como pastor por las sierras jienenses. Lo cierto es que me pareció un buen tipo. Alguien que no ganaría nada mintiendo. Tengo una brújula interior que me hace ver cuándo el alma de una persona es luminosa y cuándo es oscura. Esto me permite saber si una persona es sincera o mentirosa con solo sentir su presencia (y soy consciente de que algún lector arqueará la ceja con escepticismo. Pero así es). También puedo anticipar si me voy a llevar bien o mal con una persona que acabo de conocer, de hecho suelo acertar casi siempre. Por ello, creo que las caras de Bélmez son un fenómeno auténtico. Al menos, las que aparecieron en la casa de María Gómez Cámara. Pues, como ya sabéis, hay otra casa en Bélmez donde, supuestamente, aparecieron otras teleplastias en 2004. También visité esa casa y puedo afirmar que ni la casa ni las "teleplastias" de 2004 pueden compararse bajo ningún aspecto con las originales. Lo que sentí en la casa de María Gómez Cámara no lo sentí en la de 2004. De hecho, los grandes investigadores del Misterio afirman algo parecido a lo que yo estoy diciendo: que los rostros de la casa original, la situada en la antigua calle Rodríguez Acosta de Bélmez de la Moraleda, hoy conocida como calle de María Gómez Cámara, son aunténticos. Y que los rostros "aparecidos" en 2004 en otra casa del municipio no son auténticos.

Personalmente, creo además en la honestidad de Miguel Pereira. También en la de su madre, cuyas facciones y el timbre de su voz al hablar sobre las caras me inspiran confianza. Creo que fue una mujer sincera, y tengo el convencimiento de que sus hijos también lo son. Además, esa mujer no ganó nada con el misterio acontecido en su cocina. Al contrario. Tuvo que soportar muchas molestias desde entonces. Especialmente durante aquel mes de febrero de 1972, cuando miles de personas entraban a diario en su casa para ver los rostros. Tuvo que soportar, igualmente, aquella deleznable "operación tridente" con la que acallaron el Misterio (Diario Pueblo dijo que se se había acabado el Misterio tras una llamada realizada desde las altas esferas gubernamentales. La explicación que se dio, sales de plata, carece de fundamento, pues jamás se ha hallado tal compuesto en el suelo de la casa de María Gómez quien, desde entonces, tuvo que soportar ser acusada de embustera desde algunos medios de comunicación).  María no ganó nada con todo aquello. Ni siquiera económicamente, pues la casa es bastante humilde y sus hijos no son precisamente multimillonarios. Al contrario. Por ello, pondría la mano en el fuego porque Maria Gómez Cámara y su familia dijeron, y dicen, la verdad. Y estoy totalmente convencido de que el propio gobierno franquista era consciente de su sinceridad. Si María Gómez y su familia hubieran sido unos mentirosos habrían acabado en la cárcel. O incluso muertos. Acusados de falsedad y escándalo público. Franco no era precisamente una hermanita de la caridad. La propia Iglesia también lo sabía. En caso contrario Miguel Peinado, el obispo y pata importante de la operación tridente, hubiera provocado su excomunión. Por otra parte, María Gómez Cámara era muy religiosa. Y tengo entendido que Miguel Pereira también lo es. De hecho, en la antigua cocina, junto a las teleplastias, hay una imagen del Sagrado Corazón de Jesús y otra del Inmaculado Corazón de María.

En 2005, treinta años después de la aparición de "la pava", tanto Franco como Peinado habían muerto. Sin embargo, las caras seguían ahí, desafiando al paso del tiempo. Y hoy siguen ahí, aunque poco a poco parecen estar difuminándose. De hecho, pensaba que "el niño" se había marchado para siempre. Pero en éste vídeo grabado por unos youtubers puede verse que aún continúa sobre el viejo cemento. En cualquier caso, no me resulta extraño que esos rostros se estén marchando, pues la propia Maria intuía que tras su muerte las caras se irían con ella. 

Salimos de la casa compartiendo nuestras impresiones sobre lo vivido durante la hora y media que estuvimos allí. Todos coindiamos en que aquel fenómeno nos parecía totalmente real. Aquello no parecía fraude sino veraz, y estábamos plenamente convencidos de ello. Nos despedimos de Miguel Pereira y, tras dar un paseo por el pueblo, fuimos a comer. Por la tarde, como he dicho anteriormente, pusimos rumbo al Santuario de la Virgen de la Cabeza, situado en Andújar.  Allí sentí que ese lugar está estrechamente ligado a las caras de Bélmez. Yo si me creo la teoría de Iker Jiménez y Luis Mariano Fernández en su libro "Tumbas sin nombre". Es más, al pasear por allí, observándo las ruinas del santuario bombardeado y las de "la Casa Colomera" me vino una sensación de dolor parecida a la que provoca contemplar la desazón de las famosas teleplastias. Pensé en Paquita Chamorro, una de las sobrinas de María Gómez Cámara que falleció en aquellos bombardeos. Y de pronto, sentí su presencia. Un fuerte escalofrio me invadió y creí poder arrojar luz sobre el misterio de Bélmez de la Moraleda. El Misterio, por lo inabarcable que es para nuestra limitada capacidad de comprensión, puede resultar absurdo. Pero a veces parece como si todas las piezas encajasen: María Gómez Cámara sufrió mucho durante toda su vida por el recuerdo de aquella familia muerta (casi al completo) en el Santuario de la Cabeza. Miguel Chamorro, su cuñado, era guardia civil. Como tantos otros compañeros, se refugió en aquel lugar con su esposa e hijas (Isabel Gómez Cámara, su esposa, y Juana Chamorro, Ana, Carmen, Remedios, Francisca, Amparo e Isabel, las hijas del matrimonio). Perecieron casi todos. Solo sobrevivieron dos de las niñas.
Creo que es perfectamente posible que María Gómez Cámara llevase, durante décadas, un fuerte sufrimiento grabado a fuego en su alma. Y ese sufrimiento, de alguna forma que aún no somos capaces de explicar, salió a relucir mediante la aparición de aquellos rostros que emergieron en el suelo de su vieja cocina (por cierto, otra de las parafonías dice, con voz clara y total franqueza, "emergí". Y otra parafonía dice "¡Isabel!". Se han captado, además, muchas parafonías donde lo que se escucha son llantos de niños y lo que parece una situación bélica y de mucho sufrimiento).

Isabel Chamorro, una de las supervivientes. Y un cuadro de su familia

Por debajo de la casa de la antigua calle Rodriguez Acosta número 5 de Bélmez de la Moraleda pasan varias corrientes subterráneas de agua ¿Quién sabe si mental e inconscientemente María Gómez Cámara provocó que aquellos rostros emergieran? Suena absurdo, lo sé. Pero ya he dicho que cuando toqué "el niño/la niña" sentí que de pronto el suelo se llenaba de humedad. Eso también parecía completamente absurdo. Pero fue real. Y yo me pregunto ¿Será esta teleplastia un reflejo de Paquita Chamorro, sobrina de María? En mi opinión, sí.
Por cierto, y para concluir, decir que en las cercanías del viejo Santuario de la Virgen de la Cabeza hay un cementerio con tumbas sin nombre, fosas comunes donde Paquita Chamorro y su familia fueron enterrados ¿Podría ser que esa familia, y quienes murieron en el Santuario, estén pidiendo ser identificados y enterrados "dignamente"? Quizá no sea ninguna tontería esto. Y, tal vez, se podría hacer algo al respecto.

En el próximo artículo escribiré sobre lo que viví en la catedral de Jaén cuando la visité en 2007, una sensación que volví a tener al visitarla durante estas navidades que acaban de terminar.


lunes, 10 de octubre de 2016

APAGÓN







Siempre con un respeto imponente, pero reconozco que dentro de ese respeto no le concedía apenas credibilidad a los fenómenos paranormales, a todo aquello que se escapa de la simple y más pura propiedad tangible. No se lo concedía hasta que me ocurrió el “episodio” que trataré de explicar ya con los retazos en la memoria que -de forma irremediable- quiebran el paso de los años. Desconozco si tal vivencia tiene el suficiente interés para un ya consagrado pero siempre renovado público de lo paranormal, incluso no estoy seguro que la experiencia sea en sí misma fenómeno anómalo alguno; mas sí tengo la convicción que -al menos hasta día de hoy- no le he sabido encontrar explicación alguna y que es tal mi respeto sincero y profundo hacia Víctor Caesar Bustillo, el autor de este más que interesante blog, así como la seguridad implícita de que contarlo puede nutrir de inquietudes y reflexiones a este humilde espacio, que a pesar del tiempo transcurrido me he impulsado definitivamente a la luz...o al abismo, es decir, a contarlo entre líneas.

Y el momento, experiencia, vivencia o sírvanse a su gusto el sinónimo que más plazca, ocurrió en un agradable y soleado mes de Agosto de 2013, por las mágicas tierras -y lo de mágicas no lo digo por aliñar sino por merecimiento histórico- de la provincia de Jaén. Mi eterno amigo Javier Tarifa me invitó, -como ya hiciera el año anterior- a pasar unos días en la casa propiedad de su madre, ubicada en el vasto y alargado municipio de Jódar. Y me invitó con una advertencia “En mi casa ocurren fenómenos paranormales...”, ya veremos pensaba yo en tono jocoso. Sí, eso eso, ya lo veremos unas líneas más adelante...

Entre bombas que estallaban en el paladar y que conformaban las siempre acompañantes y riquísimas tapas de la zona, disfrutábamos en las terrazas de los bares mientras formulábamos el planning sencillo y directo para visitar Bélmez de la Moraleda y su archi-famosa Casa de las Caras. Apenas veinte minutos separan ambas localidades, ocasión única pues para aprovechar y visitar un auténtico lugar de poder y enclave líder de la ciencia de lo inexplicable de nuestro tapete geográfico-histórico. Además de Javier, me acompañaban en aquel soleado día los padres, un tío materno y dos jovencísimos primos de mi amigo. Al llegar a la casa tras serpentear una pequeña cuesta que te ayuda a contemplar tan precioso pueblo, nos topamos con un pequeño y humilde cartel que indica los números de teléfono de Miguel y Diego Pereira, los dueños de la casa e hijos de María Gómez Cámara, la antigua dueña ya fallecida. Llamamos a Miguel “-Hola. Venimos de Barcelona para ver la casa de las Caras.” -”De Barcelona? (Su voz tan pueblerina como amable, deja un pequeño espacio para la emoción). Ahora
mismo voy para allí y os la enseño. En cinco minutos llego”. 

Miguel Pereira junto a "La Pava"

Y Miguel nos la enseñó, no toda la casa sino la pequeña estancia donde aparecen tan conocidos y enigmáticos rostros que, al fin y al cabo es lo interesante de la misma. La hora y pico dentro de esa estancia la recuerdo como uno de los momentos más apasionantes de mi aún corta vida. Miguel nos mostraba rostros clásicos como La Pava -la pionera de las caras que hizo acto de presencia a principios de la década de los 70 mientras María cocinaba-, rostros nuevos y emergentes, otros que parecían figuras de animales e incluso ayudándose de su teléfono móvil nos mostraba retazos de gestos y expresiones que a simple vista no se podían advertir entre una inesperada oratoria que me sorprendió y conmovió. Creo que hablo por todo el grupo si digo que al salir de aquél lugar de poder nos sentimos purificados. Recorrimos el tan hermoso pueblo deambulando con suavidad y con el rostro ocupado y liberado de emociones encontradas ante tan inexplicables caras.

Tras pasar toda la comida y buena parte del día en Bélmez, regresamos a Jódar. Salimos como siempre a disfrutar de sus incontables bares y tapas pero aquella noche nos recogimos razonablemente pronto para lo habitual en esas largas y tranquilas jornadas veraniegas. Sería aproximadamente la una de la mañana y el día me había cundido mucho más de lo esperado. Aquella noche Javier decidió sacarse el colchón y dormir afuera, para así poder taparse y disfrutar de ese viento nocturno impagable que se presenta en la provincia y en sus territorios adyacentes y que supone el mejor amigo para conciliar el sueño. Yo sin embargo estaba lo suficientemente cansado y sabía que iba a quedarme dormido pronto, muy pronto... Tras leer lo que pude, con unos ojos más generosos por combatir el cansancio que prestos a la lectura, decidí apagarlos (mis ojos) no sin antes apagar la bombilla que colgaba en el techo de la cama de mi ancha y vasta estancia.

Todo pasó en décimas de segundo y en latidos que bombearon sangre con espanto. Recuerdo decir -suelo hablar mucho para mí mismo- “Voy a apagar la luz”. Y la luz se apagó. Pero se apagó antes de apagarla yo. Se apagó con brusquedad y a los tres segundos se hizo de nuevo. La bombilla parecía retorcerse entre sus balanceos agresivos. Mi respiración hubiese sido capaz de despertar por  su volumen a toda la casa si no fuera porque cogí mi colchón y me puse a correr por la misma como nunca antes recuerdo correr. Bajaba los escalones de dos en dos hacia una planta baja en la que sentía continuamente la presencia de algo/alguien detrás mío. Una presencia incesante. Javier y sus padres, Rafael y Ramona, salieron a mi encuentro. “Daniel, qué ha pasado”. No recuerdo siquiera que les respondí al instante pero sí lo hice con el rostro absolutamente desencajado. ”La luz...La luz...”

"La Pava" y "El Pelao", las dos caras que fueron arrancadas del suelo
 
Claro está que por muy cansado que estuviera aquella noche me fue imposible dormir. A la mañana siguiente, durante el desayuno y devorando tan deliciosos jeringos del aceite inigualable jiennense, la madre de mi amigo me comentó que esa misma noche también había visto sombras y oído extraños sonidos y ruidos que parecían salir de la cocina. “¿Y pudo dormir sin problema.? ¿No le preocupa esto señora Ramona?”, “No”, me respondió. “Porque esto es nuestro pan de cada día”. Me explicó que en los más de cien años de esa casa, su propia madre ya veía todas las noches a su abuela difunta desde hace muchos años, que numerosos familiares y amigos que se habían quedado a dormir en la misma vivieron sin excepción experiencias similares y muy parecidas a la que yo mismo acababa de vivir. Mi amigo Javier se incorporó al desayuno y me apuntilló un “Te lo dije”, con el tono del que lleva ya mucha costumbre acumulada por ver invitados en su lar con el pulso tan acelerado como el mío. “¿Has visto el cuadro de la habitación de arriba en el que aparece el mítico muñeco Snoopy, con un montón de firmas de todos los que visitáis la casa?” Por supuesto recordaba ese cuadro. Firmar fue lo primero que hice al llegar al hospedarme en la habitación. “Pues entre las numerosas firmas que hay grabadas se encuentra la de un amigo de mi hermano mayor, que firma como Ita. Vivió algo parecido al apagón que has vivido pero corrió peor suerte. A la semana siguiente de firmar y estar aquí murió tras dar un mal paso y caerse al vacío mientras trabajaba de seguridad en el campo de fútbol de Sarrià donde jugaba el Espanyol.” Crujió como el sonido de un lamento mi jeringo en la boca. Nunca más volvimos a hablar del tema. Nunca más volví a encender a aquella luz. Un apagón que al fin hoy expongo, con la falsa seguridad que produce el paso de los años, pero, al fin y al cabo...un apagón desde el más allá que me hace tener fe en Bélmez, en Jódar, en la provincia entera de Jaén y en cualquier lugar de este país y mundo en el que lo paranormal encienda una bombilla. Se me hizo la luz.




jueves, 5 de noviembre de 2015

La Sociedad Secreta de La Garduña: los illuminatis españoles

En unos días en los que me encuentro terminando de escribir el último capítulo del que va a ser mi primer hijo literario, quiero aprovechar para realizar un artículo sobre un grupo de personas que vivieron en España durante varios siglos y a los que tiendo a considerar como los illuminatis españoles. Me refiero a La Garduña, una sociedad secreta que pudo estar detrás, según algunos, de la creación de organizaciones mafiosas actuales como la Camorra napolitana.



Los orígenes

La vida en España durante la Edad Media fue muy diferente a la que conocemos hoy en día. La sociedad se organizaba en gremios, cofradías, hermandades, órdenes religiosas y militares, etc. Esto no se hacía así por capricho, sino que todos eran conscientes de que solo mediante el corporativismo podían buscar protección laboral, económica y sanitaria. Los españoles se organizaban en grupos sociales a menudo buscando fines comunes que tenían, por lo general, el bien por bandera. Quizá el mayor exponente eran las órdenes religiosas, algunas de ellas originarias de nuestro país, como los dominicos.

Sin embargo, a lo largo de toda la historia, siempre hubo personas que se aliaron para conseguir determinados fines mediante el uso de la violencia. Fueron los antecedentes de lo que hoy llamamos grupos terroristas y mafiosos. Tenemos en la Biblia el caso de los zelotes, fundados por Judas el Galileo, un movimiento político-nacionalista que se consagró como la facción más violenta del judaismo de la época, llegando a recurrir a la violencia y el asesinato para conseguir sus fines. Hoy en España nos parece increible que una banda de terroristas, ETA, perviviera durante décadas asesinando y extorsionando. Pero los etarras no han sido, ni mucho menos, el grupo criminal más longevo de nuestra historia. La Garduña mantuvo su sistema criminal de un modo perfectamente organizado y estructurado durante más de cuatrocientos años.


Su Historia

La Garduña nació hacia 1412 en torno a las fraternidades criminales y alcanzó gran poder y extensión. Su organización funcionaba de modo semejante a mafias modernas como la mencionada Camorra. Estaba impregnada de secretismo, esoterismo y ritos iniciáticos. Entre sus miembros había gobernadores, jueces, alcaldes e incluso directores de prisión. Disimularon ser una orden religiosa y se arrogaron el derecho divino a robar y asesinar. No tenían documentos escritos ni estatutos sino que las normas se comunicaban a través de la iniciación y las elevaciones de grado. Traicionar dichas normas, no escritas, se pagaba con la vida. Entre sus delitos se encontraban raptos, violaciones, secuestro de niños, desvalijamiento de diligencias y cortijos, petición de rescate tras secuestros, falsificación de moneda y asesinato por encargo.

Los organismos judiciales y policiales de la España del siglo XV eran, en muchos casos, corruptos (lo que, por cierto, llevaba a muchos reos a solicitar ser juzgados por la Inquisición, pues tenía fama de ser más benévola y justa que los tribunales ordinarios). Algunos jueces admitían sobornos por parte de los delincuentes y era común que durante las persecuciones hacia judíos y moriscos, ambos estamentos se vieran enriquecidos gracias al pillaje realizado por los delincuentes. Esta circustancia era propicia para la delincuencia y muchos jefes de bandas criminales supieron aprovecharlo. Fue una situación que propició el nacimiento de la Garduña en Toledo. A finales del siglo XV la Hermandad se estableció en Sevilla, ciudad que suponía el puerto de entrada para todo lo que provenía del nuevo continente (oro, gemas, etc.).

Pocas décadas después trece hombres, elegidos entre bandidos famosos y funcionarios corruptos, establecieron la jerarquía de una sociedad secreta que, al igual que tantas otras, funcionó mediante códigos y contraseñas que servían para anunciar a los suyos las acciones que debían realizar y, también, para poder transmitir mensajes a todos los miembros de la hermandad, incluso los que que estuvieran presos. Dos siglos después la Garduña estaba presente en Madrid, Sevilla, Toledo, Valencia, Jaén, Málaga y Córdoba, amén de tener colaboradores en otras ciudades españolas. Desde el siglo XV hasta principios del siglo XIX se dedicaron a sobornar a gobernadores, alcaldes, jueces y hombres importantes que formaban parte de los diferentes estamentos de la sociedad de la época. Se ha llegado a afirmar que en el siglo XIX La Garduña estaba formada por 26.000 miembros entre hombres, mujeres y niños, aunque ciertamente se trata de un número desmesurado que posiblemente tenga más cariz legendario que el más minimo poso de realidad. Nuestro escritor más universal, Miguel de Cervantes, en su Rinconcete y Cortadillo, da cuenta de la base de la Garduña Sevillana, en la que integra a Monipodio, la prostituta Cariharta y otros personajes.



Organización de La Garduña

La estructura de esta sociedad secreta, era piramidal, al igual que sucede con las demás sociedades secretas. Había cinco niveles, que iban de abajo hacia arriba, en los cuales se podía ascender gracias a méritos y diversas pruebas iniciaticas.

  1. Los soplone o fuelles, constituían la base de La Garduña. Informaban de dónde, cuándo y, sobre todo, quién debía ser la víctima del delito. Las mujeres podían formar parte de esta base, eran las llamadas sirenas. Se dedicaban a seducir a las víctimas con el fin de averiguar donde escondían sus bienes y cualquier tipo de información que pudiera ser del interés de La Garduña.
  2.  El segundo nivel de la piramide "garduñil" lo constituía el grupo de los acompañantes, compuesto por los floreadores (gérmen de los actuales carteristas) y los punteadores. asesinos que mataban y y robaban a sus víctimas. En este nivel se encontraban también los guapos, espadachines de gran pericia que servían a La Garduña en duelos y lances varios. 
  3.  Quienes formaban parte de este nivel fueron los creadores del "impuesto revolucionario". Denominados los postulantes. Eran los encargados de pagar "la protección" de los negocios. 
  4. Los capataces, también llamados maestros y/o ancianos, eran quienes regían La Garduña en las diferentes provincias donde se encontraba presente. Se encargaban de organizar los crímenes y también del buen funcionamiento interno de la sociedad secreta. Entre los capataces, supuestamente, se encontraban jueces, altos cargos y miembros corrompidos de la alta burguesía.
  5. El Hermano Mayor, que solía ser un alto miembro de la burguesía, era quién se encontraba en la cúpula de La Garduña, ejerciendo el control de esta sociedad secreta tanto en nuestra península como en las colonias españolas. 
En La Garduña era bienvenido todo aquel que quisiera dedicar su vida al servicio de esta sociedad secreta. De hecho, todo hombre valiente, de buena vista y buen oído, que fuera agil de manos y pies, corto de lengua (que no fuera un delator), expedito al resolver situaciones y pudiera servir o bien indicando buenas operaciones o bien facilitando los medios para llevarlas a cabo, podía formar parte de la sociedad. Cómo distintivo, todos sus integrantes llevaban tres puntos tatuados en la palma de la mano, algo que facilitaba que se reconocieran entre sí.
El grupo de Las sirenas, estaba constutido en su mayoría por mujeres que habían padecido por causa de la Justicia y pasaban a ser amparadas por La Garduña. También se dedicaban a ocultar y vender objetos que la Hermandad tuviera en su poder. Servían a sus hermanos en cuerpo y alma. Otro grupo de mujeres, las coberteras, servían como cepo para los diversos golpes de la sociedad secreta.



Esta sociedad secreta, precursora de los actuales grupos mafiosos, tuvo durante cuatrocientos años un gran poder en nuestro país debido, en gran parte, a la influencia que, mediante el soborno, ejercían en quienes estaban al frente de la sociedad. En muchas ocasiones, incluso, se revistieron con el cariz de órden religiosa para realizar sus fechorías, motivo por el cual se les ha emparentado con la Inquisición, aunque en realidad ambos grupos eran muy diferentes. Si bien es cierto que los miembros de La Garduña se hacían pasar por colaboradores de la Inquisición con el fin de robar a judíos y moriscos, conscientes de que estos grupos sociales gozaban de mayor poder económico que la mayoría de los cristianos y, además, estaban mal vistos por la sociedad, con lo que facilmente sus delitos podían quedar impunes.

¿Relación entre La Garduña y la mafia italiana?



Si bien es cierto que la organización de La Garduña funcionaba de modo semejante a mafias modernas como la Camorra, en realidad la supuesta relación entre ambas forma parte de una vieja leyenda, según la cual, las mafias italianas habían sido creadas por Osso, Mastrosso y Carcagnosso, tres caballeros españoles, miembros de La Garduña, que vivieron en el siglo XV. Tras vengar con sangre el honor ultrajado de una hermana huyeron de Toledo y se refugiaron en Favignana, cerca de Sicillia, donde vivieron casi treinta años. Cuando se separaron difundieron las reglas sociales y el código de la Garduña por Sicillia, Calabria y la Campania. Osso, quién se quedó en la isla, es el mítico fundador de la Cosa Nostra mientras que Carcagnosso habría dado origen a la Camorra en Nápoles, que entonces formaba parte del Reino de Aragón. Mastrosso, por su parte, tras atravesar el estrecho de Messina se estableció en Calabria donde creó la 'Ndrangheta.

No obstante, la historia afirma que en realidad el origen de las mafias italianas modernas fue otro, perfectamente documentado por los historiadores italianos. En el siglo XIX aparece en Italia la figura de los gabelloti, recolectores de impuestos, que administraban las propiedades de los aristócratas recibiendo a cambio un porcentaje de las cosechas adquiridas. Con el fin de que sus sus ganancias aumentasen, dividían las tierras y arrendaban pequeñas porciones a los campesinos, quienes a su vez otorgaban a los gabelloti un porcentaje de la cosecha. Poco a poco estos personajes fueron viendo como aumentaba su poder y se volvieron cada vez más corruptos y comenzaron a extorsionar a los labriegos. Pero no se conformaron con ello, sino que se dedicaban a confiscar pastizales destinados a dar de comer al ganado y, además, organizaron grupos de ladrones. Son el antecedente directo de la mafia y sus prácticas fueron imitadas en las regiones más pobres del país. Según Miguel Alfonso Campos, muchos historiadores afirman que algunos miembros de la cúpula de La Garduña huyeron a Nápoles, ciudad donde se reorganizaron dando orígen a la Camorra italiana. Si leemos entre líneas lo que la historia nos cuenta, quizá lo que parece una coincidencia (final de La Garduña y nacimiento de la Camorra) tenga alguna base de realidad.


El final de una sociedad secreta legendaria

Hasta el siglo XIX las normas y directrices de La Garduña circulaban entre los miembros de la sociedad sin que quedasen plasmadas en ningún documento escrito. Sin embargo, los últimos Hermanos Mayores, decidieron que debían plasmar por escrito sus "hazañas" para poder ser recordados.  El final de La Garduña no se debió a una investigación policial o judicial hacia un grupo de mafiosos. En realidad, el motivo fue un tema bastante escabroso. En agosto de 1821 se hallaron en una casa sevillana los cadáveres de María de Guzmán y de tres hombres que habían violado y asesinado. Según confesó el dueño de la casa, que era un personaje influyente, los tres secuestradores habían violado y asesinado a María de Guzmán sin que se lo hubiera autorizado su jefe. Este, al ver que desobedecieron sus órdenes, les asesinó. Pero, teniendo en cuenta que La Garduña había asesinado, violado, extorsionado, durante cuatrocientos años ¿Qué tenía este crimen de diferente con respecto a otros? En los registros realizados en el domicilio apareció, parece ser, un manuscrito que resultó ser la crónica de La Garduña, también conocido como "Libro Mayor". Reunía estatutos, cuentas económicas y actas de las tropelías realizadas, entre las que se encontraban raptos, asesinatos y robos cometidos por miembros de La Garduña. Se llegó hasta el fondo del asunto y un grupo de cazadores, bajo las órdenes de Manuel Cuendías, detuvo a veinte miembros de la Hermandad, dieciseis de los cuales fueron ajusticiados en la Plaza Mayor de Sevilla en noviembre de 1822. Entre ellos se encontraba Francisco Cortina, el Hermano Mayor de entonces, quién fue acusado de asesinato por Manuel de Cuendías.





Dudas sobre su existencia

Hay serias dudas entre los historiadores acerca de la existencia de La Garduña. La principal es la carencia de fuentes fiables que lo confirmen. En algunos textos, como la mencionada obra cervantina "Rinconcete y Cortadillo", se hace referencia a esta Sociedad Mencionando los Archivos de Toledo y Sevilla como lugares donde se encuentra la documentación que parece constatar que la Hermandad realmente existió. No se ha podido encontrar ningún dato que pueda corroborarlo. No obstante, si hacemos caso a lo relatado por el gran escritor, este conoció en la cárcel a un personaje real que formaba parte de La Garduña.  Según Julio Caro Baroja, La Garduña era el sinónimo de la germanía sevillana del Siglo de Oro, es decir un estilo de vida (de mala vida) compartido por delincuentes que en el siglo  XIX se convirtió en una especie de folletín influenciado por la existencia real de sociedades secretas en aquella España,. Entre ellas se encontraba la masonería y sus códigos iniciáticos. Víctor de Fereal, que había escrito sobre la ejecución de Francisco Cortina en un libro sobre la Inquisición, era según Caro Baroja el seudónimo de Madame de Subervie o Suberwick. Victor de Fereal, en su libro, recogía anotaciones de Manuel Cuendías, un liberal que vivió en tiempos de Riego. Aunque esta teoría no parece del todo cierta pues, según se cree, la propia Madame era, en realidad, el seudónimo de otra autora francesa de nombre desconocido. Con lo cual esta teoría desacreditadora de La Garduña parece un bucle de dificil resolución. En cualquier caso, se cree que los documentos intervenidos a La Garduña fueron entregados a la escribanía criminal de Sevilla el 15 de septiembre de 1821, tal como dijo Manuel Cuendías. En 1918 un incendio arrasó la Audiencia Territorial de Sevilla, desapareciendo para siempre todos los legajos que soponían las únicas pruebas que podrían documentar la existencia de la sociedad secreta.

 Por otra parte, hay investigadores que afirman, sin ningún tipo de duda, que La Garduña realmente existió. Por ejemplo Georg Simmel, sociólogo alemán, o Enzensberger, quienes defendieron el impacto que la Hermandad tuvo en las sociedades secretas. También el propio Manuel de Cuendias, historiador y policía, da cuenta de su existencia asegurando que el Hermano Mayor tuvo gran influencia dentro del Imperio Español. Se cree, además, que en 1476 surge la Santa Hermandad, posiblemente primer cuerpo policial organizado de Europa, con el fin de acabar con el poder de La Garduña y otros grupos criminales. La Santa Hermandad fue instituida por Isabel la Católica en las Cortes de Madrigal unificando diferentes Hermandades que se dedicaban a proteger a los ciudadanos de los reinos cristianos desde el siglo XI.



No obstante, como colofón, cabe decir que, si bien es cierto que no existe constancia escrita sobre La Garduña, más allá de la obra de Cervantes y algún otro texto, no es causa suficiente para negar la existencia de esta hermandad del crimen. Incluso si, como parece, funcionaba como una sociedad secreta, no es de extrañar que, efectivamente, carecieran de documentación escrita. La duda está en saber qué ocurrió con el libro hallado en casa de Francisco Cortina. Parece que se trata de uno de esos libros considerados como malditos, un libro del que se ha oído hablar pero cuyo paradero se desconoce. Quizá, y es opinión de quién esto escribe, el libro en realidad era el propio Cortina, quién pudo confesar ante la policía como funcionaba La Garduña y las fechorías que cometían. Si es plausible pensar que el fenómeno del bandolerismo viniera desde bastante antiguo y, quizá, pudo existir algún grupo, o algunos grupos de bandoleros, que se identificasen a símismos como miembros de La Garduña, quizá sabedores de que este nombre causaba estremecimiento en la sociedad de la época. De hecho, durante todo el siglo XIX estuvo latente la leyenda de La Garduña. En 1857 el ministro de Gobernación de entonces, declaró que "los bandidos andaluces forman una vasta y formidable asociación que  es preciso extirpar con energía”. En Castilla había organizaciones bandoleras formadas por delincuentes portugueses que se dedicaban al pillaje y robo en iglesias castellanas. En 1865 el diario "El Universal" hablaba de un grupo de secuestradores cuyo Comité Directivo estaba formado por personas de importante rango y que tenían por jefe a un presbítero.

Quizá, como dice Javier Coria, en la historia de La Garduña se entremezclan mito y realidad. Los bandoleros y, en general, las organizaciones de maleantes existieron realmente. En muchos casos tenían una estructura organizativa de marcado caracter sectario. También es cierto que en el Diccionario de la Real Academia Española se define "garduño" como "ratero que hurta con mafia y disimulo". Además, en Sevilla se conoce "Garduña" como asociación de malhechores. Por ello da la impresión de que en el inconsciente colectivo perdura el recuerdo de algo que en realidad existió. En cuanto a Cortina, efectivamente fue detenido por ser el propietario de la casa donde se cometió el crimen y, además,  fue declarado culpable. Por ello, igual que hace este autor, creo que es conveniente dejar que tú, querido lector, saques tus propias conclusiones sobre si La Garduña realmente existió o si se trata de un mito que oculta un poso de realidad.

Fuentes:

La Hermandad del Mal: La Garduña 

La Garduña: Sociedad secreta de delincuentes 

La Garduña, temible sociedad secreta

Sociedades secretas:La Garduña 

Sociedad Secreta La Garduña

Leyenda de La Garduña como creadora de la Mafia Italiana 

Sociedad Secreta La Garduña de Toledo 

La Garduña: La conspiración de los marginados